¿Por qué votamos por distintos partidos o candidatos?
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

¿Por qué votamos por distintos partidos o candidatos?

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Más importante qué saber por quién votaron los colombianos, es entender las razones de su voto.

La pluralidad de lógicas del voto

En este artículo no trato de contestar la pregunta de ¿por quién?, sino estrictamente la de ¿por qué? El sistema electoral colombiano es complejo y laxo, y permite múltiples formas de decidir el voto. Esto debería llevarnos a mayor prudencia en las interpretaciones.

En época electoral, los medios suelen invitar —con intención pedagógica— a responder la pregunta de “¿cómo votar bien?”. Confieso que no tengo una respuesta. Primero, porque sería arrogante: cada ciudadano define su voto y no cabe separar decisiones “buenas” de otras “malas”. Segundo, porque existen muchas maneras de votar. Un rasgo esencial de la democracia es que los ciudadanos no solo eligen por quién votar, sino también los criterios para decidir.

Además, las reglas del sistema electoral colombiano para las elecciones legislativas son amplias: circunscripción nacional y departamental, listas cerradas o abiertas, variedad de organizaciones partidarias y candidaturas por firmas. Esto abre un margen considerable para que los electores entiendan el acto electoral de maneras distintas.

En realidad, las elecciones del 8 de marzo se parecen a un gran casino en el que millones de electores juegan juegos distintos, que luego intentamos resumir con la pregunta de quién ganó y quién perdió. Esa simplificación es inevitable, pero puede corregirse si adoptamos una perspectiva comprensiva: entender el sentido que los electores dan a su voto.

Tres interpretaciones frecuentes

La interpretación más común es la ideológica. Suele expresarse en categorías como derecha e izquierda. Los electores se definen por proyectos políticos con los cuales se identifican. En Colombia, esta forma de entender el voto no era dominante hasta hace una década, pero ha ganado peso con la polarización asociada al proceso de paz.

Hay evidencia de este comportamiento en los resultados del 8 de marzo, pero no basta para explicar todo.

Una segunda interpretación es la cívica, asociada con el voto “de opinión”. Aquí los electores buscan elegir a las personas más idóneas, evaluando cualidades como honestidad, competencia o experiencia. Es un modelo atractivo, aunque discutible: incluso un candidato excepcional puede ser irrelevante si no pertenece a una organización con capacidad de acción colectiva.

Finalmente, está la interpretación sociológica. El voto no sería una decisión individual libre, sino el resultado de pertenencias sociales: clase, territorio, edad o género. Esta perspectiva tiene respaldo empírico, pero sus “leyes” no son exactas. Por ejemplo, el voto joven puede ser decisivo en una elección y marginal en otra.

Una tentativa de síntesis

Ninguna de estas interpretaciones agota la explicación. Sin embargo, para estas elecciones resulta útil distinguir dos variables.

Primera, la diferencia entre voto por partido y voto por persona. Durante años se afirmó que los partidos habían perdido relevancia en Colombia, pero estas elecciones invitan a revisar esa idea. Los dos partidos más votados presentaron listas cerradas al Senado, lo que impide votar por individuos.

Esto no excluye la influencia de figuras como Petro o Uribe, pero su papel trasciende al individuo: encarnan proyectos políticos. En contraste, el voto por persona se basa en cualidades individuales del candidato.

La segunda variable distingue entre voto por ideas o valores y voto por intereses. Aunque en la práctica se mezclan, pueden separarse analíticamente.

De la combinación de estas dos variables surgen cuatro tipos de voto:

  • Partidos + ideas/valores: voto ideológico 
  • Partidos + intereses: voto corporatista 
  • Personas + ideas/valores: voto cívico 
  • Personas + intereses: voto regional 
Foto: X: Registraduría Nacional del Estado Civil

Cuatro lógicas en acción

El voto ideológico ayuda a entender a los electores del Pacto Histórico y del Centro Democrático, aunque este último combina también elementos cívicos y clientelistas en sus listas abiertas.

