El paro nacional agrario: cuando el mundo del trabajo se levantó - Razón Pública
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El paro nacional agrario: cuando el mundo del trabajo se levantó

Escrito por Medófilo Medina
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Mirada panorámica a las motivaciones, las modalidades y las raíces de la protesta social que recorre al país, a las respuestas que le ha dado el gobierno, a los logros que ya han sido obtenidos y a las interpretaciones que ha tenido el movimiento.

Medófilo Medina*

El sueño de las escalinatas

Al pensar en los participantes en el Paro Nacional Agrario que se inició el 19 de agosto  y en los de los demás paros que lo precedieron a partir de junio, me encuentro evocando la exasperada convocación a los explotados y marginados de la tierra, en el poema de Jorge Zalamea El sueño de las escalinatas: “Que vengan todas las gentes de sudor y de pena…”. 

“Labriegos” de Boyacá, raspachines del Catatumbo, cafeteros de Chinchiná y del Huila, paperos de Ventaquemada, cebolleros de Aquitania, lecheros de Ubaté, paneleros y cacaoteros de Santander,  arroceros de Campoalegre y Hobo, Alverjeros de Sumapaz, maestros de toda Colombia, enfermeras y auxiliares de los hospitales de Kennedy y Soacha, camioneros de la Línea, estudiantes de las universidades públicas y privadas, cilantreros de Usme, indígenas de hoy y de siempre, afrodescendientes del Valle y del Cauca.  La enumeración de los sectores muestra la diversidad de las gentes y regiones que han entrado en la corriente del movimiento actual. 

Todos se enfrentan a un gobierno que al menos frente a la protesta ha mostrado unidad y que, por supuesto se apoya en una impresionante maquinaria represiva aceitada  por la irrigación de recursos dedicados a la guerra interna. 

En el proceso abigarrado de la protesta social fue el mundo  de los trabajadores rurales el que se constituyó en el eje, y no es difícil saber las razones: 

· En primer lugar ha sido el agrario, el sector preterido por las políticas económicas desde hace muchos años.  

· En segundo lugar la pequeña y mediana producción campesina, colonizadora e indígena fue la más duramente castigada por las políticas neoliberales y por toda la violencia con sus secuelas de muerte, humillación y desplazamiento. 

No obstante lo anterior el mundo del trabajo rural mantuvo una vitalidad asombrosa. El Paro Nacional Agrario llevó a las calles, vías y plazas de Colombia, la indignación represada por decenios y puso en manos del gobierno pliegos de exigencias perentorias. 

En los gritos y acciones de la gente así como en las mesas de negociación no aparecieron sólo reivindicaciones puntuales sino evaluaciones  críticas de las políticas económicas y de las políticas en su conjunto.

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Foto: MARCHA PATRIÓTICA -ESMAD
diluye las protestas en la Plaza de Bolivar. 

“El poder son redes”

Pero hay además un fenómeno novedoso y significativo: la fuerza de la organización. No obstante las terribles violencias que se precipitaron  sobre el campesinado mestizo, indígena y afrodescendiente así como sobre los colonos, unos y otros lograron preservar una parte de las organizaciones y las han relanzado, al tiempo que han creado otras nuevas. 

Convergen Juntas de Acción Comunal, núcleos de la vieja ANUC, algunos sindicatos, cooperativas, numerosas ONG, etc. Si el historiador Británico Michael Mann tiene razón al afirmar que el poder social son redes, en el campo colombiano se cuenta con una realidad promisoria[1]

Ese paisaje organizativo se acompaña en alguna medida de un desarrollo cultural que ciertamente no comprende a todo el campo colombiano pero que se advierte en diversas regiones por el aumento de la alfabetización y el acceso a las posibilidades que ofrece el Internet. Hoy los campesinos de regiones apartadas pueden comunicarse en segundos con instituciones internacionales cuando son objeto de agresión por los actores violentos, estatales, paraestatales o insurgentes. Los campesinos se han capacitado ellos mismos pero han sido favorecidos también, por el concurso de jóvenes intelectuales llevados al campo por sus convicciones como por el desempleo profesional urbano. Y lo anterior no obstante que para fines de 2012 la pobreza rural llegaba al 46, 8 por ciento.

