El silencio como síntoma político - Razón Pública

El silencio como síntoma político

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Medofilo medina

Por qué ninguno de los candidatos quiere hablar de temas tan fundamentales como los que acaba de plantear el Cardenal más influyente de Colombia.

Medófilo Medina *

Las palabras polémicas del Cardenal Darío Castrillón

"No comparto que se llame narcoterroristas a las Farc" fue el titular con el que anunció El Tiempo en primera página de la edición del 5 de abril pasado la entrevista en Cara a cara de María Isabel Rueda al Cardenal Darío Castrillón[1]. Una afirmación que bien hubiera podido levantar polvareda dada la investidura del entrevistado y la condición de dogma oficial de la ecuación FARC=amenaza terrorista. Pero no. ¡Impenetrable silencio sobre las declaraciones del purpurado! Fueron varias las afirmaciones escandalosas de su eminencia que vale la pena recordar.

  • "Todos los colombianos pensantes sabemos que en Colombia vivimos una guerra muy parecida a una guerra civil". Habría que anotar que hay colombianos no pensantes pero con mucho poder.
  • "Hay que abrir los espacios de tipo político". Qué difícil por ahora, eminentísimo señor. El mismo día en que podían leerse las afirmaciones pastorales del Cardenal Castrillón, el presidente Uribe en una sui-generis oración fúnebre durante la ceremonia conmemorativa del coronel Guevara, diagnosticaba con exaltación: "Lo que quieren (las FARC) es hacer política en época electoral, devolviendo los restos del coronel (…)". Reiteró el Presidente: "Bajo mi responsabilidad, las Fuerzas Armadas tienen la instrucción de avanzar en procura del rescate de secuestrados hasta la última hora del Gobierno"[2].
  • Darío Castrillón habló de sus amigos para referirse a miembros de la cúpula de las FARC: "Y lo saben ellos, mis amigos, y me atrevo a llamarlos así, en altos niveles de la dirigencia armada de la guerrilla. Algunos de ellos han estado en mi capilla aquí en Roma, saben que nunca les he ocultado la verdad".
  • La periodista le espeta con irritación: "Pero créame que para la mayoría de colombianos aquí no hay una guerra civil. Aquí hay un pequeño pero poderoso grupo alzado en armas que está matando, secuestrando y que hace rato perdió su rumbo en el narcotráfico". Descarta Darío Castrillón la entrada en los tremedales del maniqueísmo y como continuando un monólogo afirma: "(…) Hay personas que no están en narcotráfico aunque sí en violencia". Y luego, recreando el versículo del Nuevo Testamento -"El que esté libre de pecado arroje la primera piedra"– añade Castrillón: "Ha habido familias reconocidas como distinguidas que entraron a beneficiarse de uno u otro modo del narcotráfico". Y precisa y abunda en la misma senda argumental: "Ha habido gente que se ha pervertido con el narcotráfico en el Ejército, en la Policía, en los cuerpos de defensa personal de los narcotraficantes y de otras personas, y en los delincuentes comunes".
  • Y sobre Cano, cuya captura o muerte quisiera el Presidente Uribe que sirviera de culminación a ocho años de ejercicio implacable de la Seguridad Democrática señala el Cardenal en tono de reminiscencia esperanzada: "Nos hemos encontrado varias veces. En las montañas, en los aeropuertos, una vez en Cartagena, otra en México. Y por teléfono. Nos conocemos y he hablado muy claramente con él y yo no puedo decir que no tiene también una buena voluntad".
  • El silencio como respuesta

    El gobierno no dijo nada de manera explícita en torno a la posición de Darío Castrillón. Es posible tomar como respuesta el discurso del Presidente Uribe el mismo día de la publicación de la entrevista. El Alto Comisionado para la Paz Frank Pearl que en tono de reprimenda se ha manifestado contra miembros de la Conferencia Episcopal Colombiana a propósito de las gestiones de mediación en las entregas recientes de secuestrados, en esta ocasión calló.

    Pero el silencio más clamoroso al respecto ha sido el de los candidatos presidenciales. El mutismo resulta sintomático. Por un lado, luego de ocho años de gobierno uribista, sorprende que el centro de gravedad de la campaña electoral lo haya puesto para todos los candidatos -por supuesto con diferencias- el gobierno saliente. Ninguna campaña se ha presentado como una alternativa definida. Todas hasta ahora fungen como segmentos diferenciables de una escena política suspendida. Se diría que flota en el ambiente electoral una difusa nostalgia de reelección. Situación contradictoria porque es indudable que  todos los candidatos quieren ser presidentes. Al respecto no es ocioso recordar una investigación del historiador francés Mark Bloch sobre los Reyes Taumaturgos. Se trata de la extendida creencia bajo las monarquías feudales según la cual el cuerpo del rey albergaba el poder de sanación. El don se mostraba particularmente eficaz en el caso de la curación de quienes padecían las escrófulas. Todos los candidatos quieren mantener el contacto con el cuerpo místico de la Seguridad Democrática para no quedar privados del acceso a los dones taumatúrgicos que porta la humanidad del Soberano.

