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La política después de la paz: una mirada optimista

Escrito por Medófilo Medina

Firma de los Acuerdos de Paz.

Medofilo MedinaEn medio de las señales dispersas o confusas -y hasta contradictorias- esta mirada de más largo plazo deja ver cambios positivos y de gran envergadura en el sistema y en la vida política. Pero hay cosas que hacer para lograrlos.      

Medófilo Medina*

Y los hechos hechos son

En febrero de 2008 salieron a las calles y plazas de Colombia millones de personas galvanizadas por el odio. Marcharon movidas por sentimientos de revancha al grito de ¡No más FARC! Por supuesto la gente había acumulado suficientes agravios de parte de las guerrillas. Y a ello se sumaba la manipulación mediática acumulada a lo largo de las décadas.

Pero hoy se advierten los hechos de la paz de manera contundente:

  • La reducción vertical de los homicidios,
  • Lo que se oye sobre el cese del ingreso de soldados ciegos o mutilados al Hospital Militar,
  • El aumento paulatino del número de turistas extranjeros que han venido a Colombia al tiempo que avanzaban las conversaciones de La Habana, lo anterior generó empleos.
  • Hay auspiciosos proyectos de inversión que se anuncian para ciudades y regiones.

Después del evento de dejación de las armas en Mesetas el pasado  27 de junio, hay medios politizados repitiendo que “las FARC no cumplen”, pero ya la atención a tales declaraciones se irá reduciendo.

Es de prever que  los “sentidos comunes” creados sobre la guerra y la paz se verán cada vez más privados de nutrientes.

El declive de un caudillo

Líderes del Centro Democrático, Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga en campañas por el NO en el plebiscito
Líderes del Centro Democrático, Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga en campañas por el NO en el plebiscito
Foto: Canal Capital

Con la cercanía del proceso electoral de 2018 han comenzado a publicarse las encuestas.

En esta fase esos sondeos tienen un carácter inductivo, es decir que pretenden instalar ciertos nombres en el mercado proselitista a partir de la exposición diferenciada que han tenido los candidatos (as) en los medios de comunicación y en las redes sociales.  Si las encuestas siempre generan reserva, esta debe ser mayor en esta época.

Pero están los líderes que no son candidatos, y aquí las mediciones pueden ser más confiables. Las encuestas de Datexco, Pulso País, Polimétrica de Cifras y Conceptos, realizadas entre junio y julio de 2017 y la última encuesta Gallup de junio presentan una caída de la imagen  del senador Uribe que en promedio se ubica en 10 puntos a partir de los sondeos realizados entre mayo y junio de 2016. Para junio-julio de 2017 la favorabilidad promedio de Uribe alcanza el 43 por ciento,  al paso que el promedio negativo llega al 50 por ciento.

Obviamente se trata de la figura más influyente en el campo de la resistencia al proceso de La Habana y a quien sus partidarios presentaron como el artífice de la victoria y a la vez depositario del “no” en el plebiscito de octubre de 2016.

Tortuoso es el camino, pero es el camino

El encuentro de Colombia con la paz  no será un paseo alegre sino una travesía difícil donde no faltarán sorpresas disuasivas:

Una caída de la imagen  del senador Uribe que en promedio se ubica en 10 puntos.
  • Primero porque la confrontación entre el Estado y la insurgencia continuará mientras la mesa de Quito no desemboque en un acuerdo definitivo.
  • Segundo porque la violencia causada por el narcotráfico no cesará, antes bien es evidente que busca  copar los espacios dejados por las FARC.
  • Tercero porque el Estado está lejos de mostrar una mínima unidad en el compromiso de cumplir el Acuerdo de La Habana. En aras de su interés personal, los altos funcionarios olvidan que si bien el poder público está integrado  por tres ramas distintas (legislativa, ejecutiva y judicial) esa estructura no solo busca garantizar un balance de pesos y contrapesos sino que como dice la Constitución: “los diferentes órganos del Estado tienen funciones separadas pero colaboran armónicamente para la realización de sus fines” (Artículo 113).

La anarquía institucional

La paz es un alto objetivo y un valor de la Nación y por ello su conquista y preservación deberían el ser campo privilegiado para aplicar aquella “colaboración armónica”.

Además la misma Constitución establece taxativamente para todos: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (artículo 22).