El manejo de la protesta social

Me referiré sólo a los comportamientos oficiales, y en primer lugar a las marchas y contramarchas del presidente Santos. 

El hilo de continuidad de la política oficial lo puso de principio a fin la acción del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), que ha convertido al cuerpo policial en la última ratio para tratar los fenómenos colectivos.  Y mientras tanto: 

· El presidente Santos saludó inicialmente el derecho a la protesta; luego agregó que la protesta sí, pero ¡ay! “está infiltrada” por las FARC omnipresentes. 

· Primero apuntó al diálogo como metodología, luego soltó el desplante frívolo del 25 de agosto cuando el Paro llevaba una semana: “El tal paro nacional agrario no existe”. En la tarde retiró sus palabras. 

· Al seguir la alocución del 29 de agosto creí que estaba oyendo el llamamiento de un mandatario moderno, democrático. Su tono era el de la conciliación. Al día siguiente su discurso fue diametralmente distinto: el peor momento fueron las palabras consagradas a la Marcha Patriótica que contenía fuerte carga de malevolencia.

La pasarela de los negociadores

Al Catatumbo viajaron el padre Francisco de Roux y el ex presidente Samper en compañía del vociferante ministro del Interior y Justicia. Volvieron con las manos vacías. Luego se desplazó un tendal de viceministros, pero nada. Por ese tiempo ya había quedado en la lona el componedor prodigioso, José Noé Ríos. Voló luego la alegre comparsa de los Garzón: Angelino y Lucho. ¡Tampoco! 

El fracaso no se debió a circunstancias personales de los negociadores. Se trata de personas competentes y patriotas, pero no era nada lo que podían ofrecer en torno a dos de las exigencias centrales: la renuncia a la erradicación por la fuerza de los cultivos de uso ilícito y  la creación de la zona de reserva campesina. 

El presidente señaló en su discurso de clausura de la reunión con los gobernadores y alcaldes el 30 de agosto: “Somos conscientes de las necesidades de los campesinos, de la crisis estructural que vive el agro colombiano, que no es una crisis que nació en el pasado reciente”. Ojalá esa visión sea la que inspire al presidente de manera consistente.

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Foto: SIG. Tras reunión con dirigentes
gremiales el Presidente Santos anuncia el
Pacto Nacional para el sector agropecuario.

El paro continúa

Importantes vías permanecen bloqueadas en el Norte del Valle, en el Sur del Cauca, en el Meta, en Caquetá. Más allá del movimiento agrario otros sectores, o bien mantienen la huelga o están en preparación de nuevas luchas. 

· En el primer caso están los camioneros porque no ha sido discutido el punto de la rebaja del precio de los combustibles.

· El movimiento del sector salud encabezado por ANTHOC prosigue la trayectoria un tanto cambiante que hasta ahora ha trazado.

· FECODE y el movimiento estudiantil encabezado por la MANE se preparan para una nueva fase. 

Uno por uno

El gobierno ha buscado evitar negociaciones con  una representación de todos los sectores  que han participado en la protesta. Algunos han entrado en esta lógica sin mayores tensiones. Pero al compás de la movilización otros han buscado articular en lógica nacional sus organizaciones.  

A favor de tal estrategia se manifiestan organizaciones como la Mesa Agraria Nacional de Interlocución y Acuerdo (MIA) y la Coordinación Nacional Agraria (CNA). Lo deseable es respetar esos escenarios y no buscar una unidad prematura que dificulte las confluencias respetuosas y realistas.

Hay resultados

Las protestas han alcanzados ya algunos resultados positivos: 

– Los campesinos de Boyacá obtuvieron la modificación de mecanismos para importar agroquímicos y la eliminación de algunos aranceles. También lograron la restricción a las importaciones de pera, lactosueros, tomate, arveja, leche en polvo. Hubo acuerdo sobre la creación de algunos subsidios. Tropezaron con la negativa del gobierno frente al punto importante y promesa de entendimiento con otros sectores de la rebaja en el precio de los combustibles. 

