¿Por qué los medios colombianos no hablan de genocidio en Gaza?
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¿Por qué los medios colombianos (hegemónicos) no hablan de genocidio en Gaza?

Escrito por Mauricio Jaramillo-Jassir

La guerra en Gaza también es de información. A pesar de que la aparición de las nuevas tecnologías y las redes sociales supongan en la teoría una democratización de los datos y hoy sea más fácil acceder a las noticias, no siempre la abundancia deriva en una sociedad más informada. Por el contrario, asistimos a una manipulación de la información en la que varios medios hegemónicos prefieren no contar, apartarse de los análisis y en los casos más dramáticos, desinformar.

En Gaza la ofensiva israelí no ha dado ninguna tregua salvo 4 días que permitieron la liberación de 58 secuestrados y la liberación de 150 presos políticos palestinos. En medio de la tragedia y según informan las autoridades de la Franja, los árabes palestinos asesinados han sobrepasado la barrera de los 30 mil en menos de seis meses. Israel ha llevado a cabo, como nunca en la historia, la doctrina de “tierra quemada” o dahiyé, destruir todo Gaza para empezar desde cero un nuevo proyecto de colonización[1]. La BBC publicaba esta semana el testimonio de un judío al que sus amigos en Israel le confesaban que estaban interesados en empezar a adquirir las tierras gazatíes, una vez terminada la guerra. El apetito de los colonos no conoce tregua ni humanidad[2]. Aunque parezca inverosímil es tal el desprecio por la población árabe que no pocos israelíes contemplan la posibilidad y se frotan las manos pensando en las tierras que se adjudicarán en la Franja, dentro de poco totalmente arrasada. Según Naciones Unidas, más del 90% del total de la infraestructura en Gaza ha sido destruida del todo, sin que hoy por hoy el mundo entienda cuál es el objetivo central de semejante despliegue militar.

El objetivo de esta columna no es un recuento más de las cifras que dan cuenta de una catástrofe sin antecedentes, sino cuestionar a los medios de comunicación de mayor poder en Colombia y su postura de negarse a utilizar la palabra genocidio o solamente hacerlo entrecomilladamente, algo tan absurdo e injustificable como producto de la terquedad. La mayoría de la prensa, al menos la de mayor circulación y tiraje, El Tiempo y El Espectador ha escrito editoriales donde se suman a los pedidos de cese al fuego, pero de manera injustificable hacen todo lo posible por esquivar el uso del término genocidio. Tanto la Convención para la sanción y Prevención del Delito de Genocidio (artículo 2) como el Estatuto de Roma (artículo 6) lo definen taxativamente como la matanza de miembros de un grupo, la lesión grave a su integridad física o mental y el sometimiento a condiciones de destrucción física con el fin de destruir total o parcial a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.

Parece que algunos están esperando a que ocurra la destrucción total del pueblo palestino y en ese catastrófico caso cuando no exista remedio posible, ahí sí denominar la situación como es debido. En 2005 en la prestigiosa Revista Foreign Affairs, el politólogo estadounidense Scott Strauss se indignaba por semejante nivel de desgaste debatiendo si había genocidio o no en la zona de Darfur en Sudán, cuando era evidente la política de destrucción de la población negra animista a manos de Omar al Bashir[3]. Mientras la comunidad internacional debatía sobre la semántica, murieron 300 mil personas.  El espíritu de la Convención del 48 como su nombre lo indica consiste en evitar el genocidio, no en describirlo, dicho de otro modo, se alude al concepto con fines preventivos y no sólo punitivos. La tipificación del genocidio no debería llevar a la humanidad a un debate sobre cuántos sacrificados tiene que haber para entender que un grupo está buscando la aniquilación de otro. El actual premier israelí ha dicho que los árabes palestinos son seres de la oscuridad, su titular de defensa los ha tildado de animales, el de finanzas ha llamado a arrasar sus aldeas, el de patrimonio invoca la posibilidad de lanzar una bomba atómica y el exministro de exteriores asegura que en Gaza no hay inocentes. Lo dice el dirigente, luego lo repiten los soldados en el terreno, así quedó consignado en una espeluznante declaración de un solado español-israelí para la RTVE[4]. No son hechos aislados, los testimonios de soldados israelíes que hacen mofa de los muertos, violan y ejecutan sin piedad dan cuenta de un grado de deshumanización de la población árabe que no se veía desde Biafra, los Balcanes occidentales, Ruanda o Darfur.

