Colombia-Venezuela: De la crispación a la distensión - Razón Pública
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Colombia-Venezuela: De la crispación a la distensión

Escrito por Medófilo Medina
Medófilo Medina

Medófilo MedinaEl encuentro Santos-Chávez abre una nueva etapa en la relación binacional, y esto vuelve a permitir este análisis sereno de los intereses geoestratégicos de cada país, de sus tensiones de fondo, de los avances realizados y de los logros posibles en un contexto regional y mundial que ha registrado cambios sustantivos.

Medófilo Medina *

Herencia envenenada

0105Durante el Quinto Foro Internacional de Filosofía de Venezuela realizado en Caracas entre el 7 y el 14 de julio de 2010 tuvo lugar un encuentro del presidente Chávez con los participantes en el evento. En algún momento, al terminar el acto, pude preguntarle al mandatario si tenía previsto asistir a la posesión del presidente electo de Colombia. La respuesta: "lo estamos evaluando…estudiando". Por el tono de la respuesta, quedé convencido de que Hugo Chávez se haría presente en Bogotá el 7 de agosto. 

Literalmente a horas de terminar su mandato, Álvaro Uribe instauró ante la Corte Penal Internacional una demanda contra Chávez por delitos de guerra y de lesa humanidad, al tiempo que elevó otra ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la supuesta protección a terroristas o actores ilegales en territorio venezolano. 

Con estos desesperados manotazos, Uribe reaccionó con cierta tardanza contra las declaraciones y señales dadas por Santos para normalizar las relaciones de Colombia con sus vecinos. 

Distensión y novedad

La provocación de Uribe quizá impidió la presencia de Chávez en las ceremonias de posesión, pero no pareció influir en la confección de la agenda internacional de Santos. En efecto cuatro días después de la posesión se realizaba un encuentro de los presidentes y de los cancilleres en Santa Marta. El proceso de distensión había comenzado sin dilaciones. 

Y ayer, 9 de abril, en Cartagena culminó la primera etapa de normalización de las relaciones entre Colombia y Venezuela, con el encuentro de los presidentes Chávez y Santos. 

Las cifras sobre la reunión impresionan: 7 horas y 20 minutos de conversaciones, dos aviones para traer a la numerosa comitiva de Venezuela, que incluye a la mayoría de los miembros del gabinete, 16 acuerdos firmados sobre un amplio espectro de temas. 

Además una novedad cuya significación merece subrayarse: la presencia del presidente de Honduras Porfirio Lobo, quien vino en búsqueda de salidas de una situación incierta en su país tras el derrocamiento en junio de 2009 del presidente legítimo Manuel Zelaya. Le interesa a Lobo asegurar el regreso de Honduras a la OEA, pero para hacerlo cree que debe acudir a dos presidentes latinoamericanos que tienen puntos de vista contrapuestos frente al organismo regional. 

No parece que en estos tiempos la peregrinación sea necesariamente a Washington para buscar soluciones. ¿Hay espacio para un liderazgo binacional en la política internacional que opere como opción frente al peso de Estados Unidos y aún de Brasil, los dos gigantes del hemisferio? 

Dos enfoques sobre comercio

La cordialidad prevaleciente no debe hacer perder de vista que en la actual coyuntura desembocan problemas que vienen de atrás y que las relaciones entre los dos países son complejas porque incorporan múltiples aspectos. 

Dentro de pocos días, el 21 de abril, pierden vigencia las condiciones que presidieron el comercio entre Venezuela y los países miembros de la CAN. Aún no está preparado el acuerdo entre Colombia y Venezuela mediante el cual se prolonguen las condiciones de favorabilidad. 

Las normas de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) fueron inicialmente entrevistas por Santos como el marco dentro del cual podrían desarrollarse las relaciones comerciales mientras se llega a un acuerdo más permanente. En Cartagena finalmente se acordó prolongar las condiciones actuales por tres meses prorrogables 

Sobre el acuerdo se perfilan dos enfoques diferentes: Colombia se inclina por un acuerdo comercial indefinido orientado por las pautas de la libertad de comercio, Venezuela quiere acuerdo con plazos de cinco años renovables y que preserven un margen de discrecionalidad en el manejo de aranceles [1]. 

En la discusión de un acuerdo aflorarán las diferencias entre un gobierno que le concede importancia estratégica a los TLC frente a otro que le apuesta a esquemas de integración inspirados en la complementariedad de las economías y en la integración solidaria. 

El canciller Maduro señalaba recientemente con optimismo: "Ya están las bases de la complementariedad económica, del desarrollo de zonas económicas productivas, de encadenamiento de un nuevo tipo de relaciones" [2]. 

Auge, caída y repunte de las exportaciones 

La restauración del comercio binacional tomará tiempo dado que sufrió un derrumbe aparatoso, por cuenta de la caída de las ventas de Colombia a Venezuela:

  • Al comienzo de la era bolivariana, en 1999, las ventas colombianas al vecino llegaban apenas a 923,2 millones de dólares,
  • En el 2008 ascendieron a 6.092 millones de dólares.
  • En el 2009 fueron de apenas 1.257 millones de dólares [3].
  • Para 2010 se estima un valor de entre 1.500 y 1.700 millones de dólares.

