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Cancún en serio

Escrito por Medófilo Medina

medofilo medinaLa creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe es un reflejo significativo de la nueva geopolítica mundial, aunque Colombia sigue aferrada al esquema obsoleto de la Guerra Fría.  

Medófilo Medina  *

Los gestos

El presidente Obama hizo una profunda reverencia. Los medios precisaron: se trató de una inclinación de 90 grados ante el emperador Akihito en reciente visita al Japón. En algunos círculos de los Estados Unidos el gesto suscitó indignación. Probablemente cierta gente siente nostalgia por el desenvuelto glamour de cow-boy de Bush. En la visita a China dijo Obama el 16 de noviembre de 2009 a sus anfitriones, los gobernantes de ese majestuoso país "Somos dos potencias que cargan con el peso del liderazgo". En esta ocasión también se formularon críticas por el puntilloso cuidado de Obama para no herir susceptibilidades. Los críticos estimaron, por ejemplo, innecesaria la aceptación de que la dosis de contacto no oficial  del Presidente, se restringiera al encuentro con un auditorio integrado por 500 estudiantes, en el Museo de la Ciencia en Shanghai, seleccionados en su mayoría entre juiciosos miembros de la Juventud Comunista. A ellos el Presidente les dio una lección sobre la Libertad y Democracia en Estados Unidos.

Los gestos y palabras me recordaron algún pasaje de un texto de historia de relaciones internacionales de mis tiempos de estudiante. A finales del siglo XIX el Departamento de Estado proclamaba la política de Puertas Abiertas y de igualdad de oportunidades con respecto al Lejano Oriente. Esas divisas contrastaban con el principio vigente para el hemisferio occidental: América para los Americanos. Era obvio: los Estados Unidos habían llegado muy tarde al reparto colonial del mundo y por ello reclamaban un puesto en la explotación de China, Japón, Corea en los cuales se habían instalado con antelación la Gran Bretaña, Francia, Rusia, las viejas potencias coloniales. Obama cerraba un largo ciclo.

De Occidente a Oriente

Pero no hace falta remontarse tan lejos para constatar los numerosos y profundos cambios que han ocurrido en la escena planetaria. Hace apenas unos 21 años el mundo ofrecía otro panorama muy diferenciado del actual: dos potencias, USA- URSS sostenían un esquema de poder geopolítico que parecía destinado a una muy larga duración. En el curso de dos años entre 1989 y 1992 esa formidable arquitectura diseñada en los acuerdos de Yalta y Teherán alimentada en la carrera armamentística y sostenida por la paridad en ese campo, se vino a tierra. El sueño de la hegemonía en solitario de los Estados Unidos pareció ser el curso inevitable de la nueva era. La Guerra del Golfo a comienzos de los años noventa e incluso más tarde los bombardeos humanitarios del Kosovo decididos por Clinton y realizados por la OTAN parecieron corroborar  esa tendencia  que pronto se revelaría ilusoria. Desde entonces se han perfilado toda suerte de nuevas composiciones y recomposiciones de las áreas del mundo determinadas no sólo por el empuje incontrastable de China sino por el ascenso sorprendente de la India, por la recuperación de la capacidad disuasiva de Rusia, recuérdese el aplastamiento rápido de las tropas de Georgia en Ossetia del Sur en 2008 y por muchos otros fenómenos que resultaría prolijo enumerar. Se producen desplazamientos en dirección Occidente -Oriente.

Ciertos eventos que en su momento pasan inadvertidos marcan hitos en esos movimientos tectónicos de las placas geopolíticas. Tras la cumbre mundial económica de Pittsburg que tuvo lugar los días 24 y 25 de septiembre de 2009 los mandatarios del G-7 acordaron turnar las responsabilidades de la supervisión de la economía mundial a un grupo más amplio: el G-20 que incluye a países como China, India, Brasil y Turquía. En Ekaterinburg (Rusia) se reunió por primera vez el BRIC, grupo conformado por Brasil, Rusia, India, China que cuentan con el 43% de la población mundial y que se espera represente para el 2030 el 33% del PIB mundial. Los desplazamientos de los balances de poder también se desarrollan en dirección Sur. El mundo avanza hacia un panorama multipolar.

La Novedad en la Riviera Maya

En América latina el único país que hoy ofrece condiciones para jugar el rol destacado de potencia intermedia en ese mundo multipolar, es Brasil, por su extensión y recursos, por su población y el tamaño de su economía. Los brasileños se muestran dispuestos a hablar en nombre de América Latina. El Presidente Lula dijo dirigiéndose a los ciudadanos del mundo al conocer la decisión del COI sobre la sede de los Juegos Olímpicos de 2016: "No les ofrezco sólo un país de 200 millones de habitantes sino un continente con 400". ¿Cómo se puede tomar ese ofrecimiento? Quizá lo más conveniente sea recibirlo con cauteloso optimismo.

Es a la luz de tales novedades como resulta más adecuado valorar la decisión adoptada en la llamada Cumbre de la Unidad constituida por la XXI Cumbre del Grupo de Rio y la Segunda Cumbre sobre Integración y Desarrollo (CALC) de crear la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe. El extenso y previamente discutido documento firmado por los jefes y jefas de Estado el 23 de febrero pasado en la Riviera Maya proclama como un principio fundacional el multilateralismo. Reconoce explícitamente a la ONU como organismo representativo de nivel superior. La Comunidad será la organización que se forma en América sin la inclusión de los Estados Unidos y Canadá. Atrás quedarán, si la nueva organización se consolida, los esquemas de agrupamiento internacional que respondían a las pautas hegemónicas de los Estados Unidos: la etapa interamericana que va de finales del siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, la etapa panamericana plagada de intervenciones de los Estados Unidos y representada por la OEA. Las metas son las de concertar y proyectar una cooperación entre los países asociados para potenciar sus propios recursos, para promover los acuerdos políticos, diseñar y poner en marcha una nueva arquitectura financiera provista de mecanismos no sólo de fomento sino de regulación. La Comunidad representará a la región en la negociación con otras instancias de integración en el mundo y proclama el reconocimiento de cada país para establecer las condiciones de explotación de sus recursos energéticos.

