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Primera vuelta: los que decidieron y los que dejaron decidir

Escrito por Yann Basset

En la primera vuelta muchos dejaron de votar, bien por apáticos o por inconformes, y su ausencia masiva acabó por decidir el resultado. ¿Sucederá lo mismo en la segunda vuelta? ¿Quién se beneficiará si los abstencionistas van a las urnas? 

Yann Basset*

Ganó la abstención

El análisis del resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales debe partir de un dato perturbador: apenas 40 por ciento de los electores inscritos se desplazaron a las urnas, contra casi 50 por ciento en la primera vuelta de 2010.

Parece claro que estas elecciones no lograron motivar a los ciudadanos. Las campañas sucias, la escasez y pobreza de los debates, y la impopularidad o poca credibilidad de varios candidatos tuvieron impactos negativos sobre el electorado.


La excandidata presidencial, Clara López Obregón.
Foto: Facebook de Clara López

Y la polarización alrededor del proceso de La Habana, que fue impulsada por las campañas de los dos candidatos ganadores, no tuvo sin embargo todo el eco que esperaban.

Pero hay más. Entre los que sí participaron, el voto blanco se duplicó con respecto a 2010 y, si bien fue algo menor que en las legislativas de marzo, no deja de ser un hecho inédito en  elecciones presidenciales recientes. Hasta los votos nulos y no marcados aumentaron de manera notable, para un tipo de elección donde el uso del tarjetón no resultó particularmente difícil, al contrario de lo que ocurrió en el caso de las legislativas.

Los electores que marcaron papeletas a favor de un candidato representaron apenas algo  más de un tercio de los votantes inscritos, contra casi la mitad en la primera vuelta de 2010 – y así lo muestra el gráfico que sigue-:  

Repartición de los electores inscritos en las primeras vueltas de las presidenciales de 2010 y 2014 por modalidad

El 25 de mayo solo este tercio de los electores eligieron. Los demás, por distintas razones, dejaron la decisión en manos de los primeros.

En estas condiciones el candidato más votado, Óscar Iván Zuluaga, logró el apoyo de apenas 11,4 por ciento de los electores que tenían derecho a votar, mientras Juan Manuel Santos, pese a todas las ventajas que supone hacer campaña desde la Presidencia, tuvo el respaldo de 10 por ciento de los inscritos.


El Presidente-candidato Juan Manuel Santos en
Cómbita, Boyacá.
Foto: Presidencia de la República

Apáticos e inconformes

¿Cuáles son las motivaciones de estos electores que decidieron no decidir entre los candidatos?

Aquí hay que distinguir entre la apatía habitual o “estructural” de buena parte del electorado y la expresión de inconformidad frente a la oferta de estas elecciones en particular.

En las tres elecciones presidenciales pasadas (2002, 2006, 2010) la abstención osciló entre el 50 y el 55 por ciento. Podemos estimar entonces que algo menos de la mitad de los electores (dado que no son necesariamente los mismos que se abstuvieron en todas las oportunidades) son abstencionistas “duros” o que nunca participan en las elecciones presidenciales, sea por indiferencia o por un rechazo general a la política. A este grupo lo llamaremos el de los “apáticos”.

Esto nos deja una proporción importante – de 15 a 20 por ciento de electores inscritos (entre 5 y 6,5 millones)- que acuden por lo menos ocasionalmente a las urnas para las presidenciales, pero que en esta ocasión no fueron convencidos por los candidatos, de modo que se inclinaron por la abstención o por el voto blanco (o tal vez conscientemente por una modalidad de voto no válido). A estos electores los llamaremos “inconformes”.

La abstención por regiones

Es importante examinar la identidad de estos electores inconformes por dos razones. En primer lugar porque su “no elección” en la primera vuelta ilustra el sentido de los resultados del 25 de mayo, y en segundo lugar porque podrían ser decisivos en la segunda vuelta.

Para eso podemos observar geográficamente la diferencia entre el porcentaje de electores inscritos que votaron por un candidato el pasado 25 de mayo, y el mismo porcentaje en la primera vuelta de la elección presidencial de 2010. Este es el mapa:

 

En este mapa la intensidad del color azul indica los municipios donde bajó más el porcentaje de inscritos que votaron por un candidato entre 2010 y 2014. A la inversa, los municipios en amarillo, que son muy pocos, son aquellos donde una mayor proporción de inscritos salieron a votar por un candidato en 2014 que en 2010.

El mapa muestra cómo es en el centro del país donde se ubican los electores inconformes, particularmente en Bogotá y sus alrededores, Boyacá y Casanare. Y esto a pesar de que la zona central suele registrar las tasas más altas de participación en elecciones presidenciales. En esta región se encuentran electores bastante bien integrados al sistema político, y relativamente informados e interesados en los temas del gobierno, en contraste con las zonas más alejadas, para las cuales estos asuntos pueden resultar más ajenos.

El mapa también lleva a matizar una idea que parece haberse vuelto popular entre los analistas y los estrategas: que  la alta abstención del 25 de mayo se explica por la falla de las maquinarias partidarias, que no habrían movilizado los electores, en particular en la costa caribe.

El mapa muestra cómo es en el centro del país donde se ubican los electores inconformes, particularmente en Bogotá y sus alrededores, Boyacá y Casanare. 

Es verdad que la costa caribe tuvo una abstención muy alta en la primera vuelta, lo cual  contrasta con su alta participación en las legislativas. Sin embargo, los electores de esta zona responden más al perfil que hemos llamado “apático” que al de los “inconformes” (aunque el mapa nos sugiere cierta presencia de estos últimos en las grandes ciudades costeñas).

Este electorado inconforme, urbano y de la región central del país, fue el que más le hizo falta a Juan Manuel Santos, cuyos votos se concentraron en zonas periféricas. La candidatura de Peñalosa, con su imagen de especialista de los temas urbanos, también resultó particularmente afectada. Y hasta podemos decir que Óscar Iván Zuluaga, con toda la popularidad del uribismo en este segmento del electorado, tuvo un éxito limitado a la hora de movilizarlo.

El contraste, la ubicación de los municipios que vieron mayor proporción de votantes por candidatos que en 2010 es también ilustrativa. Estos se encuentran en buena parte en zonas afectadas por la violencia. Para los electores de estas regiones, el discurso de la paz fue movilizador, pero no para los del centro del país o de las ciudades, que no sintieron el tema como tan apremiante.

El ganador en las alianzas

Dentro del tercio de inscritos que votaron por candidatos de la primera vuelta, las alianzas o acercamientos de Santos y de Zuluaga con otras fuerzas políticas parecen favorecer en forma clara el candidato uribista.

  • Aunque varios senadores conservadores apoyan a Santos, podemos anticipar que una buena proporción de los electores de Marta Lucía Ramírez se inclinarán hacia Óscar Iván Zuluaga.
  • Por su parte la negativa oficial de la Alianza Verde y del Polo Democrático a apoyar la candidatura de Santos sugiere que los electores de Clara López y Enrique Peñalosa se inclinarán hacia él pero en menor proporción que los conservadores hacia Zuluaga.
  • Una porción importante del electorado del Polo, siguiendo la posición de varios de sus dirigentes, irá a engrosar las filas de los “inconformes”, votando en blanco o absteniéndose.

Dado el desfase que ya existía en la primera vuelta entre Zuluaga y Santos, y el sentido previsible de los endosos, Zuluaga  parece estar en posición de favorito entre los electores que votaron por otro candidato en la primera vuelta.

Los inconformes en segunda vuelta

Pero falta por ver qué harán los inconformes de la primera vuelta.

En las elecciones de 2010, el porcentaje de inconformes  aumentó en la segunda vuelta, la abstención fue mayor por 4 puntos, el voto blanco se duplicó, y los nulos y no marcados crecieron ligeramente. Esta es la tendencia lógica, porque la escogencia entre dos candidatos debe dejar descontentos a muchos más votantes que la escogencia inicial, cuando tenían otros varios candidatos. 

El resultado de la segunda vuelta depende en gran medida del comportamiento de los inconformes, o más bien de la habilidad de los dos candidatos para convencerlos de cambiar su comportamiento de la primera vuelta.

Y sin embargo 2014 podría ser distinto por las siguientes razones:

  • Ya hubo un porcentaje inusualmente alto de inconformes en la primera vuelta.
  • El resultado de la segunda vuelta es mucho más incierto que en 2010 (y la gente tiende a votar más cuando piensa que su voto cuenta más).
  • La intensa polarización entre los dos principales candidatos causó el rechazo de muchos electores en la primera vuelta, pero podría tener el efecto opuesto ahora que Zuluaga y Santos quedaron solos en la contienda.

En estas circunstancias, el resultado de la segunda vuelta depende en gran medida del comportamiento de los inconformes, o más bien de la habilidad de los dos candidatos para convencerlos de cambiar su comportamiento de la primera vuelta.

Si la proporción de electores inscritos que votan por un candidato se mantiene o aumenta en segunda vuelta, la elección podría complicarse para Zuluaga. Santos es el más interesado en lograr esto. Si quiere invertir la tendencia, el candidato-presidente tendrá que ir en busca de este electorado, para el cual el discurso de la paz no es suficiente.

 

* Doctor en Ciencia Política, Profesor de la Universidad del Rosario. Director del Observatorio de Procesos Electorales. www.procesoselectorales.org

@yannbasset 

 

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