Ejemplos selectivos | Mauricio Jaramillo Jassir | RP

Ejemplos selectivos

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Las lecciones que según parte de los medios hegemónicos se pueden extraer de los líderes progresistas tienden a ser extrañamente selectivas. A Gabriel Boric se le suele citar como un dechado de virtudes por sus posturas sopesadas, consensuadas y moderadas. En Colombia la franja ideológica reaccionaria cada vez más ensanchada suele ponerlo como ejemplo para un mandatario colombiano al que suelen rotular de radical y testarudo. Lo mismo sucede, aunque en menor medida con Luis Inacio Lula da Silva y ahora en esta coyuntura electoral con Andrés Manuel López Obrador (AMLO). A Lula lo citan como modelo por haber logrado equilibrar el discurso redistributivo con las garantías a la inversión extranjera. También por soportar la presión de los sectores ambientalistas en el seno del progresismo brasileño que piden a gritos una transición ecológica en uno de los Estados donde más se ha deforestado en el último tiempo. Lo anterior es responsabilidad absoluta de Jair Bolsonaro negacionista del calentamiento global y enemigo declarado de la Amazonía a la que sólo veía como un almacén de materias primas.  De AMLO ahora dicen que Petro tiene mucho que aprender y para la muestra una pieza de La Silla Vacía en la que se invocan los errores del mexicano sobre todo en materia de seguridad.

Según estas descripciones hay un progresismo moderno y racional en contraste con otro radical e intransigente. La derecha y buena parte del centro (no sólo usando la voz de partidos, políticos y generadores de opinión, sino de medios de comunicación) se arrogan el derecho de atribuirles o restarles legitimidad a los sectores cada vez más variopintos de las izquierdas. En ello hay varias contradicciones como la clasificación arbitraria entre una izquierda buena y otra mala, pues la primera se define en proporción a su cercanía con el establecimiento y la mala en tanto proponga transformaciones de hondo calado. Entonces a Boric lo gradúan como estadista visionario cuando critica a Putin, tilda a Maduro de dictador o carga contra Ortega, pero no dicen nada cuando afirma que “Gaza está peor que Berlín en 1945” o pocos recuerdan que como candidato calificó a Israel como “Estado genocida” ni que previa a la ofensiva de octubre de 2023 y cuanto Tel Aviv ordenaba el bombardeo del campo de refugiados de Jenín en Cisjordania a mediados de ese fatídico año, el mandatario chileno retrasaba el reconocimiento de credenciales el embajador en un gesto abierto de protesta. Ahora callan ante el anuncio de sumar esfuerzos a la demanda interpuesta por Sudáfrica ante la CIJ por la fragrante violación de la Convención de Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948 por parte de Israel.

A Lula le expresan toda su admiración por su moderación internacional, pero suelen omitir que afirmó que el único antecedente de la actual crisis en Gaza fueron los catastróficos hechos de la Segunda Guerra Mundial. Acaba de llamar a consultas a su embajador en Tel Aviv. Cuando Colombia hizo lo propio, hablaron de una política exterior retrograda y simpatizante del terrorismo.

En lo que respecta a AMLO y las lecciones del caso mexicano todas parecen orientadas a la seguridad porque no salimos del lugar común de que solamente nos hermana con México la tragedia del narcotráfico y la violencia. En un extenso artículo Juanita León analiza el panorama mexicano en clave de lecciones para nuestro país. Aunque haya una notable contribución, se omite uno de los puntos más fuertes para la popularidad de AMLO y que en Colombia sigue generando controversia, la comunicación directa del mandatario con la gente y la labor inaplazable de debatir el rol de los medios en un contexto de irrupción de redes y nuevas tecnologías. Dicho de otro modo, Petro no sólo tiene que tomar nota de la cruenta realidad en materia de inseguridad, sino que debe abrirse un diálogo acerca de las formas en que los gobiernos comunican. AMLO convirtió en institución “las mañaneras” diálogo diario con la prensa en la que abordada todo tipo de interrogantes. Si bien existen justificadas críticas por el riesgo real de intimidaciones a la prensa, es indudable que un ejercicio como ése serviría en Colombia (aunque no con esa periodicidad, difícilmente otro mandatario puede sostener el ritmo de AMLO) donde las comunicaciones por redes suelen no ser siempre afortunadas, pues en la premura por responder y expresarse, Petro suele caer en garrafales errores.

Este panorama de gobiernos progresistas que acumulan lecciones debe ser leído más allá del simplismo entre izquierda radical y moderada. Colombia estrena progresismo y debe entender que la identificación de las lecciones de terceros no puede ser monopolio de una derecha cada vez más reaccionaria y sectaria.

Acerca del autor

Mauricio Jaramillo-Jassir
mauricioj-j@razonpublica.org.co |  + posts

* Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, autor del libro Anatomía heterodoxa del populismo. Editorial de la U. del Rosario.

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Mauricio Jaramillo-Jassir

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Mauricio Jaramillo-Jassir

* Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, autor del libro Anatomía heterodoxa del populismo. Editorial de la U. del Rosario.

3 comentarios de “Ejemplos selectivos

  1. Sobre los “Ejemplos Selectivos” de Mauricio Jaramillo.

    Aquí, una vez más Jaramillo pretende denunciar la supuesta “hegemonía” de los medios. No dice cuáles medios son los que ejercen alguna supremacía sobre otros. Es fácil entender que él mismo es el supremacista que descalifica así a todos los demás. Doble moral, sin duda, ¿y ni cuenta se da? Es el supuesto más tenue que puede hacerse… en el otro extremo está la posibilidad de que poniendo carita de yo no fui, lo haga de manera deliberada para descalificar. Quizá… uno nunca puede saber. Lo cierto es que lanzar de manera temeraria la descalificación de “hegemónico” como preámbulo es una muestra de un comportamiento francamente indebido por parte de alguien que quiere jugar el rol de periodista de opinión. En general, una opinión no es el grado de descalificación que alguien haga de otro sino la capacidad para proponer y fundamentar la propuesta. Extráiganse todos los adjetivos del escrito de Jaramillo y nada queda de él. Una lista parcial: hegemónico, selectivo, reaccionario, negacionista… y más.

    Tristemente pasa a hablar de “estas descripciones”, donde no ha planteado nada sustantivo. No ha descrito nada y usa la noción de describir… como si fuera un adjetivo válido. Pasa a descalificar (en este caso a Boric) por haber retomado la actitud de un analista serio después de haber usado meros adjetivos para examinar los hechos y ponerse en oposición a sus propios prejuicios. Cualquier persona que pretenda usar criterios racionales para tomar decisiones está obligada metodológicamente a sustanciar sus hipótesis y cambiarlas si no se sostienen en evidencia. Pero cuando alguien procede así y las nuevas propuestas contradicen las que le gustan a Jaramillo, automáticamente merece su escarnio (supremacista o hegemónico, por cierto).

    ¡Si señor! Por la definición misma que propone la Convención sobre Genocidio, la evidencia actual no es suficiente para determinar que haya habido Genocidio en el caso de la Guerra de Gaza. Y la cuestión es suficientemente seria para no usar la noción de Genocidio (por eso la noto con mayúscula) como un mero adjetivo caprichoso. Revise, profesor Jaramillo, y verá que hace falta evidencia (sustantiva) para lanzar el juicio temerario que a Ud. tanto le gusta y con el que pretende hacer la hegemonía que lo coloca a Ud. como un mero exponente de una narrativa supremacista como a que impone Hamas a sus periodistas orgánicos. No sabe uno si lo han intimidado o si voluntariamente se adscribe a la ideología del integrismo islámico que se propone reconquistar todo el Medio Oriente (incluyendo del Mediterráneo hasta el Jordán… y ¿por qué no? hasta el Tigris y el Éufrates).

    Doble moral sin duda: la rechaza para descalificar a otro y la acoge para intentar persuadir a sus lectores.

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