El paraíso es un río de limonada natural: Fernando Garavito. Para Manuela, Fernando y Melibea - Razón Pública

El paraíso es un río de limonada natural: Fernando Garavito. Para Manuela, Fernando y Melibea

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Luto en Razón Pública.
Fernando Garavito 1944 – 2010.
In Memoriam

Este es Fernando, nuestro amigo y maestro, en sus propias palabras para Razón Pública.

fernando garavito pardoCuando el jueves en la mañana nos enteramos, empezamos un camino no conocido en la familia de Razón Pública. Fuimos de la incredulidad a la desesperación, del dolor a la rabia, de las lágrimas a la pregunta obvia ¿y ahora qué vamos a hacer? Han sido días cargados de recuerdos, cada uno de nosotros tiene historias con Fernando, muchas colectivas, muchas relacionadas con el día a día de la revista, otras tantas son historias personales que ahora son nostalgias…

En el equipo hay una suerte de regodeo (como de gatos), y todos nos peleamos por demostrar a quién quería más: tú, yo, él… ¡No! ¡Yo! No, soy yo, y soy yo y somos todos, soy yo y somos tantos afortunados, felices, sonrientes por gozar del maestro y por aprender de la palabra una, dos, tres palabras que amarraba con tanta destreza, atadas hebra a hebra para tejer la vida, palabras aladas como su alma. Ahora Fernando duerme junto a la sombra de todos nosotros que lo cobijamos en este árbol enorme de los que lo quisimos y lo queremos.

En esta suerte de competencia por el grado de amor que nos dio a cada uno y con el alma rota por su ausencia en cada edición de la Revista y de nuestra vida, decidimos hacerle un homenaje. Pero ¿qué homenaje se le puede hacer a un maestro de la palabra? ¿Quiénes somos nosotros para escribir algo sobre Fernando? Las palabras de Fernando, la vida de Fernando, las enseñanzas de Fernando al equipo de trabajo de Razón Pública, el último equipo que formó, son en realidad el único homenaje que podemos hacerle a su memoria.

Es así como conscientes de que por estos días habrá muchas personas que se ocuparán de recordar a Fernando desde el hombre público que fue, desde sus apuestas éticas y políticas, desde su trabajo poético y literario, desde su exilio obligado y mortal y desde su especial manera de relacionarse con el mundo, nosotros decidimos compartir con ustedes nuestras conversaciones "cotidianas" con él, su diaria enseñanza sobre el oficio y la vida. Y ante la imposibilidad de saber a cuál de nosotros quiso más, decidimos compartir fragmentos de conversaciones con alguno, con cualquiera o con todos.

            – Alguno de Nosotros: ¿Cuál es tu asunto con Cirila?

Nueva_imagen_12            – Fernando Garavito: … Hace poco descubrí que Cirila se comía las uñas. Cirila la gata es un punto esencial para establecer mis relaciones con el mundo. Hoy tuvimos una larga conversación acerca de la libertad. Mis tres gatos, "la familia Fuss", salen al jardín con una cadena. Pero a Cirila le ha dado por rechazarla, y es habilísima para sacar la cabeza y comenzar a correr. Quiere ser libre y, claro, yo, que amo la libertad, quisiera darle la suya. Pero me pongo a pensar que no sabe pasar calles y que no le puede dar la dirección de la casa a quien la encuentre, porque hasta el momento sólo sabe hablar en gatés, y algo en perrés, aunque con dificultades. Además, no podría defenderse de los gatos callejeros, que dominan su habitat. A ella, a Muchacho y a Carlota, de cualquier manera, les va mejor que a Aranguren: tienen la casa por cárcel. Las cosas ya no van a cambiar. De modo que cuando Cirila saca la cabeza del bozal y echa a correr, a mí, con mis 66 años, me toca correr tras ella como alma que lleva el diablo, y eso no está bien ni para mi edad ni para mi condición ni para el respeto que merezco. Los vecinos han visto que yo soy un señor moderado, que sólo sale muy de vez en cuando y que siempre regresa temprano. Por eso no me queda nada bien andar corriendo detrás de una gata ridícula. Eso se lo he explicado con detalle a Cirila (sin decirle lo de la gata ridícula, claro está), y creo que me ha entendido. Ella está muy próxima a dar el paso hacia su transformación en ser humano (sabemos que comenzará por ser una persona de las comunes y corrientes), de manera que estamos aprovechando sus últimos momentos felinos en hacer un balance sobre los seres humanos de este país (…) y le he indicado que lo mejor es que dirija su energía hacia el Tibet y trate de ser un pequeño lama que aprenda de humildad y de respeto por la naturaleza. De cualquier manera, yo le enseño lo que le puedo enseñar: sobre la democracia, sobre la igualdad, sobre la justicia… De ahí que me moleste que se coma las uñas y que lo haga delante de todo el mundo, como me molestó que hace unos meses haya cazado un pájaro. Uno no puede convertirse en una persona decente cuando, siendo gato, ha cazado un pájaro. Eso fue lo que le pasó a Uribe. No hace mucho era mofeta, pero no tuvo a nadie que le explicara con paciencia cómo dar el paso de mofeta a hombre…

