
¿Hacia dónde van Irak y el Medio Oriente?
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La división histórica entre sunitas y chiitas, los errores garrafales de Occidente al deshacer un equilibrio explosivo y precario, y las rivalidades entre países vecinos, han resultado en una nueva y enorme amenaza para la estabilidad de esa región.
Mauricio Jaramillo Jassir*
Se les dijo
Irak enfrenta uno de sus peores momentos. Su crisis se ha profundizado por tres fenómenos: la violencia sistemática en Siria, la debilidad del gobierno iraquí en cabeza del primer ministro Nouri Al Maliki, y a la injerencia indebida y nociva de gobiernos como el de Estados Unidos y el de Arabia Saudita.
Se trata de una polémica que surgió en el año 632, tras la muerte del profeta Mahoma, y a propósito de su sucesión.
Estos países, en el afán de debilitar al régimen teocrático de Irán, alteraron la correlación de fuerzas de la zona y provocaron un desequilibrio muy difícil de corregir en el corto o aun en el largo plazo.
A diferencia de otros escenarios, el de Irak no parece sorprender pues en 2003, antes de que comenzara la violencia sistemática, un buen número de miembros de Naciones Unidas se opuso enérgicamente a la guerra, sin que eso hubiese hecho mella en la voluntad de Washington y del puñado de Estados que decidió acompañarlo, que no advirtieron las consecuencias de esta acción para el Medio Oriente, y que hoy por hoy se hacen evidentes.
![]() El Califa Abu Bakr Al-Baghdadi del autoproclamado Estado Islámico. Foto: Wikimedia Commons |
Sunitas y chiitas
Para entender la situación de Irak es preciso aludir a la disputa histórica entre sunitas y chiitas en el seno del islam, que hoy ha encontrado en Irak un escenario de violenta confrontación.
Se trata de una polémica que surgió en el año 632, tras la muerte del profeta Mahoma, y a propósito de su sucesión. Para el mundo chií el heredero legítimo del profeta debía ser Alí, yerno e hijo de Mahoma. Para los sunitas, la sucesión pertenecía a Abou Bakr, también cercano al profeta y en consonancia con la costumbre tribal.
Así Bakr se convirtió en el primer califa y recibió el apoyo de la mayoría del mundo musulmán (85 por ciento aproximadamente). El islam chií ha sido minoritario y solo tiene primacía en Azerbaiyán, Bahréin, Irán e Irak. En este último país, los chiitas llegan a un 60 por ciento, frente a un 30 o 35 por ciento de sunitas y un 10 por ciento de kurdos. También cabe reseñar que existen minorías chiitas importantes en Afganistán, Arabia Saudí, India, Líbano, Pakistán, y Yemen.
Para profundizar en el conocimiento de las diferencias históricas e intelectuales entre sunitas y chiitas desde la muerte de Mahoma, sugiero leer la extraordinaria novela El reflejo de las palabras, del escritor iraní Kader Abdolah.
Regresan las divisiones
La disputa entre las dos grandes corrientes del islam disminuyó a partir de la creación del Estado de Israel en 1947. Este hecho pareció unir al mundo árabe y musulmán, con la excepción de Turquía (mayoritariamente musulmana y no árabe) que, por una historia particular de acercamiento a Occidente, se convirtió en la primera nación musulmana en reconocer a Tel Aviv en 1949. Pero con excepción de Ankara, el mundo musulmán estuvo relativamente unido en torno al rechazo de Israel hasta finales de los 1970, cuando dos hechos provocaron una ruptura y reavivaron las tensiones entre las dos versiones del islam.
- Primero fue el reconocimiento de Israel por parte de Egipto, lo que allanó el camino para que el conflicto pasara de ser árabe-israelí a israelí-palestino, como se puede apreciar hasta la actualidad.
- Segundo, y más importante para el Irak de este momento, fue la Revolución islámica chií en Irán, su país vecino y su rival histórico dentro del mundo árabe.
El gran error de Occidente
Con estos matices históricos de fondo, Occidente, concretamente Estados Unidos y Reino Unido, cometieron un error craso con efectos nefastos al intervenir en Irak.
Partiendo del supuesto de que el islam chií era más radical y hostil hacia los valores occidentales, Washington y Londres decidieron apoyar la dictadura de Sadam Hussein, con el fin de contener una supuesta expansión de la Revolución teocrática iraní.
El cálculo era simple: el país que más temía por un efecto contagio era Irak debido a su población mayoritariamente chií.
Washington y Londres decidieron apoyar la dictadura de Sadam Hussein, con el fin de contener una supuesta expansión de la Revolución teocrática iraní.
