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El centro que no pierde

Escrito por Mauricio Jaramillo-Jassir

Con cada noticia internacional las fuerzas políticas en Colombia se acomodan y se reubican. En los procesos electorales recientes, son varios segmentos los que reivindican un triunfo como ocurrió con la victoria de Javier Milei en Argentina y con el rechazo por segunda vez en las urnas del proyecto para una nueva Constitución chilena. En ambos procesos, el centro colombiano ha advertido sobre las lecciones partiendo de las siguientes bases: los extremos significan un riesgo para la democracia, son equiparables y solamente el centro está en capacidad de resistir los discursos radicales que están poniendo en riesgo el pluralismo.

Humberto de la Calle es una de las figuras centrales del centro colombiano y con justa razón uno de los políticos más seguidos y respetados por sus posturas serenas y reposadas. Ante el rechazo en las urnas de la reforma constitucional que había impulsado una asamblea constituyente con una mayoría representativa de la extrema derecha, De la Calle trinó que “el primero intento fracasó por caminar demasiado a la izquierda. Y en el de hoy, Chile tampoco quiso irse a la derecha. Gana el centro. Una enseñanza para LATAM. Y en especial para Colombia, no a los extremos. ¡Vivan los tibios!”.

Es extraño que en Colombia los que se dicen defensores de la Constitución del 91 ahora diagnostiquen que el proyecto de reforma constitucional liderado por fuerzas progresistas chilenas era demasiado “zurdo”. Sin saberlo están despreciando el proceso constitucional colombiano y le están dando la razón a las fuerzas reaccionarias de derecha, cada vez más expresamente enemigas de los valores del pacto constitucional de hace más de 30 años. Esta derecha colombiana de hoy habría rechazado enérgicamente la Constitución y en concreto valores como el Estado social de derecho, el libre desarrollo de la personalidad, el plurinacionalismo y la descentralización, esta última con el recurso argumentativo peregrino que hizo carrera en Chile de que la autonomía subnacional representa un riesgo para la unidad territorial. Es decir, que la transferencia de competencias a gobernaciones y alcaldías allana el camino para la independencia, como si en estas latitudes el independentismo hubiese sido profuso o frecuente. A punta de lugares comunes se deshacen los proyectos y se evitan las discusiones de fondo.

El centro que hoy celebra el hundimiento de proyectos que apunten a cambiar una constitución anacrónica surgida en medio de una de las peores dictaduras militares del siglo XX, ignora que el fracaso reposa en la falta de gestión de los políticos, en particular de Gabriel Boric, y no en el ideario de la izquierda, menos aún de un progresismo liberal demócrata (¡incluido el centro!) que en Colombia se ha defendido durante 30 años de los ataques cada vez más frecuentes de una derecha que ha hecho hasta lo imposible por desmontarla (cambiar el sistema de cortes, incluir la relección, tumbar la dosis personal, penalizar aborto y eutanasia, y ralentizar la descentralización, entre otros). Por eso sorprende que ahora se vitoree el hundimiento del proyecto de Boric y se le haga el juego a la derecha con el prejuicio de que el electorado chileno rechazo a la izquierda radical. Ignoran que en la votación de septiembre de 2022 fue frecuente el voto castigo a Boric por un acercamiento a sectores de la derecha y la renuencia a gobernar según los valores progresistas que lo llevaron a la presidencia.

Con una lógica similar se saboreó la derrota de Sergio Massa en Argentina. La representante a la Cámara Catherine Juvinao trinó en el mismo espíritu de De la Calle “Un saludo especial a los que no apoyaban a Massa pero tampoco a Milei. Hay un mundo más allá de estos dos polos, querido amigo resiste”. Es extraño que el centro no identifique a sus pares en el resto de la zona y pretenda imponer la imagen, igual que la extrema derecha, de que cualquier político que sea de centro se pueda clasificar como de izquierda radical. Increíble que hayan impuesto la imagen de que Sergio Massa por haber sido ministro de Alberto Fernández sea un radical cuando cualquier analista político medianamente serio es consciente de que Massa era un político rechazado y criticado por los sectores más radicales de la izquierda y que un gobierno suyo a en términos concretos hubiese sido de “centro izquierda”. Para el centro colombiano fue más fácil hacer eco de los simplismos sobre Argentina y casarse con la tesis de que cualquier balotaje, derecha izquierda o conservador liberal es una pelea a muerte entre dos extremos. Con ese reduccionismo dirán que, en las próximas elecciones de Estados Unidos, Biden y Trump representan a extremos equiparablemente riesgosos haciendo eco de las delirantes ideas trumpianas de que el actual presidente estadounidense es en realidad un aliado solapado de anarquistas, progresistas y neocomunistas.

El centro en Colombia estará condenado al fracaso si en nombre de la supervivencia electoral no asume posturas coherentes con sus ideas de moderación y pragmatismo y convierte con forzada lógica (es decir, demagogia) en triunfo electoral cualquier derrota o revés de la izquierda. En Argentina y Chile ganó la derecha, y fue derrotado el centro, no el que recoge las migajas de las victorias de terceros, sino el consciente de que en ninguno de los dos escenarios la izquierda radical tenía chances. Es tal la animadversión a Petro que el centro colombiano no ha reparado en que Boric, a quien los sectores mas conservadores han graduado de comunista es en realidad, su referente más exitoso del último tiempo.

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2 Comentarios

Anderson Romero diciembre 28, 2023 - 7:35 am

Muy de acuerdo. Gracias por articular el sentir de muchos en relación al conveniente baile del llamado “centro ideológico”. Siento que, muchas veces, este sector manifiesta tal deshonestidad intelectual hacia sus electores a fin de capitalizar votos para próximas contiendas electorales sin importar de qué orilla estos vengan. De nuevo, gracias.

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yoxter enero 1, 2024 - 6:35 pm

Usted desde su sesgo gradua de moderados a políticos que no lo son. Massa se había lanzado por los mismos radicales de izquierda que apoyaban a chavez y provocaron una crisis económica por intentar aplicar ideas económicas radicales de izquierda. Petro, por otro lado, ha dejado claro al derecho y al revés su afinidad con el chavismo, los castro, evo, las guerrillas, los kirchner, por no olvidar su pasado criminal. Frente a eso Trump y Bolsonaro son moderados de centro derecha, al menos a ellos no les he odio defender dictadores de países en la ruina ni fueron militantes de algún grupo al margen de la ley.

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