Elecciones en Estados Unidos: ¿de dónde salió Trump? - Razón Pública
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Elecciones en Estados Unidos: ¿de dónde salió Trump?

Escrito por Francisco Thoumi

La candidata demócrata Hillary Clinton.

Francisco E. ThoumiUn sistema electoral muy poco transparente, un amplio grupo de votantes que fue golpeado por la globalización y un demagogo que sobre-simplifica lo complejo son tres razones que explican la emergencia de este dudoso empresario como aspirante opcionado al cargo más poderoso del mundo.   

Francisco E. Thoumi*

Perplejidad

El surgimiento de Donald Trump como candidato presidencial ha sido un espectáculo inaudito que tiene perplejos y preocupados a muchos observadores en el mundo.

Para entender como un multimillonario que amasó su fortuna utilizando los resquicios de las leyes de manera totalmente amoral y apelando a los métodos de lo que se puede calificar como un capitalismo matón, va a llegar a ser el candidato del partido republicano es necesario entender tres factores:

  • El abstruso y obsoleto sistema electoral estadounidense,
  • Los graves efectos de la globalización económica y la liberalización de los mercados sobre Estados Unidos, y
  • El papel de los sentimientos en el voto de ciudadanos poco instruidos.

1. La opereta electoral

El republicano Jeb Bush se retiró de la contienda electoral luego de las primarias de Carolina del Sur.
El republicano Jeb Bush se retiró de la contienda electoral luego de las primarias de Carolina del Sur.
Foto: Michael Vadon

El sistema electoral estadounidense pretende ser democrático pero dista cada vez más del ideal de que cada persona tenga un voto de igual valor. El proceso de elección presidencial se asemeja más a un campeonato deportivo con partidos semanales o a un reality show que a un evento democrático.

Para empezar, en cada estado los partidos deciden cómo elegir a los delegados que van a la convención nacional para escoger el candidato a la presidencia. La mayoría de estos delegados son elegidos por votación popular, pero algunos son escogidos por las directivas del partido. En algunos estados los ciudadanos pueden votar por candidatos de cualquier partido, pero en otros solo los afiliados al partido pueden votar por sus candidatos. En algunos estados se utiliza los “caucus” o reuniones donde miembros del partido llegan a acuerdos sobre sus candidatos, mientras que en otros estados la gente vota directamente por los candidatos (las llamadas elecciones primarias).

Una vez se han escogido los delegados que participan en las convenciones, cada partido estipula sus propias reglas sobre la obligatoriedad de votar por el candidato que en principio representa cada delegado: en unos estados los delegados deben votar por ese candidato en la primera ronda, pero quedan libres para votar por otros en las rondas siguientes, en otros estados tienen que votar por lo menos dos veces por su candidato, o tres veces, y así sucesivamente.

Los caucus y las elecciones primarias no tienen lugar el mismo día en todos los estados y algunos de ellos, con poca población -como Iowa o New Hampshire- pretenden aumentar el poder de sus ciudadanos al programar las elecciones antes que los demás para que sus resultados influyan sobre los de estados más grandes. Este proceso dura poco más de cuatro meses.

El sistema electoral estadounidense pretende ser democrático pero dista cada vez más del ideal de que cada persona tenga un voto de igual valor. 

Las elecciones en Estados Unidos no tienen lugar en días domingo sino los martes, lo cual dificulta el voto para muchas personas, especialmente para los más pobres que suelen trabajan más horas o tienen más de un empleo.

El partido republicano tuvo 17 precandidatos presidenciales que participaron en las primeras elecciones primarias. Dos candidatos eran de extrema derecha: Ted Cruz y Donald Trump, los demás les seguían desde la derecha hacia el centro. La extrema derecha nunca tuvo la mayoría en las primeras elecciones, pero los demás candidatos dividieron los votos de los republicanos moderados y fueron cayendo poco a poco, mientras que Trump obtuvo votaciones por debajo del 50 por ciento pero mucho más altas que las del resto. Seguramente si no hubiera habido tantos candidatos, habría podido ganar alguien como Jeb Bush, el favorito hace un año.

2. La globalización y la liberalización de los mercados

Estados Unidos es el país que más ha sido afectado por la globalización, pero no ha podido aceptar esa realidad.

Dentro de la cultura estadounidense existe la creencia de que el país es excepcional: ha sido el lugar donde quien trabaje con disciplina y cumpliendo las reglas logra un nivel de vida satisfactorio, el cual se eleva de generación en generación. Este “sueño americano” ha hecho que la sociedad admire a los exitosos como Trump, sin importar mucho como lo lograron porque él demuestra que ese sueño es una realidad.

No hay duda de que los obreros estadounidenses han tenido niveles de vida altos comparados con los de otros países, pero eso se debió sobre todo a características estructurales de esa economía que han cambiado de manera muy drástica. Durante mucho tiempo Estados Unidos tuvo poca mano de obra con relación a sus extraordinarios recursos naturales. La falta de una estratificación social rigurosa entre los blancos protestantes permitió una gran movilidad que estimuló la creatividad, la innovación y la acumulación de capital. Además, el tamaño y diversidad del país hicieron que el comercio internacional fuera un porcentaje muy bajo del PIB. En esta economía muy cerrada y con mano de obra escasa los obreros privilegiados satisfacían su “sueño americano”, aunque él se le negaba a algunos ciudadanos de segunda clase (negros, nativos y chicanos).

