¿Son marxistas los padres jesuitas? - Razón Pública

¿Son marxistas los padres jesuitas?

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Francisco ThoumiEl gurú de la derecha en Colombia sostuvo hace poco que el provincial de los jesuitas es un “marxista trasnochado”. El autor analiza su argumento y propone una conversación más razonable sobre el origen de nuestros grandes conflictos sociales.

Francisco E. Thoumi *

Todo reformista es marxista

El 9 de septiembre el ex ministro Fernando Londoño Hoyos en su columna “Marx no ha muerto” en El Tiempo critica fuertemente al padre superior de los jesuitas, Francisco De Roux, por “la homilía que su Reverencia pronunció el día de San Ignacio, especialmente difundida entre decenas de miles de estudiantes de ese venerable claustro.”

Como evidencia, el ex ministro cita al padre De Roux: "La Javeriana está en el corazón de la clase dirigente de Colombia, y este mundo de la dirigencia de Colombia es desde hace décadas una reunión donde hay de todo, y donde hay muchos cínicos, y en la mayoría de los escenarios los cínicos controlan. Por eso hoy el 65 por ciento de los campesinos están en la pobreza, por eso hay en el país 14 millones de pobres y hay 7 millones de miserables con hambre. Por eso la comunidad internacional nos vive preguntando por qué los demás países solucionaron en 10 o 20 años la desigualdad social, la guerra de guerrillas, los secuestros, las grandes bandas criminales y la dominación de la droga… y en Colombia, dirigentes de los más brillantes del mundo, en cocteles y congresos prolongan el espectáculo inhumano de una crisis irresuelta, que hace pensar que beneficia a los cínicos que disfrutan la vida sobre ella. Este es el mundo en que vivimos los javerianos y donde tenemos que ser claros, veraces, profundos en el discernimiento."

El ex ministro Londoño, bachiller de San Bartolomé La Merced y abogado-economista de la Javeriana, interpreta ese párrafo como una expresión de marxismo obsoleto: “El lenguaje es el de un Marx trasnochado, y la idea central también. La desgracia de un proletariado irredento esculpida a mano por una burguesía, que se la llama ahora la reunión de los ‘cínicos’, no supone nada nuevo.”

De Roux, Stalin y Pol Pot

Más aun, ¡las palabras del padre son una incitación a la violencia!: “Si cambian algunas palabras, el fondo es perfectamente reconocible. Y el mensaje también. El mensaje de vindicta que justifica la guerra contra los cínicos, y por supuesto su eliminación. No merecen otra cosa los que se benefician de la desgracia de 21 millones y luego la celebran en congresos y cocteles.

No fue muy distante el discurso que justificó las purgas estalinianas, los gulags y las masacres de Mao. Con uno muy semejante, el Che Guevara ordenó el fusilamiento de miles en La Cabaña, y Pol Pot arrojó al mar a tantos infelices. Perdón. A tantos cínicos.”

¿Cínicos? No. Cínicos

Al leer el párrafo del padre De Roux mi interpretación es bien distinta de la del ex ministro: “La Javeriana está en el corazón de la clase dirigente de Colombia”. Efectivamente, una parte muy importante de la dirigencia del país, incluyendo al ex ministro, fue formado profesionalmente en la Universidad Javeriana.

“Y este mundo de la dirigencia de Colombia es desde hace décadas una reunión donde hay de todo, y donde hay muchos cínicos”. Sin duda la dirigencia colombiana es muy diversa. La palabra “cínicos” es la más ofensiva para el ex ministro. Realmente el uso de esa palabra es desafortunado porque su significado no es claro. Puede significar ser un seguidor de un grupo de filósofos griegos del siglo IV antes de Cristo o, según la Real Academia de la Lengua, el cinismo es la “desvergüenza en el mentir en la defensa y práctica de acciones vituperables”. Estas a su vez son aquellas que “causan injuria”. Otras definiciones son “despreciar en las acciones personales los estándares aceptados de honestidad y moralidad”, y un cínico es alguien “que cree que la única motivación de las acciones humanas es el egoísmo y que no cree en puntos de vista desinteresados o generosos”. Aunque no creo que haya muchos seguidores de los antiguos filósofos griegos, debo concluir que concuerdo con el padre De Roux en cuanto hay muchos dirigentes colombianos a los que se les aplican las últimas definiciones.