Y sin embargo en el llamado posconflicto el poder ejecutivo va por un lado y deja ver sus propias fisuras, las Cortes sientan jurisprudencias sorprendentes, el Congreso da muestras de incoherencia en el desarrollo legislativo vía fast track, y la Fiscalía se muestra ambigua en su decisión de contribuir al cumplimiento del Acuerdo.

Con respecto a esa anarquía institucional traigo sólo un ejemplo que resulta especialmente  ilustrativo. Según la Defensoría del Pueblo en lo que va corrido del presente año van 52 líderes sociales asesinados. Esa cifra llega a 186 si se parte de enero de 2016. Ante esa realidad el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas se empecinó en negar la relación entre estos crímenes y aludió a su carácter “asistémico”. La Fiscalía convirtió tal afirmación en una especie de doctrina. Son posiciones de dos ramas del Poder Público en un país donde está vivo en la memoria el exterminio de la Unión Patriótica. Ahí  sí se podría hablar de una colaboración armónica negativa.

¿Apocalipsis?

Marcha en contra de los ataques cometidos por las FARC.
Marcha en contra de los ataques cometidos por las FARC. 
Foto: Histórico Presidencia de la República

Aunque esta nota se ocupa del mediano plazo, no puedo obviar del todo la coyuntura electoral en la que al menos los ciudadanos y ciudadanas que votan han entrado.

Es importante para todos evitar la instauración de un clima apocalíptico. Para los partidarios de la paz y la apertura democrática es aún más importante mirar al horizonte y graduar las energías. La paz no es hoy por hoy  tan reversible como creen quienes buscan hacer “trizas el maldito acuerdo”.

La afirmación anterior no entraña un llamado a la pasividad sino a la necesidad de actuar de manera asertiva y coherente. Se exagera, por ejemplo cuando de manera unilateral se habla de la polarización del país. Si se tiene en cuenta que en un evento crucial como el plebiscito no concurrieron a las urnas 21.833.898, el 62.5 por ciento del censo electoral, se caerá en cuenta que el fenómeno más preocupante es el de la indiferencia. No me inclino a negar la polarización pero mis consideraciones la relativizan.

El ciudadano de a pie en su soledad no se siente convocado a la participación en los asuntos de bien común. La corrupción lo indigna pero la retórica de los políticos contra ella no lo lleva a la protesta.

¡A la carga! ¿Pero cómo?

A ese respecto cabe pensar en las cuerdas que pulsó Gaitán para llevar a sectores populares a la protesta bajo la consigna: Por la restauración moral de la República ¡A  la Carga!!

En la primera mitad de la década de 1940 en  la calle, en las aldeas, la gente sabía de negocios en las alturas, de escándalos alrededor de la Handel, una empresa alemana intervenida oficialmente, de la manipulación de las licencias de importación. Ni reiteración de nombres, ni de hechos. Una consigna movilizadora. Pero la ventaja de Gaitán provenía del conocimiento y la empatía con la gente de a pie.

En lo que va corrido del presente año van 52 líderes sociales asesinados.

Desde luego no invitaría a reproducir hoy la consiga. En algún momento un grupo político lo hizo, solamente para hacer el ridículo. ¡No! Me refiero al fenómeno de base y a la idea de que la indiferencia política de la mayoría es un tema histórico y no genético, es asunto que demanda análisis concreto y urgente.

De cara a las elecciones de 2018 se proclama por parte de  partidos, grupos y líderes la necesidad de conformar grandes coaliciones. Es el registro tardío de la desaparición del sistema bipartidista que distribuyó las lealtades de los colombianos por casi dos siglos entre liberales y conservadores. El colapso del bipartidismo como sistema, que se dio con independencia de que subsistan agrupaciones para el clientelismo y el mercado burocrático con los viejos nombres, no dio lugar a un  sistema nuevo y consistente de partidos, lo cual ha afectado la reproducción ampliada del sistema político.

El agrupamiento que suele ser visto como partido es el Centro Democrático pegado al liderazgo carismático y autoritario del senador Uribe.  Sergio Jaramillo dijo que el gobierno había estado “a un centímetro” de lograr un acuerdo con Uribe, pero que  al fin este lo había desechado por temor a perder la posibilidad de proyectar la victoria del No en el plebiscito en  la campaña electoral de 2018.  La extrema derecha tendrá que reinventarse al perder a las FARC como su motor de impulso.

Para el campo de la paz, la necesidad de la más amplia coalición es evidente y vital en el futuro inmediato. ¿Se impondrá el buen juicio? ¿Por qué no?

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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