Listas cerradas: por qué son convenientes - Razón Pública
Listas Cerradas y Democráticas
Foto: Facebook: Ministerio del Interior

Listas cerradas: por qué son convenientes y cómo hacer que sean democráticas

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El gobierno propone hacer obligatorias las listas cerradas, pero esto puede fomentar el caudillismo o el autoritarismo dentro de los partidos. ¿Cómo logar que una lista cerrada también seas democrática?

Yann Basset*

Ventajas y riesgos de las listas cerradas

La mayoría de los congresistas en Colombia fueron elegidos por el sistema de “voto preferente”, o donde el elector puede escoger un nombre dentro de una lista y hacer    que cada candidato dependa de sus propios votos. El sistema contrario se llama de “lista cerrada”, o donde el elector vota por un partido y los primeros en la lista son los primeros en ser elegidos.

Hoy vuelve a renacer la propuesta de que las listas cerradas sean obligatorias para todos los partidos. Las virtudes de esta reforma parecen indudables: Las listas cerradas permiten la paridad de género, ayudan a combatir el clientelismo y la compra de votos, y facilitan el control de la autoridad electoral sobre el financiamiento de campañas.

Razones menos discutidas, pero igual de importantes, son que la lista cerrada simplifica considerablemente el proceso electoral y evita la confusión que supone el voto preferente para el ciudadano que marca el tarjetón.

Sin embargo, la lista cerrada sigue suscitando grandes resistencias entre la mayoría de los políticos y parte de la ciudadanía por el temor al llamado “bolígrafo”. Con la lista cerrada existe el peligro de que el jefe de bancada arme una lista para consolidar su poder, premiando a los fieles y castigando a los críticos.

Pero esta idea es un mito propagado por los políticos con el deseo de conservar su propia independencia y su poder dentro del partido – y aunque no está muy claro que esta independencia implique un mejor vínculo entre representantes y representados-. Por otro lado, las agrupaciones políticas son muy poco transparentes en sus criterios o procedimientos para avalar candidatos.

Entre el dedazo y la consulta

Por todo lo anterior es preciso pensar en cómo organizar las listas cerradas.

Cabe decir que el proyecto del gobierno Petro estipula que las bancadas tendrán que conformar las listas mediante un “proceso democrático”. Pero esta frase no ayuda mucho, no es una propuesta nueva, ni clara y tiene muchos vacíos.

El rechazo a las listas cerradas se ha interpretado como la necesidad de organizar consultas abiertas, para confiarle la decisión a la ciudadanía y no al “bolígrafo”. Pero la consulta popular es cada vez más criticada por el elevado costo y la poca participación ciudadana, exceptuando los casos done la consulta es simultánea con una elección ordinaria.

Las listas cerradas tienen varias virtudes. Por ejemplo, el Centro Democrático creado alrededor de la figura de Álvaro Uribe, presentó listas cerradas que permitieron la aparición de nuevas personalidades en la escena política, quienes cumplieron cabalmente con el propósito de defender el ideario uribista para la satisfacción de sus electores.

Esto muestra que cuando una bancada representa un proyecto bien definido o tiene un líder muy popular, el hecho de elegir autoritariamente una lista de fieles puede cumplir con la voluntad ciudadana con mayor eficacia que una consulta. Claro, no se puede considerar eso como un proceso democrático dentro de la agrupación política, pero no deja de ser eficaz desde el punto de vista de la democracia representativa en general.

Por lo demás, las virtudes que acostumbramos a reconocer de las consultas bien pueden ser exageradas, en especial cuando se las compara con una lista cerrada. Si un grupo político decide organizar una consulta para armar su lista plenaria e inscribe a los candidatos en el orden de votos obtenidos, lo más factible es que el resultado sea un sancocho indigesto.

Desde luego, los candidatos tendrán una buena razón para acatar los resultados de un proceso en apariencia legítimo, pero los electores no necesariamente se reconocerán en una lista que pega nombres con proyectos y orientaciones quizás muy distintos, cuando no contradictorios.

El riesgo de las consultas es llegar a desdibujar por completo la identidad de la agrupación política, o al menos de la lista, bajo el peso de los individuos. Por ello, una lista cerrada debe ser más que una suma de individuos para que sea exitosa, a diferencia de una lista abierta.

Listas Cerradas y Democráticas

El programa prima ante las personas

Es momento de explorar alternativas al dedazo y a las consultas. Esto sin pretender imponer un modelo único o excluir la consulta, que al menos cumple con la condición de ser un proceso democrático.

¿Cómo podríamos crear listas cerradas a través de procesos democráticos dentro de las agrupaciones políticas y, al mismo tiempo, minimizar el riesgo de perder de vista el proyecto colectivo?

