Los fracasos del triunfo capitalista (I): de la globalización a la frustración global - Razón Pública
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Los fracasos del triunfo capitalista (I): de la globalización a la frustración global

Escrito por Francisco Thoumi

Consecuencias de la globalización en la estructura de las empresas, como el caso de Apple.

Francisco ThoumiLa economía de mercado elevó el nivel de vida de los países centrales, pero su internacionalización ha beneficiado más y más al capital en detrimento de los trabajadores. Esta es la raíz de la crisis que hoy afecta sobre todo a Estados Unidos.  

Francisco Thoumi*

El mejor de los sistemas

Después de la Segunda Guerra Mundial los economistas empezaron a comparar atentamente las economías de mercado con las centralmente planificadas (como la de la Unión Soviética y otros países comunistas). En esa época se elaboró la llamada “teoría del bienestar”, según la cual cada individuo debía decidir qué bienes y empleos satisfacían mejor sus aspiraciones personales; de hecho, varios de los primeros premios Nobel se otorgaron a economistas (como Paul Samuelson, Keneth Arrow, Tjalling Koopmans y Gérard Debreu) que mostraron de manera rigurosa que un sistema de decisiones individuales satisfacía mejor las necesidades personales y sociales que una economía planificada.

Estos estudios sin embargo mostraron que la superioridad del sistema de mercado se daba solo bajo una serie de supuestos muy restrictivos, por ejemplo:

  • Que los derechos de propiedad fueran seguros, es decir, que tanto la distribución de la riqueza como la del ingreso fueran legítimas;
  • Que todos los actores conocieran los precios y las características de cada producto (usos, costos de mantenimiento, etc.);
  • Que todos los mercados fueran perfectamente competitivos, es decir, que todos los actores tuvieran la misma información y que ningún actor pudiera alterar los precios;
  • Que no hubiera economías de escala en la producción;
  • Que la satisfacción de cada cual fuera independiente de la cantidad de bienes y servicios consumidos por los demás, es decir que el consumo no fuera símbolo de estatus;
  • Que las empresas no socializaran los costos (contaminando el ambiente, obteniendo privilegios del Estado, etc.).

Arrow se hizo famoso por su “teorema de la imposibilidad”, según el cual mientras las personas tuvieran gustos o preferencias distintas, era imposible obtener una “función de bienestar social” que un gobierno pudiera utilizar como guía para aumentar la satisfacción de algunos miembros de la sociedad sin disminuir la de otras personas.

En otras palabras, los sistemas de mercado podrían ser mejores que los comunistas, pero para esto se necesitaba un Estado ilustrado y benévolo que corrigiera las “fallas” de los mercados y empujara el sistema hacia el ideal de “competencia perfecta”. Por eso la teoría de la regulación de mercados –que recientemente produjo otro premio Nobel, Jean Tirole- surgió de la “teoría del bienestar”.

Un triunfo para el capital

Rentabilidad del capital y mano de obra.
Rentabilidad del capital y mano de obra.  
Foto: Wikimedia Commons

El colapso de la Unión Soviética y de otros países socialistas a comienzos de la década de 1990 produjo un sentimiento triunfalista entre los teóricos de la economía occidental que los llevó a olvidar muchas de las limitaciones de los sistemas de mercado para satisfacer las necesidades de ciertos ciudadanos sin perjudicar a otros. Es como si la mayoría de los académicos – y los gobernantes- se hubieran convencido de que los regímenes políticos no podían producir ninguna solución más satisfactoria que cualquier libre mercado; por eso aumentó la desconfianza en la intervención estatal y se aceptó una libertad individual cada vez más agresiva.  

El desarrollo tecnológico ha disminuido la demanda por mano de obra no calificada. 

Al mismo tiempo muchos países optaron por integrar sus economías a los mercados mundiales y abrieron las puertas a los flujos de capital y a la inversión extranjera. La globalización reciente ha tenido un fuerte sesgo a favor del capital, que tiene mucha más movilidad que la mano de obra; por eso se ha ido fácilmente a los lugares donde es más rentable, mientras que las migraciones humanas han sido restringidas.

La apertura de los mercados ha aumentado extraordinariamente el comercio internacional, lo cual tiende a igualar la rentabilidad del capital y los salarios de trabajadores en distintos países. Por eso Samuelson acuñó “el teorema de la igualación del precio de los factores productivos”, según el cual el comercio internacional acabaría por producir un resultado semejante al de la libre movilidad de todos los factores: con migración o sin migración, los trabajadores acabarían por recibir salarios similares.   