El voto cívico predomina en sectores del llamado centro. Más que una ideología, se trata de una actitud: evaluar candidatos por sus cualidades personales. Esto genera dificultades de acción colectiva, como sugiere el poco éxito electoral de varias figuras individuales.

El voto regional caracteriza a los partidos tradicionales (Liberal, Conservador, Cambio Radical y de la U). Aquí pesan menos las cualidades individuales que las redes políticas y la capacidad de gestionar recursos para los territorios. Esta lógica no debe ser satanizada: aunque puede derivar en clientelismo, responde también a la necesidad de intermediación en un país centralista.

Finalmente, el voto corporatista sigue siendo minoritario, pero muestra señales de crecimiento: listas sectoriales, circunscripciones especiales y votos asociados con identidades o causas (religiosas, de género, profesionales). Su legitimidad depende de la defensa de minorías o grupos discriminados.

Conclusión

No hay una única manera de votar. Existen diversas lógicas, todas legítimas, que conviven en el acto electoral.

Comprender esta diversidad debería conducir a mayor humildad al interpretar los resultados y a más tolerancia en la discusión política.

*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR), Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos, Universidad del Rosario.

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Elecciones 2026, Congreso Colombia, comportamiento electoral, sistema electoral, voto ideológico, voto regional, partidos políticos, democracia colombiana, análisis electoral, Razón Pública

En este artículo, no trato de contestar a la pregunta de ¿Por quién? sino estrictamente de ¿Cómo? El sistema electoral colombiano es complejo y laxo y otorga una gran variedad de lógica a la decisión del voto, lo que debería incitarnos a la prudencia en las interpretaciones. 

La pluralidad de lógica del voto

En esta época electoral, los medios de comunicación suelen invitarnos en un bienintencionado esfuerzo de pedagogía electoral, a contestar la pregunta de ¿Cómo votar bien? Confieso que no tengo respuesta a esta pregunta. Primero, es difícil contestarla sin parecer arrogante. Le toca a cada ciudadano definir su voto y no cabe separar decisiones “buenas” de otras que serían “malas”. Segundo, porque hay muchas maneras de votar. Un aspecto interesante de la democracia es que los ciudadanos no sólo son libres de elegir por quién votar, sino también de elegir los criterios que les parecen pertinentes para decidirse. 

Por otra parte, las reglas del sistema electoral colombiano para las elecciones legislativas son bastante amplias: circunscripción nacional y departamental, posibilidad de elegir listas cerradas o abiertas, gran variedad de modelos de organizaciones partidarias, sin hablar de las candidaturas por firmas. Esto da un margen grande para que los electores entiendan el acto electoral en muchos sentidos distintos. En realidad, las elecciones del 8 de marzo parecen un gran casino en que millones de electores se reunieron jugando juegos distintos que al final, tratamos de resumir con la única pregunta de quién ganó y quién perdió. Evidentemente, esto lleva a unas simplificaciones y errores de interpretación inevitables pero que podemos limitar adoptando una perspectiva comprensiva, es decir, tratando de entender cuál es el sentido que los electores dan a su voto. 

Tres interpretaciones frecuentes

La interpretación más frecuente al respecto es la interpretación ideológica, que puede declinarse en varias categorías de análisis pero que simplificamos a menudo con las etiquetas de derecha e izquierda. Los electores se definen en función de ideas de proyectos políticos que asocian a las candidaturas y a los cuales se identifican. Muchos estudios dan sustento a estas interpretaciones. En Colombia, esta forma de entender el voto no era tan rutinaria hasta la década pasada, pero se ha vuelto más relevante desde que las tensiones políticas se agudizaron alrededor del proceso de paz. Las interpretaciones de la vida política en términos de polarización dan cuenta de la vigencia de la lógica ideológica. Vamos a ver que hay efectivamente evidencias de este tipo de comportamiento en los resultados de las elecciones del 8 de marzo, sin embargo, está lejos de agotar las interpretaciones posibles.

Otra interpretación, que es probablemente la que viene en mente con la pregunta de “¿Cómo votar bien?”, es una interpretación que llamaría cívica. Se trata de la que sustenta las categorías de voto “de opinión” o “amarrado”. A pesar de que, contrariamente a la interpretación anterior, dichas categorías han sido a menudo criticadas por los estudios sobre el voto, nos dicen algo sobre la forma de ver de una parte de los electores. Ellos lo conciben como un esfuerzo para buscar las personas más convenientes para asumir las tareas para las cuales las elegimos. Se convoca entonces a unas cualidades, como la honestidad, la competencia, la experiencia y se evalúa la oferta electoral en función de ellas. Ahí también, no hay duda de que muchos electores votan así, o hacen sus mejores esfuerzos para conformarse a este modelo republicano-cívico. Es sin duda un modelo atractivo, aunque también discutible. ¿De qué sirve votar por un nuevo Solón, admitiendo que exista, si al final es uno entre cientos de congresistas que de pronto no podrá hacer nada interesante por sí sólo si no viene en un partido grande que podrá garantizarle los apoyos necesarios para hacer adoptar sus propuestas? 

Finalmente, citemos una última que es la interpretación sociológica. El voto no sería el acto de un individuo escogiendo libremente su voto como lo asume la explicación anterior, sino el acto de unos grupos que se determinan en función de sus intereses y posiciones en la sociedad. La sociología electoral da mucho sustento a esta interpretación y muestra que las grandes variables: clase social, hábitat urbano/rural, edad, género, etc. tienen realmente efectos marcados sobre el voto. Pero ahí también, las “leyes” sociológicas no son las de la física. Admiten demasiadas excepciones y no actúan siempre en el sentido que prevemos. El voto joven puede ser determinante en una elección (lo fue en las presidenciales de 2022), y no serlo en otra.

Una tentativa de síntesis

Todas estas interpretaciones captan el comportamiento de parte del electorado, pero ninguna agota la explicación. No obstante, para el caso particular de las elecciones legislativas colombianas que nos ocuparon, me parece relevante distinguir varias lógicas en función de dos variables. 

La primera distingue el voto por un partido del voto por una persona. Durante mucho tiempo, hemos asumido que los partidos habían perdido toda relevancia en Colombia, pero estas elecciones nos invitan a revisar este postulado.  Los dos partidos más votados presentaron listas cerradas al senado, haciendo imposible el voto por una persona. Eso no impide en teoría que la decisión de voto pueda ser influenciada por una persona en la lista (podemos pensar en Uribe empujando la lista de Centro Democrático), pero no parece que esta explicación sea suficiente. Eso sí, el ejemplo nos llama la atención sobre lo que hay que entender por voto por un partido. Los electores del Pacto Histórico o Centro Democrático no necesariamente votaron por entusiasmo hacia una organización como tal. Lo importante es que detrás de la organización y sus candidatos, hay una idea más grande de proyecto político, que puede encarnarse en una personalidad (Petro o Uribe) pero ahí, la persona significa mucho más que un individuo y sus cualidades. En cambio, los que votan por una persona se definen en función de características que encuentran en el candidato por quien votan.

La segunda variable distingue entre voto por ideas o valores, y voto por intereses. Aunque veremos que, en la práctica, estas dos lógicas pueden ser difíciles de desentrañar, se pueden distinguir analíticamente. 

Las dos variables se combinan de la forma siguiente

Ideas/valoresIntereses
PartidosVoto ideológicoVoto corporatista
PersonasVoto cívicoVoto regional

Aunque sea simplista atribuir una sola lógica a un sector o incluso un elector particular, podemos identificar ciertas asociaciones:

Lo hemos dicho, el voto ideológico parece una buena forma de entender los votantes de Pacto Histórico y Centro Democrático (este último lo combina con las lógicas cívicas y clientelistas en sus listas abiertas a la Cámara de manera más obvia que el Pacto, aunque no están ausentes tampoco en éste). También podemos probablemente extender la lógica a muchos votantes de Salvación Nacional.

El voto cívico parece dominar la motivación de muchos electores de lo que llamamos el centro. De hecho, parte de la dificultad en entender lo que es el centro puede ser precisamente que no se trata de una ideología como las que identifican los dos partidos grandes, sino de una actitud que consiste en valorar los políticos por sus cualidades personales y no por su coherencia con un proyecto bien identificado. Esto suele implicar serios problemas de acción colectiva para este sector. Aunque las listas de coalición de Alianza por Colombia y Ahora Colombia no tienen un número de votos muy distintos que las de Coalición Esperanza y Nuevo Liberalismo sumados en 2022, muchos de sus referentes individuales quedaron por fuera del Congreso.

La lógica regional domina el voto de los partidos tradicionales (Liberal, Conservador, Cambio Radical y partido de la U). Eso no significa que algunos de los electores, en particular los más antiguos, no puedan conferirle un sentido ideológico al rojo o al azul, o que algunos electores no reconozcan cualidades típicas del voto cívico en sus candidatos. Pero en general, la mayoría de sus electores valoran las personas de estas listas menos por sus cualidades que por su posición en el sistema político, sus relaciones, que les permiten gestionar recursos y proyectos de interés para los territorios. Es por eso que estos partidos suelen tener raíces fuertes en el mundo rural y las regiones alejadas del centro político del país. Es importante entender esta lógica sin satanizarla. Es cierto que es una lógica que se presta a practicas clientelistas, o francamente corruptas, pero sabemos que la corrupción se presenta también en los otros sectores (tuvimos muestras espectaculares en este cuatrienio). En un país tan centralista como Colombia, es comprensible que ciertos electores confieran a sus congresistas un papel de intermediación que se vuelve el criterio fundamental de la evaluación de su desempeño. Con todo, la lógica regional es la que más perdió terreno en estas elecciones, lo que representa una aceleración de una evolución sociológica estructural.

Finalmente, la lógica corporatista aparece todavía residual, pero algunas señales apuntan a un despertar. Estas elecciones vieron la inscripción de una lista de motociclistas en Bogotá, las de 2022 tenían una del sector salud. Ya las circunscripciones especiales institucionalizaron esta lógica para minorías étnico-culturales que consiste en votar para defender un grupo a través de sus representantes. Ahí, como lo advertimos, las fronteras son borrosas entre votos por intereses o valores, generalmente porque es importante legitimar los intereses en función de valores. Podemos pensar en esta perspectiva al voto cristiano que defiende las iglesias cristianas contra el impuesto, pero también valores como el “modelo tradicional” de familia. La discusión puede aplicar también para Estamos Listas en 2022. El feminismo no es sólo la defensa de las mujeres. Defiende valores de igualdad, justicia y pluralismo (y hasta podríamos argumentar que defiende los hombres de un modelo de masculinidad que ellos también sufren de cierta forma), pero el nombre de la lista dejaba claro que la defensa del proyecto y sus valores pasaba también por la presencia de mujeres en posiciones de decisión. La lógica corporatista tiene su legitimidad siempre que defienda minorías o grupos discriminados.

En conclusión, no hay una buena manera de votar. Hay varias lógicas, todas respetables, que se manifiestan en el acto de votar. Ojalá una mayor comprensión de las mismas nos lleve a más humildad en la interpretación de los resultados de una elección, y a más tolerancia en nuestra relación a la política.        

Le recomendamos: ¿Cuánta fuerza en el Congreso tendrían las candidaturas a la presidencia?

Acerca del autor

Yann Basset
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*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

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