Bueno, todo eso fue lo que pensé esta mañana mientras me examinaban los ojos. El examen resultó bien: tengo los ojos de un muchacho de veinte años. El problema es que, a veces, no puedo ver, pero, ante eso, la oculista no dice nada, me mira de reojo y sacude la cabeza. Vuelvo entonces a casa con un resultado magnífico en el papel, pero con los ojos vueltos pedazos. Igual a lo que ocurre con los informes de la OIT sobre el sindicalismo en Colombia. La OIT dice que el sindicalismo en Colombia es uno de los que se desempeña con mayor libertad y vigor en América Latina. Pero no dice que en el 2009 mataron a 40 sindicalistas. Eso no tiene importancia…

De cualquier manera, este largo mensaje, quiere decirles que yo los considero como un grupo que forma parte de mí mismo. He trasladado a Razón Pública (y por consiguiente a ustedes) la enorme carga de mis afectos. Ese, creo, es mi mayor problema: que soy afectuoso en demasía. Entonces, cuando algo me sorprende, siempre me encuentra indefenso. Desde esa indefensión yo pongo lo mejor de mi parte para que las cosas salgan bien, para que la revista se convierta en un punto fundamental de encuentro de los lectores que buscan alternativas de información en Colombia. Pero debemos seguir en la tarea de encontrar el método para que lo que todos hacemos bien como individuos resulte bien para todos como grupo. Siempre he pensado que los medios son de sus usuarios. A mí me despidieron de algunos medios porque sostuve eso (no por lo que se piensa: que dije que Jojoy es igual al cardenal Rubiano), y porque lo dije en público. Pero lo hice porque nunca pude explicarme (y todavía no puedo explicarme) cómo es posible que un señor que se llame fulano de tal se meta la mano al bolsillo, saque una chequera y compre algo que es patrimonio de todos los colombianos. Tal vez pueda comprar las máquinas y los escritorios, dije esa vez y lo digo ahora, pero el espíritu, que es lo que determina la razón de ser de un medio, no lo puede comprar nadie. Cuando Hernando y Mariavé fundaron Razón Pública, invirtieron una enorme cantidad de trabajo, de amor y de entusiasmo para sacar adelante algo que poco a poco se ha comenzado a convertir en patrimonio de todos. De eso se trata. Los medios siguen caminos extraños. La gente que lee algunos periódicos tiene que hacerlo con las narices tapadas. Pues llegaron adonde llegaron como llegan las sombras de la caverna platónica. Ellos no existen. Forman parte del mundo de las ideas. Nosotros pensamos que están ahí, pero no, sólo son sombras. A la oposición en Colombia no se le ocurre plantear algo así porque sabe que sería perder el tiempo (y El Tiempo). Pero yo pienso que para hacer oposición entre nosotros es necesario aprender a reír de otra manera. Eso es lo que echo de menos, inclusive en algunos de nuestros artículos. Qué seriedad. Qué argumentos tan contundentes. Y qué poca, poquísima eficacia.

