Nubarrones sobre la Cumbre - Razón Pública
Medófilo Medina

Nubarrones sobre la Cumbre

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Medófilo MedinaRecuento sobre las 8 cumbres que muestran 21 años de historia en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, y que permite ver con claridad qué podemos –y no podemos- esperar de la VII Cumbre que esta semana se reunirá en Panamá.  

​Medofilo Medina

cumbre de las americas OEA Washington

Discursos gloriosos, realidades modestas

Antes que el título de una agenda, la VII Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá del 10 al 11 de abril, propone un eslogan propagandístico: Prosperidad con equidad: el desafío de cooperación de las Américas.

La primera cumbre celebrada en Miami, que tuvo como anfitrión al presidente Clinton, también se fijó altos propósitos: prosperidad, eso sí vinculada con la apertura de los mercados, y promoción de la democracia contra sus enemigos encabezados por Cuba.

Un balance  de conjunto sobre las ocho cumbres pasadas (incluyendo las dos de carácter extraordinario) concluiría que es muy modesta la lista de logros convertidos en realidades en los países de América Latina, pero que cada una de las cumbres  ha implicado grandes movilizaciones internacionales: 34 jefes de Estado y de gobierno de los países miembros de la OEA, organizaciones continentales, sectores empresariales y financieros, representantes de los medios sociales.

Un prisma de observación

Las cumbres de las Américas son hitos que permiten seguir el curso cambiante de la hegemonía de Estados Unidos en el Hemisferio y que a su vez reflejan, de manera aproximada, los problemas de esa hegemonía en el plano mundial. Igualmente las cumbres permiten establecer las tendencias políticas de los países de América Latina y el Caribe durante dos decenios largos: 1994 -2015.

Estados Unidos llegó flotando en aires de victoria a la primera cumbre de Miami en 1994. Entre 1989 y 1991 había colapsado el socialismo en Europa y Estados Unidos reclamaba el trofeo de vencedor en la Guerra Fría. Parecía llegado el momento de su hegemonía mundial exclusiva. Fue en  1989 cuando el economista John Williamson ideó la expresión “Consenso de Washington”, que consagró como dogma la plataforma neoliberal que debían acoger, y que al comienzo en buena parte acogieron, los países en desarrollo. Ese “consenso” lo era de tres centros de poder: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las instancias económicas del gobierno de Estados Unidos.

Presidente Obama
El actual Presidente Estadounidense Barack Obama.
Foto: NASA HQ PHOTO

Vida, pasión y muerte del ALCA

Finalmente en la mesa de la primera cumbre, Clinton puso el modelo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCLAN) que había entrado en vigencia el primero de enero de ese año. Para los estadounidenses resultaba obvio que el TLCLAN debía extenderse a todo el continente bajo el nombre de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En principio los países de América Latina parecían acoger la propuesta, pero las negociaciones se complicaron de manera pronta.

Ya en la II Cumbre celebrada en abril de 1998 en Santiago de Chile algunos países introdujeron la pregunta sobre el interés real de Estados Unidos en contribuir a resolver los problemas de América Latina. De manera algo general se planteó el tema de la relación entre libre comercio y erradicación de la pobreza, y se abordó la cuestión de obligaciones asimétricas de los países productores en la lucha contra el narcotráfico.

A la III Cumbre que tuvo lugar en Quebec en abril de 2001  el presidente George W. Bush llegó  a la ofensiva. Planteó la aceleración de las negociaciones para adoptar el ALCA. Pero el presidente Lula del Brasil formuló observaciones sobre condiciones económicas específicas de algunos países que debían ser tomadas en cuenta antes de firmar un acuerdo. El presidente de Venezuela Hugo Chávez manifestó que el ALCA correspondía a los intereses del imperialismo y no a las necesidades de los latinoamericanos, a tiempo que reclamó por la exclusión de Cuba.

En esta cumbre se hizo pues evidente que la situación política en Latinoamérica había comenzado a desplazarse a la izquierda desde finales de 1998.  Primero Venezuela, luego Brasil seguidos por Ecuador, Bolivia, Argentina, y en alguna manera Chile y Uruguay.  También hubo cambios en Estados Unidos, pero en sentido contrario. Bush logró que se aprobara la elaboración de una Carta Democrática Interamericana que consagró instrumentos de intervención en los países, y que más tarde intentaría aplicar a Venezuela con la colaboración del presidente Toledo del Perú.

En la cumbre extraordinaria celebrada en Monterrey en enero de 2004  se le asestó un golpe al ALCA cuando se quiso reemplazarla con  una modalidad de libre comercio más limitada en sus alcances que la prevista hasta entonces.  Esta cumbre había sido convocada a propuesta de Canadá para estudiar el tema de la pobreza en América Latina. Las soluciones se planteaban en el sentido de favorecer a las empresas privadas, y en el de  la creación de microempresas. Bush destacó como temas de discusión la aceleración de la integración comercial, la lucha contra la corrupción y el terrorismo.

Fue en la Cumbre del Mar del Plata en Argentina en marzo 2005 donde se enterró definitivamente el proyecto del ALCA. Para entonces se estaba creando otra modalidad de asociación, no anclada en el intercambio comercial sino en formas de cooperación marcadas también por principios de solidaridad, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Esta cumbre estuvo animada por la agitación callejera contra el ALCA, Bush ya no tomaría parte en las Cumbres y se llevó con él la bandera enrollada del ALCA.