“Y en la mayoría de los escenarios los cínicos controlan.” Esta sin duda es una estimación sobre la realidad que idealmente debería poder ser verificada empíricamente. Como esto no es posible, termina siendo una apreciación personal. Sin embargo, los problemas con enriquecimiento ilícito, fraudes, desfalcos, robos, corrupción, etc., en Colombia, sí indican que en muchos escenarios predominan los comportamientos cínicos. Obviamente estos no son monopolio, ni mucho menos, de los javerianos.

Supervivencia y negación del otro

Un problema persistente en Colombia es la negación de que existen problemas generalizados de comportamiento en la sociedad. En la dirigencia se acepta que es necesario reformar o eliminar a “los malos”, pero ellos actúan legítimamente, sus acciones no han tenido nada que ver con la reacción de estos últimos y simplemente son sus víctimas.

Si el padre De Roux afirma que debido a acciones u omisiones de la dirigencia “el 65 por ciento de los campesinos están en la pobreza, [y] por eso hay en el país 14 millones de pobres y 7 millones de miserables con hambre”, estos hechos se interpretan como evidencia del marxismo del sacerdote. Y lo mismo cuando afirma que “por eso la comunidad internacional nos vive preguntando por qué los demás países solucionaron en 10 o 20 años la desigualdad social, la guerra de guerrillas, los secuestros, las grandes bandas criminales y la dominación de la droga… y en Colombia, dirigentes de los más brillantes del mundo, en cocteles y congresos prolongan el espectáculo inhumano de una crisis irresuelta, que hace pensar que beneficia a los cínicos que disfrutan la vida sobre ella”.

Las molestias del subdesarrollo”

Infortunadamente, es cierto que en Colombia nunca ha habido un proyecto que busque construir nación, que genere identidad nacional y que forje solidaridad, respeto mutuo, confianza y reciprocidad. Lo que hemos tenido es una lucha individualista por sobrevivir y subir en la escala social, que ha generado grupos tanto de la élite como del resto de la sociedad, en los que prevalece la anomia, un sentimiento personal de falta de normas, valores e ideales, y que está en la raíz del “todo vale”.

La violencia en casos de anomia es muchas veces sutil porque trasciende las metas económicas y políticas y se convierte en una forma de lograr identidad y auto-afirmación o estima. Por eso, en sociedades donde prevalece la anomia, muchos de los que han resuelto su “problema económico” simplemente no “ven” a los pobres o indigentes, o los consideran simplemente como molestias del subdesarrollo. Por consiguiente, como ellos no son parte de la sociedad a la que pertenece o aspira la persona, sus problemas no son de la sociedad, y no se busca resolverlos: “ellos deben resolverlos como yo resolví el mío”. Así se puede mantener una enorme desigualdad. Los pobres no se organizan porque tienen anomia, y a los ricos no les importan los pobres por lo mismo. En esa lucha individual hay mucha movilidad social, hacia arriba y hacia abajo, y el sistema coopta a los que suben, que aceptan el statu quo como normal.

Y los demás peores

En el resto de la columna, Londoño ataca al CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular) por abogar internacionalmente por el respeto de los derechos humanos y pedir la descalificación del pasado gobierno en ese campo, y al padre Javier Giraldo por haber enviado una carta al rector de la universidad jesuita de Georgetown en la que protestaba el nombramiento del ex presidente Uribe como catedrático. La referencia al padre Giraldo es especialmente grave: “También del padre Javier Giraldo, con el que es mejor no disgustar. Tres dirigentes negros del bajo Atrato, Moya, Blandón y Marmolejo, lo aprendieron muy bien.”

