¿Son “subimperialistas” los BRICS? - Razón Pública

¿Son “subimperialistas” los BRICS?

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A propósito de la cumbre de los BRICS, un analista sudafricano revela cómo estas cinco potencias emergentes — cada una en su órbita regional — alienta un desarrollo basado en la sobreproducción, el sobreconsumo y la destrucción del medio ambiente, lo cual es funcional para el otro imperialismo.

Los BRICS ofrecen algunos de los ejemplos más evidentes del nuevo sub–imperialismo en el mundo de hoy. Lubrican el neoliberalismo global, aceleran la eco-destrucción mundial y sirven como coordinadores del saqueo interior. El proyecto de hegemonía de los BRICS debe ser resistido.

"Reafirmamos el carácter de la ANC como una fuerza disciplinada de la izquierda, un movimiento masivo multi-clase y un movimiento internacionalista, con una perspectiva anti–imperialista". Esas fueron las palabras de Jacob Zuma ante la concentración de masas más grande del Congreso Nacional Africano, en Durban el 12 de enero [1].

Once días más tarde, Zuma habló a los imperialistas del Foro Económico Mundial, en una pequeña sala de conferencia de lujo en Davos, Suiza: "Estamos presentando una Sudáfrica abierto a los negocios y que es la puerta de acceso al continente africano"[2]. (Como zanahoria, Zuma mencionó específicamente los 440 mil millones de dólares previstos para la inversión en infraestructuras en los próximos años, mientras que en Sudáfrica los aumentos de precio por encima de la inflación de electricidad, agua y saneamientos golpean a los consumidores de bajos ingresos que tienen la suerte de que todavía no les hayan cortado el suministro por falta de pago).

Los funcionarios sudafricanos hablan a menudo de anti-imperialismo, aunque actúen como sub–imperialistas. En 1965, Ruy Mauro Marini definió por primera vez el término, aplicado a su propio caso brasileño: "No se trata de aceptar pasivamente el poder de EE UU (aunque la correlación real de fuerzas a menudo obliga a ello), sino de colaborar activamente con la expansión imperialista, situándose en esta expansión en la posición de una nación clave " [3].

Casi medio siglo después, esas ideas resuenan proféticas, a raíz de la emergencia de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) como una alianza activa. En 2013 estos cinco países clave que rodean la tríada tradicional (EE UU, Unión Europea y Japón) son colaboradores decisivos del imperialismo.

Promueven la causa del neoliberalismo, reafirmando sus estructuras globales de poder institucionales; alientan un desarrollo negativo, basado en la sobreproducción y sobreconsumo; y son cómplices no solo de la destrucción del medio ambiente en todo el mundo – contribuyendo cada vez más al cambio climático – sino saboteando cualquier propuesta potencialmente viable a escala mundial de regulación ecológica (favoreciendo la creciente mercantilización del comercio de emisiones).

La agenda de los BRICS para legitimar el neoliberalismo no sólo refuerza el poder de EE UU. En cada caso, el control de los estados BRICS de sus zonas de influencia, que refuerza la hegemonía capitalista regional, es otra característica impresionante de este sub-imperialismo, sobre todo por lo que se refiere a Sudáfrica.

Como el académico brasileño Oliver Stuenkel señaló en 2012: "Ninguno de los miembros BRICS cuenta con un apoyo significativo de sus vecinos, y ninguno tiene el mandato de representar a la región a la que pertenece. Muy por el contrario, sus vecinos sospechan de los proyectos de hegemonía regional de los BRICS, que son todos ellos muy parecidos" [4].

Gran parte de la antigua crítica de la era del apartheid al sub-imperialismo de Sudáfrica sigue siendo válida, pero lo nuevo es que gracias a la desregulación financiera asociada con la "transición ejemplar” del país, del apartheid racial al apartheid de clase, durante la década de 1990, los antiguos gigantes empresariales de Johannesburgo y Ciudad del Cabo se han deslocalizado : Anglo American Corporation, DeBeers, Gencor (más tarde BHP Billiton), Old Mutual y los seguros Liberty Life, Destilerías SAB (que posteriormente se fusionó con Miller), Investec Bank, Didata IT, papel Mondi.

Las sedes financieras de estas empresas están ahora en Londres, Nueva York y Melbourne, y la salida de beneficios, dividendos e intereses son la principal razón por la que Sudáfrica fue clasificada como el país de “mayor riesgo entre los 17 mercados emergentes” por The Economist a principios de 2009. Y todo ello obliga a nueva y vastas emisiones de obligaciones de deuda externa para cubrir las divisas necesarias para facilitar esta gigantesca fuga de capitales. Sudáfrica no puede, por lo tanto, ser descrita como "imperialista": simplemente retiene demasiado poco excedente.

Además de lubricar el neoliberalismo mundial, acelerar la eco–destrucción mundial, y actuar como coordinadores del saqueo interior, ¿cuáles son las otras características del sub–imperialismo que deben evaluarse en el contexto de la hegemonía actual de Washington?

Si el "nuevo imperialismo" implica – como sugiere el renombrado académico marxista de la Universidad de Nueva York David Harvey [5] – un recurso mucho mayor a la "acumulación por desposesión" y, por lo tanto, la apropiación por el capitalismo de los aspectos "no capitalistas" de la vida y el medio ambiente, Sudáfrica y los otros BRIC ofrecen algunos de los ejemplos más extremos del nuevo sub-imperialismo en el mundo de hoy.

Las viejas teorías sobre la “articulaciones de distintos modos de producción" en Sudáfrica- es decir, una fuerza de trabajo que incluye a los trabajadores emigrantes masculinos de los bantustanes, que proporcionan “mano de obra barata” gracias a la reproducción no remunerada de niños y la atención gratuita de los trabajadores enfermos y jubilados en general por parte de las mujeres rurales negras sin el apoyo del Estado “ son de más actualidad que nunca, se apliquen a los permisos de residencia urbanos chinos (houkou ) o la fuerte expansión del modelo migratorio sudafricano tras el fin del apartheid en la región (a pesar de trágicas reacciones xenófobas de la clase obrera local).

En primer lugar, para defender la hipótesis de que el sub–imperialismo lubrica el neoliberalismo global de diferentes maneras, y que — entre los países BRICS — Sudáfrica es uno más a la hora de actuar como “ayudantes del sheriff” para mantener la ley y el orden regional (por ejemplo, en la República Centroafricana, a principios de 2013), es necesario dejar de lado narrativas ingenuas sobre la política exterior, por muy populares que sigan siendo en los estudios académicos de las relaciones internacionales.

Algunos académicos sostienen que el papel de Sudáfrica no es ni anti-imperialista ni sub–imperialista —  que como una “potencia media”, Pretoria intenta “liderar” al África de acuerdo con los intereses superiores del continente (Maxi Schoeman) [6], a través de la "construcción de alianzas estratégicas… en un esfuerzo constante para ganarse la confianza de los otros Estados africanos, y para convencer a la comunidad mundial de su condición de potencia regional "(Chris Landsberg) [7], persiguiendo una cooperación no hegemónica "con otros países africanos” ( John Daniel et al) [8].

Pero estos académicos están perdiendo la oportunidad de cuestionar las relaciones de poder con la sensibilidad crítica que estos tiempos exigen, sobre todo porque las industrias extractivas basadas en la sobreexplotación de mano de obra emigrante – que no tienen el menor cuidado con la degradación de la comunidad y los daños ecológicos que causan (por ejemplo la ya famosa mina de platino de Marikana, tan rentable para Lonmin hasta 2012)-, sigue siendo la principal forma de actuación de los países BRICS en África.

En ocasiones, este programa lleva directamente a la guerra, un fetiche que también es una distracción común entre los académicos que intentan dilucidar las relaciones de poder entre potencias imperiales y sub–imperiales. En la época reciente, los principales conflictos militares asociados con el imperialismo de EE UU han estado en Oriente Medio, Asia Central y África del Norte; y se suele citar a Israel, Turquía y Arabia Saudita a menudo como ejemplos de potencias sub–imperiales aliadas de Occidente.

Pero no hace tanto tiempo — desde la década de 1960 hasta finales de la de 1980 — que el sur de África fue testigo de numerosas guerras como consecuencia de luchas anticoloniales de liberación y rivalidades de la Guerra Fría, y la Sudáfrica del apartheid era un fuerte y acomodaticio aliado de Washington.