Necesitamos un método. Todo lo humano necesita un método. Anoche tuvimos una larga conversación con Hernando. Descubrimos que algunos de los autores nos envían una versión corregida cuando ya habíamos terminado de preparar la primera. Eso no puede ser. Los autores de artículos no pueden jugar de esa manera con nuestro tiempo, nuestra paciencia y nuestra energía. Estamos perdiendo horas enormes de trabajo, de esfuerzos, de fe, de entusiasmo. Lo he dicho varias veces: Hernando me rescató, me dio una responsabilidad y volví a sonreír y a creer en la vida. Estoy muy agradecido por ello. Necesitamos que el trabajo de todos se refleje sobre el hecho de hacer de Razón Pública el mejor medio, la mejor revista que se hace en Colombia…

Voy a ir a París a dictar unas conferencias sobre el desplazamiento. Sin interrumpir mi trabajo en Razón Pública, estaré en ese oficio todo el mes de septiembre. Pero después, lo he hablado con Mariavé, quisiera ir a Bogotá para que nos sentemos a hablar de todo esto, de la forma como se hace un periódico, de la razón de ser de los medios, de la urgencia que tenemos de algo como Razón Pública en el panorama inmediato del país, de la herramienta que tenemos a mano (gracias Hernando, gracias Mariavé), herramienta que no podemos desaprovechar, del estilo, de las búsquedas, de las respuestas, del respeto a la información, de la necesidad de consolidarla como una entidad independiente. Yo, que soy viejo, sé lo que es y lo que puede llegar a ser Razón Pública. Y no me arrepiento de escribirles sobre los gatos y sobre las mofetas, porque ese mundo profundo es el que le da vida a los periódicos. Porque en él, aunque parezca insólito, es donde podemos afirmarnos para ayudar a construir otro país, el país que necesitamos con urgencia.

Tenemos una herramienta única entre manos. Yo… me monté tarde al bus. Seguramente, si es uno de esos buses de Bogotá que siempre van atestados, quedé colgado de la puerta. Pero me siento muy a gusto viajando hacia donde nos lleve este vehículo. Cada uno hace sus aportes, cada uno da lo mejor de sí para que avance. Mi propuesta es que veamos entre todos la forma en que no dé bandazos, para que podamos ayudar en la enorme velocidad que está adquiriendo. Pero, como siempre, depende, depende… la enorme velocidad que tienen algunos medios… la tienen porque van en bajada. La gracia nuestra es que estamos llegando a desarrollar una gran velocidad yendo en subida. Esa es la diferencia.

 

            – Alguno de Nosotros: ¿Es lo que llaman sabiduría?

            – Fernando Garavito: No. Tengo la comprensión de los viejos. Pero soy intemperante cuando se trata de escribir. De ahí mis mensajes en Razón Pública. A veces suenan graciosos, pero siempre están escritos con la mayor seriedad.

Lo importante es la escritura. ¿Escriben? ¿Lo hacen todos los días? Si quieren ser escritoras tendrán que desarrollar un trabajo demoledor contra la comodidad. La comodidad es contar con un dinero para vivir y pagar la renta y comer. La lucha estará en no tenerlo. En idear normas de escribir sin caer en la complacencia de ocupar un destino, como lo hice yo con el periodismo.

Para seguir ese camino, deben estar absolutamente seguras de que son  escritoras de verdad. Si no están tan seguras, es mejor que sean otra cosa. ¿Están seguras? Y para ser escritor se necesita leer con pasión. ¿Leen? ¿Qué leen? Tienen que comenzar por ser pequeñas escritoras disciplinadas, de todos los días, de cada hora. Y que tienen que leer y leer y cuando se les acabe el tiempo volver a leer.

 

            – Alguno de Nosotros: ¿Pudiste descansar un rato? ¿Y te acordaste del texto sobre Madrid?

            – Fernando Garavito: Acabo de enviar mi trabajo sobre el silencio. Quedé totalmente demolido. Voy a descansar esta noche. Cuando estaba Priscilla y sucedía algo parecido (de parte mía o de ella, porque ella también era una trabajadora de miedo), nos íbamos a comer a un buen restaurante, hablábamos de nuestras cosas y nos mirábamos a los ojos. Todo eso se acabó. Ahora mismo me acostaré para estar listo mañana a primera hora. Quisiera terminar mi pequeño texto (no más de veinte palabras) sobre "La mesa puesta", pero no sé si seré capaz.

No encontré el texto sobre Madrid, pero adoro a Madrid. Ahí pasé los años más importantes de mi infancia y mi primera adolescencia. Vivíamos en una gran casona a una cuadra del parque principal, donde mis papás, que eran maestros, fundaron un colegio llamado, precisamente, Francisco Samper Madrid. Luego lo pasaron a Bogotá, y perdimos contacto con el municipio. Pero la Biblioteca, que ahora mismo funciona en el primer piso del edificio de la Alcaldía, fue la del colegio. Tengo hermosos recuerdos de ese pueblo.

