El Estado laico, conquista inestimable de la humanidad | Columna | Armando Borrero

El Estado laico, conquista inestimable de la humanidad

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El tema parece un arcaísmo en estos tiempos. El Estado laico está establecido en buena parte del mundo, es una expresión de la modernidad aceptada como factor consolidado de la misma en los tiempos que corren, sus contribuciones a la paz se consideran obvias y no es un tema de debate para la mayor parte de las sociedades.

¿Por qué, entonces, sacarlo de la gaveta para airearlo en estos momentos? No ha sido por falta de temas. El tópico fue sacado de nuevo a la arena de confrontación por la campaña electoral de Abelardo de la Espriella, de manera explícita, por el candidato a la vicepresidencia, e implícita por la carga de imágenes y símbolos que exhibe el propio candidato presidencial.

Con temor justificado han visto los colombianos los videos divulgados por el candidato a vicepresidente, el exministro de hacienda José Manuel Restrepo. En éstos, aunque parezca increíble, plantea el regreso a los tiempos de la guerra de los mil días, cuando el mandamás de la Iglesia católica colombiana y primer esmeraldero en grande del país, monseñor Bernardo Herrera Restrepo, consagró el país al Sagrado Corazón de Jesús.

Eran otros tiempos y la Iglesia de esa época, sobre todo después del reinado de Pío IX, había acentuado, por reacción defensiva, sus tendencias a ser religión de Estado. El culto al Sagrado Corazón de Jesús estaba precedido de un fuerte contenido político: tras la derrota de Francia en 1870 y la humillación de perder las provincias de Alsacia y Lorena, la derecha católica francesa promovió ese culto para atenuar el abatimiento moral de la población. Se les abona que erigieron un magnífico lugar turístico de París.

Las propuestas del candidato a vicepresidente van más allá del simple ritual de la consagración y preocupan como una subversión a la propia Constitución Política de la República. La misma Iglesia Católica debe estar preocupada porque este tipo de propuesta resulta contraproducente para el lustre de su imagen ante las sociedades de hoy. El tufillo supersticioso del asunto, asusta. Además, si las más altas autoridades del Estado consagran la República a un culto específicamente católico, violarían la Constitución.

La separación entre el Estado y las instituciones religiosas, no significa enfrentamiento entre los dos órdenes. Significa paz, tolerancia y neutralización de factores de conflicto. Vale recordar que esa separación tiene raíces cristianas: en el siglo XVI la reforma luterana le devolvió al individuo una parte de la libertad intelectual: su derecho a pensar por cuenta propia, al consagrar la posibilidad de interpretar los textos considerados sagrados por los cristianos. Sin duda, este cambio se constituyó en una de las avenidas para la llegada de las revoluciones liberales en los siglos siguientes, las que consagraron la igualdad de los individuos ante la ley.

Las propuestas del candidato a la Vicepresidencia hacen parte del turbión irracionalista que, en estos tiempos, busca destruir el edificio político y social de la modernidad. Las derechas cavernícolas y los populismos fascistoides en los que ha derivado la izquierda tras la caída de los regímenes del “socialismo real” coinciden hoy en sus ataques al Estado nacional, a los derechos y libertades públicas y a las culturas políticas que acogen la igualdad de la ciudadanía. Por doquier se manifiestan los anarquismos reaccionarios disfrazados de “progresismo” y los autoritarismos ultraconservadores.

La cantaleta ultra cree contribuir a la moralización de la sociedad. Nada más lejos de la verdad. Sus prédicas van en sentido contrarios: generan exclusión, estimulan los conflictos, fragmentan las sociedades, constriñen el debate democrático, destruyen la educación por el expediente de imponer supersticiones y limitar, tanto la investigación científica, como la reflexión filosófica, Entre el franquismo y el stalinismo que escoja el señor candidato.

El tema que escogí para esta columna me llevó a un recuerdo de los. antecedentes de este tipo de propuestas ultraderechistas. Cuando cayó el partido liberal en el año de 1946, los conservadores comenzaron una destrucción sistemática de las pocas reformas e instituciones que había logrado hacer el liberalismo en sus 16 años de gobierno. Una de estas instituciones fue la Normal Superior creada por el gobierno de Eduardo Santos al estilo de la homónima francesa. Uno de los argumentos para dividirla en dos proyectos menos ambiciosos, fue la práctica “pecaminosa “de juntar en las aulas a hombres y mujeres.

En la memoria del Ministerio de Educación de 1951(gobierno de Laureano Gómez) leí lo consignado por el ministro del ramo Rafael Azula Barrera acerca de la división de la Normal Superior. No tengo el texto a la mano, pero rezaba, palabra más, palabra menos, que se había creado la Universidad Pedagógica Femenina para señoritas, con sede en Bogotá y para los hombres, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Se escogió Tunja como sede de la masculina, porque su clima invitaba al estudio y “atemperaba las pasiones” de los jóvenes. Espero que el candidato a la vicepresidencia no llegue al extremo de promover la castidad como estímulo para la inteligencia.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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