La guerra civil y la liberación de los esclavos, aunadas al desarrollo industrial, dieron lugar a grandes migraciones de negros al norte industrial. La segunda guerra mundial donde participaron muchos soldados negros creó presión para eliminar la segregación, lo que aumentó la competencia para los obreros blancos. Finalmente, el desarrollo manufacturero en el resto del mundo empezó a desplazar las industrias intensivas en mano de obra (confecciones, por ejemplo) a otros países, y este proceso se acentuó sustancialmente con la industrialización de China en los últimos 30 años.

El gran avance de la información y otras tecnologías de los últimos 50 años han generado muchos empleos bien remunerados, pero estos hacen parte de la economía del conocimiento, no de la de la manufactura del pasado. Esto ha hecho que muchos obreros que trabajaban en el sector manufacturero no hayan encontrado trabajos igualmente bien pagados.

La liberación de otros mercados, especialmente el financiero bajo el gobierno de Bill Clinton, permitió un gran aumento en los ingresos de los empleados en este sector y sentó las bases de la crisis financiera y de finca raíz de 2007-2009 que afectó muy duramente a la clase media, cuyo activo principal era su vivienda.

En el sector educativo se produjo otra reforma financiera. Partiendo de la idea neoclásica según la cual la educación superior es principalmente una inversión, se ofrecieron préstamos a universitarios que hoy acaban sus carreras con grandes deudas acumuladas, y muchos de ellos no logran empleos con ingresos que les permitan pagarlas.   

La conjunción de los factores anteriores ha hecho que la desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza se haya acentuado sustancialmente y que existan grupos profundamente frustrados.

3. Lo simple suena creíble y lo complejo incomprensible

Mitin político de Donald Trump en Phoenix, Arizona.
Mitin político de Donald Trump en Phoenix, Arizona.
Foto: Gage Skidmore

Todo ser humano explica el mundo mediante una combinación entre su personalidad, sus experiencias y su razón. De esta manera los sentimientos y el saber racional se mezclan para formar nuestras cosmovisiones.

En todos los países hay personas naturalmente inclinadas al conservatismo o al liberalismo político, y sus experiencias refuerzan o contrarrestan esas inclinaciones. La complejidad económica y social del mundo moderno hace que existan pocos consensos y que tanto estos temas como las explicaciones de los expertos resulten confusos o incomprensibles para la gran mayoría de personas. Por ejemplo para entender las relaciones internacionales hay que comprender las culturas de los diversos países -culturas que para muchos extraños son simplemente irracionales-. Para evaluar rigurosamente el desempeño de una economía se requieren una especialización y un estudio profundo sobre el tema. De esta manera todos tenemos que tomar decisiones políticas sobre temas complejos que entendemos muy poco y en muchos casos las creencias (“sentido común”) y los sentimientos proporcionan explicaciones facilistas que satisfacen a cada persona.

Estados Unidos es el país que más ha sido afectado por la globalización, pero no ha podido aceptar esa realidad.

Así el discurso de Trump, que promete millones de empleos bien pagados para personas con pocas destrezas, sin explicar cómo lo haría y arguyendo simplemente que él sabe cómo negociar con China, México y otros países y cómo hacer mucha plata, suena mucho mejor y más esperanzador que el discurso de los candidatos tradicionales.

Trump apela además a sentimientos básicos como el miedo a lo desconocido o el racismo que subsiste entre amplios sectores de la población (aunque muchos no se atreven a expresarlo). Este racismo lo expresa Trump cuando pone en duda el lugar de nacimiento o las capacidades mentales y morales del presidente Obama, lo cual valida los sentimientos de muchos. Trump también ofrece chivos expiatorios para achacarles los problemas del país -como decir los mexicanos y los inmigrantes indocumentados- en lugar de admitir que esos problemas tienen causas muy hondas.   

La vivienda es un ejemplo claro. En 1950 la residencia promedio tenía menos de 100 metros cuadrados y el “sueño americano” constaba de una TV en blanco y negro, un teléfono, un baño, un auto, seguro de salud y educación para los hijos. Hoy se espera tener viviendas de 200 metros cuadrados, tres o más baños, varios televisores inteligentes, cocinas gourmet, varios automóviles, acceso a internet, viajes de vacaciones, servicios médicos mucho más sofisticados y educación durante muchos más años… La pregunta que nadie responde es cómo crear empleos que permitan obtener este sueño para un gran número de personas con pocas destrezas y con educación muy deficiente.

Es verdad que las encuestan dan a Hillary Clinton como ganadora. Pero Trump derrotó uno a uno a 16 candidatos con más preparación que la suya, con mayor experiencia, con más organización política, con avales más poderosos y con más favoritismo en esas mismas encuestas a lo largo del último año. En un clima de opinión tan volátil nadie puede estar seguro de que el próximo presidente de Estados Unidos no se llame Donald Trump.   

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

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