 

            – Alguno de Nosotros: En serio ¿Cuándo nos vas a enseñar?

            – Fernando Garavito: Nosotros somos un grupo literario. Todos escribimos y todos lo hacemos bien (bueno, quién sabe yo, aunque creo que sí). Me faltaba una pero hace tres días me lo envió: todavía conservo la fascinación de sus palabras. Le dije a ella, y se lo repito a todas, que voy a comenzar a trabajar seriamente con ustedes sobre eso. Pero yo no soy alguien que se dedique a complacer a los demás. Por el contrario. De acuerdo con un proverbio irlandés, que alguien citó hace poco, el verdadero amigo es el que te dice que tienes la cara sucia. Yo les voy a decir cuantas veces sea necesario que tienen la cara sucia, y espero que ustedes me digan a mí lo propio. Y nadie puede molestarse. Está prohibido molestarse.

(Cirila se está comiendo las uñas frente a mí. ¡Otra vez! No ha sido posible enseñarle que lo haga en el baño).

Bueno, mañana estaremos en la batahola de la Revista, y no tendremos tiempo de hablar. Pienso que este número va a ser bueno y fácil. Y nada más. Me acabo de dormir profundam

 

            – Alguno de Nosotros: Está bien te haré caso, escribiré un poco y miraré el techo… y para leer ¿qué?

            – Fernando Garavito: … Hay una hermosa página de Saramago (no recuerdo en cuál de sus libros) sobre mirar al techo y conversar con él. Espero que tengas grandes diálogos con ese cuadrado señor que guarda tantos secretos, y que el lunes regreses con una nueva sonrisa.

Como sabrás, Saramago comenzó a escribir cuando pasaba de los 40 años. Muy tarde. Antes, como él mismo dice, estaba en estado larvario. Con su extraordinaria obra demostró que nunca es tarde. Nunca es tarde. Nunca es tarde. Por lo menos para los genios. Porque los demás, estamos limitados por nuestras incertidumbres y pobrezas. Eso es lo que yo necesito: que me reemplaces unos cuantos fines de semana, a ver si logro recuperar la memoria de quién soy…

 

            – Alguno de Nosotros: El olvido a veces es todo lo que necesitamos, los viajes son buenos para ello…

            – Fernando Garavito: Aunque, en contra de lo que dices, es mi viaje el que no concuerda conmigo. No tengo ganas de moverme. Me gusta estar aquí a pesar de mi falta de tiempo para mirar el techo. No quiero entrar en ningún barcito de la esquina ni pedirle al mesero una servilleta, entre otras cosas porque yo no tengo nada qué anotar en la servilleta. Estoy demasiado solo, demasiado silencioso, mi futuro es cada vez menos futuro y cada vez más incierto.

Ya estamos en sábado. Regresa nuestra "angustia de la perfección". Estamos involucrados en un complicado sistema de pensamiento. ¿Cómo entrar a lo que piensan los demás y la forma en que lo piensan?

Ojalá podamos hablar lentamente. Tengo esperanza de mi viaje a Colombia, de poderme ir contigo a la cumbre de Monserrate a hablar, a hablar. Vamos a ver si logro ir.

 

            – Alguno de Nosotros: ¿Qué pasó en Marfa?

            – Fernando Garavito: Acabo de regresar. Es un pueblo perdido del desierto de Texas, a 280 millas de El Paso y 400 millas de Houston, donde la Fundación Lannan ofrece becas de "creación literaria" a quienes se dedican a un oficio al que yo me debía haber dedicado desde siempre. Son becas por designación, no por solicitud. Los funcionarios examinan al azar obras que por cualquier circunstancia han caído en sus manos, y deciden quién podrá ser el próximo beneficiario. Esta vez el turno fue mío. Si al final la beca se pudiera dejar como herencia, ya sabría a quien dejársela.

Es una buena cosa. El sitio es hermoso, con unos increíbles paisajes de ensueño. Los directivos deciden por cuánto tiempo extienden el beneficio. En mi caso me dieron tres meses. Supongo que si hubiera sido Joyce le habrían dado toda la vida, y si hubiera sido alguno de nuestros Ay, le habrían dado once minutos. Estoy muy contento, no por el beneficio en sí sino porque me afirma en mi condición de persona que escribe.

