
Ucrania: ¿Se repetirá Múnich 1938?
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El timonazo de Trump en relación con Ucrania puede tener muy serias consecuencias para el mundo. Por eso importa entender las causas, el desarrollo militar y la geopolítica detrás de esta guerra…y de esta paz.
Parta entender el conflicto
A punto de llegar al tercer aniversario de la invasión rusa a Ucrania, el tema de la paz se pone en primer plano.
Con su particular estilo, el presidente Trump ha anunciado el fin de la guerra, al parecer por la única razón de haberlo decidido él. Un ukase clásico. El mundo espera para ver si tenía realmente la capacidad de dictar la paz o si es una baladronada que echó a rodar para tantear el ambiente.
El conflicto ruso-ucraniano estaba “cantado” como una posibilidad real desde la firma del Memorando de Bucarest el 5 de diciembre de 1994. El documento, aceptado por ambas partes, era un paso adelante en el camino del entendimiento entre las dos repúblicas ex-soviéticas y dos pasos atrás en la posibilidad de recomponer el equilibrio naval ruso y en la estabilidad de la vieja ambición rusa de tener un glacis defensivo en los accesos terrestres del territorio ruso, delante de las fronteras occidentales del imperio.
El entendimiento se fortalecía con la aceptación ucraniana de entregar el arsenal nuclear que reposaba en su territorio y que hubiera podido reclamar como cuota de herencia legítima derivada de la separación. Rusia no podía estar tranquila con la tercera parte del arsenal nuclear soviético instalado en su frontera más sensible. El territorio ucraniano es una lanza en el vientre de la Rusia europea y el recelo geopolítico mantiene sus imperativos.
A cambio de la entrega, una Rusia debilitada por la caída estrepitosa de su entramado político y de su orden social, aceptó en lo territorial el uti possidetis de las fronteras internas de la Unión Soviética. Así, la Crimea que Gregori Potiomkin regalara en 1783 a su emperatriz Catalina y en cuyo litoral fundó la ciudad de Sebastopol como base naval rusa para el dominio del Mar Negro y para la proyección al Mediterráneo, quedó bajo la soberanía de Ucrania. Si bien se pactó un alquiler para uso compartido, el acceso a mares de aguas cálidas quedaba en cuestión. Si la flota quedaba confinada al muy vulnerable Mar de Azov, Rusia perdía una baza esencial para su seguridad. La geografía impone su ley en la política.
Tras este primer intento de convivir, vino la expansión de la OTAN al oriente. La acusación rusa de un incumplimiento occidental en la materia debe ser matizada: no sólo fue impulso expansivo de la Alianza Atlántica para encerrar a Rusia, sino la presión de los antiguos Estados satélites de la URSS durante la guerra fría para ser recibidos en la OTAN. El miedo al futuro de una Rusia imperial reconstruida en su poderío, llevó el vecindario a pedir cobijo bajo la protección de Occidente.
Así, los países bálticos, por razones históricas muy sensibles al peligro del imperialismo ruso, al igual que Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría y más tarde Rumania y Bulgaria, ingresaron a la Alianza. El caso de Ucrania puso alertas en el camino y se aplazó. En la búsqueda de alineamientos, Ucrania miró a la Unión Europea como primer escalón. Bien conocidos son los sucesos del Maidán, el relevo político del gobierno pro ruso de Yanukovich, la revuelta de grupos prorrusos de los oblast de Lugansk y Donetsk y la anexión de Crimea a Rusia.
Entre la desintegración de la Unión Soviética y la guerra, corrió un período caracterizado por disfuncionalidades en los regímenes políticos de Rusia y Ucrania. En Rusia se consolidó un régimen autocrático, corrupto y represivo, pero con apoyo popular innegable debido a la utilización hábil del sentimiento de relegación y humillación causado por el desbarajuste de la otrora orgullosa URSS.
En Ucrania, el período se caracterizó por la corrupción llevada al extremo. En buena parte, la debilidad interna de Ucrania estimuló el apetito ruso. El fracaso de la revolución naranja (2004-2005) y el manejo torpe de las reclamaciones de las provincias orientales, ahondó la crisis crónica de Ucrania y se configuró una situación de llamada a la injerencia del vecino.
La guerra abierta
El 24 de febrero de 2022, se levantó el telón. La acumulación de fuerzas rusas en las fronteras no podía ser apenas una forma de presión para obtener cambios en la política ucraniana. Las tropas penetraron la frontera y avanzaron directamente sobre la capital. Marcharon para capturar el locus del poder.
El embate ruso develó la debilidad de la otrora gran potencia. La estructura militar convencional no se comparaba con la potencia nuclear. Las fuerzas de intervención mostraron deficiencias de equipos, retraso tecnológico, incapacidad estratégica, mando militar anticuado, tropas sin entrenamiento adecuado y comunicaciones primitivas. El avance del 2022 recordó los movimientos de la primera guerra mundial, sólo que en Ucrania primó el camión sobre los trenes. Los espectadores enterados, que venían de ver experiencias como el despliegue fulminante del ejército americano en Irak 19 años atrás, no podían entender como la maniobra chapucera contra Kiev de los herederos del antes orgulloso Ejército Rojo, pudo ser concebida por un Estado Mayor del siglo XXI.