Durante más de dos décadas después, sin embargo, en esta región hemos sido testigos principalmente de conflictos entre el Estado y la sociedad civil, de tensiones asociadas con la lucha por las materias primas (por ejemplo, en la región de los Grandes Lagos, donde delimitan el sur de África y el África central y donde millones de personas han sido asesinadas por el control de minerales de los señores de la guerra locales), del neoliberalismo (Sudáfrica y Zambia), de golpes de Estado ocasionales (Madagascar), de regímenes dictatoriales (Zimbabwe, Swazilandia y Malawi) o en muchos casos, de una combinación de todo ello.

Las guerras civiles provocadas por el apartheid y la CIA en Mozambique y Angola habían terminado en 1991 y 2001, respectivamente, con millones de muertos, pero con ambos países de habla portuguesa registrando posteriormente altas tasas de crecimiento del PIB, aunque con una desigualdad social extrema.

En el sur de África, dado que tanto los intereses imperiales como sub-imperial se han centrado principalmente en la extracción de materias primas, ha surgido una variedad de empresas, producto de la fertilización cruzada. Su mejor ejemplo es Lonmin (antes Lonrho, que el primer ministro británico Edward Heath califico como el "rostro inaceptable del capitalismo" en 1973) que se ha beneficiado desde mediados de 2012 de tener entre sus principales accionistas al político del ANC Cyril Ramphosa, con poderosas conexiones en los aparatos de seguridad de Pretoria, y que fue una ayuda fundamental cuando se consideró necesario recurrir a esquiroles en la mina de platino Marikana. Empresas de Sudáfrica, EE.UU., Europa, Australia y Canadá se han unido a las principales empresas de China, India y Brasil en la región. Su trabajo consiste principalmente en recrear las infraestructuras  —  carreteras, ferrocarriles, oleoductos y puertos de expansión — que son la base de una explotación neocolonial de los minerales, la extracción de petróleo y gas. Los BRICS parecen completamente volcados a la hora de facilitar esta actividad, especialmente a través de la propuesta del Banco BRICS. ¿Podría este conflicto de intereses resultar en conflictos armados como resultado de la creciente función coercitiva de Washington en el continente africano?  El Estado Mayor del Pentágono para África se ha preparado para una presencia cada vez mayor en todo el Sahel (Malí) y en la región del Cuerno de África (EE UU tienen una importante base en Djibouti), con el fin de atacar a las ramas locales de Al-Qaeda y asegurar futuros flujos de petróleo y un control sobre otros recursos naturales.

Desde cuando asumió el cargo en 2009, Barack Obama mantiene estrechas alianzas con tiránicas élites africanas, en contradicción con su propia retórica pro-democracia de izquierdas, como puso de manifiesto su aplaudido discurso de 2009 en Ghana.

Según Sherwood Ross, una de las razones es que de los 28 países “que mantenían prisioneros en nombre de EEUU, según los datos publicados”, una docena están en África: Argelia, Djibouti, Egipto, Etiopía, Gambia, Kenia, Libia, Mauritania, Marruecos, Somalia, Sudáfrica y Zambia [9].

En Gambia, por ejemplo, la aquiescencia del presidente Yahya Jammeh a las necesidades de la CIA de tener un centro de encarcelamiento para las víctimas de las “rendiciones” y tortura de Estados Unidos puede explicar la permisividad de Obama hacia su dictadura.

Del mismo modo, el papel de EE UU en Egipto —  otro centro de encarcelamiento y tortura del programa de “rendiciones” —  a la hora de sostener el régimen de Mubarak hasta sus últimos días es muy clarificador de la persistencia de una geopolítica de “cirujanos de hierro” y “hombres fuertes”, muy por encima del desarrollo de "instituciones fuertes" democráticas que Obama había prometido [10].

Con menos conflictos militares directos en África, pero formas más sutiles de control imperial, y con una retórica más frecuente sobre el “Ascenso de África” desde la década del 2000 por el auge de precios de los productos básicos, el continente, y específicamente la región de África meridional, aparece como un lugar atractivo para la inversión, en gran medida, gracias al papel de Sudáfrica como "puerta de acceso", con Johannesburgo como sede regional de toda una serie de empresas multinacionales.