Con mucha fuerza se destaca la preparación de cooperación energética, de integración económica no sólo comercial sino productiva basada en la complementariedad de las economías. Se proclama el compromiso con el desarrollo de la democracia, la concertación de políticas comunes contra el hambre y la pobreza y la defensa común de los Derechos Humanos. Se hace objeto de la política común la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo cualquiera que sea su origen. Se acordó una nueva reunión de los representantes de los países que integran la Comunidad en Caracas a medidos de 2010 y se espera que a mediados de 2011 la organización entre en pleno funcionamiento.

Pronto los Estados Unidos tomaron distancia frente a la organización y mediante las cultas maneras de Arturo Valenzuela, Subsecretario para el Hemisferio Occidental, lo hicieron saber a la opinión internacional. El señor Valenzuela acudió a la historia para pintar un posible fracaso de la anunciada organización: "Si los historiadores le hacen críticas a eso, es que (sic) muy a menudo estas construcciones terminan siendo de papel y retóricas y no sustanciales". En cambio la historia recomendaría a la OEA: "Yo creo que no sólo Colombia estaría en contra de crear un organismo que reemplace a la OEA. Hay un consenso que la OEA ha tenido un valor histórico importante y puede jugarlo en el futuro; y que lo que hay que hacer es fortalecerla" [1].

Contra esos interesados y sombríos vaticinios conviene recordar que en América Latina y el Caribe se han producido y consolidado organizaciones de integración, mecanismos de consulta y esquemas de mediación en  situaciones de conflicto. Se trata de MERCOSUR, la CAN, el idóneo Sistema de Integración Centroamericano, los parlamentos Andino, Centroamericano, Latinoamericano, el Grupo de Contadora, el Grupo de Río, UNASUR, el ALBA, Petrocaribe. Al revisar esas experiencias hay razones para pensar que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe toma la forma de culminación de esas modalidades y no una inopinada iniciativa. Por otra parte ha venido avanzando un esfuerzo de construcción de una alternativa financiera latinoamericana que se aparta de los esquemas representados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. En mayo de 2008 se firmó el acuerdo por parte de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela para crear el Banco del Sur. "El propósito es -escribe Álvaro Zerda Sarmiento- poner en marcha a partir de 2010 un banco de nuevo tipo, volcado a la integración regional y al desarrollo sustentable, y que desde principios anclados en la justicia social y ecológica pueda actuar allí donde la banca convencional no lo hace"[2].

¡El mundo cambia, Colombia permanece!

Sin duda las cosas se mueven en el mundo y también en América Latina en el campo de la política internacional. Pero en Colombia la escena parece congelada. ¡Bueno!,  el comentario no es del todo justo. Tuvimos antes un canciller de escaso pelo; el de ahora en cambio no teme la calvicie, mira seguro al mundo. Pero en asuntos menos aparentes Colombia sigue proyectando las coordenadas de los tiempos de la Guerra Fría no obstante  que han pasado 21 años desde que esa composición geopolítica se hundió. El establecimiento colombiano sigue jugando la carta de un alineamiento irrestricto con los Estados Unidos de espaldas a sus propios intereses. Y lo peor es que del país del norte llegan incesantemente voces que dicen que no hace falta exagerar en lo de la amistad y llegan en forma de cartas de senadores y representante o en estudiadas "filtraciones" de la CIA. Hay detalles que se aprecian. Recientemente un alto funcionario del Departamento de Estado visitó en una de sus fincas al presidente Uribe. Seguramente el visitante aplaudió el publicitado número que consiste en  tomar tinto a caballo sin dejar que se salga una sola gota del pocillo. Pero luego vino la grosería. Hillary Clinton no incluyó al aliado estratégico, por excelencia, en su gira actual por países de América Latina. Y qué decir de 55 millones de dólares sustraídos a la ayuda en el combate contra el narcotráfico. A raíz de la caída de las exportaciones colombianas a Venezuela muchos empresarios y exportadores se propusieron diversificar los destinos de las exportaciones. Los resultados de tales emprendimientos han resultado hasta ahora fallidos. Ello no se modificará mientras Colombia mantenga una política unilateral que no tiene que ver con las realidades económicas de un mundo globalizado. El embajador William Brownfield dijo por desconocimiento o por cinismo y con el ánimo de asimilar el acuerdo sobre el uso de las bases colombianas por las Fuerzas armadas norteamericanas: "Lo que hemos hecho es actualizar unos acuerdos que hemos tenido con Colombia desde 1952"[3]. ¡Cierto! Se trata del Pacto Militar Bilateral firmado el 17 de abril de 1952 entre Colombia, entonces en plena violencia y bajo el régimen de Laureano Gómez-Urdaneta y los Estados Unidos. Se trata de uno de los documentos más vergonzosos que pueda registrar en la historia diplomática del país. Son motivos de reflexión pertinentes en esta época electoral cuando los candidatos elaboran propuestas, proponen alternativas sobre los grandes o graves problemas. La Política Exterior debe formar parte de ese necesario debate.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Notas de pie de página

[1] El Tiempo, 24 de febrero de 2010, pág. 1-10
[2] UNPeriódico, 13 de septiembre de 2009, pág.6
[3] El Tiempo, 19 de agosto de 200

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