
Acuerpar. La acción individual y colectiva de indignarse frente a las opresiones y violencias de los cuerpos/territorios
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Somos cuerpos cosmosintientes. Esto significa que estamos afectados por las violencias que experimentan los territorios, tanto en contextos de opresión y violencia, como en escenarios de extractivismo y crisis medioambiental. Por ello, podemos hablar de una violencia territorial encarnada. Estas opresiones no son fenómenos individuales, sino que se reproducen colectivamente de forma sistémica, ampliando las desigualdades y limitando las posibilidades de desarrollo y bienestar de los cuerpos de las diversas especies que habitan estos territorios.
Sin embargo, en las afectaciones derivadas de distintos sistemas de opresión, también se expresan las posibilidades de acuerpar y transformar. Esta idea defendida desde los feminismos comunitarios, reconoce la importancia de los vínculos humanos, la empatía, la solidaridad y la necesidad de construir sociedades más justas e inclusivas. Lo que nos invita a reflexionar sobre nuestras interacciones, sobre cómo nuestras acciones y decisiones impactan en la vida de los demás y viceversa. Dado que somos seres interconectados, nuestras vidas están entrelazadas y nuestras experiencias individuales están influenciadas por el contexto social en el que nos encontramos; no existe completa autonomía o individualidad en lo que somos, hacemos y nos ocurre.
Esta condición de interdependencia intrínseca de lo humano puede ser una plataforma de emancipación y soberanía, permeada por la conciencia de alteridad, la percepción de la diversidad como riqueza y el cuidado de la vulnerabilidad que puede emerger en las interacciones. Apela a un universalismo interactivo y situado, que busca superar los convencionalismos y las construcciones valorativas hegemónicas. Abre el pensamiento hacia el punto de vista de los cuerpos concretos, con historias y valoraciones diversas acerca del compartir, actuar y reflexionar moralmente.
El universalismo interactivo implica involucrarse profundamente con las diferencias de género y las situaciones contextuales, y dentro de estas, los retos que cada contexto impone a las relaciones humanas. Benhabib afirma: “El universalismo sustitucionista desconoce al otro concreto detrás de una fachada de identidad definicional de todos como seres racionales, mientras que el universalismo interactivo reconoce que cualquier otro generalizado es también otro concreto”[i] (Benhabib, 2006, p.189).
Reconocer al otro concreto es, en la perspectiva de Benhabib, una vía para fomentar actitudes morales inclusivas, no en un sentido consensual, sino en la aceptación de las luchas de seres concretos en la búsqueda de su autonomía. El principal escenario donde se manifiestan las opresiones, a la vez que, las posibilidades de resistencia es el cuerpo. Este es el primer territorio que habitamos y que rápidamente se ve colonizado por diversas formas de violencias y discriminaciones: sexismo, machismo, edadismo, misoginia, clasismo, aporofobia, racismo, por mencionar algunas.
[i] Benhabib, S. (2006). El ser y el otro en la ética contemporánea. Feminismo, comunitarismo y posmodernismo. Barcelona: Gedisa Editorial.

Como ejemplo el mandato de belleza eurocentrada ha invalidado la diversidad de formas, colores y la percepción de la belleza en razón de la funcionalidad, la salud y el lenguaje estético de cada cultura; generando percepción de insuficiencia, insatisfacción, no pertenencia y necesidades de consumo en las corporalidades. Lorena Cabnal – Feminista comunitaria, indígena maya-xinka – habla de Acuerpar como exhortación para dialogar, reflexionar y actuar sobre las múltiples opresiones:
“Nombro como acuerpamiento o acuerpar a la acción personal y colectiva de nuestros cuerpos indignados ante las injusticias que viven otros cuerpos. Que se auto convocan para proveerse de energía política para resistir y actuar contra las múltiples opresiones patriarcales, colonialistas, racistas y capitalistas. El acuerpamiento genera energías afectivas y espirituales y rompe las fronteras y el tiempo impuesto. Nos provee cercanía, indignación colectiva pero también revitalización y nuevas fuerzas, para recuperar la alegría sin perder la indignación”[1]
La autora Guatemalteca nos comparte las categorías territorio-tierra y territorio-cuerpo en recordatorio de la obligada coexistencia, sinergia y resonancia entre cuerpo y territorio, y de manera especial entre las huellas de las opresiones en las corporalidades sexuadas como mujer y tierra. Así como con el territorio-tierra se producen procesos de mercantilización de recursos, contaminación de cuerpos de agua y extractivismo, a costa del equilibrio que sostiene la vida y el terreno fértil de los tejidos humanos, así mismo es clara la expropiación de la soberanía en los cuerpos que hurta la memoria de autonomía sobre procesos vitales como parir, amamantar, sanarse en comunidad.
Para finalizar esta breve reflexión, recordemos que el cuerpo, como primer territorio, es el asiento de diversas opresiones. Sin embargo, este mismo cuerpo es también un terreno fértil para la siembra de preguntas, búsquedas, complicidades y juntanzas. En este sentido, nuestro cuerpo no solo sufre las violencias y las opresiones de los sistemas dominantes, sino que también puede ser un espacio de resistencia y transformación.
El cuerpo puede convertirse en un espacio de creación y renovación, donde se planteen y desarrollen nuevas formas de ser y estar en el mundo. Aquí, surgen interrogantes fundamentales sobre nuestra existencia y nuestro papel en la sociedad. Estas preguntas nos impulsan a buscar nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, promoviendo la empatía y la solidaridad. Estas juntanzas, basadas en la comprensión y el reconocimiento mutuo, son esenciales para construir rutas de conservación y restauración de los diversos territorios que habitamos. Además, el cuerpo como territorio nos invita a reflexionar sobre la interconexión de nuestras vidas y la importancia de cuidar tanto de nosotros mismos como de los otros y del entorno.
En resumen, el cuerpo, como primer territorio, nos ofrece la posibilidad de resistir, transformar y regenerar. Es en este espacio encarnado donde podemos imaginar y crear formas más dignas de vida; equitativa e inclusiva, donde la diversidad y la solidaridad sean las bases de nuestras acciones y decisiones.
Notas:
[1] Benhabib, S. (2006). El ser y el otro en la ética contemporánea. Feminismo, comunitarismo y posmodernismo. Barcelona: Gedisa Editorial.
[2] Mapeando el cuerpo-territorio. Guía metodológica para mujeres que defienden sus territorios Primera Edición: 2017 Autoría Colectiva: Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo. Disponible en:
https://territorioyfeminismos.org/wp-content/uploads/2017/11/mapeando-el-cuerpo-territorio.pdf
[3] Lorena Cabnal en: https://suds.cat/experiencies/857-2/
Acerca del autor
Mary Luz Alzate Zuluaga - Diana Carolina Velez
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