La Pésima Calidad de la Pintura de las Placas Traseras - Razón Pública
Francisco Thoumi

La Pésima Calidad de la Pintura de las Placas Traseras

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Francisco ThoumiPor qué los colombianos no somos capaces de defender nuestros derechos.

Francisco Thoumi*

La mala calidad de la pintura de las placas traseras de muchos vehículos, particularmente los de servicio público, es cada vez más notable. Como se puede ver en las fotografías siguientes, las placas delanteras pueden leerse sin problema pero las placas traseras son sumamente borrosas:

En muchos países desarrollados se han eliminado las placas delanteras porque, cuando es necesario identificar un vehículo en marcha, la placa delantera no es útil, y cuando está parado la trasera es suficiente. Las placas traseras borrosas dificultan la identificación, lo que a su vez hace más difícil la función policial de control.

En ninguna forma quiero sugerir que los propietarios y conductores de los vehículos con placas traseras borrosas hayan tenido algo que ver con este fenómeno. No se puede afirmar que ellos hayan borrado los números y letras de las placas para que la policía o el público no puedan identificar a los violadores de las normas de tráfico. Mucho menos se puede afirmar que algunos de ellos hagan parte del transporte pirata y que borren las placas para no ser identificados.

Es claro que la responsabilidad radica en el gobierno que no ejerce el control de calidad necesario en la producción de placas traseras – las cuales, debido a la mala calidad de la pintura negra utilizada, se borran con el tiempo. Es notable que en el pasado esto no haya ocurrido, pero en los últimos años es claro que la calidad de la pintura utilizada en las placas traseras ha decaído.

Es probable que la oposición al actual gobierno atribuya este fenómeno a la mala administración y a la falta de supervisión en la fabricación de placas traseras, o a algo más grave: la corrupción. Afortunadamente la pintura de mala calidad no se ha utilizado en la producción de placas delanteras.

El Estado colombiano implícitamente acepta que sus placas traseras son de mala calidad. Así el artículo 45 del Código de Tránsito reza: "Ningún vehículo automotor matriculado en Colombia podrá llevar, en el lugar destinado a las placas, distintivos similares a éstas o que la imiten, ni que correspondan a placas de otros países, so pena de incurrir en la sanción prevista en este Código para quien transite sin placas; estas deben de estar libres de obstáculos que dificulten su plena identificación." Como se ve, transitar con placas borradas no es una infracción. Lo sería sólo cuando ellas se usen con la intención demostrada de obstaculizar la identificación del vehículo.

El caso de las placas traseras es otro ejemplo de las fallas tan comunes en el  Estado colombiano, cuyas agobiadoras normas requerían que los vehículos que violan las injustas normas de tráfico puedan identificarse fácilmente. Es claro que estas normas dificultan el tráfico de vehículos, pero además -y de forma mucho más grave- atentan contra el derecho al trabajo de los transportadores.

Es inconcebible que un Estado que malgasta sus recursos y que no construye vías amplias o ejecuta programas de  mantenimiento preventivo de las calles y las carreteras, tenga el coraje de exigir que los sufridos conductores que padecen trancones y riesgos por la mala condición de las vías cumplan las leyes y normas de tráfico.

Afortunadamente el pueblo reacciona y se defiende tomando medidas que faciliten la violación de estas normas injustas.  Es que en un Estado con normas agobiantes,  los derechos privados de cada individuo deben prevalecer sobre los de la sociedad. En otras palabras: como somos una sociedad de individuos, no de ciudadanos -porque no somos parte del Estado – la lucha siempre será por derechos individuales.

Por eso quisiera vociferar una proclama: ¡Colombianos: unámonos contra las normas y el Estado opresor que ni siquiera es capaz de producir placas traseras de buena calidad! Pero, ¡Maldición! Claro que como sólo somos individuos y no miembros de una comunidad, ni siquiera podemos unirnos para luchar contra las normas injustas. Por eso, esa lucha es personal y cada uno de nosotros la lleva a cabo individualmente.  

*Miembro fundador de Razón Pública y Economista de la Universidad de los Andes. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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