En la vida real, sin embargo, el libre movimiento de capital y las restricciones a la migración de trabajadores han beneficiado al capital más que a la mano de obra (aunque hay países con mano de obra barata, como China, India y Vietnam, que han aprovechado bien esta situación). Antes de la apertura un obrero en una industria de Estados Unidos podía tener un salario de clase media (ingresos en el orden de 70.000 dólares al año), mientras que el mismo obrero en China ganaba 2.000 dólares. El traslado de la industria a China le permitió a la empresa pagar, digamos, 10.000 anuales a cada obrero, mientras que la persona que perdió su empleo en Estados Unidos tuvo que aceptar un nuevo trabajo que pagaba, digamos, 40.000 dólares.  Así la empresa ahorró 60.000 dólares, el obrero norteamericano perdió 30.000 y el obrero chino ganó 8.000. La movilidad del capital al aumentar la proporción de los ingresos del capital en el ingreso mundial, permitió mejorar el nivel de vida en China y disminuirlo para algunos trabajadores en Estados Unidos aunque la gran mayoría de consumidores en ese país se hayan beneficiado por los precios más bajos de lo que compran.  

La tecnología y las transnacionales

Acontecimiento histórico de la Segunda Guerra Mundial.
Acontecimiento histórico de la Segunda Guerra Mundial.  
Foto: Wikimedia Commons

Hace 50 años las teorías de desarrollo económico consideraban el capital, la mano de obra y los recursos naturales como los principales factores de producción. Hoy, el gran avance tecnológico ha hecho que ya no se hable de países “intensivos en capital” o “intensivos en mano de obra”, sino de “innovación” y de “la economía del conocimiento”.

El desarrollo tecnológico de las últimas décadas se ha basado en el avance de los computadores y de la inteligencia artificial, que fácilmente han podido sustituir la mano de obra no calificada. El desarrollo tecnológico ha elevado la productividad de la mano de obra educada y del capital, pero ha disminuido la demanda por mano de obra no calificada.

La globalización también ha tenido consecuencias muy importantes sobre la estructura de las empresas, especialmente las transnacionales. Estas se han fortalecido y hoy forman un gran poder que debilita a los Estados. Las de hoy no son empresas que se limiten a aprender la legislación de cada país para actuar en consecuencia, sino que consideran legítimo presionar a los legisladores y a los gobiernos para que cambien las reglas del mercado.

Los gerentes no han sido elegidos para representar al pueblo pero ejercen un creciente poder político; basta con ver las presiones de Novartis ante el Congreso de Estados Unidos para que eliminara la ayuda a Colombia como respuesta a una acción soberana del gobierno colombiano para disminuir el costo de un medicamento de este laboratorio.

Apple es otro caso interesante. Esta empresa tiene alrededor de 230.000 mil millones de dólares en efectivo fuera de Estados Unidos, o sea aproximadamente 45 dólares por cada una de sus acciones, que se han transado recientemente en la bolsa entre 100 y 115 dólares: o sea que el efectivo fuera de Estados Unidos representa un poco más del 40 por ciento del valor de sus acciones. Y hoy Apple está negociando con el gobierno estadounidense la rebaja de sus impuestos para llevar ese dinero e invertirlo en su país de origen. De igual manera, muchas compañías estadounidenses han estado comprando empresas extranjeras para mudar su sede y dejar de pagar impuestos en su país.

Aunque los comportamientos de las empresas transnacionales no son idénticos, en muchos casos estas acciones corporativas pueden catalogarse como un capitalismo de matones.

¿Hacia dónde vamos?

Los procesos anteriores han producido cambios muy grandes en todo el mundo. Por ejemplo, en algunos países pobres que han sabido manejar la globalización se ha logrado un crecimiento económico acelerado y se ha expandido la clase media.

Los gerentes no han sido elegidos para representar al pueblo pero ejercen un creciente poder político.

En países desarrollados, como Estados Unidos, las distribuciones del ingreso y de la riqueza se han deteriorado, la clase media obrera ha perdido terreno y las personas educadas en las tecnologías modernas y el sector financiero han visto aumentar sus ingresos. Pero en estos países la insatisfacción de los grupos perdedores los ha llevado a radicalizarse y a adoptar una reacción nacionalista y racista, contra la inmigración y el comercio internacional.

Y en otros países, como Colombia, que optaron por no desarrollar la economía del conocimiento e insistieron en promover las ventajas comparativas de los recursos naturales, se han registrado bonanzas de corta duración y se ha mantenido el modelo de exportaciones con poco valor añadido, que siempre ha sido un gran obstáculo para el desarrollo sostenible y (en nuestro caso particular) para financiar el gasto que requiere el gobierno para resolver los conflictos internos.

En conclusión, aunque el capitalismo ha sobrevivido al comunismo y algunos países antes comunistas (como China) tienen hoy sistemas capitalistas de Estado, las tensiones también se han acentuado y han socavado la cohesión social, aumentando la frustración de amplios grupos sociales. La situación actual es tan compleja que no es posible pronosticar cómo será el futuro. Tal vez por eso la elección de Donald Trump ha sorprendido a tantos analistas.

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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