Con el paso de los años y el fin de la Guerra Fría, Hussein dejó de ser útil y cuando Estados Unidos emprendió los ataques en su contra a comienzos de la década de 1990 y en 2003, pocos en el Departamento de Estado durante la administración de George W. Bush repararon en las consecuencias que tendrían esas acciones.
Bajo la dictadura de Hussein la minoría sunita tuvo todos los privilegios y se persiguió a los kurdos y chiitas. Depuesto el dictador en 2003, Washington era plenamente consciente de que la mayor resistencia provendría, por tanto, de los grupos sunitas.
Para contrarrestar esta amenaza, Estados Unidos esperaba contar con la simpatía de los chiitas y de los kurdos que se verían beneficiados por el nuevo entorno. Pero no ocurrió así, y en todo caso el principal enemigo de Estados Unidos han sido los suníes que no perdonan la alteración de un orden que los favorecía tan ampliamente.
![]() Saddam Hussein durante la guerra entre Irán e Irak. Foto: Wikimedia Commons |
El EIIL
La creación del grupo suní Al Qaeda en Mesopotamia, uno de los antecesores del actual Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), data de 2004, cuando el jordano Abou Moussab Al-Zarqauoi lo fundó para oponerse a la presencia de tropas de Estados Unidos. Como producto de su extrema violencia sin embargo, este primer experimento fue rechazado por la población suni de Irak, y en 2006 las fuerzas de ocupación acabaron por dar de baja a su líder.
Tras la muerte de Zarqaoui, el grupo mutó hacia el Estado Islámico en Irak (EII), y entre 2008 y 2009 emprendió una ofensiva contra las tropas norteamericanas. No obstante, militares de Estados Unidos (con el apoyo de milicias sunitas anti dijhadistas) lograron contener el avance del EII, que tuvo que refugiarse en la frontera con Siria, en las provincias de Anbar y Ninive. Desde esa época, el jefe del grupo ha sido Abu Bakr Al-Baghdadi.
En 2011 estalló la guerra civil en Siria y otra vez cambió el panorama del extremismo islámico en Irak. Miles de combatientes iraquíes se trasladaran a territorio sirio para luchar en contra del gobierno alauita (una rama del islam chií) de Bachar Al Assad y, de paso, para buscar refugio ante la contraofensiva de las fuerzas regulares iraquíes.
Un año más tarde, en territorio sirio, se fundó el grupo islámico Jabhat Al-Nosra, inicialmente dependiente del EII, que acabó por desvincularse del movimiento iraquí.
A pesar de esas divisiones y aprovechando la violencia entre chiitas y sunitas, en 2013 se fundó el Estado Islámico en Irak y el Levante, lo que ha hecho temer por la existencia de una entidad extremadamente radical, que el mundo aún desconoce, bajo la forma de sistema político y régimen de gobierno.
¿Qué puede seguir?
El mundo hoy se pregunta si existe una salida a la crisis iraquí, y más concretamente si aún es posible detener el avance del EIIL, que desde el norte se ha ido expandiendo hacia el sur del país. El horizonte de Irak es incierto, y su futuro (y en cierta medida el de Medio Oriente) depende de cómo evolucionen tres temas cruciales.
El principal enemigo de Estados Unidos han sido los suníes que no perdonan la alteración de un orden que los favorecía tan ampliamente.
1. Irán, que es un actor clave en la región y sin duda el más interesado en contener el avance del EIIL. La relevancia de Teherán además debe leerse a la luz de la influencia que tiene sobre la mayoría de la población iraquí de confesión chií. No en vano a comienzos de este año comenzó la distensión nuclear entre las grandes potencias y el régimen iraní, lo que ha hecho que actualmente algunos subrayen lo que hace algunos años era impensable: el papel pacificador de Irán en la zona.
2.Como el EIIL tiene reivindicaciones sobre el territorio sirio y libanés, la pacificación siria y el funcionamiento de la golpeada democracia libanesa son cruciales para el futuro de Irak. De estos depende que el proyecto del EIIL no tenga eco en la región.
3.La violencia en Irak y en Siria pueden ser leída como producto de los episodios de una “guerra fría” entre los poderes de la zona. De un lado estarían Arabia Saudí y Qatar como representantes del mundo suní, y del otro, Irán como líder del chií. De esa competencia depende también el futuro iraquí.
Por las razones anteriores puede decirse que el mundo musulmán enfrenta un reto de enormes magnitudes: la resolución de una disputa que ha generado violencia durante décadas. Este es un aspecto poco visible pero indispensable del llamado diálogo entre religiones de cara al futuro.
* Profesor del Centro de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario.
Acerca del autor
Mauricio Jaramillo-Jassir
* Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, autor del libro Anatomía heterodoxa del populismo. Editorial de la U. del Rosario.
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