¿El ELN en el Vaticano? | Columna Especial del día | Medófilo Medina

¿El ELN en el Vaticano?

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El 19 de mayo del presente año, en su visita a León XIV, el presidente Gustavo Petro le pidió al papa permitir la realización del próximo diálogo del gobierno colombiano con el ELN en el Vaticano. Tal ocurrencia debió complacer mucho a la dirigencia elénica, que invariablemente muestra vivo interés en aparecer en tinglados de paz, más aún si estos se dan en escenarios internacionales. Desde luego para nada debió agradar al papa el pedido, menos aún debió sonarle al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, conocedor claro de las escenas políticas en Colombia y Venezuela. La proposición arroja dudas sobre la seriedad del presidente Petro al formularla, pues ningún sector golpeó la política de la Paz Total con más contundencia que el ELN. 

Más allá de la propaganda

Hoy cualquier persona mínimamente informada conoce que el ELN ha llevado al descrédito las propuestas de paz que, eso sí, invariablemente formula o acoge con interés propagandístico. Lo anterior es más cierto después de tomas de posición recientes en las que esta guerrilla se ha mostrado alejada del objetivo de la revolución en Colombia, para proyectarse más bien como actor en el escenario internacional como parte de la lucha global contra el capital.

El estudio de los intentos de conversaciones y acuerdos de paz entre el ELN y el Estado colombiano es un campo muy aburrido pero necesario de abordar.  Desde el 3 de junio de 1991, cuando se iniciaron en Caracas negociaciones de paz con el ELN, bajo el gobierno de César Gaviria, hasta el 4 de noviembre de 2022, cuando fue sancionada la Ley 2272 que fijó los fundamentos de la política de Paz del presidente Petro, transcurrieron 31 años en los cuales la guerrilla de Antonio García ha jugado demagógicamente a las tentativas de paz.

Los acuerdos frustrados

En el decenio de 1980, cuando bajo el gobierno de Belisario Betancur se inició el proceso de paz con las FARC, el ELN estaba comprometido en desarrollar ofensivas militares. En octubre de 1985 promovió la “Cumbre de la Unidad”, que reunió a las organizaciones guerrilleras que promovieron un paro Nacional que tuvo lugar en junio de ese año, sin que produjera notable impacto.

Las conversaciones con el gobierno de Gaviria se dieron en Caracas. Allí se adelantó la propuesta de cese bilateral del fuego. El 4 de septiembre de 1991 avanzó la segunda ronda de Caracas, en la que se fijó la meta de llegar a acuerdos sobre la convivencia pacífica. En octubre el Gobierno interrumpió los diálogos a causa del atentado del 30 de septiembre del que fue víctima el político liberal y presidente del Congreso Aurelio Iragorri Hormaza. El 10 de marzo de 1992 se reanudaron los diálogos al tiempo que trasladaron su sede a Tlaxcala, México.

No tiene mucho sentido seguir el repaso puntual de los intentos de diálogo del ELN con el Estado. Entre estas conversaciones en Tlaxcala y el inicio de la política de la Paz Total tuvieron lugar ocho intentos de diálogos y acuerdos de paz que no se consolidaron. Fueron conversaciones bajo los gobiernos de Samper, Pastrana, Uribe y Santos, estos dos últimos en sus dos administraciones. Si se atiende a esa historia, se ve que no hay fundamento que haga aconsejable proseguir esa inacabable historia de conversaciones. Además, durante el mismo tiempo se firmaron al menos cuatro acuerdos que no se consolidaron. Y hasta el presente, son muchas las víctimas que ha dejado la guerrilla del ELN.

Anacronismo social y político costoso

En América Latina las guerrillas que se propusieron cambios revolucionarios lo lograron en un tiempo incomparablemente más breve que los años que lleva el ELN en armas en Colombia. Las revoluciones en Cuba y Nicaragua son contundentes ejemplos de esta afirmación. El ELN está empeñado en sostener un anacronismo que no produce sino muerte y destrucción. Ante esta realidad histórica, a la opinión pública no le queda otro camino que exigirle al ELN la cesación de su parábola militar. 

Conversaciones entre el Estado y la guerrilla no podrán alcanzar el éxito si antes no hay una clara decisión de la guerrilla de levantar la lucha armada. Es pertinente recordar que el acuerdo de paz entre el Estado y las FARC fue posible después de que en la guerrilla se dieran las condiciones para que esta tomara la decisión de levantar la lucha armada. 

Durante algún tiempo tuve el convencimiento de que el comandante supremo de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, era una garantía para el acuerdo de paz, dado su poder incontrastable sobre la guerrilla. Pero Marulanda personalmente no tenía condiciones para sostener su influencia política a nivel nacional por fuera de la guerrilla. Esto jugaba como un factor adverso a la paz. Desaparecido Marulanda, otros dirigentes de las FARC con realismo vieron posible una acción política de masas. Y le apostaron a la paz. Por eso digo que este acuerdo no se habría dado en vida del comandante Marulanda.

La acción de las masas no resulta sustituible

Las transformaciones profundas que Colombia demanda no podrán producirse sino por la acción decidida de las grandes masas del país. Es decir, por la obra del campesinado, la clase obrera urbana y las capas medias. Ningún aparato armado está en condiciones de sustituir con éxito la acción y organización de esas masas.

Acerca del autor

Medófilo Medina
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*Cofundador de Razón Pública.

2 comentarios

Medófilo Medina

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Medófilo Medina

*Cofundador de Razón Pública.

2 comentarios de “¿El ELN en el Vaticano?”

  1. Muy contundente. Lo único que queda es la movilización social pidiendo el fin de la guerra descompuesta del ELN y, por parte del estado combatirlos de manera radical a ellos y a todas las estructuras de apoyo. Combatirlos sin ambigüedades.

  2. El persistente fenómeno de las guerrillas, pertenece sin embargo a una especie de largo siglo XX colonbiano? Gracias profe Medofilo. Cordial saludo

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