Manuel Moya, Graciano Blandón y su hijo Jair fueron asesinados el 17 de diciembre de 2009 en el bajo Atrato. Germán Marmolejo había sobrevivido un atentado un poco antes. Estos eran líderes afro-colombianos que abogaban por la protección de las tierras comunitarias. Al respecto hay dos versiones:

  • Una, basada en testimonios de guerrilleros capturados, según la cual miembros del Frente 34 de las FARC los asesinaron, y el padre Giraldo era colaborador de las FARC.
  • Otra, que lo hicieron fuerzas oscuras interesadas en desplazar campesinos. Actualmente hay solicitudes de investigación de los hechos de grupos que apoyan ambas versiones.

En la última frase de la columna el ex ministro Londoño afirma que el padre superior, como jefe máximo de la Javeriana, está educando para el odio. La impresión que queda luego de esta afirmación es que cualquier persona que afirme que la sociedad colombiana es injusta y que tiene una serie de problemas crónicos no resueltos, es un comunista o un enemigo social.

Base del capitalismo

Con el propósito de buscar un diálogo, quiero presentar un resumen de las bases de la teoría económica neoclásica, la rama de la economía que durante la guerra fría buscó responder una pregunta fundamental: ¿es el capitalismo superior al socialismo?

Esta vertiente fue desarrollada por Samuelson, Arrow, Koopmans, Debreu, Hurwicz y otros premios Nobel. Utilizando los métodos analíticos más sofisticados, sus trabajos concluyen que las economías descentralizadas llevan a niveles de satisfacción de necesidades mayores que las dirigidas por el Estado, pero solamente bajo una serie de condiciones muy restrictivas. En general, en los textos comunes se afirma que para “maximizar el bienestar” debe haber competencia perfecta. Esto quiere decir que a lo menos: 

  1. No deben existir economías de escala en la producción de ningún artículo o servicio para no generar imperfecciones en la competencia.
  2. Todos los participantes en los mercados deben tener información completa sobre las características de los bienes y servicios transados.
  3. Los mercados deben ser transparentes, de manera que cada participante tenga certeza sobre el precio en el cual se transan los productos sin que haya costos de transacción.
  4. No debe darse externalidades ni en la producción ni en el consumo, es decir, no deben existir procesos productivos que perjudiquen otras actividades (por ejemplo generadores de polución) o artículos cuyo consumo disminuya la satisfacción de quienes no lo tienen.

Es claro que estas condiciones no se cumplen en ninguna parte.

Para el caso de Colombia

Sin embargo, hay otros requisitos que están en el trasfondo de los modelos y que en el caso colombiano son muy importantes:

  • Es necesario que la distribución de la riqueza sea legítima, es decir, que en la sociedad exista un consenso respecto a que quien tiene algo, lo merece.
  • Es necesario que los derechos de propiedad de todos los miembros de la sociedad estén claramente definidos, que sean seguros, y que no cueste protegerlos.
  • Para poder definir bienestar social es necesario que no existan contradicciones entre las “funciones de utilidad” de los miembros de la sociedad, y que los consumidores tengan preferencias consistentes. En otras palabras, que la sociedad sea muy homogénea en cuanto a gustos, y que cada persona elija consistentemente los bienes a consumir. Por ejemplo, “si la persona prefiere A a B y B a C, entonces debe preferir A a C”. De otra forma, no es posible construir una “función de bienestar” sumando las “funciones de utilidad” de los ciudadanos que reflejan las preferencias de cada cual. En realidad, hay que aceptar que la psicología consistente con los requisitos para poder definir el bienestar social de acuerdo con la teoría económica, es profundamente primitiva.

Como estas y otras condiciones no se dan, ni se pueden dar en las economías de mercado en las que siempre habrá ganadores y perdedores, la teoría económica neoclásica saca conclusiones importantes:

  • No es posible generalizar la superioridad de las economías de mercado sobre las dirigidas por el gobierno. Es decir puede haber regímenes capitalistas superiores a los de economías dirigidas, y viceversa.
  • Como las condiciones para “maximizar bienestar” son muchas, hay una enorme diversidad de economías de mercado. Algunas pueden acercarse a lo óptimo, pero muchas pueden ser terriblemente ineficaces. En otras palabras, no todo capitalismo es igual y hay sistemas de mercado que la teoría simplemente no puede recomendar como sistemas que contribuyan al bienestar social.
  • La defensa de un sistema no puede hacerse de manera absoluta. En general, cada régimen está influenciado por la historia, la estructura física (geografía) del país, las jerarquías, las instituciones y los valores de la sociedad. Por eso, cada capitalismo, socialismo, comunismo, etc. difiere de los demás. El problema es poder identificar los factores que hacen que un sistema lleve a sociedades razonables, y aquellos que tienen el efecto contrario.

