
Economía, democracia y prosperidad: de John Hay a la nostalgia de Donald Trump
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El nombre de John Hay todavía calienta las orejas de los colombianos, por lo menos hasta las penúltimas generaciones, la de quienes tuvimos el privilegio de saber que existió la historia de Colombia A.C. (antes de la coca) y tuvimos, también, abuelos que nos hablaron de la pérdida de Panamá. En puridad de verdad, John Hay no fue el autor del zarpazo final sobre Panamá. Éste fue un zarpazo auto-infligido que provino de la mente llena de odios provincianos del más nefasto de los mandatarios de Colombia, si se pone el límite histórico en 2022, Don Miguel Antonio Caro.
Pero no viene a cuento John Hay por causa de Panamá. Si se menciona el caso es porque Hay y Panamá riman en las mentes nacionales. Su memoria en esta nota corre por cuenta de las propuestas económicas del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, centradas en un ideal proteccionista. Ya ha lanzado sus “yo te arancelo” a China y a sus vecinos y socios comerciales, México y Canadá.
John Hay es recordado por ser el propulsor y gestor de la Política de las Puertas Abiertas, que ha estado presente con más o menos fuerza en la política exterior americana desde la década de 1890, cuando el gigante asomó la cabeza a los salones de las grandes ligas políticas, económicas y militares del mundo. Las Notas de Puertas Abiertas son un hito histórico con sentido de continuidad en la historia fulgurante de la expansión norteamericana.
Las Notas del Secretario de Estado Hay, trascendieron su objetivo primero, que fue la protección de los intereses americanos en el comercio de las potencias con China. Se convirtieron en algo que fue definido de manera magistral por William Appleman Williams, como el comienzo de un “imperialismo anti-colonial”. Hay se inspiró en la cuna del pensamiento liberal anglosajón, la obra de John Locke, quien proclamó como algo natural la comunicación con otros y el comercio.
Las Notas de Hay han estado presentes en la prosperidad de los Estados Unidos desde el amanecer del siglo XX. El comercio libre, no solo los hizo ricos sino una potencia política de nuevo tipo. Edificaron un imperio sin las talanqueras engorrosas del gobierno directo. Cuando el colonialismo europeo hizo crisis, los Estados Unidos fueron vistos con simpatías por los recién emancipados. La guerra fría se interpuso en el curso de ese idilio transitorio. Al tener que escoger entre el anticolonialismo de la segunda posguerra y el anticomunismo cerril, prefirieron este último: la Indochina francesa mutó de guerra contra el coloniaje a guerra contra el comunismo. La vieja Europa arrastró la joven América al lodazal de una historia que moría en las trincheras de Dien Bien Phu. Después fue la tragedia. Vietnam desgarró el alma americana.
Para muchos autores la guerra fría fue el fin de las Puertas Abiertas. No es tan seguro. La guerra fría puso límites a la política que hizo la grandeza americana, pero ésta perduró en el ideario y en la práctica cuando fue posible. Siempre ha estado allí, agazapada en la cultura y acoplada en lo económico a los ideales liberales del laissez faire. Hoy, la competencia por el predominio en la política mundial ha llevado a las tentaciones proteccionistas. Ya no se trata solamente del tráfico de mercancías sino, en la era de la ciencia y la tecnología, la lucha por la primacía en el conocimiento.
La propuesta de Donald Trump es nostálgica y regresiva. Como suele suceder en estos casos, puede ser contraproducente para el objetivo propuesto. Los Estados Unidos ya dejaron atrás el primero y el segundo de los industrialismos. Ya no se mide el potencial económico en las toneladas de acero que solía exhibir el stalinismo en otros tiempos. No habrá regreso para la confección de camisetas en casa. Además, las leyes del mercado están vivas ¡y muy vivas!
Recientemente, el Fondo Monetario Internacional ha expresado su preocupación por los anuncios del presidente electo. Ha sido recordado el premio Nobel de Economía de 1999, quien precisamente murió este año, Robert Mundell, famoso por la agudeza y la precisión de sus teorías. Mundell llamó la atención sobre el efecto negativo del proteccionismo excesivo. La prevención del FMI, sigue su pensamiento y es sobre el efecto de revaluación del dólar que producirían los aranceles altos anunciados y que implicarían elevación de los precios de los productos importados, la reducción del consumo y, en consecuencia, un efecto negativo sobre la economía en su conjunto. Si lo que favoreció la elección de Trump fue la inflación, acelerarla sería un golpe político muy doloroso para el gobernante.
La economía de los tiempos actuales requiere fórmulas que se pongan a la par de la velocidad de los cambios. El regreso de las manufacturas de baja o mediana tecnología no debería ser el objetivo. No solamente se trata de las ganancias de los inversionistas americanos en el mundo, sino de la naturaleza misma del trabajo en los tiempos que corren. Se requiere una conversión de los trabajadores, de los ambientes del trabajo y del sistema educativo en su totalidad. La nostalgia no tiene cabida en el mundo de Silicon Valley.
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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