¿Cómo es posible que todavía haya quienes sostienen que se trata de manzanas podridas o casos aislados? Es evidente que hay un discurso de la dirigencia israelí (la más fundamentalista y supremacista de la historia) que se ha convertido en doctrina y que consiste en arrasar las tierras palestinas para diezmar esa nación con el fin de sepultar definitivamente la posibilidad de dos Estados. Es más, el propio Netanyahu lo ha dicho, este establecimiento israelí (no sólo el gobierno) no cree en la viabilidad del Estado para Palestina, no reconoce autoridad legítima ni la Corte Internacional de Justicia ni en el sistema de Naciones Unidas en conjunto.

¿Qué tiene que pasar para que los grandes medios se den cuenta de la magnitud de este desastre? Si se tratara de un Estado árabe comandado por Hussein, al Asad, al Bashir, Afewerki o Gadafi los medios al unísono y desde hace varios meses habrían etiquetado sin tantos miramientos la cuestión como genocidio.

Los más plurales como El Espectador ha dejado en manos de sus columnistas la responsabilidad de etiquetar el genocidio. Increíble que no haya una sola editorial que lo asuma de pleno, que lo denomine sin ambages ni comillas. El Tiempo ha optado por una línea similar y Caracol y RCN han sido aún más conservadores, el primero no ha dejado de informar sobre la tragedia, enhorabuena, el segundo está impedido por una línea conservadora y una sección internacional precaria. Caso aparte son Semana, La FM y RedMás que de manera deliberada no informan sobre los abusos de israelíes y hacen eco de la propaganda grotesca difundida por esa embajada, difunden publirreportajes lavándole la cara al Estado de Israel. Luis Carlos Vélez, Vicky Dávila y Giovanni Celis han optado por una expresa arabofobia que pasa de agache. Sin embargo, en el futuro servirá a estudiantes de comunicación o periodismo acerca de las lecciones en tiempos de guerra, tal como Mil Colinas o Revista Kangura en Ruanda, que redujeron su línea editorial a una solapada pero efectiva apología al odio. Seguramente, la historia los juzgará.

[1] https://www.lemonde.fr/idees/article/2024/03/06/gaza-l-injustifiable-politique-de-la-terre-brulee-d-israel_6220433_3232.html

[2] https://www.bbc.com/mundo/articles/ce5e2nr8x25o

[3] https://www.foreignaffairs.com/articles/sudan/2005-01-01/darfur-and-genocide-debate

[4] https://diariored.canalred.tv/medios/rtve-blanquea-el-genocidio-almudena-ariza-entrevista-a-un-militar-israeli-bajo-la-calificacion-de-guerra-de-gaza/

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1 Comentario

David Gleiser abril 20, 2024 - 12:07 pm

El profesor Jaramillo Jassir es, por lo visto, combatiente de Hamas en la guerra de información. A pesar de las tecnologías que permiten evaluar los datos para validar su validez, se limita a reproducir la narrativa de Hamas que pretende, justamente, eregirse en poder hegemónico mediante la colonización del discurso.

Veamos algunos ejemplos, los más groseros:

1. Que en la negociación en la que se realizó el intercambio de rehenes israelíes por Palestinos detenidos en cárceles israelíes, dice Jaramillo que fueron liberados 150 «presos políticos» palestinos… cuántos de los Palestinos que fueron excarcelados estaban purgando condenas por crímenes atroces… asesinatos por ejemplo. Tuvo Jaramillo el cuidado de esaminar la lista de estos «liberados» y verificar cuántos fueron juzgados y condenados en Israel. La justicia israelí es independiente y ciega. El valor de la vida de los civiles que fueron secuestrados de manera vil y violenta por Hamas y Jihad Islámica el 7 de Octubre fue manipulado por Hamas para obtener la liberación de criminales convictos. Examínese, tan solo, el caso del «Señor» Sinwar que purgaba 2.5 cadenas perpetuas por el asesinato de 4 personas (dos de ellas palestinos de Cisjordania) cuando fue liberado (junto con otros 1049 palestinos presos) a cambio de un rehén israelí (un soldado raso llamado Gilad Shalit). Será que cabe razonablemente en la categoría de «preso político». Solo en la narrativa hegemónica de Hamas.

