Timochenko, Jorge Manrique… y Juan Manuel - Razón Pública
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz Timochenko, Jorge Manrique… y Juan Manuel

Timochenko, Jorge Manrique… y Juan Manuel

Escrito por Medófilo Medina
Medófilo Medina

medofilo medina

paz

Comentario esclarecedor sobre una carta reciente del comandante guerrillero al Presidente de la República: para llegar a la paz hay que encontrar un nuevo lenguaje.  

Medófilo Medina*

Innovación estilística

Al leer el título de este artículo es posible que se encienda una chispa en la pupila de un eventual informante al barruntar que descubrió una pista para identificar una de las cuerdas de “infiltración de las FARC”. 

Medofilo Medina Jorge manrique
Jorge Manrique
Foto: Wikipedia

Sí, es una cuerda, pero hilvanada con los hilos de la lírica que enlazan al comandante de las FARC y al presidente Santos con un excelso poeta castellano del siglo XV: Jorge Manrique.

Me refiero a la carta más reciente de Timochenko al mandatario y que se divulgó el pasado 14 de agosto bajo el título: Cuando morimos, descansamos, Santos.  El apellido — en vocativo — remata el verso final de la estrofa quinta del extenso poema de Jorge Manrique conocido como Coplas a la muerte de su padre (el poema que muchos de los lectores tal vez recordarán por sus líneas más famosas….”nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar…”).   

Desde su primera carta al actual presidente de la República el comandante guerrillero ha hecho uso de metáforas y giros literarios que buscan fortalecer la eficacia del argumento. Movidos por el prejuicio, columnistas y observadores del conflicto interno han comentado con sorna la novedad del estilo epistolar.

Es cierto que unos pocos han expresado su sorpresa e incluso — como María Jimena Duzán — han manifestado una sorpresa favorable frente a la innovación estilística de Timoleón Jiménez.  Al fin y al cabo, no se sabe de nadie que haya muerto por el impacto de un tropo.

Las campanas doblan por muchos

El tema de la carta es la muerte del combatiente en la guerra. Es la respuesta a declaraciones del Presidente de la Republica, Juan Manuel Santos, quien al reiterar su permanente estribillo de que no se puede bajar la guardia, recordó que ha dado la orden de matar.  Eso incluye naturalmente a Timochenko.

Sin embargo, no descarta reunirse con el comandante guerrillero cuando lo demanden las circunstancias de las conversaciones de paz. Por ahora, la Mesa sigue rodeada de agua por todas partes: el llamado de Santos a sus negociadores a regresar a Colombia lo pone en evidencia… así como la orden de regresar inmediatamente a Cuba.

Dado el tema de la misiva, el autor de la carta trae a cuento las circunstancias de la muerte de Alfonso Cano, en términos similares a aquellos utilizados por el arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, para referirse a la operación del 4 de noviembre de 2011, en desarrollo de la cual los militares “no quisieron preservar la vida” del jefe insurgente: “Era un hombre reducido a la impotencia, un hombre de 60 años, herido, ciego y solo”, dijo el obispo[1].

Timochenko recuerda a Santos que las armas oficiales no sólo acaban con la vida de guerrilleros: también con las de campesinos y mineros en medio de las protestas.  Invita al mandatario a no olvidar que — en pleno proceso de paz — cada cuatro días ha sido asesinado un defensor de Derechos Humanos durante los últimos siete meses de 2013.

La perspectiva de la muerte propia

Al trascender el plano de los acontecimientos concretos, el autor de la carta toca la cuestión de su propia muerte.  En cartas y manifiestos — en respuesta a los reportajes que conceden los generales — los dirigentes de las FARC suelen reiterar la idea de que las amenazas de muerte, por sí solas, no obran como factor de disuasión que los lleve a  pensar en apartarse de la lucha armada. 

En efecto, mal puede entrañar novedad la mención de la posibilidad de una muerte violenta para quien incorporó tal perspectiva en su horizonte existencial. Frente a las FARC, la discusión al respecto debe plantearse en términos políticos.

Desde luego, la exaltación de la muerte propia está asociada en la guerrilla con el hecho de que en toda guerra se causan muertes ajenas. En una confrontación tan prolongada y degradada como el conflicto interno colombiano, la muerte propia difícilmente puede ser fuente de legitimación éticamente sustentable de un curso de acción político–militar. Tampoco se puede aceptar como indicador de superioridad moral, una pretensión invariable de las FARC.

En tal sentido, probablemente han ejercido más influencia como argumentos en favor de la decisión de ir a la negociación las consideraciones formuladas sobre los límites de la opción guerrillera en el escenario político y social actual de América Latina, que en diversos momentos han expresado — bajo el formato de llamamientos a favor de la paz  —mandatarios de América Latina como el desaparecido presidente Chávez, Fidel Castro y Pepe Mujica. 

Medofilo Medina Timochenko
Timochenko
Foto: Tomada de video de Telesur

Más allá de un verso

Pero volviendo al estilo epistolar de Timochenko, salta a la vista que no cita el verso como un fragmento rítmico suelto, que solo buscara un efecto sonoro en el oído, separado del contexto poético que lo originó.

Es evidente que el autor de la carta posee un conocimiento retal del poema: combina dos segmentos del mismo en una unidad para aumentar la fuerza de su argumento. Adiciona, manu militari, al último verso, el vocativo Santos que establece el nexo entre el poema y la intencionalidad política inmediata de Timochenko.

No sobra señalar que las coplas de Jorge Manrique constituyen una de las cumbres de la lírica castellana: escritas en el siglo XV, resultan equiparables al Cántico espiritual, la saga erótico–mística de San Juan de la Cruz en el siglo siguiente.  En ambos casos, se trata de una poética técnicamente compleja.

Timochenko se inspira de la filosofía de las coplas —  una extensa elegía a la muerte del padre — porque resaltan la fugacidad de la vida y la crucial potencia igualadora de la muerte. La veta pedagógica que atraviesa el poema le permite ofrecer al lector una profunda lección en su debate con Santos. 

Las coplas de Manrique están impregnadas del sentido de trascendencia cristiana:

Este mundo es el camino
Para el otro, que es morada
Sin pesar.

El guerrillero comparte la dimensión trascendente, pero su horizonte de trascendencia es social, humanístico: se sitúa en el reino de este mundo, en el pueblo.

Para comprender al otro

En fin, al destacar algunos elementos del mundo intelectual del guerrillero y de sus recursos polémico–literarios, se quiere llamar la atención, por un lado, a la necesidad de comprender en toda su complejidad al otro — al enemigo — aun en medio de la guerra: un elemento de realismo que puede mejorar las posibilidades de una negociación.

Por otro lado, la paz no se hará viable a menos que se transformen los dispositivos culturales y se alteren las visiones en una sociedad sumergida bajo las ondas de la centralidad de la guerra, construida por intereses diversos.

Ahora bien, esas transformaciones deben comenzar por la forma como se utiliza el lenguaje.

Este mundo es el camino
Para el otro, que es morada
Sin pesar;
Mas cumple tener buen tino
Para andar esta jornada
Sin errar;
Partimos cuando nacemos,
Andamos mientras vivimos,
Y llegamos
Al tiempo que fenecemos:
Así que cuando morimos,
Descansamos.

El perfil del autor lo encuentra en este link.

[1] Al respecto, es pertinente leer la entrevista de Semana al arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve: “A Cano no le preservaron la vida”. 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies