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Los presidenciables madrugaron

Escrito por Yann Basset
Presidencia de la República

Yann_BassetA más de dos años de las elecciones se han anunciado varias candidaturas, tanto de opositores como de oficialistas. Por qué está ocurriendo esto, y cuáles son las consecuencias para Duque.

Yann Basset*

La oposición al acecho

Una primera explicación tiene que ver con la impopularidad del gobierno y el clima social adverso que se manifestó con el paro nacional. Este contexto alienta las ambiciones entre los líderes de la oposición, que sienten que la balanza por fin se inclina hacia ellos —y razones no les faltan—.

El ciclo electoral 2018-19 ha mostrado que cada vez más electores se inclinan hacia fuerzas de izquierda y hacia alternativas anteriormente marginales o confinadas a unos pocos nichos electorales urbanos:

  • El Congreso elegido en 2018 sumó una cantidad inusual de curules para estas tendencias, que se declararon en oposición al gobierno de Iván Duque y han logrado cierta visibilidad, sobre todo gracias a la defensa del acuerdo de paz.
  • La presidencial vio por primera vez la llegada de la izquierda en una segunda vuelta de la mano de Gustavo Petro, y un buen desempeño de Sergio Fajardo a la cabeza de una coalición de organizaciones de izquierda y centro.
  • Finalmente, las elecciones locales mostraron un anhelo de cambio que se tradujo también en varias victorias para estas fuerzas (en Bogotá, Cali, Santa Marta, Cúcuta, Manizales y Villavicencio), o para movimientos independientes (Medellín, Cartagena y Bucaramanga, entre otras ciudades).

Estos resultados mostraron también un declive del clientelismo como medio para movilizar el voto, lo que constituía tradicionalmente la principal arma de contención de las fuerzas tradicionales frente a los alternativos. Si las “maquinarias regionales” siguen siendo un factor de poder para tener en cuenta, quedó claro que entraron en un declive difícil de revertir frente a una ciudadanía cada vez más inquieta y movilizada.

La derrota de Vargas Lleras a la presidencia, de varios caciques regionales en las legislativas y de muchos clanes antiguos en las ciudades capitales en las locales, muestran que ya no son un elemento necesario ni suficiente para ganar.

Estos antecedentes, sumados a la coyuntura política, parecen abrir una nueva ventana de oportunidad para la oposición, sobre todo teniendo en cuenta que el uribismo, que estuvo en el centro de la vida política desde hace casi dos décadas, parece andar cuesta abajo. Desde el principio de este gobierno Álvaro Uribe registra una imagen consistentemente negativa, que nunca había tenido.

 Jorge Robledo

Foto: Facebook Jorge Robledo
Jorge Robledo, senador del Polo Democrático, madrugó a lanzar su candidatura

Puede leer: Vargas Lleras o la derecha dura

Los riesgos de dispersión

Pero lo que parece una situación favorable para la oposición bien puede resultar en un obstáculo difícil de enfrentar. Despierta tantas ambiciones que puede favorecer la división que –también lo vimos en el pasado ciclo electoral-, constituye un riesgo mortal para ella. Desde este punto de vista, la abundancia de candidaturas tempranas es señal tanto de las grandes expectativas de los alternativos como de su incapacidad crónica a unirse.

Gustavo Petro y Sergio Fajardo parecen dispuestos a reeditar la pelea que protagonizaron en la presidencial y que dejó hondas fracturas dentro de la oposición. La candidatura del primero, el contendor de Duque en la segunda vuelta, es tan obvia que ni siquiera necesitó de anuncio formal y, de cierto modo, arrancó la misma noche de la derrota.

A través de sus redes sociales, Petro no ha dejado nunca la campaña y ha enfocado toda su estrategia en 2022, con el riesgo de adoptar posiciones difíciles de defender de cara a su electorado en las elecciones locales de 2019, promoviendo o torpedeando candidaturas y alianzas en función de sus propias aspiraciones.

Como reacción a estas maniobras, Fajardo anunció su intención de ser también candidato durante una entrevista en octubre pasado, en plena campaña local. Pero su intención no le había impedido jugar su propio juego en esas elecciones, al lanzar candidatos afines sin importar si eso significaba darles la espalda a sus antiguos aliados de la coalición Colombia.

En estas maniobras, ninguno logró los resultados esperados. Petro no pudo evitar la elección de Claudia López en Bogotá, que percibe como ficha de Fajardo para 2022, y los alfiles de Fajardo en Cali y Medellín no tuvieron los resultados esperados. Quizás esto llevó a otro peso pesado del sector, el senador Jorge Enrique Robledo, a lanzar su propia candidatura la semana pasada, con la intención de canalizar la movilización que se expresa en el paro nacional.

Todo indica que la lista de aspirantes no se ha completado y empezaron a sonar otros nombres que querrían unificar a los alternativos, como el del exgobernador de Nariño, Camilo Romero.

Gustavo Petro

Foto: Facebook Gustavo Petro
Petro, perdedor en la segunda vuelta, arrancó su campaña casi que al día siguiente de perder.

Puede leer: Los desafíos de la oposición

Los delfines dentro del oficialismo

Estas maniobras pueden parecer normales por el lado de la oposición, pero es curioso que se ven también en el oficialismo, de manera apenas más discreta para mantener el decoro de la solidaridad con el presidente Duque.

Esto es un problema aún más delicado para el gobierno, porque es un claro indicador de la falta de liderazgo del presidente. De cierto modo, este destape temprano denota la voluntad de ocupar rápidamente un espacio que se percibe como vacío.

Así, Carlos Holmes Trujillo no hizo misterio de sus ambiciones desde hace un año, una movida poco decorosa cuando era todavía Canciller, y que le valió una lluvia de críticas desde el oficialismo. Su principal rival para la sucesión en el seno del gobierno era el exembajador en Washington Francisco Santos, y se especula que su reciente salida podría desembocar también en un anuncio rápido de candidatura.

La solidaridad tampoco fue un obstáculo para que varios congresistas del Centro Democrático declararan sus aspiraciones, como fueron los casos de Paloma Valencia y de Paola Holguín. Todo indica que la lista no termina todavía.

La dispersión del uribismo se encuentra asimismo reforzada por el precedente de Duque. En 2018, llegó a la casa de Nariño de la mano de Álvaro Uribe cuando pocos meses antes era casi un desconocido. De cierto modo, esto alimenta las ambiciones de numerosos dirigentes uribistas que sienten que ellos también pueden hacerlo.

Esto despierta a su vez las ambiciones de figuras independientes pero cercanas al Centro Democrático, que aspiran a ocupar el terreno en su lugar y s recoger además a fuerzas alternativas, particularmente los alcaldes salientes, como Alex Char o Federico Gutiérrez.

Le recomendamos: El regreso atropellado del uribismo

Las consecuencias para el gobierno

Semejante explosión de candidaturas cuando el gobierno Duque no completa la mitad de su periodo es muy problemática.

Tradicionalmente se dice que durante el primer año el gobierno tiene la iniciativa en el Congreso y durante el segundo la comparte con los congresistas, que dominan el tercero. Durante el cuarto año ya nadie logra controlar la agenda porque todo el mundo anda en campaña.

Paola Holguín

Foto: Facebook Paola Holguín
Del lado del uribismo una de las primeras en manifestar su deseo de ir a presidenciales es la congresista Paola Holguín.

Así las cosas, la campaña prematura que estamos viendo podría resultar en un anticipo del “cuarto año” que acabaría de paralizar un gobierno ya poco eficaz en su relación con el Congreso.

Dado que el primer año legislativo de Duque fue desperdiciado por la resistencia a armar una coalición eficaz —lo que resultó en fracasos como el de la reforma política o la reforma de la justicia, o en pérdidas de tiempo como en el caso de las objeciones a la JEP— y dado también que los ruidos de la campaña se acercan inesperadamente, el gobierno tendrá que poner el acelerador este mismo año para lo que realmente quiere sacar adelante, aprovechando su recomposición anunciada y su tardío pero necesario acercamiento a las fuerzas independientes.

En cuanto a saber si las candidaturas tempranas serán eficaces para los que se lanzaron, es muy prematuro arriesgarse a una conclusión. Falta mucho trecho para 2022, y declararse desde ya tiene lógica para tratar de ocupar el terreno en una carrera tan abierta, pero tiene también su revés: no es nada fácil mantener la vigencia y el interés de una opinión cada vez más volátil durante tanto tiempo.

* Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR), Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

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2 Comentarios

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Régulo Pérez febrero 6, 2020 - 1:56 am

Es un episodio en verdad inédito, pero esperando dado la poca experiencia política y administrativa del Presidente Duque,

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Edgar Montenegro febrero 10, 2020 - 6:30 pm

Aspirar puede ser todo lo legitimo que se le ocurra al aspirante. El punto es los intereses que representa o cree que representa. Por eso, las maneras tradicionales están -a mi juicio- haciendo agua. Se deben abrir camino «desde dónde» complementarlos. Los SECTORES, como el magisterio, donde tampoco todo es unidad, sino propósitos. Los TERRITORIOS porque está claro que somos ocho grandes Regiones, 32 Departamentos y 1.122 Municipios, con sus respectivas situaciones ambientales y sociales. Vale decir del agua, los suelos, el aire, los alimentos, las gentes. Y tantos asuntos TEMÁTICOS como organigramas concretos tiene la Administración Pública en sus distintas escalas. Lo demás será lo menos. En gran síntesis, no es un asunto de personas sino de propósitos colectivos.

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