2. El testimonio de un «judío» que habla de lo que dicen otros, ninguno mencionado directamente, le sirve a Jaramillo de «evidencia» para dar por válida la idea de que Israel está interesada en «adquirir tierras gazatíes». Y se lanza a desfigurar como «apetito de colonos» que no conocen tregua ni humanidad a las motivaciones que ya desde 2005 había exhibido el Gobierno encabezado por Sharon (de derecha) de desenganchar Gaza aún usando el brazo de la IDF (por sus siglas en inglés) contra quienes se habían asentado en Gaza por años, para entregarle Gaza a los Palestinos «Juden Rein».

3. El uso de la idea de «desprecio por la población árabe» no se lo imputa a Hamas el profesor Jaramillo. A pesar de que es una población usada sistemáticamente como parapeto. Es el desprecio de quien usa escudos humanos Es la cobardía de quien usa las jugosas donaciones de la comunidad internacional para construir túneles cuyo uso es exclusivo para el verdadero Hegemón que se protege en los túneles y usurpa las provisiones ocasionando la catástrofe alimenticia que se vive ahí.

4. La infraestructura ha sido destruida, ciertamente, al igual que fue destruida en Faluja, en Raqqa o en Mosul, porque el hegemón se parapeta en túneles y refugios dejando expuestos a los civiles.

5. Las cifras, si las recontara con un mínimo grado de objetividad, serviría para mostrar que la catástrofe si tiene antecedentes. Que de hecho se podría usar para mostrar que no hay genocidio (eso lo deberá evaluar la CIJ) y que en la historia reciente ha habido momentos muchos más angustiosos (por ejemplo, la masacre de árabes por parte del régimen de Assad en Siria, la guerra de Sudán, el conflicto civil en Rwanda) y que cabrían de manera mucho más clara en la deffinición de Genocidio de la Convención sobre el particular. No, el pueblo palestino no está en peligro existencial. El conteo de los muertos, si se hace la distinción entre combatientes y civiles, es muy interior al ocurrido en otros casos de guerra en una zona principalmente urbana y en particular cuando la población civil es usada como escudo para proteger a Hamas (como lo hacen de manera grotesca al usar Hospitales y Escuelas como bases militares). No cabe duda de que es horripilante que hayan caído 30,000 personas en una guerra iniciada por Hamas, pero hace falta reconocer que de esos 30,000 al menos 14,000 son combatientes entrenados como militares (aunque no luzcan uniformes como obligan las leyes de la guerra) armados hasta los dientes. Si hace falta vovler a contar (ie recontar) empleando métodos estadísticos que permiten corregir las falacias (ver por ejemplo el estudio de Abraham Wynner (https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/how-gaza-health-ministry-fakes-casualty-numbers) y que muetran el uso hegemónico de la información por parte de Hamas.

6. Si, el actual premier israelí es un personaje siniestro y su discurso a veces está lleno de veneno. Pero la hegemonía integrista a la que aspiran Hamas y sus aliados, son peores. No solo porque no son inocentes, sino porque su misión explícita es genocida sin lugar a juicios. Esta intención de borrar a Israel de la faz de la tierra está consignada en la carte fundacional de Hamas, sin ambigüedad alguna y la reitera el «gran hermano» Iraní con palabras y hechos en forma reiterada desde 1979.

Nuestra prensa está plagada, sin duda, de malos periodistas… pero también abundan aquellos que como Jaramillo recurren al discurso orgánico de Hamas para intentar deslegitimar todo lo que se dice o escribe. Lástima cierto que ni los periodistas ni los profesores universitarios puedan ser tenidos como analistas serios de lo que ocurre en el mundo.

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