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Participación política de mujeres indígenas en Colombia y América Latina

Escrito por Mónica Espinosa

Mujeres indígenas jóvenes y sonrientes

Mónica EspinosaLas mujeres indígenas deben enfrentar su doble condición a la hora de asegurar la participación y la visibilidad política en sus países. Sin embargo, cada vez es más evidente que su papel dentro de sus comunidades es una fuerza fundamental.

Mónica L. Espinosa Arango*

Los retos políticos de la mujer indígena

Si las últimas dos décadas en América Latina han sido testigos de la ampliación y visibilidad de los movimientos, partidos y activismos indígenas, también lo han sido del fortalecimiento del liderazgo y  la participación política de las mujeres indígenas.

No obstante cabe preguntarse por el alcance de dicha participación, teniendo en cuenta el largo tiempo de silencio que la ha precedido. Y en todo caso no hay duda de que la relación entre géneros dentro de las comunidades indígenas ha estado profundamente marcada por los efectos del colonialismo, la evangelización y el colonialismo interno.

Lo que las mujeres indígenas se juegan en el contexto actual es el replanteamiento intercultural de principios propios de paridad y complementariedad.

La tensión que las activistas e intelectuales indígenas de Bolivia, Guatemala, México y Colombia expresan en sus proclamas y encuentros, oscila entre el replanteamiento crítico de un legado patriarcal que cimentó las desigualdades entre hombres y mujeres, sumergiendo a estas últimas en intrincadas formas de subordinación, inequidad e inferioridad social, y el deseo de defender unas cosmovisiones y bioéticas (étnicas) de cara a las lógicas contemporáneas de despojo territorial, racismo, violencia estructural y menosprecio del valor cívico y político de los pueblos indígenas.

Estamos lejos de resolver esa tensión, y entretanto hay que actuar en medio de problemas de maltrato y de prácticas sedimentadas que le confieren superioridad a la autoridad masculina, sin relegar el objetivo de la lucha por la autonomía y la auto-determinación al que adhieren tanto hombres como mujeres.

Sin más, lo que las mujeres indígenas se juegan en el contexto actual es el replanteamiento intercultural de principios propios de paridad y complementariedad en la arena de gobierno y en la toma de decisión dentro y más allá de sus comunidades, en las redes transnacionales cada vez más fuertes del activismo indígena continental.

Si este proceso se puede calificar o no como un proceso de emergencia de “proyectos de gestión y participación comunitaria impulsados por diferentes organismos de cooperación internacional, organizaciones no gubernamentales y redes de activismo.

Temas importantes en la agenda internacional, como son los patrones globales de feminización de la pobreza, la violencia y la discriminación contra la mujer, los crecientes procesos de urbanización y pobreza estructural de los indígenas, la educación intercultural y el papel de las mujeres como sostenedoras de vida en las nuevas éticas del cuidado, están en el centro de la discusión sobre la destinación de fondos para programas y proyectos que promuevan el avance  de las mujeres indígenas.

De igual forma, la consolidación de procesos de educación intercultural y de formación profesional de indígenas, y en particular de mujeres, ha tenido un crecimiento que no se puede subvalorar.


Organización Fuerza de Mujeres Wayuú. 
Foto: IPES Elkartea Navarra Aula de Internacional y
DDHH

Los casos colombianos

Colombia no ha sido la excepción a este proceso continental, aunque la visibilidad de los debates sea menor y, tal vez, tenga una escala más reducida. Además, cualquier ponderación específica del proceso requiere abandonar pretensiones generalizadoras y adentrarse en los universos de las peculiaridades étnicas y comunitarias, y en su relación con la historia reciente de Colombia.

Por eso, las apreciaciones que aquí presento están mediadas por el conocimiento que se ha ido construyendo con etnografías detalladas de procesos particulares, cuya base metodológica son biografias, relatos de vida, conversaciones y otras herramientas de la Vivian Andrea Martínez, Pauline Ochoa León, respectivamente.

Un común denominador de estas investigaciones es su reflexión sobre el papel de la mujer indígena como “gestora de vida”. En efecto, de diferentes maneras, estas investigaciones se ocupan de la mujer como agente clave en el proceso de producción, reproducción y transmisión cultural de sus comunidades.

La crianza, las ocupaciones domésticas, las labores de cultivo, producción y elaboración de alimentos, de gestión comunitaria y cuidado de la vida social, son actividades que organizaciones y cabildos reclaman públicamente como centrales en la vida sociocultural de sus pueblos; al fin y al cabo se reconoce que en esos ámbitos se forjan los valores comunitarios y los vínculos que son la base de la identidad colectiva.