Riqueza y propiedad

Al comparar sistemas es necesario priorizar las diferentes características utilizadas para evaluar los regímenes. Por ejemplo, si la prioridad es satisfacer necesidades esenciales como alimentación, servicios de salud, educación técnica (no humanista) y vivienda básica, regímenes autoritarios y tan distintos como China, Singapur y Cuba salen muy bien librados. Si las prioridades son libertad de expresión, movilidad y pensamiento, les va muy mal.

El problema de la distribución de la riqueza y de los derechos de propiedad es clave. Cuando la distribución de la riqueza no tiene legitimidad social, no es posible afirmar rigurosamente nada sobre las ventajas de un régimen sobre otro. En otras palabras, si la distribución de la riqueza se percibe como arbitraria por la mayoría de la población, los economistas pueden afirmar que el sistema capitalista produce más bienes y servicios con los recursos disponibles que otros sistemas. Pero si en ese proceso el ingreso nacional se distribuye de acuerdo con la distribución de riqueza existente considerada ilegítima por la mayoría, no importa que tan eficiente sea el capitalismo, no se puede afirmar que es superior a otro sistema que produzca menos pero que distribuya el ingreso de manera más equitativa y aceptable para la mayoría de la sociedad.

Cuando los procesos de acumulación de riqueza individual no son percibidos como conducentes al bienestar social, esta no se considera legítima, y se generan incentivos para que surjan grupos que busquen transferir activos por medios ilegales o violentos. Esto ocurre cuando la riqueza se asocia con la manipulación de leyes, especulaciones financieras, corrupción y acciones semejantes.

Las nubes de humo

En muchos entornos el disenso en Colombia se considera una agresión, por lo que se descalifica al contradictor de quien no se puede aprender nada: “mi interpretación de la realidad es la verdadera y la suya es totalmente falsa”.

De ahí a alegar que el contradictor tiene intenciones escondidas y oscuras y que sus argumentos son simplemente instrumentos para lograr otras metas, sólo hay un paso. En un extremo hay quienes “saben” que quien considere que la sociedad colombiana debe hacer reformas es un “marxista”. En el otro, hay quienes “saben” que quien afirme que el mercado puede llevar a un desarrollo satisfactorio es un “neoliberal”. Desde ambas perspectivas, “el otro” es irredento y con él no se puede dialogar para llegar a un acuerdo.

Si se quiere evaluar el régimen colombiano, es imperativo empezar aceptando que la gran mayoría de los que se consideran problemas sociales tienen raíces endógenas en la sociedad, no exógenas. Los datos que proporciona el padre De Roux son ciertos. Colombia es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. Es un país en el que dados sus recursos agrícolas, es difícil no aceptar que el hambre padecida por partes de la población no tenga que ver con la forma en que el país está organizado, es decir, con el régimen.

Además, después de 200 años de vida republicana no se ha establecido el imperio de la ley. Al narcotráfico se le atribuyen muchos de los problemas de Colombia, pero ¿por qué Colombia concentró la industria mundial de cocaína ilegal? O ¿por qué Colombia compite por el liderazgo mundial en el sicariato, la exportación de prostitutas, la fabricación de dólares falsos, el número de niños guerreros, etc.? Es cierto que en todas partes se viola la ley, pero ¿por qué en Colombia esos fenómenos son tanto más fuertes que en muchos otros países?

El punto es que “los malos” esos “otros” que muchos quieren deslegitimar y acabar, son producto de la sociedad colombiana: han nacido y crecido, han sido educados y socializados en Colombia, y en eso, la dirigencia histórica del país tiene una alta responsabilidad. Acusar al padre De Roux de marxista es una forma de evadir enfrentar los verdaderos problemas de Colombia.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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Francisco Thoumi

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