A lo largo de este período, se ha diseñado una agenda geopolítica limitada, pero cada vez más importante, de Washington para África, que el primer Secretario de Estado de Bush, Colin Powell, describió de manera convincente en un documento, Los nuevos desafíos de Estados Unidos en África:

  • la estabilización política de Sudán (cuyo petróleo es un objetivo de Washington);
  • el apoyo a los decrépitos mercados de capitales de África, que supuestamente podría "reactivar" el Fondo del Desafío del Milenio [un nuevo mecanismo de USAID];
  • una mayor atención a la energía, especialmente a las "enormes ganancias futuras de Nigeria y Angola, entre otros importantes productores de petróleo de África Occidental;
  • la promoción de la conservación de la vida salvaje;
  • mayores esfuerzos "contra el terrorismo", que incluyan "una iniciativa de alcance musulmán";
  • ampliación de las operaciones de paz, gracias a decenas de miles de soldados africanos financiados con los nuevos fondos del G-8;
  • más atención al SIDA.

Menos en Sudán, la cooperación de Sudáfrica fue fundamental para esta agenda imperial de EE UU. Sin embargo, tras el humillante episodio del "Halcón Negro derribado" en Somalia del ejército de EE UU en 1993, el Pentágono no tuvo la menor urgencia por desplegar tropas propias en África, y como resultado de ello, el presidente Bill Clinton se vio obligado a pedir disculpas por su actitud expectante durante el genocidio de Ruanda en 1994. Pero como explicó en 2011 el jefe del Estado Mayor para África Carter Ham, "Washington eventualmente tendrá necesidad de un AfriCom capaz de dirigir operaciones militares más tradicionales… [aunque] no para llevar a cabo dichas operaciones: eso es algo que les corresponde a los africanos hacer". [11]

Del mismo modo, la Revista de Estudios Estratégicos de la Universidad de la Fuerza Aérea de EE UU, de publicación trimestral, citó a un asesor militar de EE UU en la Unión Africana: "No queremos ver a nuestros chicos ir y salir esquilados … Queremos que vayan los africanos". [12]

A finales de 2006, por ejemplo, cuando Bush quería invadir Somalia para liberar al país de su nuevo gobierno de los Tribunales Islámicos, llamó a Mbeki para que le ayudase a legitimar la idea, a pesar de que fue finalmente el ejército etíope de Meles Zenawi el que acabaría interviniendo en el país tres semanas más tarde. [13]

Cuando en 2011 Obama quería invadir Libia para derrocar a Muammar El Gaddafi, Sudáfrica votó a favor de los bombardeos de la OTAN en el Consejo de Seguridad de la ONU (donde ocupaba un asiento temporal), a pesar de la enorme oposición en el seno de la Unión Africana.

Y en enero de 2013, Pretoria ha desplegado 400 soldados en la República Centroafricana durante el intento de golpe de Estado, ya que "tenemos activos que necesitan protección", según el viceministro de Relaciones Exteriores Ebrahim Ebrahim, en referencia a los minerales (según su entrevistador) [14] o al armamento sofisticado que Sudáfrica regaló al tirano de turno que gobernaba allí, François Bozizé (como me respondió a mí en un debate público a finales de febrero).

Hay una dependencia similar del G8 en relación al G20, y los BRICS juegan también ese papel de "ayudantes del sheriff", incluso de Sudáfrica en el campo de batalla económico. En el punto más álgido de la crisis de 2008-09, por ejemplo, la reunión del G-20 fue descrita así por Walden Bello: "Todo es espectáculo. Pero lo que el espectáculo revela es la profunda preocupación y el miedo de la élite mundial que realmente no sabe hacia dónde se dirige la economía mundial y qué medidas debería adoptar para estabilizarla. [15]

Según Harvey, la pregunta del G-20 era, simplemente, "¿cómo podemos reconstituir de verdad el mismo tipo de capitalismo que teníamos y hemos tenido durante los últimos treinta años, un poco más regulado, más benévolo, pero sin cuestionar sus fundamentos?. [16]

En política exterior, la gran pregunta planteada por la presidencia de Zuma es si el impulso expansionista de la "Nueva Alianza para el Desarrollo de África" de Mbeki se reanudará después de haber desaparecido como tal el proyecto, dada su preocupación prioritaria por los asuntos internos y su escaso interés por la escena internacional. La pregunta solo tuvo respuesta en 2012, afirmativa, con la elección manipulada de Nkozana Dlamini-Zuma como presidente de la Comisión Ejecutiva de la Unión Africana.