-Los campesinos del Catatumbo han obtenido auxilios económicos para 400 familias a las  que les erradicaron cultivos de uso ilícito, así como subsidios para aquellas que se comprometan con la sustitución de esos cultivos, y entrega de mercados por 6 meses a las familias en pobreza severa que fueron definidas mediante un censo. Temporalmente fue suspendida la erradicación forzosa de cultivos. Pero quedan en pie las exigencias principales, y por eso este paro se mantiene. 

-Las conquistas de mayor calado se refieren a las políticas macro. El gobierno ofreció destinar hasta 1 billón de pesos más para el sector agropecuario en el presupuesto para 2014, y el “Gran Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural” que anunció el presidente se plasmaría en “acciones determinadas, en proyectos de ley, en decisiones de presupuesto, en todo lo que implica darle un vuelco a la política agraria del país”.

“Los sentidos comunes” que se ablandan

Hay victorias intangibles pero muy importantes. 

Al calor de las movilizaciones se ha visto reducida la eficacia del recurso a la infiltración. El término tiene una historia muy prolongada y se ha usado como arma para desvirtuar y descalificar a los movimientos sociales. Es un sentido común administrado con largueza por el establecimiento. 

Cuando los campesinos de Boyacá, los pequeños productores de papa, de arveja o los lecheros, respondían con una carcajada a la pregunta sobre la posible infiltración de las FARC, seguramente estaban poniendo en remojo los códigos arraigados de la comunicación política entre élites y pueblo. 

Porque hay una contradicción evidente entre señalar a las FARC como un aparato militar socialmente aislado y repudiado, y al tiempo advertirlas moviendo los hilos extendidos de  una conspiración nacional. 

Los medios de comunicación, aupados por dirigentes de los partidos y por veredictos apresurados del presidente Santos se han embarcado en promover una matriz de opinión construida sobre la imagen: ruanas vs. Capucha. Sobre ella se avanza la representación histórica del momento: el país estaría situado ante la disyuntiva: vandalismo o autoridad, anarquía o acción militar.

En estos casos es una tarea de los comunicadores sociales independientes operacionalizar los fantasmas. Hubo vandalismo sí, y es repudiable. Hay preguntas necesarias. ¿En que entornos se produjeron los eventos, cuáles son las características sociodemográficas de localidades como Suba y Engativá? ¿Hay elementos en común entre los jóvenes que desafiaban a la fuerza pública en la Plaza de Bolívar el 29 de agosto  y la gente violenta que protagonizó los saqueos e incendios en Facatativá? 

Al lado de los grandes eventos organizados, siempre podrán presentarse hechos espontáneos. Hay brotes vinculados a otros factores. Es conocida, por ejemplo, la guerra sorda por territorialidades y control del pequeño tráfico en la localidad de Suba,  pero ese no es el mismo fenómeno que opera para hechos de anarquía en otras localidades.  Otro paso que dan los comunicadores en el análisis es meter en el mismo saco el bloqueo de las vías realizado por campesinos e indígenas y el asalto a un bus de Transmilenio o un cajero automático en cualquier ciudad. 

Claramente es preciso afirmar que la contradicción central que hoy vive el país está entre quienes quieren abrirle paso a la paz y con ella a una auténtica modernidad democrática y quienes quisieran prolongar la guerra sin término. En tal sentido lo que hasta ahora se ha vivido con la protesta organizada abre esperanzas y crea fisuras en los muros levantados por el prejuicio, los intereses particulares y el autoritarismo. 

Las consecuencias de las jornadas que se han vivido dependen de la asimilación política y cultural de lo que ha pasado. Esa asimilación está en relación con el análisis sereno de lo vivido en estas jornadas.  

*Para ver perfil del autor, haga click aquí 

[1] Michael Mann, Las fuentes del poder social, I Una historia del poder desde los comienzos hasta 1760 d.C., Madrid: Alianza Editorial, 1991

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