    Independientemente de cómo hubieran tomado las afirmaciones del Cardenal Castrillón, ellas por supuesto deberían haber sido objeto de controversia en la campaña presidencial. Sorprende en cambio que los candidatos parecen buscar en lo que trae el aire cada día un motivo para alimentar el debate que no puede tocar temas fundamentales. Con la garrulería que la caracteriza, Noemí salió un día a acusar a Santos de "Caguanero" haciendo uso de un artículo de Daniel Coronel. Ahora el párkinson de Antanas alimentará otros días el debate y brindará la oportunidad de hacer ostentación de transparencia a Mockus y de nobleza a sus contendientes. En una esquina Vargas Lleras grita broncamente contra Chávez en la esperanza de que el expediente de un nacionalismo primitivo le permita remontar la penosa pendiente de las encuestas. Mañana algún otro episodio brindará nuevos ingredientes para mantener un clima de excitación estéril. Mientras tanto los temas fundamentales sobre los problemas del país se guardan celosamente al abrigo de una discusión que objetivamente es fundamental.  Por ello el silencio en torno a las declaraciones de Castrillón sobre la paz y la guerra no resulta sorprendente. Ellas quedarán como los trazos que el viento escribió sobre la arena (la frase es de Herman Hesse).

    Idos en Paz, la Misa ha terminado

    Pero también en el reportaje hay un silencio que corre a cuenta del entrevistado. Como disculpándose, pregunta María Isabel Rueda: "Finalmente me toca tocar (sic) el tema de la pederastia en la Iglesia. Hay la sensación de que este Papa no fue diligente en tramitar esas denuncias cuando era arzobispo…". Castrillón: "Cuando el Santo Padre era arzobispo no hizo nada distinto de cumplir las leyes de la Iglesia. De eso no hay nada más que hablar". Y enseguida el Cardenal remató la entrevista con una suerte de plegaria: "Para todos los católicos mi bendición y para los que no lo son invoco la protección divina en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Si bien los lectores pudieron acogerse a la bendición del obispo unos y aceptar la invocación los otros, difícilmente todos aceptarán que este debate de alcance mundial pueda cerrarse de manera tan expedita (como bien muestra el artículo de Francisco Thoumi en esta misma edición de Razón Pública).  

    El otro, y doble, silencio 

    Aquí en Colombia hubo un caso de pedofilia cuyo tratamiento por la Iglesia jerárquica sentó un precedente nefasto. Correspondió al Padre Efraín Rozo, cuya conducta empezó a ventilarse en los medios en 2006 y a raíz de la acción legal que interpusieron su sobrino Ernesto Rozo y José Antonio Tavera en Estados Unidos contra la Arquidiócesis de Los Angeles, por abuso sexual perpetrado por el cura Rozo contra Ernesto en 1969, cuando el sacerdote estudiaba en la Universidad de Loyola como invitado por la Arquidiócesis de Los Angeles[3].

    "El caso del cura Rozo" fue investigado en Colombia por el Tribunal Eclesiástico de Bogotá, que emitió sentencia donde declaró la inocencia del acusado. Dicha sentencia, según explicó la prensa, no se basó tanto en pruebas que hubieran demostrado la inocencia del acusado, sino en el paso del tiempo. Es decir se absolvió a Rozo por prescripción. El diario El Tiempo comentó en página editorial la sentencia: "La  sensación que queda en la opinión pública es la de un acto de solidaridad de cuerpo de la Iglesia y un anuncio de que esa será la política futura frente a casos semejantes, entre ellos el de un conocido monseñor, director de una casa de acogida juvenil, encarcelado hace tres semanas, acusado de abusar de los niños[4]".

    Habría que recordar además que una semana después de que la Arquidiócesis de Bogotá hubiera anunciado que las acusaciones de abuso sexual contra menores de edad  atribuidas al cura Rozo serían investigadas, el Cardenal Pedro Rubiano proclamó de manera vehemente la inocencia de Efraín Rozo, sin que su alta investidura de arzobispo de Bogotá le hubiera sugerido una actitud de prudente espera de los resultados de la investigación[5].

    Al "caso del cura Rozo" le hice seguimiento por cuanto recordé que cuando yo cursaba sexto de bachillerato en un colegio de Bogotá en el año de 1965 se comentaba por parte de algunos estudiantes sobre el acoso sexual que se practicaba en un plantel educativo dirigido por religiosos, en el norte de la capital y ya entonces el nombre del cura Rozo era lamentablemente conocido como protagonista de abuso sexual de menores.

    Por supuesto el tema de la pederastia en la Iglesia no es un asunto de debate de exclusivo interés para los católicos. Es materia de atención para el conjunto de la sociedad en la medida en que toca de manera sensible la moral colectiva y la salud pública. Venturosamente hay líderes católicos que han abordado el tema con valor. Es el caso del prestigioso teólogo alemán Hans Küng, quien ha puesto la controversia en relación con el mantenimiento del celibato eclesiástico en la Iglesia Católica. El compatriota de Benedicto XVI no sólo ha rechazado la expresión del santo celibato usada por el Papa sino que ha descartado que se le pueda presentar como un dogma. Al contrario lo ha señalado como una institución inmoral, que no existía antes del siglo XI D.C.

    El silencio entonces en torno al cara a cara del Cardenal Darío Castrillón ha sido doble, tanto por ignorar lo que dijo como por la indiferencia frente a lo que calló.

     *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

    Notas de pie de página


    [1] El Tiempo, 5 de abril de 2010, p. 1.

    [2] El Tiempo, 6 de abril de 2010, p. 1-4.

    [3] eltiempo.com, Sección Justicia, 2 de octubre de 2006.

    [4] eltiempo.com, Sección Editorial, 25 de julio de 2007.

    [5] eltiempo.com, Sección Vida de Hoy, 10 de octubre de 2006.

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