Transmilenio: entre la tiranía de los “los vivos” y la necesaria revolución de “los bobos” - Razón Pública
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Transmilenio: entre la tiranía de los “los vivos” y la necesaria revolución de “los bobos”

Escrito por Francisco Thoumi
Francisco Thoumi

Francisco ThoumiA raíz –y más allá- de los “colados” que han llamado la atención en estos días, este análisis punzante sobre el choque no resuelto entre la pre-modernidad y la modernidad como una clave para entender a Colombia.  

Francisco E. Thoumi*

Bus de transmilenio transita por la Autopista Norte.

Un éxito deslucido

Desde su inauguración en diciembre del año 2000, el servicio de la Empresa de Transporte del Tercer Milenio S.A. (Transmilenio) fue un orgullo cívico para Bogotá, un ejemplo de transporte publico digno, y una prueba de que los bogotanos podían actuar como ciudadanos modernos, que trataban a sus conciudadanos con respeto y solidaridad, y que tenían conciencia sobre lo que es un bien público que necesita la protección de todos.

Por todo eso Transmilenio se convirtió en modelo para muchas ciudades del mundo y en una alternativa financieramente viable frente a los sistemas de transporte con trenes subterráneos.

Pero a medida que aumentaban su éxito y el número de sus usuarios, el sistema comenzó a tener problemas:

-En un comienzo fueron sobre todo la congestión y hacinamiento en las estaciones y en los buses, que se agravaron debido a la falta de mantenimiento de las estaciones y a los costos inesperadamente altos de reparar los carriles que utiliza el sistema.

-Después aparecieron o se agravaron los problemas de inseguridad, presencia de vendedores ambulantes, acoso sexual o riñas entre pasajeros… hasta llegar al desafío actual de los “colados”.

Estación de transmilenio en hora pico.
Estación de transmilenio en hora pico.
Foto: Oscar Amaya

Condiciones para el éxito

Estos problemas no son irresolubles, pero su solución supone voluntad política. Por ejemplo, el mantenimiento preventivo de las puertas de acceso a los buses, que no es muy costoso, no se ha llevado a cabo durante varios años: simplemente se hace un mantenimiento correctivo en casos extremos, como los accidentes de usuarios del servicio.

La realidad anterior parece sugerir que la actual administración distrital ha mantenido una política implícita de facilitar la evasión del pago de  pasajes. El resultado ha sido un aumento extraordinario en el número de “colados”, usuarios que simplemente se saltan la consola de control de ingreso, o que atraviesan los carriles y saltan a la plataforma de las estaciones.

El éxito de Transmilenio dependía primera y principalmente de que existiera un gobierno municipal con sistemas gerenciales modernos – como ocurrió en sus primeras etapas-; pero  los mecanismos de gestión se fueron deteriorando con los cambios de gobierno, especialmente durante las dos últimas administraciones.

En segundo lugar, Transmilenio requería una cultura ciudadana para el uso adecuado de los servicios públicos y de profundo  respeto por los bienes públicos.

El problema de Colombia

Pero en Colombia no hay consenso sobre el modelo de nación que se trata de crear. Más bien tenemos un choque permanente  entre quienes viven en la pre-modernidad y quienes viven en la modernidad o incluso en la pos-modernidad.

Para muchas colombianos nunca terminó la etapa de la Conquista: ellos “saben” que la riqueza se captura, que se apropia o se la encuentra, que la sociedad siempre ha sido y será profundamente desigual, de manera que la meta individual debe ser “escalar y pisar duro a los de abajo”.

Dentro de un modelo semejante no hay lugar para lo público: lo que parece ser público es en efecto lo que no es de nadie, y el Estado es un botín, de manera que robarle al Estado es simplemente una forma de obtener “lo que me pertenece”. Por eso los impuestos se deben evadir. Por eso cuando se llega al poder hay que aprovechar “el cuarto de hora”. Por eso los colombianos somos y debemos ser individualistas o en el mejor de los casos, “familistas” es decir, no aceptar responsabilidades más allá de uno mismo y sus parientes cercanos.

La actual administración distrital ha mantenido una política implícita de facilitar la evasión del pago de  pasajes. 

