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La política exterior de Duque: una apuesta pálida

Escrito por Mauricio Jaramillo-Jassir
Iván Duque y Theresa May.

Mauricio JaramilloUn balance del gobierno en materia de política exterior. ¿Cuáles han sido sus aciertos y errores? ¿Qué puede hacer en el futuro cercano?

Mauricio Jaramillo Jassir*

Una sombra difícil de superar

Desde su candidatura, Iván Duque anunció que, como muchos de los rubros de su proyecto político, su plan de política exterior se desmarcaría del de su antecesor, Juan Manuel Santos. Aunque no estuvo exenta de dificultades y reveses, la administración anterior se caracterizó por darle un manejo efectivo a la política exterior que permitió que el país sobresaliera en el ámbito regional e internacional.

En materia de política exterior, Duque ha tenido que enfrentar dos grandes dificultades:

  • Los esfuerzos del Centro Democrático y otros sectores para ideologizar la política exterior, muchas veces en contravía de los intereses del gobierno mismo. Basta recordar las explosivas declaraciones de embajadores que parecen tener una agenda política propia.
  • La sombra de Santos, quien, a pesar de ser muy criticado dentro del país, se ha convertido en el en el mandatario colombiano más elogiado en el exterior —con o sin justa causa—.

Santos dejó al menos dos activos invaluables: la flexibilización del sistema en la lucha contra las drogas y la firma del Acuerdo de Paz. Es importante recordar que Ernesto Samper, Andrés Pastrana y el mismo Álvaro Uribe —quien unos días después de posesionarse en su primer período intentó involucrar a Koffi Annan, entonces Secretario General de Naciones Unidas en una improbable negociación con las FARC— habían invertido importantes esfuerzos para concretar la paz a través de la internacionalización del conflicto, pero sin conseguir un acuerdo definitivo. En contraste, Santos logró canalizar la ayuda internacional, así que, pese a todos sus defectos, la firma del Acuerdo de Paz es un logro innegable en materia de política exterior.

En concordancia con el discurso que caracterizó su candidatura, Duque empezó su mandato distanciándose de esos dos grandes logros de la administración anterior, pero desde entonces ha enfrentado el gran inconveniente de que muchas de las posturas que son aplaudidas en Colombia, despiertan repudio en el exterior. Además, hay que reconocer que los pocos réditos que deberían obtenerse en el plano externo por algunas de sus posiciones, están muy lejos de compensar los daños cada vez más visibles en la imagen colombiana en el exterior.

El actual presidente ha desperdiciado la oportunidad de convertir la política exterior en el sector con más resultados concretos, pues a diferencia de otros ámbitos no requiere del apoyo del poder legislativo, esto es producto del presidencialismo con el que se maneja la diplomacia colombiana.

Puede leer: Paz y política exterior: las particularidades con Juan Manuel Santos y la realidad con Iván Duque.

Drogas y paz: una apuesta fallida

La presión interna por vincular el narcotráfico con el conflicto armado puso en tela de juicio la legitimidad del proceso de paz con las FARC y difundió la idea de que la guerrilla dependía de ese negocio sin tener pruebas contundentes. Además, provocó que el gobierno asumiera el compromiso de retomar esfuerzos prohibitivos.

Las críticas a la labor del gobierno anterior expresadas por la administración actual no fueron bien recibidas por gran parte de la comunidad internacional porque para ella no existen diferencias sustanciales entre los dos gobiernos, sino una responsabilidad de Estado.

Iván Duque y Theresa May.
Iván Duque y Theresa May.
Foto: Presidencia de la República

Valiéndose del argumento válido y legítimo de que el narcotráfico no podía considerarse una actividad conexa al conflicto, Duque cometió el grave error de convertir un asunto interno en materia de política exterior creyendo que Washington lo respaldaría, pero esto no sucedió, pues los inesperados comentarios (¿o regaños?) de Donald Trump dejaron muy mal parado al presidente colombiano.

Muchas de las posturas que son aplaudidas en Colombia, despiertan repudio en el exterior.

Las declaraciones del mandatario estadounidense significaron un retroceso para la administración actual en materia de política exterior, pues se esperaba que Colombia contara con el apoyo de Estados Unidos debido a las afinidades ideológicas que existen entre los dos gobiernos. Resulta sorprendente que Trump muestre más respeto por Andrés López Obrador que por Duque, pues el presidente mexicano representa una orilla ideológica antagónica a la suya.

