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Colombia, los migrantes venezolanos y la ofensiva de Trump.

Escrito por Medófilo Medina
Migrantes venezonlanos en la pandemia

Medofilo MedinaAnte la avanzada naval de Estados Unidos y el retorno de migrantes en medio de la pandemia, la recuperación de las relaciones entre Colombia y Venezuela se hace todavía más urgente.

Medófilo Medina*

La ofensiva de Trump

En plena crisis sanitaria por el coronavirus y con las elecciones presidenciales acercándose, Donald Trump decidió poner de nuevo a Venezuela en el centro de su agenda.

El 26 de marzo, cuando el gobierno aún no tomaba medidas serias contra la pandemia, el Departamento de Justicia anunció al estilo de las películas de vaqueros el pago de una recompensa de quince millones de dólares para quien diera información sobre el paradero de Nicolás Maduro, acusándolo de exportar cocaína a Estados Unidos.

El 31 de marzo, Elliot Abrams, enviado especial de Washington para Venezuela, divulgó un plan de transición política: tanto Maduro como Guaidó tendrían que dar un paso al lado. Miembros elegidos de la Asamblea Nacional conformarían un Consejo de Estado y llamarían a elecciones, en las que Maduro y Guaidó podrían presentarse como candidatos.

De manera sorprendente un día después, el primero de abril, Trump anunció el envío de tropas y la operación naval puesta en marcha hacia el mar caribe y el pacífico oriental. Acompañado por el Fiscal General y el Secretario de Defensa, el presidente sentenció en su rueda de prensa consagrada al coronavirus: “no podemos permitir que los carteles de la droga exploten la pandemia”.

Para algunos, sus intenciones son otras. El historiador Steve Ellner señala que, por la forma como funciona el sistema de colegio electoral en Estados Unidos, un poco de agitación sobre el asunto de Venezuela y el cambio de algunos votos entre los residentes cubanos y venezolanos en el estado de Florida podrían ser la diferencia entre la victoria y la derrota de Trump en las próximas elecciones.

La decisión de acudir a la guerra de intervención es tanto más inhumana si se considera la crisis humanitaria que azota a Venezuela —y a la cual contribuyeron las sanciones ilegales impuestas por Washington y sus aliados, así como el bloqueo, contra todo derecho, de recursos propiedad del país— y la magnitud alcanzada por la COVID-19 en los propios Estados Unidos. Incluso algunos halcones se han distanciado de esta estrategia.

Le recomendamos: Venezuela: ¿será posible volver a la democracia en medio de la pandemia?

¿A qué le apuesta Colombia?

Ante los medios de comunicación, el ministro de defensa de Colombia, Holmes Trujillo, “aplaudió que Estados Unidos esté reforzando su lucha contra el narcotráfico en la región”. Si bien negó que las fuerzas militares colombianas estuvieran participando, lo hizo en términos ambiguos, que no dan claridad sobre la posición del gobierno colombiano.

Migrantes venezolanos más vulnerables en la pademia

Foto: Alcaldía de Bogotá
Los migrantes venezolanos son en su mayoría población altamente vulnerable en esta crisis.

Estas declaraciones provocaron una carta de 23 congresistas y diversas organizaciones sociales, exigiéndole al presidente Duque abstenerse de participar al lado de los Estados Unidos en su actual intervención contra Venezuela. Incluso El Tiempo editorializó contra el involucramiento de Colombia en la ofensiva naval estadounidense.

Resulta muy difícil confiar en la posición de Colombia cuando el movimiento de sus fuerzas militares en la costa norte del país se desarrolla al tiempo con la vasta operación militar ordenada por el gobierno norteamericano en el Caribe.

Los migrantes y el coronavirus

En medio de todo esto, la situación también es seria para Colombia, que comparte 2.219 kilómetros de frontera con Venezuela y que hasta el primero de marzo albergaba a 1.825.000 venezolanos —y entre ellos a 1.025.000 en situación jurídica irregular—.

Ahora más que nunca, la situación exige una coordinación entre los gobiernos de Colombia y Venezuela para hacer frente a la situación en la frontera, pues el retorno de venezolanos a su patria ha venido en aumento. Para enero y febrero de 2019 hubo 55.000 registros de retorno, y para los mismos meses de 2020 el número fue 70.000. Sólo en la primera semana de abril salieron hacia su país 3.500 venezolanos.