Para otro sector de la población, posiblemente minoritario pero creciente, la meta es construir una sociedad donde existan la confianza, la solidaridad y la equidad. Quienes aspiran a esto reconocen la necesidad de un orden social fundamentado en acuerdos entre los ciudadanos, no apenas en la voluntad de un caudillo político de momento, en una ideología específica y excluyente, o aun en un partido político duradero. Para lograr esta meta se necesitan un proyecto de nación y  un Estado incluyente donde quepamos todos; y esto a su turno supone que los ciudadanos sean proactivos dando ejemplo y exigiendo a los demás el cumplimiento de las normas que permitan una convivencia amable.

Los colados

 Colados en la estación de Patio Bonito de Transmilenio.
Colados en la estación de Patio Bonito de Transmilenio.
Foto: EMBARQ-BRASIL

El drama de Colombia es una lucha entre estas dos cosmovisiones, y el caso de los colados es apenas un ejemplo de este enfrentamiento:

-Para los colombianos pre-modernos, los colados tienen razones para colarse. Por ejemplo El Tiempo de este 20 de abril reporta que “Con el brazo en un cabestrillo y la voz entrecortada, Yurany Cárdenas, la joven de 28 años que perdió a su marido y quedó herida al intentar colarse en Transmilenio, habló de la imprudencia que le cambió la vida: ‘Él me empujó para que el bus no me cogiera y en cambio lo cogió a él. Gracias a él me salvé, si no, yo también hubiera fallecido [….] No se cuelen, de verdad, no lo hagan. Es perder la vida en un instante’, dijo la viuda, hablando despacio, como si esa velocidad le ayudara a contener mejor las lágrimas”.

-No hay duda de que la señora Cárdenas sufrió una tragedia, ni de que toda muerte prematura es lamentable. Sin embargo, desde la perspectiva de un Estado moderno los colados son simplemente unos ladrones gota a gota: roban “de a poquito” pero continuamente y al final sus acciones se traducen en pérdidas no solamente para el Estado – léase los contribuyentes- sino para todos los demás usuarios del transporte público.

Desde la perspectiva de la sociedad pre moderna, los colados son simplemente personas comunes que actúan como buenos avivatos en una sociedad donde esa es la única forma de sobrevivir o de tener éxito.

Más todavia, después de los eventos del cartel de la contratación, del fraude de Interbolsa y de los ejemplos del uso de los presupuestos de muchos municipios, los colados solamente reproducen los comportamientos extractivos que se muestran en los medios como normales entre la “clase dirigente” de Colombia. Parece que muchos creen que “si alguien se enriqueció de manera ilegal e impunemente, es injusto que yo no tenga derecho a hacer lo mismo”. El problema consiste en que si todos actuáramos de esa manera, a la final todos perderíamos.

Y además se olvida que para que un avivato tenga éxito deben existir muchos bobos que se dejen explotar.

El enfrentamiento entre la Colombia pre moderna y la moderna no ha sido resuelto. La generación productiva actual tiene mucha más educación e ingreso que cualquier generación pasada, pero su calidad de vida no es mejor aunque consuma mucho más.

En efecto, lo más que un colombiano exitoso puede lograr en el país es vivir en una jaula de oro protegida por una policía privada, porque la del Estado se percibe como de mentira. No en vano Colombia es una sociedad expulsiva donde el diez por ciento de población ha tenido que salir del país y otro diez por ciento ha sido desplazada internamente.

Para otro sector de la población, posiblemente minoritario pero creciente, la meta es construir una sociedad donde existan la confianza, la solidaridad y la equidad. 

Mientras la mentalidad predominante siga siendo la del conquistador, es imposible crear una sociedad amable o donde el colombiano no le tema al resto de los colombianos y donde se pueda andar tranquilamente por las calles.

Para salir de una situación tan frustrante será preciso que los bobos se subleven y exijan los cambios en los comportamientos, no solo de los colados, sino de toda la población, para legitimar por fin una ética moderna que permita la convivencia satisfactoria y donde el éxito no signifique subir  en la pirámide social para sentirse superior y pisar al de abajo.

De otra manera, igual que en la Colonia, la mejor opción para el conquistador exitoso es llevarse su botín, perdón, su riqueza a España o a Miami y así poder disfrutarla con tranquildad.

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

 

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