A mediados de 2012, el Plan Nacional de Desarrollo de Pretoria —  supervisado por los servicios de la Presidencia de Sudáfrica y aprobado en diciembre en la Conferencia Nacional del ANC de 2012  — establece una serie de cambios políticos a fin de adaptarse a la nueva identidad de Sudáfrica como un país BRICS y asumir sus funciones.

En su mayor parte se trata de declaraciones de apoyo a las empresas, incitándolas a una mayor penetración económica regional, así como a cambiar la "marca Sudáfrica" y la "percepción del país como una agresiva potencia regional y de que los responsables políticos sudafricanos tienden a tener una débil comprensión de la geopolítica de África. [17]

Ese problema perseguirá a Pretoria en los próximos años, ya que, como ocurrió con la partición de África en la Conferencia de Berlín en 1884-85, la Cumbre de los BRICS en Durban este año tiene como objetivo repartirse económicamente el continente, sin preocuparse – como tampoco ocurrió entonces – por lo que se considera burlonamente como la "mala conciencia occidental" sobre la democracia y los derechos humanos. También se ha invitado a 16 jefes de Estado africanos a asistir para ayudar en la tarea.

Leyendo entre líneas, las resoluciones de la Cumbre de Durban de los BRICS traerán consigo esto:

  • apoyar las estrategias de las empresas mineras y agroindustriales en su objetivo de apropiarse y acumular tierras;
  • empeorar la situación de crisis del comercio minorista, provocada por la desindustrialización de África (Shoprite de Sudáfrica y Makro, que pronto será gestionada por Walmart: en muchas capitales se importan los productos más simples que podrían ser suministrados por el mercado interior);
  • reactivar proyectos fallidos como la NEPAD;
  • confirmar la financiación tanto de la apropiación de tierras en África, como de la ampliación de las infraestructuras neo–coloniales a través de un nuevo "Banco BRICS", a pesar del papel perjudicial y negativo que ha jugado el Banco de Desarrollo del Sur de África en su Hinterland inmediato, siguiendo el guión dictado desde Washington [18].

Con estas, y otras, evidencias, podemos determinar si los BRICS son "anti-imperialistas" o, por el contrario, 'sub-imperialistas", si cumplen con su deber de "ayudantes del sheriff" ante las corporaciones globales y los ideólogos neoliberales, ejerciendo el control de sus irritados populachos y sobre sus zonas de influencia respectivas a través de un formidable aparato de seguridad.

El distorsionado modelo de desarrollo de los BRICS, eco-destructivo, consumista, sobre-financiado y productor de gases invernadero es muy conveniente para la rentabilidad de las empresas privadas y paraestatales, especialmente para el capital occidental, pero está provocando una crisis tras otra para la mayoría de la población y el planeta.

Por eso la categoría de "sub-imperialismo" es tentadora. Durante la década de 1970, Marini sostuvo que Brasil era "el mejor ejemplo actual de sub-imperialismo", por tres razones fundamentales:

  • La política expansionista brasileña en América Latina y África corresponde, más allá de la búsqueda de nuevos mercados, a un intento de hacerse con el control de materias primas — minerales y gas en Bolivia, petróleo en Ecuador y en las antiguas colonias portuguesas en África, potencial hidroeléctrico en Paraguay —  y, lo que es igual de importante, para evitar que competidores potenciales, como Argentina tengan acceso a esos recursos.

 

  • La exportación de capitales brasileños, principalmente a través del Estado, del que Petrobras es un ejemplo, destaca como un caso particular de exportación de capitales en el contexto de un país dependiente como Brasil. Brasil también exporta capital a través del aumento constante de préstamos públicos al extranjero para financiar a grupos que operan en Paraguay, Bolivia y las antiguas colonias portuguesas en África, por citar sólo unos pocos ejemplos.

 

  • Hay que tomar en consideración el proceso de acelerada monopolización (mediante la concentración y centralización del capital) que ha tenido lugar en Brasil en los últimos años, así como el extraordinario desarrollo del capital financiero, sobre todo a partir de 1968. [19]

Posteriormente, la degeneración fue en todos los frentes. Además de estos criterios –extracción económica regional, "exportación de capitales" (asociada siempre con las consiguientes políticas imperialistas) y monopolización empresarial y financiarización interna-, los regímenes BRICS deben cumplir como potencias sub-imperialistas dos funciones adicionales.

