Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz La larga historia de violencia y resistencia en el Cauca

La larga historia de violencia y resistencia en el Cauca

Escrito por Medófilo Medina

Medofilo MedinaEn el norte del Cauca no se resuelven los conflictos sociales, ni cesan la violencia y la presencia de narcotraficantes, pero el Estado se empeña en resolver todos los problemas con más fuerza militar.

Medófilo Medina*

Historia de terror

Todavía está fresco el más reciente capítulo de esta historia.

El pasado 29 de octubre fue asesinada la gobernadora indígena Cristina Bautista Taquinas, autoridad Neehwesx. Fueron también asesinados los miembros de la Guardia Indígena del resguardo de Tacueyó: José Gerardo Soto, James Wifredo Soto, Eliodoro Fiscué y Asdrúbal Cayapú.

Cuando regresaban del entierro, los indígenas de Corinto se encontraron con el asesinato de cinco topógrafos que trabajaban para una firma que realiza obras civiles.

Los autores del crimen de los indígenas son las organizaciones que se han formado entre paramilitares y disidencias de la guerrilla de las FARC, o GAOR como se llaman ahora estos grupos criminales.

Estos asesinatos son el más reciente episodio de una larga historia criminal que se ha ensañado contra las tierras, la cultura y la autonomía, sobre todo de los Nasa. Pero esta historia no es conocida por gran parte de la población colombiana a pesar de la numerosa población del departamento. Algunos de los momentos más recordados de esta historia son:

  • En 1986, entre las 160 personas ajusticiadas por orden del comandante del frente Ricardo Franco, disidente de las FARC, había numerosos indígenas. Todas las víctimas fueron acusadas de trabajar como informantes del Ejército en la región de Tacueyó.
  • En 1991 tuvo lugar la masacre del Nilo, perpetrada por paramilitares en complicidad con miembros de la Fuerza Pública. Fueron veinte indígenas que cayeron en los enfrentamientos por resistirse al despojo que realizaban los propietarios de la Hacienda La Emperatriz, en Caloto.
  • En 2001 los paramilitares del Bloque Calima en la región del Naya mataron a más de veinte personas entre indígenas y afrodescendientes bajo la sindicación de ser aliados de las FARC.
  • En 2001 se produjo la masacre de San Pedro en Santander de Quilichao y en 2002 otra en Gualanday, Corinto.
  • Según el senador Feliciano Valencia, 36 indígenas han sido asesinados en 2019 y 96 lo han sido durante la administración de Iván Duque.

En el norte del Cauca parece haber una continuidad de violencia desde la ocupación española. Los agentes de la violencia no han sido siempre los mismos, pero los indígenas que la han sufrido han estado siempre allí, así como siempre ha estado el problema de la tierra.

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Bastones sí, armas no

Pero también ha habido resistencia indígena. En julio de 2012 se inició en Toribío un movimiento de desmantelamiento de las organizaciones armadas por iniciativa de la comunidad.

En ese momento, unos mil indígenas iniciaron el retiro de las formaciones militares de las FARC de sus territorios y para eso marcharon a la montaña. También removieron y lanzaron al río los sacos de arena que rodeaban las instalaciones de la Policía Nacional y del Ejército.

Después de Toribío, esta iniciativa se extendió a Miranda. En un mensaje al presidente Santos el dirigente indígena Feliciano Valencia explicó las razones de la decisión de las comunidades: “Con lo militar no se pudo controlar el territorio. Lo vamos a hacer de manera civil y eso tiene que respetarse”.

Los agentes de la violencia no han sido siempre los mismos, pero los indígenas que la han sufrido han estado siempre allí.

En esa ocasión las FARC, una guerrilla que se reclamaba marxista y que invitaba a la gente a ingresar al Partido Comunista Clandestino, habrían podido recordar que en los años treinta existían diversas células comunistas entre los indígenas del norte del Cauca, es decir, entre los abuelos de quienes ahora les exigían abandonar sus tierras ancestrales.

Las múltiples violencias que han tenido que enfrentar los indígenas del norte del Cauca son centenarias.

Foto: Facebook CRIC
Las múltiples violencias que han tenido que enfrentar los indígenas del norte del Cauca son centenarias.

Los campesinos indígenas se sentían interpretados por el programa agrario del Partido Comunista, especialmente por el punto IV: “Reconocimiento de las comunidades indígenas, de su completa libertad y de la autodeterminación de sus propios gobiernos”.

Todavía se persigue ese propósito. El 31 de julio, en Jambaló, en la vereda el Trapiche, el alcalde y la Policía atacaron un festival indígena organizado para recoger fondos para el periódico Tierra, órgano central del Partido Comunista.

La defensa de los resguardos, de la autonomía y de su idiosincrasia han sido el hilo rojo de la historia de los Nasa, la etnia mayoritaria, pero también de los guambianos, yanaconas, coconucos, epiraras, siapiraras, emberas, inganos y guanacos.

Organización y cultura

Su organización es el mayor capital de los indígenas, y ese debería ser el punto de partida de la política de los gobiernos hacia ellos. Pero no ha sido así. La solución que se reitera ante cada crisis es el aumento del pie de fuerza.

