El autogolpe de 6 horas | Columna Especial | Armando José Mercado

El autogolpe de 6 horas

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El pasado miércoles la noticia de un intento de autogolpe de estado ocurriendo en Corea del Sur captó la atención de la comunidad internacional. Esto ocurrió en parte no solo por el autogolpe en sí, sino porque ocurría en una de las democracias más desarrolladas y estables del mundo. 

Como he menos señado en anteriores columnas, existen distintos tipos de procesos golpista. El autogolpe de estado es el proceso mediante el cual un mandatario clausura o intenta clausurar el legislativo y el poder judicial, con el propósito de concentrar el poder en el Ejecutivo. A diferencia del golpe de estado, en el que un actor institucional (Congreso, Corte, Ejército, etc) es quien desplaza o intenta desplazar al mandatario de sus funciones mediante la amenaza de la fuerza y/o mecanismos no constitucionales, el autogolpe de estado es “auto” porque es el mismo mandatario el que ataca a las otras ramas del poder estatal. 

El presidente surcoreano Yoon Suk-yeo mediante un decreto de ley marcial intentó clausurar el legislativo y el poder judicial, justificando la convocatoria de la ley marcial con el argumento de combatir la influencia comunista y norcoreana que estaba infiltrando al Estado. El Ejercito siguió la orden y rodeó las instalaciones del legislativo y se tomó las calles.

Pero la reacción inmediata fue una movilización popular masiva en contra del decreto de ley marcial y la activación de los líderes y partidos de la oposición rechazando el decreto, e intentando ingresar a las instalaciones del legislativo. La movilización popular continuó toda la madrugada y los partidos de la oposición lograron entrar al legislativo, votando de manera unánime para derogar el decreto de ley marcial del presidente.  Al ver que su intento de autogolpe no contó con el respaldo de una parte considerable de la población, los militares y demás actores claves, el presidente Yoon Suk-yeo en una alocución televisada informaba tan solo seis horas luego de decretada, que se levantaba la medida de ley marcial. 

La noticia del autogolpe sorprendió a la comunidad internacional con toda razón. Corea del Sur es una democracia estable desde 1987, cuando en el marco de lo que Samuel P. Huntington llamó la tercera ola democratizadora, fue uno de esos países que hicieron la transición de un régimen militar a una democracia en las décadas de los 70s, 80s y 90s. Los últimos procesos golpistas sufridos en Corea del Sur ocurrieron en 1979 cuando luego de la muerte del presidente, el general Park Chung-hee, se decretó ley marcial, para posteriormente en 1980 ocurrir un nuevo golpe de estado liderado por el general Chun Doo-hwan en contra del gobierno de Choi Kyu-hah.

Lo ocurrido en Corea del Sur confirma algunas de las generalizaciones empíricamente más robustas que existen en ciencia política sobre la fortaleza de la democracia, pero también pone el foco en algunos de los debates más actuales sobre los riesgos a los que esta se enfrenta. Los estudios comparados sobre democratizaciones sugieren que las democracias que renta alta y con cierto tiempo de existencia, tienen más probabilidades de seguir siendo democracias, o lo que lo mismo, tienen pocas probabilidades de convertirse en dictaduras. 

Renta alta y poca desigualdad reduce la probabilidad de conflictos distributivos y redistributivos entre los principales actores políticos y económicos, y una tradición democrática prolongada genera ciertos compromisos, consensos y respeto a ciertas reglas informales que necesita la democracia para su funcionamiento, lo que va generando poco a poco entre las elites y población una cierta cultura política democrática, en un proceso de aprendizaje social colectivo. Corea del Sur está dentro de las 10 economías más grandes del mundo y ya tiene mas de 35 años de ejercicio ininterrumpido de democracia electoral, aunque los niveles de desigualdad han aumentado.  

Aunque fue un reto el intento de autogolpe, las instituciones democráticas surcoreanas y su población civil reaccionaron y pudieron contener el intento de quiebre democrático liderado por Yoon Suk-yeo. Un actor clave en todo proceso golpista son los militares, los cuales si bien al inicio siguieron las ordenes de Yoon Suk-yeo, no atacaron de manera masiva ni sistemática a los manifestantes ni a la oposición, y cuando esta votó en el parlamento para derogar la ley marcial, los militares acogieron la decisión y se devolvieron a los cuarteles. 

Pero también es cierto que lo ocurrido es una señal de alerta. Los debates actuales sobre la crisis de la democracia nos cuentan que incluso en democracias de renta alta y de larga data, pueden presentarse riesgos muy fuertes, como en EEUU con el asalto al Capitolio en 2021 promovido por Trump, la erosión democrática vivida en ese país durante su administración, y los casos de las “democracias iliberales” en el corazón de la Unión Europea con la Hungría de Victor Orban.

El fracaso del intento de autogolpe habla bien de la fortaleza de las instituciones democráticas surcoreanas y su sociedad civil, pero también, el solo hecho de que un presidente se haya arriesgado a intentarlo, es una señal de alerta profundamente grave. El aumento de la desigualdad, la polarización extrema y los líderes con talante autoritario son algunos de los riesgos mas grandes que enfrentan las democracias hoy en día, viejas o nuevas, ricas o pobres, de oriente a occidente. 

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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