La distensión que se ha iniciado pone las bases de la recuperación, pero ésta no se producirá inmediatamente. Lo dicen las cifras: las exportaciones colombianas a Venezuela fueron según el DANE en enero de 2010 en plena crisis, de 95,8 millones de dólares, en enero de 2011 representaron apenas 76,7 millones de dólares. 

En el tiempo reciente, el pago de la deuda a los importadores colombianos ha ejercido un efecto disuasivo sobre el comercio entre los dos países. En este sentido el comportamiento de los pagos servirá de termómetro para medir la convalecencia del comercio binacional. 

De momento el registro oficial por parte de Colombia de los movimientos sobre trámite de las deudas permite abrigar cierto optimismo. El 20 de febrero de 2011, la canciller colombiana María Ángela Holguín señaló que las autoridades venezolanas "han revisado deudas por cerca de 890 millones de dólares, de los cuales hay pagos aprobados por 710 millones de dólares… del total hay aproximadamente 360 millones de dólares ya girados y 260 millones de dólares autorizados y listos para girar". Hay montos significativos, entre 200 y 250 millones de dólares sobre los cuales hay controversia por documentación y tramites. 

Tres tensiones de fondo

-Históricamente las confrontaciones originadas en la diferencia de regímenes políticos han tenido un peso muy notable en el desencadenamiento de conflictos. A comienzos del siglo XX el presidente colombiano J.M Marroquín emitió un decreto declarando rotas las relaciones con Venezuela, esgrimiendo como fundamento el apoyo que el gobierno del general Cipriano Castro brindaba a los liberales colombianos al paso que este había denunciado en forma vehemente el apoyo del gobierno conservador a los caudillos venezolanos opositores. 

-En esa misma escala podría señalarse que los gobiernos de los dos países han dado muestras de una notable contención en las controversias típicamente limítrofes que han llevado a guerras a otros países latinoamericanos. Recuérdese, por ejemplo que Ecuador y Perú protagonizaron todavía en 1995 una guerra por fronteras. 

Colombia y Venezuela mantuvieron controversias en torno a la fijación de fronteras terrestres a lo largo de cien años sin haber acudido por esa razón a las armas. En los últimos años el diferendo por las aguas marinas y submarinas no ha tenido papel alguno en los conflictos agudos que se han desencadenado entre los dos países. Aunque el diferendo se mantiene en pie, parece haber consenso en la posibilidad de una solución diplomática. 

-La diferencia de regímenes políticos y la vinculación a ideologías diferentes plantean dificultades reales en las relaciones. Esas diferencias no generarían necesariamente conflictos abiertos si se las pudiera separar de dos factores: los intereses estratégicos y regionales de los Estados Unidos y la presencia y acción de las guerrillas colombianas en las regiones fronterizas. 

Petróleo allá, guerrilla acá

-Una mirada con sentido de época pone de manifiesto que los eventos militares internacionales importantes que han tenido lugar después de 1989, cuando concluyó la Guerra Fría, han estado invariablemente engrasados. Todos, incluido el de los "bombardeos humanitarios" en los Balcanes, han tenido relación estrecha con el petróleo. Venezuela, en particular la Faja del Orinoco, representa un gigantesco reservorio petrolero. Este hecho, unido a la política de Chávez en defensa de la soberanía de Estado sobre los recursos naturales, provoca los intereses imperiales de Estados Unidos y de las otras potencias occidentales. En este sentido 2.219 kilómetros de frontera por un lado y una tradición de alineamiento incondicional con Estados Unidos colocan a Colombia en una situación muy peculiar que fomenta una profunda desconfianza en Venezuela. 

-Por otro lado la presencia y acción de las guerrillas en zonas de frontera han sido un viejo motivo de tensión entre los dos países. Los secuestros y ataques a militares venezolanos por parte de las guerrillas llevaron a conflictos entre los dos países aún cuando sus regímenes políticos tuvieran coincidencia; esto vale en particular respecto del segundo gobierno de Rafael Caldera en la segunda mitad de los 90s. 

Pero desde 1999 estas tensiones se volvieron más permanentes dado que las guerrillas invocan una ideología de izquierda y se proclaman "bolivarianas". Entonces los incidentes se usan para atribuir al gobierno venezolano el apoyo o la complicidad con la insurgencia colombiana. Facilita la manipulación desde Colombia la existencia en el campo bolivariano en Venezuela de sectores que, sin conocer las realidades políticas de Colombia, proclaman que la salida "contra la oligarquía colombiana" tiene en las FARC el instrumento político y militar más idóneo. Naturalmente al gobierno no se le puede atribuir responsabilidad por las posturas políticas que circulen entre los ciudadanos. En un artículo anterior de Razón Pública me ocupé de este tema, y aquí no voy a redundar sobre el mismo. 

En la región y en el mundo

En tanto cada país respete la soberanía del otro para fijar políticas internacionales y en tanto ambos se ciñan a las normas del derecho internacional, habrá mejores garantías para mantener la seguridad de la región. 

