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Política: el nuevo mapa

Escrito por Medófilo Medina
Medófilo Medina

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Maria Victoria DuqueLos árboles, a veces, no dejan ver el bosque. Una mirada de conjunto a las votaciones del pasado domingo muestra que ha habido cambios importantes en el balance de fuerzas, en los liderazgos, en la vida interna y en el perfil de cada uno de los grandes partidos, avances saludables hacia la apertura y vicios persistentes en el sistema electoral colombiano.

Medófilo Medina María Victoria Duque López *

urna

«Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.”
Joan Manuel Serrat

Una instantánea

Los debates electorales y los comicios mismos son la oportunidad ideal para analizar el cambio en los patrones políticos. Aunque estos cambios se van dando gradualmente, las elecciones ventilan o enrarecen el ambiente político y el conteo de los votos decanta o sintetiza las tendencias subyacentes.

En este artículo intentamos leer los resultados de las elecciones regionales que tuvieron lugar el pasado 31 de octubre, para apreciar lo que está sucediendo respecto de:

  1. La situación del régimen político, es decir, el gobierno y su relación con la sociedad.
  2. Los partidos y los liderazgos carismáticos.
  3. Los cambio o continuidades en la cultura política, y
  4. La participación electoral y el desempeño de los organismos encargados de asegurar su transparencia.

Uribe y Santos: se acabó la fiesta

El ex presidente Uribe no tuvo la paciencia necesaria para estos análisis parsimoniosos de los resultados del domingo, no propiamente de gloria para él. Las cuentas más básicas marcan su agudo descenso.

De los 31 candidatos a gobernación que gozaron del apoyo explícito de Uribe, 24 fueron derrotados (en cuatro casos con barrida) y solo 7 triunfaron. Por supuesto es bien significativa la clara derrota de Peñalosa en Bogotá, con el agravante de que el ganador hubiese sido Petro. En Antioquia, su propio terruño, Uribe tuvo que lamentar la derrota de su candidato Carlos Mario Estrada para la gobernación y de Luis Pérez para la alcaldía de Medellín.

El ex presidente achacó su retroceso al presidente Santos, a quien calificó de “lejano”, “inactivo” y “sin fervor popular”. Flaca es la memoria del exmandatario, que lo llevó a olvidar dos razones:  

  • La primera, que para el 31 de octubre de 2011 habían transcurrido muchos meses de repetidos escándalos de corrupción, que a diversos niveles arrastró a instancias y funcionarios de sus dos administraciones.   
  • La segunda, que el liderazgo carismático, si bien incorpora elementos emocionales, se alimenta en gran medida de recursos presupuestales y otros insumos que emanan del ejercicio del poder. Privado de tales fertilizantes, el carisma tiende a su “rutinización”, para tomar prestada la expresión de Max Weber. 

El presidente Santos respondió con detalle y con calma a las palabras de su antecesor, e inclusive se esforzó por devolverle piropos a quien los medios ya proyectan como el jefe de la oposición de extrema derecha. Pero no hay duda, el pragmático Santos dejará, sin lamentarlo, que se le vaya agotando la imaginación para tales “alabanzas”. En verdad, desde el 25 de noviembre de 2010, cuando Uribe justificó de manera cruda el asilo en Panamá de la directora del DAS, María del Pilar Hurtado, ha venido renovando de manera sostenida sus ataques al gobierno.

La oposición abierta de Uribe llevará a que el gobierno salga de la ficción de la unanimidad como principio de gobernabilidad. Los tiempos que corren no son los del Frente Nacional en su etapa dura (1958-1974), cuando la unanimidad descansaba en el monopolio político y burocrático mediante la constitucionalización del bipartidismo compulsivo. Si bien para Santos el sinceramiento de la política puede traer dificultades, contribuirá también a una composición más realista del cuadro político nacional.

Partidos: suben y bajan

Un fenómeno de importancia es el apreciable número de votantes a favor de candidatos que se inscribieron con firmas: lograron 4.643.298 votos, lo que representa un 27 por ciento del total para alcaldías. Una porción grande de ciudadanos que no responden a lealtades partidistas a la hora de definir su voto.

Una mirada a las votaciones por alcaldes permite observar un descenso en la votación de los partidos entre las elecciones de 2007 y 2011, salvo el partido de “la U” y Cambio Radical, que experimentaron un ascenso.

La votación por partidos para alcaldes proyecta un panorama sin hegemonía unipartidista:  

  • Los liberales obtuvieron la más alta votación, 2.648.295.
  • Los siguió muy de cerca por el partido “de la U”.
  • A cierta distancia se ubicó Cambio Radical, con 1.869.627.
  • Más atrás, el Partido Conservador con 1.707.714.
  • El Partido Verde obtuvo 702. 937 sufragios.
  • El Polo fue relegado, alcanzando apenas la modesta cifra de 282.294.

Hay variaciones de los partidos según niveles. No se entra aquí en el examen de esos diferenciales, propios de análisis más minuciosos. Pero más allá de las cifras escuetas, hace falta ver los aspectos cualitativos de la situación política y organizativa de las distintas formaciones partidistas. 

División de la U

El partido de “La U” constituye una amalgama tardíamente organizada. Tanto Uribe como Santos se reclaman hoy como sus fundadores, pero:

  • Por una parte, no puede perderse de vista que desde el poder Uribe resistió la creación de un partido. En verdad, para el tipo de liderazgo personalista por el cual él se inclina, y ante la “filosofía” del supuesto “Estado de Opinión”, no se ven necesarias ni deseables las formas colectivas de mediación política. Dificultan la comunión entre el líder mesiánico y las bases en movilización permanente; el fervor popular es el ideal de la comunicación política.
  • Por otra parte están los dirigentes que suscriben pautas más seculares de acción política o los que ven en hacer oposición un riesgo intolerable de perder sus tajadas del presupuesto y el acceso a las cuotas burocráticas.

