Reseña: FARC-EPE. Notas para una historia Política 1958-2008 Carlos Medina Gallego*. - Razón Pública
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Reseña: FARC-EPE. Notas para una historia Política 1958-2008 Carlos Medina Gallego*.

Escrito por Medófilo Medina
Medófilo Medina

medofilo medinaTomar a las FARC en sus propios términos es tan necesario para quienes se han propuesto exterminarlas como para quienes creen en la salida política negociada. De ahí la pertinencia del libro de Medina Gallego. 

Medófilo Medina *

El libro de Carlos Medina Gallego, "FARC-EPE.  Notas para una historia Política 1958-2008", nos trae las imágenes de una guerra que no termina, si nos orientamos por nuestro juicio y no por el de los funcionarios del gobierno. Decía el Ministro de Defensa Silva Luján en reportaje publicado a fines del año pasado: Las guerrillas son "una organización delincuencial arrinconada, sin comando y control, con capacidad terrorista pero sin proyección militar […] El paramilitarismo, era otro desafío político al Estado… Justicia y Paz, combinado con la acción de la Fuerza Pública acabó con ese fenómeno". El periodista le pregunta sobre el incremento de la inseguridad en Medellín y Bogotá. El funcionario responde, que la tasa de homicidios en Bogotá es más baja que la de Washington. El alto funcionario se refiere a afirmaciones del reciente informe de la Fundación Arco Iris sobre la Violencia como a "cuento chino".  Dos años y tres meses antes el General Padilla de León había  dicho que se está llegando al fin del fin. A la luz de tal visión deberíamos tener la misma disposición emocional frente al libro de Medina Gallego que a la aparición de una obra sobre la Encomienda en el siglo XVII, en el Nuevo Reino de Granada. Sin embargo, ni la información que nos trae la prensa, la radio o la televisión, por filtrada que sea,  nos permite suscribir la versión oficial.

Cuando se alude en tono crítico a la posición, de parte del Gobierno se deja oír el ominoso ruido de la cascada de improperios y señalamientos a los miembros del  Frente Intelectual de las Farc, que estarían dándole oxígeno, por razones ideológicas, a unas realidades que ya no van más.  El empeño más consistente de Carlos Medina en este libro y sobre el cual insiste, incluso con innecesaria redundancia, es el de presentar a las FARC en sus propios términos,  mediante el seguimiento del proceso discursivo de la organización subversiva. Quiero decir, cómo se perciben a sí mismas, qué ideología enarbolan, cómo articulan su memoria y sus imaginarios.

Esta es una labor valiente, fundamental. Atender a sus resultados es imprescindible. Tomar a las FARC en sus propios términos es objetivamente tan necesario para quienes se han propuesto acabarlas mediante su exterminio, como para quienes estamos persuadidos, algunos desde hace muchos años, de que el  camino de superación definitiva de  la insurgencia en Colombia es el de la salida política negociada. Todas las corrientes políticas deberían leer este libro. Pero ello sería particularmente provechoso para las fuerzas democráticas de la Izquierda. Aunque parezca extraño, el Polo, aún hoy,  no tiene  una visión oficial clara sobre el hecho insurgente en Colombia. Algunos de sus dirigentes creen mostrar que la tienen cuando entran en una especie de emulación con el gobierno sobre la contundencia de sus juicios y el veneno de sus diatribas contra las guerrillas. Otros creen que la posición justa puede alimentarse en una nostalgia ambigua de la nefasta táctica o estrategia que nunca se supo bien que fue de la combinación de todas las formas de lucha. Finalmente algunos, los más proclives al cultivo de pautas clientelistas, se refugian en la fórmula oportunista: ni a favor de las FARC ni en contra de ellas.

En las primeras páginas del libro, el autor le confía al lector lo que se ha propuesto: a través de un estudio etnográfico acercarse a la elaboración de una "historia oficial". No me parece exaltante tal horizonte intelectual. Si en las páginas se puede seguir la parábola de las FARC, trazada por ellas mismas, apoyándose en los mojones seguros de sus conferencias desde la primera en 1964, hasta la octava en abril de 1993, y en otros documentos centrales anteriores a las conferencias y posteriores a ellas, el libro representa también una construcción que seguramente no ha sido consensuada con la dirección de la organización. Acuerdo que hubiera tenido que darse y que permitiera en consecuencia hablar de una historia oficial.