El surgimiento y paulatino fortalecimiento de mecanismos internacionales propios como el que representa UNASUR, han cambiado el contexto. Colombia justamente ha adoptado un enfoque proactivo y coherente en este campo. La responsabilidad acordada en cabeza de María Ema Mejía como Secretaría General de UNASUR expresa bien la nueva actitud de Colombia y la recepción favorable que ha encontrado en América Latina y más allá. 

Todo esto se entiende mejor al estudiar la actual política exterior de Venezuela, que concibe un sistema multipolar y la solidaridad latinoamericana como garantías de su seguridad. También Colombia busca cambios en su política internacional y se inclina por una apertura realista y por ensayar un lenguaje más digno con Estados Unidos. En estas circunstancias la normalización de las relaciones forma parte de un proceso más amplio que a la vez trasciende y envuelve las relaciones regionales. En los días anteriores al encuentro, Santos tuvo excepcionales oportunidades para actuar como vocero de América Latina, y habrá escenarios para aclarar si las palabras florecen en hechos y si los viejos mejores amigos toleran a los nuevos mejores amigos. 

El narcotráfico

La entrevista Santos-Chávez ha tenido lugar en un momento cuando la política venezolana de persecución al narcotráfico muestra éxitos y es reconocida internacionalmente. Desde la expulsión de la DEA en 2005 se ha reforzado la acción del gobierno venezolano contra los narcotraficantes. Sin este contexto no se comprendería el tono menor de la resistencia del gobierno de Estados Unidos ante la decisión de Santos de cumplir la promesa hecha desde Noviembre de 2010 de extraditar al presunto narcotraficante Walid Makled a Venezuela. 

Así ha avanzado la normalización de las relaciones en un campo en el que parecía más difícil que lo hiciera : la cooperación en materia de narcotráfico. Las dificultades en este aspecto radicaban en buena medida en la aceptación bajo los gobiernos de Uribe del punto de vista de los Estados Unidos según el cual el gobierno venezolano no perseguía el narcotráfico. Ahora desde Colombia se tienden a presentar las cosas en relación con un supuesto reciente cambio de la posición venezolana frente a este problema. 

La buena vecindad

Un campo que se desampara cuando las relaciones entre los países se miran desde el centro es el descuido de las políticas de vecindad y relaciones fronterizas, que suelen ignorarse o bien se dejan como la responsabilidad exclusiva de las autoridades regionales. En este aspecto la extensa frontera brinda oportunidades hasta ahora débilmente aprovechadas. Los mecanismos existen, los estudios también y por supuesto el factor clave: el interés de las poblaciones de las áreas de frontera. 

Sin embargo las iniciativas que se ponen en marcha no tienen continuidad y los planes se realizan sólo parcialmente. En Bogotá y Caracas debería fomentarse el hábito de pensar antes de tomar una decisión, hacer un gesto o dar una declaración, en qué medida puede verse afectada la vida cotidiana de millones de personas que viven en los Santanderes o el Táchira en Zulia o la Guajira en Apure o Arauca y en Casanare, el Estado de Amazonas o el Departamentos del Vichada. 

Más allá del comercio

Existen intereses estratégicos de orden económico que se inscriben en un horizonte de largo plazo. Las complementariedades que pueden derivarse del petróleo y del gas y de las infraestructuras de su explotación y su transporte, los intereses venezolanos en la búsqueda de su proyección geográfica-comercial al Pacífico y el eco positivo que de ello se hacen países como Japón y China. 

No obstante los conflictos políticos, se han mantenido los acuerdos que vienen del 2005 sobre suministro de gas de Colombia a Venezuela inicialmente, que a partir de 2012 se darán en dirección contraria, es decir de Venezuela a Colombia. Otros acuerdos, como el de sumistro de combustible de Venezuela a Colombia se suspendieron por orden de Chávez en Agosto de 2009 a propósito del acuerdo de cooperación militar que se acordaba entre Bogotá y Washington. No se volvió a hablar de otro proyecto en principio acordado el 24 de Enero de 2009 en Cartagena, sobre la construcción de un ferrocarril que iría de Norte de Santander hasta Maracaibo. Los dos países ofrecen evidentes ventajas comparativas para el establecimiento de esta cooperación energética y en infraestructura de las comunicaciones. Lo que en este campo se acuerde convertirán las buenas relaciones en realidades irreversibles. 

Colombia y Venezuela presentan hoy condiciones y experimentan necesidades que pueden darle a sus relaciones una condición ejemplar. Sus distintas orientaciones político-ideológicas no tienen que representar necesariamente un obstáculo para lograrlo sino más bien podrían obrar como estimulante reto. 

* El profesor Medófilo Medina es Miembro de la Comisión de Honor del Bicentenario. Y cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

 

Notas de pie de página 


[1] Ver Portafolio, 5 de abril de 2011, pág. 15. 

[2] Idem. 

[3] Ver artículo de Amylkar Acosta en esta misma edición de Razón Pública.

 

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