Lo sucedido después fue el repliegue ruso y su concentración en el oriente para entrar en territorio ucraniano que ya estaba en disputa entre las milicias prorrusas del Dombass y tomar posiciones a lo largo de un frente que poco se ha movido a lo largo de la guerra. Del lado ucraniano ha habido más imaginación y audacia, pero la intermitencia de la ayuda occidental no les permitió a sus ejércitos continuar con contrataques exitosos que le hubieran dado un giro distinto al conflicto.
Particularmente importante fue la ofensiva ucraniana de comienzos del año 2023 que permitió recuperar cerca de 8.000 kilómetros cuadrados en el norte del frente. En una semana fueron rotas las defensas rusas, pero el esfuerzo se atascó ante las intermitencias logísticas. El frente quedó estancado todo el resto del año y en 2024 los avances han corrido por cuenta rusa, sin que sean significativos.
En el mar, la sorpresa ha sido el éxito ucraniano. Sin armada, han logrado con ingenio negarle el espacio marítimo a la flota rusa, la que ha sufrido pérdidas de importancia. El hundimiento del crucero Moskva, buque insignia de la flota del Mar Negro, tuvo unos impactos materiales y psicológicos muy serios para Rusia.
La prolongación del conflicto es ventajosa para Rusia, pero no deja de verse que sus capacidades son limitadas. Las dificultades de reclutamiento y movilización de tropas muestran una sociedad estancada con serios problemas demográficos. También son notorias las dificultades para aplicar tecnologías de punta a la producción de armamento y a la logística. La prolongación del conflicto opera contra Ucrania, pero tampoco ha representado mayores progresos para Rusia.
El gran juego de la guerra está en manos de las potencias que han apoyado a uno y otro bando, particularmente en las del bando occidental que hoy, tras el cambio político en los Estados Unidos, luce fragmentado y con pronóstico incierto para la continuidad del apoyo a Ucrania.

Las aporías de la paz
Tal vez luzca exagerado esto de aporías, “dificultades de paso,” para la paz, pero la verdad es que en el camino para alcanzarla se atraviesan dificultades muy grandes. Rusia lo quiere todo y Ucrania se niega a perder algo.
En los últimos días han salido a la luz intereses que poco se mencionaron a lo largo de la guerra, a pesar de ser conocidos desde años antes. El debate sobre causas e intereses implicados ha hecho hincapié en las cuestiones de geopolítica y seguridad. Pero se calló un motivo conocido desde antes de la apelación a las armas: la gigantesca reserva de tierras raras que alberga el territorio ucraniano: litio, escandio, lantano, neodimio, erbio, samario, lutecio e itrio. Si se suma la enorme importancia de la producción cerealera para el mundo entero, Ucrania es una moderna Isla del Tesoro. El corazón de Trump parece tocado por las trompetas de los negocios posibles y por el valor estratégico de las reservas que antes parecían ser un monopolio de China. Amanecerá y veremos.
Una sombra se proyecta en estos días sobre las conversaciones posibles de paz, y es la exclusión de Europa que parece ser popular entre los círculos de poder de los Estados Unidos. Ni los europeos pueden permitir que se pacte sin su presencia, ni Ucrania estará segura sin el apoyo futuro de la vecindad. Los tiempos se aceleran y es de esperar que esta idea sea un delirio pasajero. La paz solamente será sostenible si se contiene la ambición imperial putinesca y si Ucrania sale satisfecha de un acuerdo. De otra manera, la inestabilidad será un peligro constante en Europa.
Una Ucrania neutral no es una buena idea. No lo es para la vecindad europea, no lo es para Turquía, que emerge como jugador importante en el área, no lo es para los Estados Unidos mismos. Las necesidades de seguridad para el flanco sur de la OTAN son incompatibles con esa neutralidad que dejaría en entredicho la protección efectiva de la Alianza.
Las garantías que puedan darse fuera de la unión sólida a una alianza, son cambiantes con el tiempo: basta recordar las garantías a Checoeslovaquia en 1938 y las que se prometieron a Ucrania por los Estados Unidos y el Reino Unido acerca de la soberanía sobre Crimea: cumplieron sí, pero con medidas diplomáticas y económicas porque las garantías son interpretables.
En este momento el mundo contempla expectante el desenlace que puede modelar el diseño del poder mundial.