Una es garantizar la "estabilidad" geopolítica regional. Por ejemplo, Brasilia desplegando su odiado ejército en Haití y Pretoria jugando el papel de mediador en puntos críticos africanos como Sudán del Sur, los Grandes Lagos y la República Centroafricana, para lo que han servido como respaldo militar compras de armamento, generadoras de todo tipo de corruptelas, por valor de 5.000 millones de dólares.

La segunda función es avanzar la agenda general del neoliberalismo, como legitimar un acceso más profundo a los mercados. Los ejemplos incluyen NEPAD en el caso de Sudáfrica, los intentos de China, Brasil e India para revivir la OMC, y el sabotaje de Brasil al proyecto de izquierdas de Venezuela del "Banco del Sur".

Como Eric Toussaint señaló en una mesa redonda del Foro Social Mundial en 2009, "La definición de Brasil como una potencia imperialista periférica no depende de qué partido político está en el poder. La palabra imperialismo puede parecer excesiva, porque se suele asociar con una política militar agresiva. Pero esta es una percepción limitada de lo que es el imperialismo". [20]

Un enfoque más complejo del imperialismo contemporáneo es, según los académicos especialistas en temas agrarios París Yeros y Moyo Sam, un sistema basado "en la superexplotación del trabajo doméstico. Era natural, pues, que, a medida que crece, requiera mercados externos para dar salida a su crisis de realización de beneficios " [21].

Esta noción, que se deriva de la desarrollada por Rosa Luxemburgo hace un siglo, se centra en cómo la capacidad coercitiva extra-económica del capitalismo es utilizada para saquear sistemas de ayuda mutua y los comunes, a las familias (especialmente las mujeres), la tierra, todas las formas de la naturaleza y un Estado jibarizado.

Y es esa noción la que resuena en la idea de Harvey de la acumulación por desposesión, que en casos especiales puede requerir intervención militar, y  "la doctrina del choque" de Naomi Klein [22].

Las formas de sub-imperialismo de los BRICS son diversas, porque como Yeros y Moyo señalan, "Algunos son impulsados por sectores de capital privado con fuerte apoyo estatal (Brasil, India), otros, como China, con la participación directa de las empresas estatales, mientras que en el caso de Sudáfrica, cada vez es más difícil hablar de una burguesía nacional autónoma, dado el grado extremo de desnacionalización de la economía en el período post–apartheid.

El grado de participación en el proyecto militar occidental es también diferente de un caso a otro, aunque, por así decirlo, hay una "esquizofrenia" típica del sub-imperialismo " [23].

Todas estas tendencias justifican la oposición de todos los oprimidos. Los resultados van a ser cada vez más fácil de observar:

  • Cada vez más los líderes de los BRICS defienden la política de austeridad financiera del FMI y una nueva ronda de liberalización de la Organización Mundial del Comercio; 
  • El nuevo Banco BRICS exacerbará los desastres humanos, ecológicos y económicos del Banco Mundial; 
  • África se convierte en campo de batalla de conflictos internos entre los intereses subimperialistas por el control rápido de minerales rápidas y la extracción de petróleo (como ya ocurre en África central); 
  • Los BRICS estarán cada vez más asociados al hipócrita sabotaje de las negociaciones sobre cambio climático de EE UU y al impulso del mercado de certificados de carbono.

Cada vez más es imprescindible la solidaridad con las victimas de multinacionales de los BRICS, sean estas las brasileñas Vale y Petrobras, las sudafricanas Anglo o BHP Billiton (aunque con sede en Londres y Melbourne), las indias Tata o Arcelor Mittal, las empresas públicas chinas o las grandes corporaciones energéticas rusas.

En este contexto, la construcción desde la base de una red contra-hegemónica y de un movimiento contra el imperialismo y los BRICS nunca ha sido más importante [24].

​

*     Economista y urbanista, profesor de la Universidad de KwaZulu-Natal y director del Centro para la Sociedad Civil de esa institución.

Tomado de:        http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/bond.pdf . 31 de marzo de 2013.

Traducción de:   Enrique García

 

 

 

Patrick Bond *

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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