Tuvimos un largo debate con los administradores (los que viven allá, en Marfa). Presenté como libro la biografía que escribo sobre Priscilla Welton. Va por la mitad y hasta el momento, en las 400 palabras que he escrito, he gastado dos años. Mi programa era terminar las 400 que me faltan en otros dos, pero tal vez concentrándome al máximo, logre terminarlo en este período. Estuvieron de acuerdo. Leyeron lo que llevo y les gustó. Hay una especie de crítico literario que califica con las comisuras de los labios. Cuando los que hablan dijeron que bueno, me puse muy contento.

Se supone que me dedique con exclusividad al libro. No aceptan visitas ni viajes ni mascotas (¿qué hago con los Fuss?) ni ninguna distracción. Está prohibido fumar. Son cuatro escritores residentes, todos viejos, todos neurasténicos. En este caso hay uno que no aceptó, de manera que seremos tres. No conozco los nombres. Sé que hay una señora. El otro es un hombre. Todo el mundo habla en inglés. Yo seré la excepción que confirma la regla. Cada escritor tiene una pequeña casa y un automóvil para su uso particular. No recomiendan cocinar. No pregunté si podía bañarme o afeitarme. La beca respeta, obvio, los derechos de autor y ofrece ayuda para la publicación del libro.

Entonces puse sobre el tapete el caso de Razón Publica. Les expliqué que para mí, más que un modo de vida, es una forma de vida. Debatimos largamente sobre eso. Suponen que la Revista me puede quitar un tiempo precioso. Pero terminamos de acuerdo: para mí el verdadero tiempo precioso es el de la revista. De manera que acordamos concentrar todo el trabajo los sábados y domingos. De lunes a viernes no podré hacer nada distinto que ser una especie de novicio dedicado a mi celda y a mis palabritas. No crean, yo, que soy de espíritu bastante monjil y que siempre pensé que me hubiera gustado tener la casa por cárcel, me quedé muy tranquilo. Según parece, hay otros que se escapan. En el viaje de para acá (ocho horas interminables de automóvil) pensé que podría hacer algún contrabando, pero no, yo no hago eso. De manera que mientras dure la beca podré comenzar a las 12 de la noche del viernes, y tendré que terminar a las 12 de la noche del domingo. Espero que ese tiempo sea suficiente. Creo que sí.

Bueno, di una batalla grande por seguir aquí. Y gané. Mientras tanto cayó el mono Jojoy y pasaron otras muchas cosas. Ahora encuentro varios mensajes de ustedes, artículos, un especial sobre la muerte del esperpento, y un listado enorme de cosas que debemos hacer este fin de semana. Por ahora no hay problema. Comenzaré ahora mismo a preparar mi trabajo. La próxima semana tampoco. La beca comienza el lunes 4 de octubre, día que emplearé en llegar de nuevo a Marfa, de manera que será a partir del 9 cuando quedaremos con nuestro horario restringido.

 

            – Alguno de Nosotros: ¿Por qué la tendencia siempre es a acortar?

            – Fernando Garavito: En estos asuntos sobran siempre muchísimas palabras. Tenemos una tendencia definitiva al blábláblá. Por eso yo no volví a escribir jamás: porque mi blábláblá estaba llegando ya a extremos de angustia. Quiero decir, entonces, que a la investigación periodística le falta avanzar más. Los expertos pueden decir lo que quieran, pero uno no puede darse el lujo de quedarse a medio camino. Si a lo que ellos dicen se le hubiera puesto una coda final, sin decirles nada se los pondría en su sitio. Pero no se hizo, y ese es el pecado.

Cicerón, por ejemplo, que fue el mejor orador del foro romano, y era tartamudo, superó su problema yéndose al río a hablarle a las riberas con la boca llena de piedritas. A mí me parece que en esta lucha por la información (porque en eso estamos), nosotros tenemos que tener una profundidad absoluta, aparte de rigor, de investigación, de búsqueda de nuevas fuentes, de riesgos, de miradas que nadie espera…

 

             Alguno de Nosotros: Y el del fútbol ¿qué?