Esas cifras advierten sobre el peligro de contagio en caso de no llegar a un acuerdo entre los gobiernos de Colombia y Venezuela para manejar adecuadamente la pandemia y aplicar protocolos estrictos de protección. Ni la salida de Colombia, ni el ingreso a Venezuela pueden producirse por avalanchas. También los desplazamientos desde el lugar donde viven a la frontera son peligrosos si no se ejercen el control y protección adecuados.

Los territorios y la gente de los dos lados de la frontera colombo-venezolana podrían llamarse, como lo hizo en 1996 el escritor Uslar Pietri, “un tercer país”. Se trata de regiones que tienen relaciones peculiares con las instituciones de cada país. Además, operan grupos criminales y organizaciones insurgentes, y es muy difícil controlar los más de 300 lugares de entrada y salida.

Por eso no es sorprendente que muchos calificaran como “constructiva” la invitación de Andrés Pastrana a que se establecieran canales de comunicación entre Duque y Maduro para hacerle frente al coronavirus.

Ya el canciller venezolano Jorge Arreaza había manifestado ante medios de comunicación colombianos su fracaso en encontrar alguna comunicación con la Casa de Nariño a propósito del manejo de la pandemia en las fronteras.

Ofensiva de Trump contra Maduro

Foto: Presidencia de la República
El gobierno de Iván Duque ha expresado su apoyo a la ofensiva de Trump en contra del gobierno de Maduro.

Lea en Razón Pública: Colombia debe restablecer las relaciones con Venezuela

Restablecer relaciones

Hace pocos días, 300 personas, representantes de diversas fuerzas de oposición tanto del chavismo como de diversos partidos y plataformas ciudadanas, firmaron un llamado “a la opinión pública venezolana para incluir a todos los sectores políticos y sociales para lograr “acuerdos institucionales que permitan la solicitud concertada de la ayuda internacional”.

Se trata de un ensayo urgente de unidad ante el peligro. La propuesta podría sentar las bases para superar la fatiga social engendrada por la polarización entre el gobierno y el sector más exaltado e intransigente de la oposición.

Para superar la profunda crisis venezolana y estimular los esfuerzos que tienen lugar en Venezuela por una salida democrática independiente, sería útil avanzar en la recuperación de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela. Al tiempo, se encontrarían caminos solidarios para enfrentar la amenaza común de la COVID-19.

Por suerte, hay instrumentos jurídicos, convenios fronterizos y mecanismos convenidos en el pasado que pueden reactivarse para restablecer las relaciones diplomáticas regulares entre los dos países.

Por ejemplo, el 10 de agosto de 2010 ambos países suscribieron una Declaración de Principios y se establecieron mecanismos para profundizar el diálogo político, la cooperación en diferentes áreas y la reactivación del comercio binacional. Otro instrumento es el Decreto 869 de 2016, que creó la Dirección para el Desarrollo y la Integración Fronteriza (DIDIF). Esta buscaba afianzar una política de fronteras estable que ayudaría a las poblaciones de la zona.

También hay un acumulado de conocimiento serio sobre “el tercer país”. Contribuyó en esa dirección entre finales del siglo XX y comienzos del XXI el Grupo Académico Binacional que trabajó bajo la coordinación de los profesores Socorro Ramírez y José María Cadenas y del cual formé parte. Hoy se pueden leer con interés y provecho los diversos informes y libros que publicó el grupo.

Poner en movimiento ese potencial instalado para una fecunda acción binacional tiene una premisa: sustraer la relación entre los dos países del dictado de la ideología y colocarla sobre bases soberanas que permitan protegerla de la amenazante injerencia extranjera.

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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1 Comentario

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Antonio Muñoz Valenzuela abril 13, 2020 - 5:20 pm

La velocidad del mundo ha cambiado, hay tiempo de pensarse cosas que antes nos pasaban de lado, existían, pero la prisa del día día invisibilizaba la profunda crisis e inequidad de nuestro país. La migración Venezolana nos ha tocado a todos, ha despertado en muchos la solidaridad y en muchos otros la xenofobia, todo producto de un trasfondo político que va más allá del continente. Es tiempo de relacionarse, por la salud , por la vida, por la humanidad. De la crisis por la COVID-19 nace la oportunidad de transformarnos, no podemos volver a la ‘normalidad’ en la que vivíamos, y parte de eso es no seguir haciendo el juego a políticas de estado que utilizan las masas para sus propios intereses, somos países hermanos y es hora de que como pueblo exijamos cambios reales en la políticas internas y en las exteriores. Gracias profesor Medina por mostrarnos este tema que muchos ven pero del que pocos hablan.

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