
La ideología y el chat: ¿necesidad o perdición?
Compartir:
Sorprende el papel de la ideología en la política, en las ciencias sociales y en la conducta individual. Esta frase no tiene nada novedoso, pero ese fenómeno se ve estimulado hoy por la frecuencia y la velocidad de los intercambios de ideas. En los chats se vive una realidad que supera las viejas tertulias de café, más limitadas en número de parroquianos y más centrada en intereses y problemas comunes al grupo. En el chat nos encontramos con conocidos perdidos en la multitud y con desconocidos que acaban reemplazando a éstos, pero sin la cara y sin el volumen percibido del amigo de carne y hueso.
Este rollo viene a cuento porque a veces, en el barullo electrónico, se elige algún tema sensible que pone a funcionar la pensadera. Ante un tema de discusión se encuentra tal variedad y volumen de posiciones que uno no alcanza a discriminar las miradas sobre el asunto del momento. Pues bien: me llamó la atención en una trenza de mensajes que debatían sobre la política económica del gobierno de Petro, la frecuencia de un argumento que se oponía a la visión del manejo desacertado de la economía colombiana por parte del ejecutivo.
Ante las diatribas oposicionistas, los gobiernistas esgrimieron un argumento que se repitió en muchos de los intervinientes. El argumento fue, palabra más o menos, que la oposición exageraba porque la catástrofe anunciada no se había producido: el dólar no ha subido, antes bien, ha bajado de precio. El dólar no ha subido, repetido hasta el cansancio, pone a pensar sobre el papel de la ideología en la apreciación de las realidades sociales y políticas. Por un mensaje opositor replicaban diez que el dólar no había subido o que el dólar había bajado.
El asunto llama la atención. Ante la avalancha de mensajes el valor del dólar se convirtió en la tabla salvadora de los náufragos y recuerda aquel dicho paisa que acuñó la calificación de lo difícil: Eh avemaría hombre, más fácil es quitarle la tabla a un náufrago. Los intentos no faltaron, pero eran hundidos por los cañonazos dolarizados convertidos en jaculatorias.
La ideología crea realidades donde no las hay, o las hay a medias. La repetición refuerza las solidaridades y eleva la credibilidad de la proposición. ¿El dólar no ha bajado…pero…eso es sano para la economía nacional? En este punto la pregunta despierta las fortalezas del pensamiento racional, objetivo, precisable, la res cogitans y la res extensa del dualismo cartesiano, opuestas entre sí por la res gobiernista del dólar que no cae.
Solo la ideología es capaz de convertir el valor del dólar en el mercado en una especie de prueba ácida de la calidad de un gobierno. Si se le pregunta a un cultivador de café del Huila, seguramente expresará lo negativo que resulta para su negocio: cuando se tiene la fortuna de un precio elevado del café en el mercado internacional, el peso revaluado les quita la ilusión de una bonanza con aroma de café. La misma sensación se dará entre los exportadores de otros productos del país. Si invertimos la posición de los interrogados y se le pregunta a un importador, la felicidad ocupará su espacio entre los argumentos de los chateadores.
Un hacendista interroga la historia del proceso y encuentra que el endeudamiento en dólares y el ingreso de los mismos en el mercado nacional, presiona el precio del dólar a la baja. Ese origen afecta negativamente la situación fiscal del Estado colombiano porque aumenta el hueco fiscal causado por el gobierno. Este mismo gobierno se solaza con el efecto electoral que producirá el gasto público al debe. Pero el opositor verá que se antepone el medio al fin, el fin que es la salud económica de Colombia para asegurar el bienestar social en el futuro.
La ideología entra a jugar su papel. Un solo factor valida la política económica que semeja la del cabeza de familia que asegura de un golpe el presupuesto familiar de un día con el endeudamiento “gota a gota” para verse luego estrangulado por el “gotero”. En las redes sigue el repique del supuesto “descache” de la oposición profeta de desgracias.
¿Es posible debatir con objetividad? Con seguridad que no al ciento por ciento y menos en el tecleo veloz, irreflexivo, intuitivo antes que rumiado, de los chats que nos ocupan. Menos todavía en el debate político, allí donde prima la inmediatez y el poder se persigue entre los dos bandos. La mirada puesta en una sola variable y el juicio dividido, ese sí concordante con intereses que compiten, nubla el debate electoral que está a la vuelta de la esquina y que definirá el marco de la vida para los colombianos de hoy y del futuro. ¿La ideología acrítica definirá la suerte de una nación entera?
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
0 comentarios





