La conquista española: segundo round | Razón Pública 2024

La conquista española: segundo round

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No me imaginé una segunda columna sobre el tema del pedido de perdón exigido por AMLO al monarca español como condición para ser invitado a la posesión presidencial de Claudia Sheinbaum en México. Pero en nuestra Colombia, dolorida e inmortal, existe la tendencia a desviar las discusiones desde su contenido central a consideraciones laterales, paralelas, adyacentes y transversales. Somos felices descarrilando el tren. Me han llovido críticas por WhatsApp y similares. Verdaderos rayos y centellas, del tenor siguiente:

  1. La conquista española fue violenta. Los conquistadores cometieron crímenes espantables contra los indígenas americanos.
  2. Los crímenes siempre merecen castigo y reprobación. No hay prescripción que valga para para el genocidio.
  3. Esta tercera es una joya del universo de los malentendidos: Se pregunta un lector si el holocausto cometido por los nazis contra el pueblo judío, no ha debido conducir, según mi posición, a los juicios de Nuremberg.

Que la conquista fue violenta, no se niega. Mis preguntas son sobre si medio milenio después es juzgable con los valores y normas de hoy y sobre si las culpas se transmiten genéticamente. La segunda crítica tampoco se sostiene. En renglón alguno de lo escrito se niega la punición para los crímenes, entre otras razones porque tampoco era el tema de mi columna. La tercera merece consideración aparte por la enormidad de la acusación.

El crimen más espantable de la historia de la humanidad fue el cometido por el nazismo hitleriano. Ese crimen fue cometido en nuestro tiempo, el mismo de nuestros valores y visiones del mundo. Fue fríamente concebido y puesto en práctica por criminales sin sensibilidad alguna. Las justificaciones esgrimidas por los nazis ya eran basura de la historia. Lo único criticable de los juicios es que no se hubiera incluido un número mayor de responsables.

Cuando ocurrió el holocausto la humanidad ya había pasado por el siglo de la Ilustración, proceso que fue definido por Kant como “la salida del hombre de su inmadurez autoincurrida” y también por la proclamación de los derechos del hombre. Ya se había consolidado el Estado de derecho liberal y el concepto de democracia se había impuesto.

Otra cosa fue el encuentro de los españoles con América. Se produjo en un mundo diferente de nuestros valores y visiones. No fue ideado y calculado por conspiradores. La primera economía de la presencia española fue una economía de guerra. El oro era reverenciado y ambicionado por los europeos como instrumento de intercambio y atesorado como garantía de la riqueza. La rapiña llevó a la violencia. La violencia no fue ordenada por el trono de Isabel, pero la exigencia de oro para la Corona fue un estímulo perverso.   

Hice una mención a las Leyes de Indias y al debate suscitado en las escuelas jesuíticas y dominicas de Lisboa y Salamanca y no faltó quien, a la colombiana, me saliera con el “pero los dominicos establecieron y mantuvieron la Inquisición”. Los dominicos tampoco fueron tema de la columna. Solo me interesaba la influencia de estas escuelas, especialmente el pensamiento de Francisco de Vitoria, sobre las decisiones del poder.

En cuanto a la herencia de las culpas podemos decir hoy que la genética no vale. La secuenciación del genoma humano muestra que, entre 23.000 genes, gen más o menos, solamente 4 genes, y en algunos grupos humanos 5, producen las diferencias raciales que no conducen a distinciones distintas de apariencias no esenciales. La especie homo sapiens no ha llegado a diferenciaciones en variedades como la especie canina, por ejemplo. Pertenecemos a una especie bastante homogénea. 

Pero, en gracia de discusión, como me enseñaron en el colegio, vamos a suponer que los descendientes están sometidos a la idea primitiva de la culpa tribal y colectiva de la cual da cuenta la imprecación bíblica de “y la culpa recaerá sobre los hijos y los hijos de sus hijos, hasta la séptima generación”. Entonces los primeros en pasar al banquillo seríamos los hispanoamericanos de hoy, descendientes de los perpetradores del crimen colectivo.

Si por la misma gracia consideramos que son los Estados los culpables, nos topamos de nuevo con un problema similar. La América hispana no fue una “colonia” sino parte orgánica del Estado español. Por eso Don Joaquín de Mosquera y Figueroa, de Popayán, “patojo” integral, pudo estar en España al frente de la Tercera Junta de Regencia en 1812, vale decir fue presidente del gobierno español que resistía la dominación napoleónica. La culpa entonces estaría repartida entre 20 Estados y veinte mandatarios estarían obligados, incluido el mexicano, a darse auto-disculpas por lo acaecido.

En conclusión, por meterme en estas vainas, acabé, junto a mis amigos y parientes (para no estar solo frente a tamaña responsabilidad) siendo más culpables que el Rey Felipe VI y Pedro Sánchez. El ADN mitocondrial que llevamos como herencia de las indias ultrajadas, no nos libra del otro aporte. Señor AMLO ¡dejémonos de pendejadas!

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

1 comentarios

Armando Borrero

Escrito por:

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

Comentarios de “La conquista española: segundo round”

  1. Buena reflexión. Los descendientes de víctimas y victimarios somos los hispanoamericanos de hoy.

    Y no hay nada de que disculparse (España) a estas alturas de la historia.

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