Mitos y precisiones sobre la FLIP | Mauricio Jaramillo

Mitos y precisiones sobre la FLIP

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Cuando en 1964 Jean-Paul Sartre de manera sorpresiva declinó el premio nobel de literatura, expresó que se negaba a convertirse en institución. Por absurda que pareciera, la situación es todavía relevadora y aleccionadora sobre el momento actual de Colombia respecto a la defensa de la libertad de prensa y del derecho que, como ciudadanos disponemos de tener acceso a una información confiable de acuerdo con el artículo 20 de la Constitución. Éste no puede institucionalizarse dejándolo en manos de un privado que para muchos es la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). Lo anterior significaría renunciar a un ejercicio propio de la ciudadanía.

No hay ninguna institución en Colombia que pueda dirimir las controversias acerca de la validez de una información a menos de que haya calumnia o injuria. Entiéndase bien, en términos generales la desinformación no se puede combatir a punta de decisiones de un tercero que administre justicia. Aquello sería no sólo inviable, sino que supondría la judicialización de la comunicación y del periodismo, tal como está ocurriendo con la política (guerra jurídica o lawfare y judicialización de la política), cuando se apela a mecanismos legales para sacar de carrera a rivales políticos por el simple hecho de que resulta imposible vencerlos en las urnas (Lula, Marco Enríquez-Ominami, Iván Cepeda) o porque no se reconoce que ganaron elecciones (Manuel Zelaya, Fernando Lugo o Dilma Rousseff). La FLIP no es un tribunal de ética que pueda llamar la atención cuando medios divulguen o creen noticias falsas, desinformen o promueven informaciones engañosas. La Fundación parte de la defensa de la libertad de prensa y se manifiesta cuando comunicadores enfrentan intimidaciones de actores que en la correlación de fuerzas disponen de un poder superior. Es decir, sólo se censura desde una posición de poder que suele estar asociada al Estado o en casos extremos a grupos armados, esto último desafortunadamente ha sido frecuente en Colombia. Según este alcance que resulta además lógica -aunque pueda ser discutible- la FLIP no puede ni pretende mediar cuando un periodista por ejemplo lanza informaciones engañosas, pues no se trata en estricto sentido de un caso de censura, sino de desinformación. Valga añadir, sería peligroso, tal como es la tendencia actual, la creencia de depositar en una Fundación de privados el deber de garantizar el artículo 20 de la Constitución. Ese deber corresponde al conjunto de la ciudadanía y, por supuesto, al autocontrol y a la ética de los medios de comunicación.

Por estas semanas, varios se han expresado en favor de una norma de comunicación para precisamente evitar esta difusión de contenidos e incluso sancionar a la prensa cuando falte a su deber. Se trata de una propuesta demagoga y que abriría las puertas al autoritarismo. Basta imaginar un marco normativo de esas características en un gobierno como el de Iván Duque o Álvaro Uribe Vélez caracterizados por las violaciones a los derechos humanos amparadas en la dizque defensa nacional. En resumidas cuentas, sería el fin de la prensa libre.

Y entonces ¿cómo se defiende el derecho a estar informados? ¿quién controla que los medios no divulguen información engañosa, falsa o imprecisa de forma deliberada? Cada uno de nosotros. Hoy no podemos limitar nuestro papel a simples consumidores de contenidos. Si en algo han aportado las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes consiste en la posibilidad de democratizar la información, pero aquello sólo es posible si se exige a los medios cumplir con su labor. A los periodistas hay que confrontarlos, controvertirlos y exigirles compromisos no con la verdad -que no existe- sino con la ecuanimidad. Y de forma paralela, es indispensable apoyar en la medida de las posibilidades los medios alternativos, populares e independientes del establecimiento. Es una de las revoluciones más urgentes en estos tiempos de manipulación.

Acerca del autor

Mauricio Jaramillo-Jassir

* Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, autor del libro Anatomía heterodoxa del populismo. Editorial de la U. del Rosario.

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Mauricio Jaramillo-Jassir

* Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, autor del libro Anatomía heterodoxa del populismo. Editorial de la U. del Rosario.

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