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La ineluctable centralidad del Congreso

Escrito por Yann Basset

El hundimiento de la reforma de la salud muestra que el gobierno no podrá realizar su programa sin llegar a acuerdos mínimos con el Congreso. Aunque busque escenarios alternativos o cambios vía administrativa, no puede obtener resultados dando la espalda al legislativo, que tiene la salida de la crisis en sus manos.

Yann Basset*

Las ilusiones movimientistas

Desde la ruptura de su coalición inicial, ya hace un año, el gobierno se ha negado a afrontar la realidad de su posición minoritaria en el Congreso.

La insistencia en una agenda reformista muy ambiciosa y el no haber reunido los apoyos necesarios para hacerla posible, desembocaron en el anunciadísimo estrellón en la Comisión Séptima del Senado; el hundimiento de la reforma a la salud la semana pasada.

Aunque suele decirse que “con mermelada el Congreso siempre le camina al gobierno”, esta vez no valió la negociación congresista por congresista. Es posible obtener el apoyo de un congresista a punta de promesas o intercambios de favores para un tema puntual, pero así no es posible armar una mayoría para un proyecto de la envergadura de esta reforma a la salud.

Mucho menos valieron las estrategias dilatorias habituales, como la recusación de congresistas por la implicación de las EPS en el financiamiento de las campañas, cuando el tiempo jugaba en realidad contra del gobierno.

Tiros por la culata

Finalmente, incapaz de sortear el obstáculo, el presidente amenazó con patear el tablero con llamados recurrentes a la movilización social. Con eso esperaba mostrar el respaldo suficiente para presionar al Congreso con el “mandato popular para el cambio”, pero también con el riesgo de poner a los congresistas en su contra. A nadie le gusta que lo pongan contra la pared; el resultado fue achicar el margen de negociación del gobierno en vez de facilitar la aprobación del proyecto.

Fuera de las organizaciones sociales cercanas al Pacto Histórico, la movilización en respuesta a las convocatorias del presidente no fue particularmente impresionante, confirmando los resultados de las encuestas: la reforma de la salud propuesta por el gobierno despierta más inquietudes que entusiasmo.

Eso sí, el presidente encontró el escenario donde se siente más a gusto, en el papel de tribuno del pueblo. Incluso siguió hablando de un improbable “proceso constituyente”, como el último avatar en esta huida hacia lo imaginario.

Con lo anterior el jefe de Estado se presenta como el jefe de la oposición, un opositor radical al “sistema”, a los poderes fácticos que obstaculizaban el cambio.

Pero este posicionamiento, por definición, no permite llevar a cabo el cambio. A lo sumo permite encontrar excusas por no llevarlo a cabo y encontrar enemigos para echarles la culpa.

Como notaron muchos comentaristas, Petro nos estaba llevando anticipadamente al escenario electoral de 2026, antes de que el gobierno hubiera hecho lo suficiente para traer a la mesa algo que mostrar a los votantes.  Al fin y al cabo, el llamado al pueblo resultó ilusorio como modo de cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso, y además reveló el escepticismo o la apatía de la opinión pública frente al proyecto transformador de Petro.

Fuera de las organizaciones sociales cercanas al Pacto Histórico, la movilización en respuesta a las convocatorias del presidente no fue particularmente impresionante, confirmando los resultados de las encuestas: la reforma de la salud propuesta por el gobierno despierta más inquietudes que entusiasmo.

El hecho de que el presidente terminara evocando un confuso “proceso constituyente” que “no es para cambiar la Constitución”, y no un referendo, que sería lo lógico si realmente quisiera acudir al arbitraje de la voluntad popular, es otra señal de esta debilidad.

Reforma por decretos e intervención de EPS

Ante la derrota, el presidente hizo los habituales pronunciamientos en Twitter (oficialmente X) y acreditó una tesis que la oposición venía agitando desde hacía semanas: a falta de reforma legislativa, el gobierno implementará la reforma “a las malas”, por la vía administrativa.

La intervención sucesiva de Sanitas y la Nueva EPS, dos de los operadores principales del sistema de salud, acreditó este temor, sobre todo porque se anunciaron en el momento mismo de la votación definitiva en la Comisión Séptima del Senado.

¿Puede el gobierno hacer por decretos lo que negó el Congreso? Puede hacer mucho, pero no tiene las herramientas para hacer realidad su proyecto de manera completa y mucho menos satisfactoria.

Después de todo, la Ley 100 de 1993 sigue vigente y la arquitectura del sistema no se puede cambiar por decretos.

El gobierno probablemente tratará de desarrollar algunos aspectos, como ampliar la cobertura del sistema en el ámbito rural, uno de los puntos menos controversiales del proyecto.

Por otra parte, “estatizar el sistema” a través de la intervención de todas las EPS, que sería el propósito del gobierno según parte de la oposición, no tendría como salirle bien al gobierno pues causaría otras batallas jurídicas con las Cortes y entidades de control. Además, está claro que el Estado no tiene capacidad para manejar el servicio para millones de colombianos de la noche a la mañana, mucho menos mediante la figura de la intervención que de por sí aumenta los problemas que ya tenían las EPS.

La intervención de una EPS por parte del Estado es una figura legítima si se piensa como último recurso para garantizar el derecho a la salud de los afiliados ante una quiebra inminente de la organización o de incapacidad para asegurar el servicio.  Pero este instrumento traumático por naturaleza sería la peor manera imaginable de “cambiar el modelo” de la salud por organizaciones que funcionen con una lógica distinta.

Además, la intervención como tal no resuelve la falta de recursos para responder a la demanda de los usuarios.

Finalmente, y sobre todo, la intervención hará que los usuarios del sistema responsabilicen directamente al gobierno de cualquier falla del sistema. Es más, en este escenario, la movilización social que el presidente tanto anhela podría producirse, pero en contra del gobierno.

¿Qué sigue en el Congreso?

Las consideraciones anteriores nos devuelven de manera ineluctable al Congreso. Por más que haga, el gobierno no podrá cambiar el sistema de salud satisfactoriamente sin reglas nuevas y claras. La oposición tampoco podrá salvar este sistema si se limita a no votar los proyectos del gobierno.

Parece una situación atrapada donde todos tienen las de perder, más aún con las descalificaciones del presidente después de ver hundir su proyecto bandera y la respuesta airada del presidente del Senado.

Foto: X: Gloria Ramírez - El escenario de diálogo en el Congreso no está roto y prueba de ello es que el mismo día que se archivó la reforma a la salud se negó el archivo para la reforma pensional.

el Estado no tiene capacidad para manejar el servicio para millones de colombianos de la noche a la mañana, mucho menos mediante la figura de la intervención que de por sí aumenta los problemas que ya tenían las EPS.

Sin embargo, el escenario del diálogo no está del todo roto. Contrariamente a lo que dicen algunos partidarios del presidente, el Congreso no está en una actitud de bloqueo completo.

Prueba clara de esto es que el mismo día de archivar la reforma a la salud, el Congreso negó el archivo de la reforma pensional. La primera siempre ha sido la que suscita más oposición, y el gobierno tiene la posibilidad de llegar a una mayoría al menos para la segunda aun si el tiempo aprieta. La laboral puede resultar más complicada, pero tiene más tiempo. Además, el gobierno tiene la ventaja de estar en el trámite de la ley de educación que no suscita mayor oposición.

Independientemente de la controversia sobre las responsabilidades de unos u otros,  la crisis inminente del sistema de salud de la que nadie saldrá bien librado podría resultar en un escenario favorable para recomponer relaciones. Es un momento crítico cuando todos tienen que apostarle a la sensatez.

Todos coinciden en que se necesita en forma urgente una reforma a la salud. Afortunadamente, el debate de más de un año dejó ganancias a pesar del desgaste. Hay puntos de consenso y hay más ilustración de la opinión pública sobre este complejo tema. El Congreso tiene el deber de recoger lo acumulado para aprobar con rapidez un nuevo proyecto. Varios congresistas claves que se opusieron al proyecto del gobierno manifestaron su disposición a hacerlo e incluso para retomar puntos del proyecto del gobierno en diálogo con él.

En política es frecuente que las soluciones que parecían imposibles surjan en el momento de mayor bloqueo. Hay que esperar que esta sea una de esas situaciones.

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