¿Pero ese reclamo público es la expresión de una práctica cotidiana? Aquí es donde emergen los disensos, algunos sutiles, otros explícitos, y es precisamente hacia allí adonde apuntan estas investigaciones: ¿cómo se valoran socialmente estas actividades?, ¿qué peso tienen a la hora de darle un estatus a la mujer en la toma decisiones sobre asuntos que afectan la vida de la comunidad? En suma, ¿cuál es su relación con nociones propias de liderazgo y autoridad?

El “tejido vivo”

Cada una de estas investigaciones nos adentra en el “tejido vivo” de las mujeres. Cada investigadora es una interlocutora atenta a las “posturas modestas” y los “sentimientos sutiles”, como bien lo expresa Vivian Martínez, manifestados por las mujeres cuando se refieren a sus silencios, sus luchas, sus expectativas y sus frustraciones cotidianas, en un mundo hecho mayormente a la medida de los hombres.

Pero estos no son los relatos de mujeres buenas y hombres malos con los que se sazonan las narrativas hostiles del feminismo o de las reivindicaciones igualitarias de las mujeres. No, estos relatos, estos encuentros y conversaciones van mucho más allá y por eso son tan significativos.

Nos adentran en los mundos pequeños del crecimiento propio y de los hijos, de las etapas de la vida, del movimiento y las búsquedas de trabajo, de mezclas y enamoramientos, de construcción de un sentido de hogar y de arraigo en el mundo frente a experiencias desoladoras de marginalidad, racismo y exclusión en la ciudad y el campo.

Todas sus historias tienen en común largos procesos de lucha y recuperación de la tierra de los pueblos indígenas. 

Poco sabemos de ese contingente de mujeres indígenas que ha salido de sus familias a trabajar en el servicio doméstico en las ciudades; poco de sus dilemas como madres trabajadoras; poco del repudio social que muchas experimentan cuando retornan a sus comunidades; poco de aquellas que entraron a engrosar las filas de los movimientos armados insurgentes; y poco de las perspectivas de vida de aquellas que laboran mano a mano con sus compañeros en sus comunidades. Pero a través de estas investigaciones empezamos a acercarnos a ellas.

Estos primeros acercamientos indiscutiblemente se centran sobre mujeres que de una u otra forma han combatido estereotipos dentro  de sus comunidades y han ocupado cargos de liderazgo en los gobiernos comunitarios o en proyectos de gestión, generalmente asociados con la medicina tradicional y reproductiva o de enseñanza bilingüe e intercultural.

Todas sus historias tienen en común largos procesos de lucha y recuperación de la tierra de los pueblos indígenas. Al igual que los hombres que han marcado la saga de la militancia indígena en Colombia, ellas hablan del nacimiento solitario de su experiencia, de su pensamiento de defensa, del hecho simple, como lo manifiestan, de que empezar a pensar es empezar a luchar y de que el principal colegio en el que han aprendido ha sido la propia vida.


Organización Fuerza de Mujeres Wayuú. 
Foto: IPES Elkartea Navarra Aula de Internacional y
DDHH

Las experiencias e historias de estas mujeres valientes, enfrentadas con azadones, palos y ollas, con niños a cuestas, con moretones en sus cuerpos a luchas profundamente desiguales, son el sustrato de los nuevos relatos y luchas por venir.

Como dice Susana Piñacué, ojalá los hombres dirigentes de sus comunidades sean “más reflexivos, comunicativos, éticos y espirituales”, para que se haga posible una cooperación y enriquecimiento en la causa común de sus luchas. Sí, las mujeres indígenas de Colombia están aumentando su poder, pero el proceso sigue estando arraigado en profundos dilemas y desigualdades.

Y sin embargo no se puede dudar de que ese camino seguirá abriéndose porque las mujeres “han cogido más fuerza”, y como Jacinta Tunubalá, mamá misak del Cauca, muchas lideresas han abierto el camino: “Antes de que yo llegara a ser secretaria se castigaba más a la mujer y a los hombres menos. Yo dentro de mí pensaba, ¿será que las mujeres somos pecadoras, somos malas, somos ingratas para ser tan subvaloradas y que nadie se ampare?, ¿cómo somos? Estábamos pisoteadas. Entonces cuando llegué ahí me paré firme y no dejé castigar ni a una mujer”. 

 

* Ph.D. Profesora asociada del departamento de Antropología de la Universidad de Los Andes. moespino@uniandes.edu.co

 

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