Le recomendamos: Mil días de barbarie en la Europa del siglo XXI – La guerra en Ucrania
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
9 comentarios






El texto de Armando Borrero esta tan inteligente en su explicación histórica como optimista, casi amablemente ingenuo en la descripción de la situación actual de la guerra en Ucrania:
Ucrania aguantó y aguantó pero desde casi 2 años está perdiendo la guerra o ya lo ha perdido. Este por falta de tropas, casi insuperables dificultades en necesarios masivos reclutamientos y también por el insuficiente suministro a tiempo de armamento por parte del occidente. Y ya es demasiado tarde para cambiarlo. Rusia ha manejado bien los impactos de las sanciones occidentales, tiene un enorme potencial de reclutamiento de tropas, ha restructurado su economía hacia una economía de guerra y ha mejorado considerablemente sus fuerzas militares. Ha demostrado que muchos supuestos del occidente eran grandes ilusiones. Una causa importante que llevó a esta situación actual, grave si no catastrófica para la Ucrania era también la total falta (durante los últimos tres años) de una estrategia por parte del occidente tanto por parte de la administracion Biden como por parte de los líderes europeos. En lugar de formular objetivos claros y de dibujar caminos hacia estos objetivos se repitió durante años fórmulas vacías como: “Ucrania no debe perder la guerra”, “sólo la Ucrania puede decidir cuando habrá negociaciones”o „Ucrania aguanta!”
Ahora Rusia está sentado en la silla de conducción, está ganando cada día, lento pero seguro, territorio, puede ganar no solamente 20 o 25% como ahora sino 40% o más de la Ucrania, conquistar Odessa , cortar las posibilidades de exportación para Ucrania y llevar al país a un estado disfuncional.
La iniciativa del gobierno Trump, brusca, sin empatía y desagradable tanto para la Ucrania como para los europeos, podría basarse en una mayor comprensión de esta real situación y tratar a salvar lo que aún se puede salvar…..
Parece más cerca a la realidad el análisis del autor. Ya no es la vieja Unión Soviética de Stalin; Rusia no tiene un potencial gigante de reclutamiento. Se ve todo lo contrario. La huída de jóvenes ha sido grave. Putin trata de evitar lo de Afganistán, que les costó el imperio: no llevar ataúdes con jóvenes rusos desde el frente de guerra. La traída de 10000 soldados norcoreanos han resultado un fracaso. El desbarajuste de Irán también va a afectar, si no está afectando ya, la disposición de armamentos. Eso sí, al autor le faltó mencionar la invasión de territorio ruso. Hasta donde podemos ver, Rusia no ha sido capaz de recuperarlo. Concluyo: no tenemos suficiente información de la situación militar para sacar conclusiones acerca de si la guerra ya fue ganada por Rusia.
Paul, de acuedo contigo. No mencioné la incursión en territorio ruso, porque en, general, no extendí el artículo a esos aspectos, salvo el del despliegue inicial que mostró las falencias rusas desde el principio. Por ahora es una maniobra importante en política, pero en términos estratégicos es muy limitada
Con todo el respeto del analista en consideración, hoy sus argumentos están superados por la realidad, Para la situación actual se puede plantear » la realidad mata relato». Hoy Ucrania es solo historia. Los europeos son la cola de león, por lo tanto no tienen cabida alguna en negociaciones de paz. En tres años su participación es guerrerista y buscar la derrota de Rusia, por lo tanto no tienen ninguna razón para ser actores.
Excelente artículo. Muy claro y sintético.
Armando,
no argumentas este párrafo, tema para que amplíes próximamente:
«Una Ucrania neutral no es una buena idea. No lo es para la vecindad europea, no lo es para Turquía, que emerge como jugador importante en el área, no lo es para los Estados Unidos mismos. Las necesidades de seguridad para el flanco sur de la OTAN son incompatibles con esa neutralidad que dejaría en entredicho la protección efectiva de la Alianza.»
Creo que no hizo comentario o paralelo entre lo que sucedió en 1938 y hoy, sería bueno ilustrar y contextualizar al lector. Gracias
Anónimo, en 1500 palabras no cabe entrar en detalles. Acepto críticas sobre lo que escribí, pero no la clásica costumbre colombiana de criticar porque «no escribió como yo lo hubiera escrito» Lo de 1938 es un recurso para titular y entendible para enterados (al no enterado le queda el recurso de la IA) Un paralelo requeriría otro tipo de escrito, un ensayo tal vez, y otro tipo de publicación.
«La paz solamente será sostenible si se contiene la ambición imperial putinesca y si Ucrania sale satisfecha de un acuerdo.»
Sería bueno saber como se haría esa contención y que implicaría que Ucrania saliera satisfecha de un acuerdo. Rusia ha sido muy clara de que la neutralidad de Ucrania es muy importante para ellos y no están dispuestos a negociar.
Expulsar a embajadores, silenciar voces críticas y satanizar a Putin no forman una estrategia de «contención». Ya lo dijo Henry Kissinger en el Washington Post, «the demonization of Vladimir Putin is not a policy; it is an alibi for the absence of one.»
Es bueno recordar que la Alemania de Hitler no tenía armas nucleares, si nos vamos a una tercera mundial no va a haber día de la victoria que celebrar.