Pero los indígenas buscan soluciones en una política de concertación entre el Estado y las comunidades. Esto no se puede descartar con fórmulas que no significan nada como la que dijo el presidente Santos: “no cederemos un centímetro del territorio nacional”.

Por su parte, el presidente Duque ha ido tres veces al norte del Cauca y los indígenas lo han invitado a sus territorios, pero él no ha aceptado la reunión por razones de seguridad. Pero, ¿acaso el Estado colombiano no está en condiciones de establecer protocolos para la seguridad presidencial?

A Santos le fascinaba organizar reuniones de gabinete en poblaciones indígenas del norte del Cauca. Eso sí, sin presencia indígena. Se trataba de gestos para la galería que no solucionaban nada. Son representaciones de un teatro más bien primario.

Todas las violencias

Nada es sencillo en la actual situación del norte del Cauca, pero la producción de coca, amapola y marihuana y su vinculación con el narcotráfico nacional e internacional es quizá el factor más grave.

La solución que se reitera ante cada crisis es el aumento del pie de fuerza.

La ubicación geográfica del departamento (en el suroccidente, con límites por el sur con Nariño y Putumayo, por el norte con el Valle del Cauca, al occidente con el océano Pacífico y por el oriente con el Huila) ha hecho que los narcotraficantes y actores armados ilegales hayan establecido un corredor estratégico por el Cauca para mover armas y drogas. Además, la carretera panamericana ofrece acceso al mercado nacional y el Pacífico lo conecta con el mercado internacional.

La defensa de la autonomía y del territorio por parte de los indígenas resulta incompatible con el designio de los narcos de mantener y expandir sus rutas de narcotráfico. La posición de los indígenas y de las comunidades afrodescendientes frente a esto debería ser tomada como orientación en la búsqueda de soluciones por parte del Estado.

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Todos los problemas

En el Cauca hay factores de vulnerabilidad que aumentan el impacto de las amenazas.

El departamento no supera el rezago en el desarrollo en comparación con otros departamentos. A principio de los años sesenta el Cauca aportaba el 2 por ciento del PIB nacional; en 2005 esa participación había descendido al 1,74 por ciento.

Según un estudio del Banco de la República, el producto por persona en el Cauca es la mitad del de Antioquia o el Valle del Cauca. Al mismo tiempo, según un estudio del Banco Mundial, en 2004 el Cauca era el segundo departamento con mayor concentración de la propiedad de la tierra si se considera su valor, y el cuarto cuando se considera su extensión.

El 10 por ciento de la población caucana mayor de 15 años no sabe leer ni escribir. Las tasas de deserción escolar están entre el 25 y el 35 por ciento en algunos de sus 42 municipios. Los indígenas luchan para que los jóvenes no sean víctimas de los ofrecimientos del narcotráfico, y para ello la asistencia regular a la escuela es fundamental.

Si la pobreza se redujo en un 30 por ciento por ciento en Colombia entre 1985 y 2005, en el Cauca esta disminución fue solo del 18 por ciento. Por eso cualquier solución que se ofrezca al Cauca implica una batería de reformas sociales que reduzcan las vulnerabilidades de la población frente al narcotráfico.

En el mediano plazo se espera que el gobierno acelere la financiación de los Planes de Desarrollo Territorial (PDET) y desarrolle la política de sustitución de Cultivos (PNIS) como fueron diseñados por el Acuerdo de Paz. Pero eso es lo que no se ve.

No se ve tampoco una reacción solidaria y sostenida de los partidarios de la paz con las víctimas del norte del Cauca. No basta la efervescencia digital por las redes. Se necesita la movilización física de la gente en ciudades y pueblos.

Los indígenas asesinados en los últimos años ya se cuentan en cientos. Y las soluciones no llegan.

Foto: Facebook CRIC
Los indígenas asesinados en los últimos años ya se cuentan en cientos. Y las soluciones no llegan.

Lea en Razón Pública: Cauca: reacomodos territoriales violentos en el posconflicto

¿Frutos de la misma flor?

No hace mucho la senadora Paloma Valencia presentó la descabalada propuesta de un referendo o consulta para dividir el departamento del Cauca en dos pedazos: uno para los mestizos y otro para los indígenas. No obstante, no mencionó a la población afrodescendiente. El Cauca es, después de la Guajira, el departamento con más población indígena: el 21 por ciento; y la población afrodescendiente representa el 22 por ciento.

Me permitiría sugerirle a la senadora que en su campaña por un apartheid caucano empiece por lo simbólico y cambie el himno del departamento, que reza en su estrofa de mayor aliento lírico: “Blancos, indios y negros/Una sola ilusión/Hijos de la misma Tierra/Frutos de la misma flor”.

*Cofundador de Razón Pública; para ver el perfil del autor, haga clic aquí.  

Fe de erratas: este artículo ha sido actualizado por una discordancia entre el artículo original y el editado. En el artículo original el profesor Medina aclara que el frente Ricardo Franco era disidente de las Farc. 

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