Colombia y Medio Oriente: una enemistad infundada - Razón Pública
Inicio TemasPolítica y Gobierno Colombia y Medio Oriente: una enemistad infundada

Colombia y Medio Oriente: una enemistad infundada

Escrito por Mauricio Jaramillo-Jassir
Mauricio Jaramillo

Un breve recorrido por la relación entre Colombia y Medio Oriente. Así es como Colombia retrocede en relaciones exteriores con el gobierno de Duque.

Mauricio Jaramillo Jassir*

¿Amistad o indiferencia?

Los Gobiernos colombianos —de distintas posturas ideológicas— se han caracterizado por mantener relaciones amistosas con los Estados del Oriente Medio.

Aunque la zona no sea una prioridad en materia de política exterior, Colombia ha mantenido los vínculos con el mundo judío, musulmán y árabe sin involucrarse en los conflictos que durante décadas han golpeado a la zona.

En términos generales, son muy pocos los Estados que se inmiscuyen en las tensiones geopolíticas de Oriente medio. Excepto, claro está, Estados Unidos que interviene activamente en esta zona por recursos e intereses estratégicos.

De América Latina solo participó Cuba en favor de los países árabes cuando estaban confrontados contra los israelíes en los años 70’s. De la misma forma, los Gobiernos israelíes apoyan sin excepciones a Estados Unidos cuando es criticado por Naciones Unidas —debido al embargo que le hizo a la isla—. Aun así, Fidel Castro y varios premieres israelíes se asomaron a la posibilidad de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

No obstante, fuera de EE. UU. y Cuba, no existen antecedentes de Estados de esta región que hayan tomado partido en la tensión histórica. Se trata de un tema complicado y que inquieta al mundo, por esta razón las acusaciones mutuas deben ser entendidas en su contexto y sin instrumentalizaciones simplistas.

La apertura diplomática de Colombia

Las relaciones de Colombia con el Medio Oriente pueden rastrearse a partir de su punto de inflexión más significativo en la historia contemporánea: la creación de Israel a través de la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1947.

Colombia ha mantenido los vínculos con el mundo judío, musulmán y árabe sin involucrarse en los conflictos que durante décadas han golpeado a la zona.

Esta decisión contempló una partición entre el Estado israelí y el árabe que dejó a Jerusalén entre ambos pueblos. Es preciso recordar, dada la actual coyuntura, que la comunidad internacional ha mantenido el estatus de Jerusalén indefinido. Esta excepción se debe a: primero, la extrema sensibilidad de judíos, cristianos (católicos y ortodoxos) y musulmanes, y segundo, la reivindicación simultánea de Jerusalén como capital israelí y como capital palestina –en la parte oriental-.

En esa votación de la ONU Colombia se abstuvo. El entonces embajador, Alfonso López Pumarejo, explicó que abstenerse significaba no apoyar planes o estrategias que podían alterar la estabilidad de la zona. Mientras tanto, una porción considerable de Estados votó en contra porque no era justificable que los árabes recibieran menos tierras cuando eran una población mayoritaria.

A mediados de la década de los 90’s Colombia, cuando le correspondió la presidencia del Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL), vivió una apertura hacia varias naciones de Oriente Medio. Esto ocurrió durante la administración de Ernesto Samper Pizano en la XI Cumbre en Cartagena. Por primera vez Colombia fue el centro de una negociación entre varios líderes de –lo que hoy se denomina– el sur global.

Allí estuvieron los jefes de Estado de países del mundo árabe y musulmán como Argelia, Arabia Saudí, Bangladesh, Bahréin, Indonesia, Irán, Líbano, Libia, Pakistán, Qatar, Sudán y Túnez, entre otros.

Foto: Cancillería - Colombia se alínea con la postura de Donald Trump de reconocer esa condición para Jerusalén y pasa por alto la incomodad de la actual administración estadounidense con dicha medida.

El desprecio por la diplomacia

En los años posteriores Colombia mantuvo relaciones cada vez más abiertas y, en algunos casos, profundas con el Oriente Medio, África y el Asia Pacífico.

Con el Asia pacífico se destaca el ingreso de Colombia a finales de los noventa al Foro de Cooperación de América Latina y el Caribe-Asia del Este (Focalae) y el estrechamiento de relaciones con los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.

Desde la apertura económica de César Gaviria hasta comienzos de este siglo, todas las administraciones abandonaron la idea de que se trataban de territorios lejanos e intrascendentes para Colombia. Ahora el país concibe estos territorios como espacios de oportunidades en un mundo cada vez más interrelacionado.