Por otra parte, el último reporte de la Oficina Nacional para las Políticas Públicas sobre el Control de Drogas (ONDCP) de Estados Unidos, muestra una reducción en la producción de coca de 900 toneladas métricas en 2017 a 887 en 2018. Aunque estas cifras alivian al gobierno, no garantizan una relación más estrecha entre las dos naciones a corto plazo, especialmente porque se avecinan las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

La persecución que experimentan los defensores de derechos humanos en nuestro país también ha afectado la relación con Washington, pues figuras tan importantes como Patrick Leahy, el senador del Comité de Apropiaciones, se han mostrado particularmente sensibles al referirse a este tema. Si Colombia pretende tener una buena relación con Washington a largo plazo, deberá entender que el mapa de actores es amplio y no se limita el presidente, por lo que es esencial garantizarles protección a los líderes sociales.

Le recomendamos: Los retos de Iván Duque en política exterior.

Venezuela: un fracaso absoluto

La crisis venezolana ha sido otra de las temáticas más visibles en materia de política exterior.

El Gobierno optó por participar en la estrategia de aislamiento de Nicolás Maduro, lo que recordó los enfrentamientos entre Chávez y Uribe que tuvieron lugar la década pasada, cuando se llegó a especular sobre la posibilidad de una confrontación armada.

Si Colombia pretende tener una buena relación con Washington a largo plazo, deberá garantizarles protección a los líderes sociales.

Duque retomó la retórica anti castro-chavista más radical del Centro Democrático, desconociendo ingenuamente los antecedentes de posturas similares frente a regímenes considerados como anti-democráticos en la zona. Basta recordar los nefastos resultados que produjo medio siglo de sanciones y aislamiento a Cuba para entender que en la región no tienen cabida ese tipo de presiones, especialmente entre Estados con una larga trayectoria diplomática marcada por la primacía del derecho internacional.

Hasta el momento, el cerco diplomático no ha tenido más efectos que agudizar la crisis en el vecino país. Esto ha ocasionado que el argumento chavista que sostiene que la dramática situación es producto exclusivo de la guerra económica tome más fuerza. Que el régimen venezolano haya sobrevivido, no quiere decir que vaya a durar por mucho tiempo, pero tampoco implica que se encuentre en tal estado de debilidad que se pueda descartar una negociación, la única salida posible y razonable. Al apostarle a la descalificación y no a la mesura, el gobierno colombiano se quitó a sí mismo la posibilidad de participar de un proceso de negociación que busque la restitución de la democracia en el vecino país.

Por otra parte, Colombia no ha asumido satisfactoriamente su liderazgo en el Grupo de Lima y cada vez aparecen más fisuras dentro del bloque. Es evidente que el cerco no ha sido efectivo y que su postura en torno a una negociación es ambigua. Además, en Argentina y en Brasil importa cada vez menos el tema, pues Mauricio Macri enfrenta un renovado kirchnerismo que tiene grandes posibilidades de volver al poder gracias a su apuesta por la moderación y Jair Bolsonaro no ha obtenido los índices de gobernabilidad que esperaba.

Lea en Razón Pública: Colombia frente a la crisis venezolana: ¿qué está en juego?

No todo es gris

Si bien el panorama descrito anteriormente no es el más alentador, el gobierno aún puede encauzar su rumbo en materia de política exterior. Existen dos temáticas en las que puede trabajar para lograrlo.

La primera de ellas es la ola migratoria venezolana. Hasta ahora, la administración ha abordado esta problemática de forma adecuada gracias a la ayuda de numerosas entidades. Además, Carlos Holmes Trujillo ha logrado canalizar las iniciativas que han llegado desde distintas latitudes para afrontar esta dramática situación. Sin lugar a duda, esta crisis representa un desafío inédito en la historia diplomática del país.

Iván Duque retomó el discurso anti-chavista radical del Centro Democrático
Iván Duque retomó el discurso anti-chavista radical del Centro Democrático
Foto: Presidencia de la República

La segunda de ellas es la Alianza del Pacífico, una plataforma que podría representar un equilibrio entre la concentración histórica del Caribe y un tímido asomo hacia el Pacífico. Para afrontar esta temática, el gobierno deberá decidir si acepta o abandona definitivamente la propuesta abstracta de Prosur.

Si bien distanciarse de la administración anterior es una postura legítima, para recuperar el rumbo en materia de política exterior el actual gobierno también deberá mostrar autonomía respecto de los sectores más radicales del Centro Democrático, pues muchas de sus posturas van en contravía de la construcción de un entorno regional más favorable para Colombia. Es momento de dejar atrás la idea de que no es posible tener buenas relaciones con gobiernos de colores políticos diferentes.

*Profesor de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
@mauricio181212

 

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