            – Fernando Garavito: Aunque yo no sé absolutamente nada del asunto, nunca he ido a un partido de ninguna cosa, y pienso que los deportes son el camino más expedito para la aburrición, no se me oculta que el tema es fundamental. Sería magnífico un número dedicado al asunto, con artículos serios y divinamente escritos por los mejores de los nuestros, con análisis de verdad sobre algo que apasiona y que mueve capitales y construye culturas y derrumba imperios. El mejor artículo que escribió Roland Barthes jamás fue sobre "El mundo del catch". Él no sabía ni una palabra de ese absurdo, y por consiguiente lo abordó con una inteligencia y una frescura superiores (bueno, era Barthes), desde el punto de vista del mito, hasta lograr una obra maestra. De ahí salió el más popular de sus libros: "Mitologías". ¿Por qué no pensar en algo así? Creo que ese número de Razón Pública sería uno de los más comentados y leídos. No se trataría de buscar a quienes por sus condiciones intelectuales y literarias "menores" podrían escribir sobre deportes (esa es nuestra actitud habitual), sino de enfrentar el tema desde sus más diversos y complejos aspectos, con la profundidad que merece algo que mueve multitudes. La política frente al fútbol no tiene absolutamente nada qué hacer. Virgilio Barco ganó la Presidencia cuando se hizo retratar en el Campo Villamil jugando tejo. En fin, pienso que daríamos una lección de buen periodismo. Y creo que el momento es oportuno.

 

            – Alguno de Nosotros: Buen viaje. Te extrañaremos un montón. Cuando puedas escribes para saber cómo estás.

            – Fernando Garavito: Mira la hora de responder. Tuve una semana compleja. Se trata de establecer una disciplina de trabajo, muy rigurosa, que sería conveniente para todos, pienso yo. Al llegar me pidieron un programa de trabajo. Mirando el segundo tomo de "Banquete de Cronos", dije que escribiría dos mini-textos diarios, de los que les di una muestra. Aceptaron, claro, y me indicaron que cualquier día podrían pasar a revisar cómo va la cosa. Pero como (con Razón Publica o sin Razón  Pública) se trata de una "inmersión", me dijeron que los dos textos incluirían los fines de semana y comenzarían el 1o. de octubre aunque yo hubiera llegado el 4. De modo que comencé con un enorme déficit. Hoy debería tener escritos 16 y sólo terminé ocho. La mitad. El lunes me faltarán doce. De lunes a viernes tendré que haber terminado 30, e iré, si bien me va, en 18. Así las cosas, salvo un milagro, me quedé definitivamente atrás.

Estoy en eso. Los ocho "textículos" resultaron más o menos bien. Quedé contento con 4. Uno de ellos, que resultó de 95 palabras, me dio un trabajo tremendo (me demoré día y medio escribiéndolo). Otros resultan con facilidad… en fin, lo que es la escritura. Si yo hubiera hecho esta residencia hacia mis 22 años, otra cosa hubiera sido mi vida.

 

            – Alguno de Nosotros: ¿Cómo es Marfa?

            – Fernando Garavito: Marfa es un desierto. De vez en cuando pasa un alacrán por encima de la mesa de trabajo. De resto nada. Por eso se espera que del otro lado de la línea se produzca cualquier palabra.

En este momento sólo tengo dos artículos. No sé si los otros hayan llegado por allá. De pronto se perdieron por el camino, o fueron devorados por las tarántulas. Hace ocho días vi una tarántula: enorme, con el caparazón amarillo. Pensé que todas eran negras. Pero no, las hay también de otros colores.

En Marfa hay comunicaciones excelentes pero sólo al alcance de los usuarios, y en este caso yo era un simple invitado. Parece increíble, pero es más chiquito que Villa de Leyva, los cafés internet son exóticos, hay varios cajeros pero la tarjeta sólo funciona en uno de ellos que queda a varias millas de distancia, pensar en un bus es como pensar en un marciano, hay un sólo taxi (la gente lo señala gritando "ahí va el taxi", "ahí va el taxi"), todos se acuestan (a dormir) a las 6 de la tarde, los restaurantes cierran a las 7, hay un bar del lejano oeste donde Buffalo Bill es el último en irse para su casa esperando que la única "chica" (que tiene pata de gallo y a la que la quedan enormes las enaguas), se resuelva por fin a acompañarlo, el habitante más joven tiene 40 años, pero, claro, hay varias clínicas geriátricas. De modo que mi viaje por Marfa, que por lo menos está lleno de policías de frontera e inmigrantes ilegales, promete ser un oasis. Mi perspectiva es pasar dos meses y medio como un monje trapense: "Hermano, de morir tenemos…"; "Hermano, ya lo sabemos…".

             

            – Alguno de Nosotros: Espero que disfrutes de este artículo, a nuestro juicio, es muy bueno.