Después de este salto, hubo un recorte de catorce embajadas y diez consulados por decreto del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Esta decisión asentó la visión que hoy sostiene el Centro Democrático acerca de la diplomacia y de los canales tradicionales con los que nos relacionamos con el exterior. El entonces mandatario justificó la medida de la siguiente manera: «se acabarán las embajadas de cóctel y se dará paso a las embajadas de maletín, vendiendo los productos colombianos».

Entre las embajadas clausuradas estaban Irán, Marruecos e Indonesia, países que representan el mundo musulmán. Este cierre allanó el camino para un retroceso en materia de relaciones con el mundo. Fue una acción sin antecedentes después de que la diplomacia colombiana de la segunda mitad del siglo XX se abriera cada vez más al mundo, tanto en gobiernos conservadores como liberales.

En 2003 el gobierno de Uribe apoyó efusivamente la guerra de Estados Unidos en Irak. De esta forma Colombia se convirtió en una excepción en América Latina: ni el gobierno ultraconservador mexicano de Vicente Fox ni el gobierno de Chile que estaba negociando un tratado de libre comercio con Estados Unidos, llegaron tan lejos.

El uribismo inauguró la tendencia al alineamiento incondicional y absoluto con Estados Unidos. Esta lealtad nos tiene hoy en la riesgosa retórica de que debemos tener como enemigos a quienes lo son de nuestros aliados, una lógica inédita en la historia de nuestras relaciones con el mundo.

El uribismo en la política exterior de Duque

El gobierno de Iván Duque aclaró que no había sido advertido por su antecesor sobre el reconocimiento a Palestina como Estado. Juan Manuel Santos y María Ángela Holguín justificaron la decisión en la necesidad de reconocer un estatus que permitiera una negociación entre pares con miras a lograr la paz.

La exministra publicó en medios una fundamentada reflexión sobre la decisión del gobierno. Explicó que la declaración del Estado judío por parte de Israel venía con un respaldo internacional que garantizara un proceso menos desventajoso para los palestinos.

De esta forma cerraron ocho años de aciertos en política exterior que, aunque no estuvieron exentos de bemoles, lograron un reconocimiento para Colombia en relaciones exteriores.

Par ese momento, el país no había tenido tantas reuniones de alto nivel, ni se había involucrado en un proceso de paz. Al mismo tiempo, Santos y Holguín abordaron sin titubeos el incómodo tema con Estados Unidos sobre la corresponsabilidad en materia de narcotráfico.

Colombia se alinea con la postura de Donald Trump y pasa por alto la incomodad de la actual administración estadounidense con dicha medida.

En virtud de lo anterior, el gobierno Duque se sintió en deuda con Israel. Por eso aceleró la firma del tratado de libre comercio, pues se anunció como una medida de profundización del vínculo con Tel Aviv. Sin embargo, no fue otra cosa que la compensación por la acción sobre Palestina.

En el desarrollo de esta política –cuyos réditos para Colombia no son claros– se entiende la declaración de Diego Molano de catalogar a Irán como enemigo. No se trató de un lapsus, sino de una postura auspiciada, desde hace muchos años, por el Centro Democrático y que será premiada solapadamente.

El presidente colombiano no rectificó ni pidió excusas. Por el contrario, se limitó a matizar la frase, mientras el silencio de la cancillería delata el menosprecio por los canales formales en la conducción de la política exterior.

Este hecho trajo a la memoria la acusación infundada, pero repetida hasta la saciedad en los círculos del uribismo, sobre el supuesto apoyo de Irán al enriquecimiento de Venezuela en uranio. En 2006 se hizo pública después de que Camilo Ospina, embajador en la OEA, ventilara tal tesis en una charla con estudiantes en la Universidad del Rosario y que se filtró a la prensa. En ese momento, Uribe lo rectificó y pidió excusas a su homólogo Hugo Chávez.

Como si fuera poco el gobierno de Iván Duque inauguró una sede de iNNova –oficina de innovación, emprendimiento y negocios– en Jerusalén. La nueva agencia tiene un estatus diplomático y se ubica en esa ciudad como una forma indirecta de apoyar la idea, internacionalmente rechazada, de que se trata de la capital de Israel.

Colombia se alinea con la postura de Donald Trump y pasa por alto la incomodad de la actual administración estadounidense con dicha medida. Por otro lado, Anthony Blinken anunció la apertura de un consulado para temas palestinos en Jerusalén oriental, como una forma de devolver el equilibrio.

Aun así, Duque insiste en hipotecar el futuro de nuestras relaciones exteriores. Acaba con lo construido en los ocho años de su antecesor, y con una política de décadas que comenzaba a dar réditos y convertían al país en un actor dinámico del sistema internacional.

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies