
Lucha de clase en las urnas: votos y estratos sociales en las elecciones
Compartir:
Los resultados de elecciones anteriores muestran una divergencia cada vez más marcada del comportamiento en función de los estratos sociales. Esto será una clave de las próximas presidenciales.
Votos y estratos
Como se ha comentado ampliamente, las elecciones de marzo mostraron una tendencia a la polarización del sistema de partidos entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático. Se trata de una tendencia que tiene sus límites (ambos partidos no llegan al 40% de los votos válidos), pero una tendencia clara que viene a ordenar un sistema de partidos que estaba muy fragmentado.
Desde este punto de vista, esta tendencia a la polarización puede resultar mucho más positiva de lo que solemos suponer habitualmente, aportando algo de estabilidad y de sustento social al sistema representativo.
Lo que suele generar temor en el fenómeno no es la polarización en sí, sino la intuición de que traduce un fenómeno de “lucha de clases”, idea que curiosamente, se encuentra más en los discursos de derecha que de izquierda. En efecto, si analizamos los comportamientos electorales en función de los estratos socioeconómicos en el ámbito urbano, constatamos una tendencia creciente a la segmentación del voto en función del estrato. En el grupo de investigación DEMOS-UR hemos tenido la ocasión de estudiar el fenómeno con más precisión para los ciclos electorales pasados en otra parte. No se trata de algo nuevo, pero se aceleró en las elecciones de marzo.
Para medir esta “estratificación del voto”, hemos analizado el voto de las cinco mayores ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena) a nivel de puesto de votación. Hemos atribuido a cada puesto de votación un estrato en función del estrato socio-económico dominante en las cuadras alrededor del puesto. Los resultados se leen en los gráficos siguientes:

Vemos como los dos grandes partidos, Pacto Histórico (en rosado) y Centro Democrático (en azul claro) tienen ambos un voto muy heterSogéneo en función del estrato. El primero concentra más de 40% del voto del estrato 1, mientras el segundo hace lo propio con el voto del estrato 6. A la inversa, el Pacto Histórico logra apenas 10% del voto estrato 6, y Centro Democrático menos en el estrato 1.
Los demás partidos tienen comportamientos electorales más homogéneos en función del estrato, aun si los tradicionales (liberales, conservadores, U), se inclinan más bien hacia los sectores populares, y la coalición Ahora Colombia (Nuevo Liberalismo, Dignidad y Compromiso y MIRA) y el Movimiento de Salvación Nacional, lo hacen hacia la clase alta.

Cuando hacemos el mismo ejercicio para las legislativas de hace 4 años, nos damos cuenta que ya existía cierta estratificación del voto, algo más por el lado de Centro Democrático que por Pacto Histórico, pero el hecho de que estos dos partidos unidos agrupaban menos votos entre los dos amortiguaba la tendencia.
El Centro Esperanza (en verde) también contribuía a matizar el fenómeno con un perfil más bien inclinado hacia los estratos medios y medio-alto. En el presente ciclo electoral, su sucesora, la coalición Alianza por Colombia, ha perdido terreno en el ámbito urbano para desplazarse hacia el mundo rural o de las ciudades intermedias. Los tradicionales, sobre todo los conservadores y Cambio Radical, han retrocedido también en las ciudades, lo mismo que el voto blanco.
Sentido y límites de las estrategias de los dos grandes
El diagnóstico es por lo tanto claro. El avance del Pacto Histórico en los grandes centros urbanos se hizo casi exclusivamente en los estratos bajos, quizás porque sus miembros han encontrado beneficios materiales en el gobierno de Gustavo Petro, quizás porque fueron sensibles a su retórica que reivindicó lo popular y logró construir una conexión con estos sectores.
En todo caso, el Pacto ganó 10 puntos porcentuales en el estrato 1 y se quedó más o menos con el mismo porcentaje de hace 4 años en el estrato 6. Pero esta conexión con los sectores populares significó también dificultades para crecer entre los estratos medios. Si miramos el estrato 3, que constituye de cierto modo la “clase media” en el ámbito urbano, el Pacto progresó apenas de 3 puntos, es decir, mucho menos que a nivel nacional en el que, recordemos, el Pacto Histórico pasó de 17 a 22,7%. Ahí, la estrategia de radicalización discursiva del presidente y los llamados a la Constituyente parecen encontrar cierta resistencia.
A la inversa, el Centro Democrático se “aburguesó”. Su crecimiento en el ámbito urbano con respecto a hace cuatro años se da sobre todo en los estratos 4, 5 y 6, y en menor medida en el 3. Casi no crece en el estrato 1 en el que ya estaba débil. El Centro Democrático no ha podido aprovechar su paso por la oposición para resucitar el uribismo popular que existió durante el gobierno de Álvaro Uribe. Es cierto que éste era sobre todo un fenómeno rural, pero en 2014, para su primera competencia electoral, Centro Democrático lograba todavía el 13,4% del voto del estrato 1 y 20,2% del estrato 2 en las 5 ciudades mayores. La pérdida es significativa. En el ámbito urbano, Centro Democrático se ha vuelto el partido de los estratos altos, y conserva apoyos populares en el ámbito rural únicamente en ciertos departamentos, en particular en su bastión de Antioquia.
¿Qué podría pasar en la presidencial?
La tendencia que analizamos en las elecciones legislativa se verifica con mayor razón en las presidenciales. Hace 4 años, Petro ganaba desde la primera vuelta en los estratos populares urbanos mientras Fico Gutiérrez era el candidato de los ricos. Por su parte, Hernández encontraba sus apoyos en la clase media urbana y en el mundo rural.

Todo indica que la estratificación del voto puede volver a ser determinante en las elecciones presidenciales actuales.
Podría ser una clave importante para entender la lógica de la división del voto de la derecha. Mientras el Centro Democrático y sus candidatos (prestado, en el caso de Fico) se limitan a los estratos altos en los sectores urbanos, dejaban un espacio abierto en los sectores populares que Rodolfo Hernández supo explotar con un discurso renovado em 2022, que reivindicaba el trabajo y el mérito frente a unos políticos considerados como improductivos en el mejor de los casos, o corruptos en el peor, lo que incluía los de Centro Democrático. Es muy posible que pase lo mismo con Abelardo de la Espriella que retoma premisas parecidas, con un discurso más claramente anclado a la derecha que él de Rodolfo, pero quizás menos focalizado sobre el conflicto armado que puede estar más alejado de las preocupaciones de los sectores urbanos, y más enfocado en la seguridad en las ciudades.
Sea quien gane, se perenniza una división de la derecha que puede estar definiendo los contornos del post-uribismo. La lógica “de clase” es una de las claves de este proceso.
Desde luego, conviene no abusar de esta variable. Recordemos que los datos que presentamos acá conciernen únicamente las 5 ciudades mayores, es decir, menos de un tercio del electorado nacional. La lógica de estratos no se encuentra tan claramente en las ciudades intermedias, y desaparece por definición en los pueblos y el mundo rural. Con todo, es significativa más allá del electorado urbano por las dimensiones simbólicas que implica.
Le recomendamos: Medios, poder y elecciones
Acerca del autor
Yann Basset
*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.
3 comentarios





Clasificar las clases sociales de acuerdo a estratos socio económicos, es pragmático, pero no es científico. Clases sociales son la burguesía – alta, media y pequeña -, el proletariado, y como parte de él, la clase obrera, el latifundismo, el campesinado, todas, obviamente, con intereses concretos diferentes y, a menudo, contrapuestos.
Tiene toda la razón. No se trata de clases sociales en el sentido preciso de la palabra. Por eso se pone lucha de clase entre comillas en el texto. Hay consideraciones más detalladas sobre el uso de los estratos socioeconómicos y sus implicaciones metodológicos en el artículo citado.
Debe analizarse la orientación de los comentaristas