            – Fernando Garavito:  Al final de este excelente artículo aparece el ahora famoso y poco comprendido concepto de "agenciamiento". Puse la mejor voluntad en tratar de traducirlo para un lector sin demasiadas herramientas filosóficas (como puedo ser yo mismo), pero me fue imposible. Sería necesario hacer un curso completo alrededor de la nueva forma del pensar y de sus términos específicos, que abren nuevas y complejas fronteras a la relación entre la palabra y el concepto, para entender lo que el autor maneja con propiedad y como quien no quiere la cosa. Espero que los ejemplos que él pone en torno a la reforma agraria le faciliten a quienes lo lean la comprensión de lo que quiere decir.

De resto, la puntuación. Los enormes párrafos de páginas enteras son muy respetables en un texto académico o literario (léase Kant o García Márquez), pero imposible en un artículo para ser abordado con el café de la mañana. Ante un texto como éste me siento "irrespetuoso" y, es más "irresponsable" de romper la coherencia del discurso con puntos apartes que ni van ni vienen dentro de la exposición de lo que piensa y discurre. Pero tocó. Por favor, será necesario decirle al autor que quien cometió ese irrespeto pecaminoso entendió cabalmente la razón de ser de sus enormes parrafadas y que no hubiera querido tocarlas para nada, pero que su obligación era esa: romper, para que en la fragmentación el lector de la revista encuentre la forma de participar en la armazón que él maneja divinamente bien en su cabeza. Lo siento de verdad. Fíjense que es la primera vez que yo trato de justificar lo que hago todas las semanas. A veces me provoca unir párrafos, en lugar de romperlos, porque el texto mismo impone su coherencia. Pero no se puede. Esa es la dictadura del Internet, mejor, del periodismo, y ahí estamos todos: sometidos al poder de la masa.

 

            – Alguno de Nosotros: Nosotros estamos en Consejo Editorial y tú ¿desayunaste, qué desayunas?

            – Fernando Garavito: Ya me tomé mi limonada natural. Lo único que yo tomo es limonada natural. Alguna vez en una entrevista me preguntaron cómo creía yo que era el Paraíso, y contesté que para mí sería un río de limonada natural. Para mí, el desayuno es fundamental (Banquete, 27 de abril). Adoro la costumbre de los ingleses de hacer tres desayunos al día. El que me prepararé dentro de media hora, tiene, como todos los de esta época, dos enormes tazas de café negro, tostadas con queso crema, huevos fritos, queso, un banano en crema azucarada, una petite palmier. Limonada natural para acompañar las pastillas del corazón… y las pastillas del corazón. Y sol por la ventana. Y foto de Prisci sobre la mesa. Y Mendelssohn.

 

            – Alguno de Nosotros: Siendo la 1:30 de la mañana ya del lunes… puedes disponer de todo tu tiempo para que te imagines que estamos tomando vino los tres y conversando de la vida.

            – Fernando Garavito: Retiraréme, entonces, a mis aposentos, dejándoos en compañía del buen dios Baco que, os puedo asegurar, es mucho más grato que el somnoliento Morfeo. Os deseo la mejor de las noches y las más altas referencias a los decires y pesares de este vuestro desvelado amigo que, por hoy, está de Razón Pública hasta aquí. Ya vosotras sabéis aquello de "la razón de la sinrazón que a mi razón advierte…" Y eso que dicha razón es privada. ¿Qué podré deciros, pobre de mí, de la Razón Pública? Os veré en ocho días, desde el alba matutina hasta la más sombría de las horas divagantes de la madrugada. Esta semana será árida y triste sin vuestra presencia. Hablad de ese malferido caballero apellidado… y disponed de vuestros encantados hechizos para rendirlo a los pies de una de vosotras, que la otra ya tiene a sus pies el corazón de quien bien quiere, don Francisco de Covadonga y Grecia. Aprecioos en alto grado.

 

            – Fernando Garavito: Bueno, mis queridos todos y todas, como se dice ahora, tienen tres minutos para avisarme si se necesita algo más:

            3…

            2…

            1…

¡FUERA!

Perdieron su oportunidad. En este mismo momento me dormí. Hasta el sábado y feliz semana.

Ustedes son una belleza y yo los quiero bien.

Un abrazo,

Fernando.

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Angelica Zambrano

Escrito por:

Angelica Zambrano

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