Obama y las cumbres

A la V Cumbre de abril de 2009 en Puerto España, Trinidad y Tobago, llegó Obama sin mucho que plantear. El mundo globalizado aún se debatía en la grave crisis económica desatada en 2008. Se discutió sobre el acceso de los países latinoamericanos y caribeños a los préstamos de la banca multilateral. Se pusieron de manifiesto las profundas diferencias entre los 34 países a propósito de temas como el papel del Estado. Varios presidentes dejaron claro  que la idea de democracia no podía asociarse con un único modelo.

Durante la VI Cumbre (Cartagena, abril de 2013) al lado del infaltable tema de la Seguridad se abundó sin consecuencias sobre la reducción de la pobreza y la desigualdad, el acceso de las economías en desarrollo a las tecnologías de punta. Se abstuvieron de participar Ecuador y Nicaragua en protesta por la ausencia de Cuba. El anfitrión Juan Manuel Santos quiso aprovechar el evento para mostrar la disposición de Colombia a asumir un mayor liderazgo en la región pero sin renunciar a un alineamiento básico con la política exterior de estados Unidos. Santos se permitió calificar el bloqueo  a Cuba como “un anacronismo en pleno siglo XXI”.

En cuanto a la imagen pública de estos encuentros, la anécdota sintomática de la VI Cumbre fue el escándalo de los agentes de seguridad de Obama que llevaron prostitutas a sus rumbas y se negaron a pagar el servicio hubiera copado el interés de los medios.

El expresidente Estadounidense George W. Bush.
El expresidente Estadounidense George W. Bush.
Foto: Beverly & Pack

 ¿Se fue la Guerra Fría de las Cumbres?

Debido a la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, algunos comentaristas se han referido a la reunión que tendrá lugar en Panamá como la primera “Cumbre Posguerra Fría”. Cuba en efecto ha sido invitada a participar, aunque no sea miembro de la OEA que es el marco interestatal de las Cumbres.

Esa calificación sería adecuada si no mediara el Decreto Ejecutivo de Obama del 9 de marzo de 2015, que estableció de manera alucinada que Venezuela “constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, suficiente para declarar  “una emergencia nacional a los fines de hacer frente a dicha amenaza”.

Esos dos tipos de acción ilustran el enfoque de Estados Unidos que ven el mundo como “el gran tablero mundial” para sus juegos estratégicos. Esta expresión es el título de un libro de Zbigniew Brzezinski,  el ideólogo más influyente en la orientación de la política exterior de Estados Unidos tras el derrumbe de la Unión Soviética. En ese tablero el poder hegemónico mueve las fichas en direcciones distintas, a menudo contrapuestas. Los movimientos incorporan novedades pero reproducen pautas. En América como en Eurasia Estados Unidos mantiene cursos de acción que siguen proyectando algunas de las coordenadas de la Guerra Fría. Pero América Latina no es la misma de la primera Cumbre de las Américas. Ha habido reacciones distintas en torno al Decreto Ejecutivo de Obama, pero son claramente minoritarias las que aceptan la tesis según la cual ese país está facultado para obrar unilateralmente, así tome como pretexto la defensa de los Derechos Humanos o la lucha contra la corrupción.

La VII cumbre en escenario cambiado

En la Cumbre de Panamá se harán sentir las voces de UNASUR, CELAC, el ALBA y otras organizaciones que no hacían parte del paisaje latinoamericano y del Caribe hace 21 años.

El Secretario de UNASUR, Ernesto Samper, ha propuesto que en la Cumbre se debata la eliminación de las bases militares de Estados Unidos en Latinoamérica. Por su parte Raúl Castro ha manifestado que la regularización de las relaciones no implica deponer la independencia del país: “Es imposible seducir o comprar a Cuba” declaró Castro el 17 de marzo pasado en la cumbre de los doce países del ALBA que sesionó en Caracas.

La Cumbre de las Américas se ha venido configurando como un foro múltiple y diverso. En la de Panamá tendrán lugar varios foros paralelos a la reunión de presidentes y jefes de gobierno. Al denominado Foro de la Sociedad Civil Estados Unidos llevará a unas mil personas, entre quienes  figuran muchos miembros de la oposición venezolana y del exilio cubano.  La Cumbre sesionará en el suntuosos centro de convenciones Atlapa,  al paso que en el paraninfo de la Universidad de Panamá se desarrollarán las deliberaciones de la Cumbre de los Pueblos a la cual concurren sindicatos y representantes de los movimientos sociales.

En Panamá se discutirá el tema de la paz en Colombia. Hay muchas razones para esperar un respaldo unánime al proceso de paz  que tendrá repercusiones favorables entre los organismos internacionales y la opinión pública del continente. Seguramente en las reuniones bilaterales del presidente Santos se producirán aproximaciones y acuerdos más específicos sobre este asunto.

Seguramente habrá campo en VII Cumbre para la alusión histórica al Bicentenario de la Carta de Jamaica que ¿estamos? celebrando. Este documento de Bolívar del 6 de septiembre de 1815 es sin duda el escrito público más luminoso de cuantos se han redactado  sobre América y América en el mundo.
 

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