Para la etapa de la vida del país siguiente a la aplicación de la política de sometimiento a la justicia, por parte del gobierno de Gaviria, el autor afirma: "Las muertes de Escobar Gaviria y Rodríguez Gacha, dan origen a una lucha criminal entre narcotraficantes, paramilitares y guerrilla por el control de la industria y los recursos del narcotráfico. En ese proceso las FARC  – EP van a tener que decidir si continúan en la tarea de impuestación (Sic) o entran, como ocurre, a controlar la cadena productiva del narcotráfico, en una disputa abierta con el paramilitarismo y los nuevos capos de la droga."[1] En la página siguiente se lee: "Es un tiempo en el cual las FARC -EP afianzan sus relaciones con el narcotráfico en una disputa de territorio y población con los paramilitares, fortalecen sus frentes y los apertrechan con recursos provenientes de la economía de la droga". Me parecería sorprendente que esos pasajes atravesados por la franqueza, las FARC los pudieran haber aceptado como parte de una historia oficial. Si ese fuera el caso estaríamos rozando cumbres épicas de una postura autocrítica.

Hace parte del título del libro una expresión que se puede tomar como una advertencia cargada de excesiva modestia: notas para una historia política. El libro parte de una historia hecha y derecha de las FARC.  Ciertamente cualquier objeto de estudio complejo es inagotable. Me parece urgente, por ejemplo,  que se aborde el examen de la trayectoria de la guerrilla más antigua del mundo, en relación con el comportamiento histórico de la colonización y del tipo sociológico y cultural que es el colono. Por cierto, la relación se ha puesto de presente una y otra vez, pero pareciera que no resulta convincente dado que con seguridad se sigue aludiendo a la condición campesina de las FARC. La relación FARC – colonos, lleva directamente a plantear de manera nueva el peso que en Colombia ha tenido el eterno aplazamiento de una reforma agraria, que si bien no puede identificarse exclusivamente con la dotación de tierra a quienes no la poseen y están dispuestos a trabajarla, sí tiene que incluir un momento redistributivo. De colonos estuvo compuesta la base de quienes lucharon con Marulanda en el Davis en 1952. Zonas de colonización dieron los nombres emblemáticos de las FARC: Marquetalia, El Pato, Rio Chiquito y Guayabero. Ayer los colonos que descuajaron selva y plantaron cultivos de pancoger y hoy los raspachines  que siguen en el Meta, Putumayo, Guaviare, Caquetá, trabajando  en los nuevos espacios de apertura de la frontera agrícola. Estos colonos siguen siendo uno de los sectores que alimenta con invariable constancia el reclutamiento insurgente.

Desde esa perspectiva me ha parecido siempre apasionante el contrapunteo que trazaron las guerrillas de Sumapaz y el Oriente del Tolima -dirigidas por Juan de la Cruz Varela-, en relación con el desarrollo que siguieron los combatientes agrarios del Sur del Tolima. La cronología de los orígenes es la misma y la influencia política, la del Partido Comunista, igual. Los campesinos de Sumapaz temporalmente se fueron a las armas, pero renunciaron a ellas tan pronto como pudieron, en Cabrera el 22 de octubre de 1953.  Luego, cuando el gobierno de Rojas Pinilla declaró la guerra a varios municipios del Tolima, aquellos tercos campesinos volvieron a las armas para luego echar las bases de un nuevo acuerdo de Paz con el gobierno de la Junta Militar en 1957, que haría posible la posterior reinserción del movimiento armado de Sumapaz. Esos antiguos guerrilleros no mutaron en liberales o conservadores, sino que votarían por los comunistas y sus alianzas hasta mucho más tarde de terminado el capítulo militar. Quizá la base social predominante de los del sur sea la explicación de esos desarrollos político militares diferenciados. Ahí vuelve a tomar cuerpo el asunto de los colonos y el paralelo de las contrarreformas agrarias.

Otra veta prometedora de nuevos estudios de las guerrillas colombianas, la ha bosquejado en el prólogo al libro que reseño, Dirk Kruijt en sus observaciones comparativas sobre las guerrillas colombianas con las de Centro América. No sólo sobre las guerrillas, sino también sobre las respuestas gubernamentales a su  desafío. Aquí se impone despejar con toda claridad la apuesta por la comparación, haciendo explícitas las unidades que se tomen en el contraste, los atributos en torno a los cuales se trace el escrutinio de similitudes y diferencias y, el parámetro o parámetros en relación con los cuales se construya  el balance de la comparación.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Nota de pie de página


 

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