Más leña para ese fuego - Razón Pública

Más leña para ese fuego

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Como suele pasar en el realismo mágico de nuestro país, casi como una analogía perfecta, la presentación del presupuesto ajustado para 2027 por parte del ministro de hacienda, Miguel Gómez, se sintió como cuando Betty presentó el informe real a la junta directiva de Ecomoda. 

Cifras maquilladas, datos alterados y rubros desfinanciados. El nuevo presupuesto presenta una cifra récord de $634,9 billones de pesos tras la devolución del texto inicial presentado por el gobierno anterior. Justo como en la famosa escena de aquella novela, cuando todos de repente se enteran que la empresa está quebrada y embargada, el país conoció los grandes retos macroeconómicos que parecían estar buscando ser ocultados debajo del tapete. 

El primer reto, fue la proyección del hueco fiscal en 9,4% del PIB para 2027. Este es uno gigante de asumir sin detener el funcionamiento del Estado y asegurando sostenibilidad económica. El segundo, es el fantasma de la regla fiscal. Con una desviación fiscal calculada en 4,7 puntos porcentuales frente a las metas estructurales, el país se encuentra en el límite legal. ¿Cómo restructurar y ajustar sin violar las normas de disciplina macroeconómica? El tercero, la deuda se come todo el recurso para inversión. Gran parte del incremento presupuestal está destinado a cubrir el servicio de la deuda externa e interna. Al tener que priorizar el pago de intereses, el presupuesto sacrifica drásticamente los recursos destinados a la inversión pública y al desarrollo social. El cuarto, cubrir los huecos mal calculados en el borrador anterior: $9,6 billones para el Fondo de estabilización de precios de los combustibles (FEPC); $6,5 billones para cubrir el gasto pensional; $4,5 billones para la nómina y salarios del personal público; $2,0 billones destinados al sistema de salud. No son cifras menores. 

El Ministerio de Hacienda ha estructurado una agresiva e histórica estrategia de financiamiento basada en deuda, motivada por un escenario de fuerte deterioro fiscal y la imposibilidad de recaudar más dinero vía impuestos. Las necesidades brutas totales de financiamiento de la Nación alcanzan la alarmante cifra de $266,3 billones de pesos. Se planteó un recorte de 21,9 billones de pesos pero que no logra, ni de cerca, cumplir los objetivos. 

Para cubrir la mayor parte del presupuesto sin colapsar la liquidez dependen críticamente de los títulos de tesorería. El monto proyectado son 150,9 billones de pesos en TES que se planean poner en bonos de corto y mediano plazo, al igual que el uso de las sobre adjudicaciones para ampliar los montos inicialmente ofertados si el mercado local muestra apetito. En español, lo que esto significa es que el gobierno vende “papeles” de deuda que la sociedad civil puede comprar bajo una promesa de interés futuro. Son las personas las que se vuelven los prestamistas del Estado a cambio de una retribución, dependiendo el plazo del título, del pago más un interés. 

Sumado a la anterior hay que incluir un componente del mercado externo para cubrir todo el valor y que el mercado interno no se dispare con el incremento de las tasas de interés. $87,7 billones serán puestos en el mercado externo bajo la emisión de nuevos bonos globales de deuda externa y la firma de créditos directos con la banca multilateral.

Ahora la gran paradoja: ¿por qué si el problema es la deuda la solución es más deuda? La respuesta corta: caímos en la trampa de rigidez fiscal. No se emite más deuda porque se quiera, sino porque se está legalmente obligado a pagar deudas del pasado inmediato y no tiene otra forma de conseguir el dinero a corto plazo. 

Muchos son los factores que nos tienen atrapados: el alto valor del servicio de la deuda, la rigidez del Estado y el gasto público inflexible que es cerca del 61,9% del presupuesto total, un rotundo fracaso en el recaudo de ingresos, lento crecimiento de la economía y un recorte en la inversión pública que llegó a su límite. No tienen otra alternativa en el inmediato pero el gran riesgo —y la advertencia de la CARF— es que este círculo vicioso de emitir deuda para pagar intereses debilita la economía, encarece el dólar y agudiza una crisis fiscal que se vuelve cada año más difícil de contener. No la tiene fácil en el largo plazo el ministro y hay que tomar medidas que van a resultar dolorosas para todos pero que deben devolver a Colombia en la vía de disciplina macroeconómica que tan orgullosamente sostuvimos durante años.

Sugerencias obvias para los economistas, pero ilustrativas para el mundo real. Lo primero, hay que anclar nuevamente la deuda con una regla fiscal estricta. Reducir del 9,4% del PIB la deuda a un ideal 3% muestra disciplina en el mercado, reduce el riesgo país y atrae más inversión. Lo segundo es insistir en la restructuración de los ingresos. La evasión es el principal problema del recaudo si tenemos en cuenta que, según datos de la DIAN, si se anulara la evasión, los ingresos aumentarían entre 80 y 100 billones de pesos al año. Lo tercero, volviendo a Ecomoda, diversificar la producción. Depender de la volatilidad del petróleo y el carbón donde las caídas dejan en un limbo las proyecciones de presupuesto es la peor formula. Hay que abrirse a nuevos mercados. Lo cuarto es la seguridad jurídica. Hay que atraer inversión, pero no puedes hacerlo si los inversionistas no sienten confianza en el largo plazo. Una economía estancada no recauda. Por último, hay que reformar estructuralmente el gasto público. Escoger las prioridades con más atención, focalizar subsidios, reducir la burocracia y justificar las necesidades por sectores del impacto social y económico que generan. 

El panorama es bastante oscuro, pero hay una oportunidad enorme de consolidar un Estado que logre reducir realmente las brechas sociales y económicas, que camine hacia una senda de crecimiento y progreso, que sea más eficiente en la llegada a la población más vulnerable y distribuya, equilibre e impulse. La situación es desalentadora pero el llamado está a que esta nueva administración cumpla su promesa de campaña: lograr un Estado más eficaz que realmente esté al servicio de la gente. Era fácil decirlo, ahora tienen que hacerlo. 

Acerca del autor

Laura León
lleon@razonpublica.org |  + posts

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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