Parte del problema de la consulta para formar una lista cerrada es que obvia una etapa fundamental: la lista cerrada obliga a una acción colectiva que tiene que guiarse en función de unos objetivos previamente definidos. Se va a elegir una bancada que tendrá que actuar concertadamente y declararse en conjunto como oficialista, independiente o de oposición con respecto del futuro gobierno.

Por supuesto, si elegimos cien personas con discursos distintos y sin un mecanismo para coordinarse, la tarea no es para nada fácil. Por esto se necesita un programa previo. Entendámonos. No quiero caer en la idolatría hacia el programa que nuestra cultura política acordó con la medida del “voto programático” vinculante para los candidatos elegidos.

Los mandatos no son imperativos en los regímenes modernos. Los políticos no gobiernan solos y tienen que negociar parte de sus programas después de la elección. Es decir, los tienen que adaptar a circunstancias y coyunturas que cambian constantemente. El programa es un buen instrumento de coordinación entre políticos aliados, sobre todo si participan todos en su elaboración y lo elaboran con una visión ideológica más amplia.

Por tanto, antes de determinar el “quién” es importante determinar el “qué”. Todos los aspirantes a candidatos por la bancada política deben participar en consolidar el proyecto a través de un proceso deliberativo. Al final, si se hace correctamente, el proceso deliberativo hará emerger un proyecto consensuado que será más que la adición de los intereses y temas defendidos por cada precandidato.

Y si el proceso se hace de manera abierta y pública, podrá llamar la atención de la ciudadanía, un buen punto de partida para la futura campaña.

Del qué al quién

Una vez elaborado el programa vendrá el tiempo del voto para seleccionar los candidatos en la lista, pero los candidatos deben comprometerse públicamente a defender el programa si quieren participar en el proceso. Así como de actuar en bancada junto con sus compañeros de lista en caso de salir electos.

Eso es un compromiso mínimo que no desestima las particularidades personales, pero es fundamental y necesario para pensar en una futura acción política conjunta, de bancada. Es más, el proceso de selección de los candidatos podría desarrollarse bajo una serie de entrevistas públicas de los precandidatos que deben convencer de su compromiso y habilidad para defender los objetivos elaborados colectivamente.

Para que sea democrático el proceso de selección tiene que incorporar el voto, ya sea que involucre a todos los militantes de la agrupación política o a todos los ciudadanos con deseo de participar.

Si el proceso se hace mediante una elección directa, será entonces una consulta cerrada; es decir, los militantes tendrán el control electoral. Si llega a ser abierta, todos los ciudadanos podrán hacerlo.

No obstante, el proceso puede ser indirecto. Los ciudadanos o militantes pueden elegir un cuerpo encargado de seleccionar los candidatos. Es el modelo de la convención partidaria de las bancadas estadounidenses, por ejemplo. Dicho cuerpo puede ser un órgano ordinario de la agrupación política, siempre que hubiese sido electo por los militantes.

Así, los procesos democráticos internos para conformar las listas cerradas del grupo político pueden tomar muchas formas en función de los objetivos que tengan. Pero siempre deben involucrar el voto y una etapa donde todos los militantes intervengan.

Finalmente, conviene pensar atentamente los objetivos. Es una lástima limitarse a pensar solo en una forma de tranquilizar los temores de los políticos frente a los dirigentes. Debemos pensar más allá, de una forma más creativa, usando las nuevas tecnologías para así formar un vínculo más cercano entre representantes y representados.

Acerca del autor

Yann Basset

*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

3 comentarios

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Yann Basset

*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

3 comentarios de “Listas cerradas: por qué son convenientes y cómo hacer que sean democráticas

  1. Las listas cerradas no son democracia. Además de no cumplir con los acuerdos de paridad, de género. Hoy en día las de Santander Piedecuesta al concejo del pacto no se cumple y así en muchos municipios. Están haciendo con el que encabeza lista. No nos hablemos mentiras. No no alas listas cerradas son una alcahuteria para que suba al poder gente que no se merece gobernar y no va hacer nada por el pueblo colombiano.

  2. Dicen gue listas cerradas no se deben hacer ciendo gue la ley lo asecta y es común entre los partidos esla unión de cada partido con su gente

  3. Son la mejor opción, pues los votos de la colectividad no se dispersan en puchitos, el mecanismo de escogencia debe ser a través de un comité de ética elegido por las militancias y llevarse bajo la modalidad de los últimos 100 con un sistema de sorteo por balotas, para saber qué puesto le corresponde. Previo todos los compromisos que si le toca de 100 igual tiene que trabajar como si fuera de número uno.

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