No es por eso difícil prever la escisión inevitable de “la U”. Dijo con franqueza la senadora Dilian Francisca Toro que en la presidencia de la U “debe estar una persona que pueda acercar las posturas diferentes de Santos y Uribe, que sea amigo de los dos”, pero agregó: “el compromiso es con el actual jefe del Estado” [1].

El liberalismo: sin programa, pero con hambre de puestos

No se deben esperar disonancias incómodas para el gobierno provenientes del Partido Liberal. Su director, Rafael Pardo, tras haber jugado un papel decoroso en la campaña presidencial, se ahogó en la atonía política y hoy por supuesto es un funcionario del gobierno.

Su prematura “salida en falso” respecto de la reelección de Santos –hecha con cierto alarde de proposición histórica– marcó el derrotero que busca para su colectividad. Antes de ingresar al gabinete, Pardo deja parte de la tarea hecha, con sus acercamientos a Cambio Radical, que como es previsible, más temprano que tarde volverá fortalecido a engrosar las filas de su origen liberal.

El Partido Liberal no va a desaparecer, pero prolongará por años una parábola política marcada al mismo tiempo por la sequía programática y por la avidez burocrática.

Es cierto que un sector de las bases del partido mantendrá sus nostalgias y en algunos casos sus compromisos gaitanistas. Esta franja tampoco va a desaparecer del espectro liberal, por cuanto ella recoge lo mucho que en lo social y organizativo avanzó este partido entre la Convención Ideológica de Rionegro en 1997 y el Segundo Congreso Liberal, que enterró el proyecto renovador bajo los apremios de César Gaviria.

El conservatismo: doble moral

Por su parte, el Partido Conservador seguirá haciendo periódicos mohines oposicionistas, pero firme para mantenerse en el juego por el control de los recursos del Estado. Eso sí cuidará de recordarle a los colombianos que es un partido de “principios”, que es el partido de don Miguel Antonio Caro y lo hará promoviendo proyectos de ley de sabor confesional y de iniciativas bélicas a lo Gómez Hurtado.

Y esa exaltación ética de fachada le permitirá mitigar la mala conciencia por su figuración como campeón colectivo de la corrupción. Si algún lector quiere buscar motivos de edificación moral, puede estudiar el balance de la gestión conservadora que hizo Caracol Radio para los últimos ocho años: durante ese período, al menos 25 dirigentes del Partido Conservador se han visto involucrados en procesos como la Yidispolítica, la parapolítica, la feria de notarías, el desfalco a la Caja Nacional de completar CAJANAL , Agro Ingreso Seguro, el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (INCODER) y, más recientemente, los escándalos en el manejo de los bienes de la Dirección Nacional de Estupefacientes [2].

¿Verde esperanza?

¿Podrán los partidarios de la democratización y el adecentamiento de Colombia golpear a la puerta de los Verdes de Lucho? Al menos Garzón ha dicho que esperará a una reunión plenaria de la dirección de los Verdes en la primera semana de diciembre para aclarar el rumbo de su corriente. Mientras tanto se abstendrá de concurrir a la mesa de la Unidad Nacional.

De los verdes no cabe esperar señales ciertas de cambio. Mockus dilapidó la mayor parte del capital político que de manera espectacular amasó en 2010, durante la primera vuelta por la presidencia de la República. Luego sus compañeros de dirección se apropiaron de lo restante para ponerlo al servicio de previsiones oportunistas.

Pero no es menos cierto que las masas que se movilizaron a la convocatoria de Mockus contra el “todo vale” siguen ahí y lo estarán mientras en la política colombiana siga vigente esta divisa. 

La izquierda: entre la desazón y la expectativa

El Polo Democrático Alternativo (PDA) no da muestras de reaccionar de manera acertada, luego de protocolizar un desastre cantado de antemano. El discurso de Aurelio Suárez al atardecer de la jornada electoral fue sectario y torpe. Posteriormente el representante Iván Cepeda, asumiendo la urgencia de un debate a fondo, pidió convocar un congreso extraordinario del Partido. Con sus reflejos de hombre de negocios, Jaime Dussán desestimó por inoportuna la propuesta de acciones urgentes.

¿Estarán los dirigentes del Partido Comunista y del MOIR y sus amigos en condiciones de asumir un viraje radical que le abra una nueva perspectiva al PDA? En verdad el país necesita de una corriente de oposición socialista que, transitando los caminos democráticos, ponga un partido de izquierda en el espectro político nacional.

Sin duda, el propósito de Gustavo Petro de dar un alcance nacional al movimiento Progresistas despierta expectativas considerables. Esto será importante en los próximos años, si logra una buena administración en Bogotá y al mismo tiempo consolida su proyecto político.  

Los nuevos carismas

Pero hoy los partidos no colman el espacio político como sujetos colectivos. La gente confía menos que antes en los partidos. Este fenómeno no es precisamente un factor positivo. El voto de opinión ofrece sorpresas democráticas y autoritarias. La sociedad aún no ha llegado a fórmulas de reemplazo que llenen con éxito la función que cumplen los partidos, cada vez de manera más torcida.

En su soledad política, el ciudadano y la ciudadana vuelven los ojos hacia quienes se proyectan como personalidades públicas, que una y otra vez los defraudan, aunque ocupen nuevos espacios en la gran pantalla nacional.  

  • Ahí está Gina Parody –con Antanas o sin él– ensayando ingenio que no cuaja del todo y blandiendo el factor género como argumento político.
  • Angelino sonríe cómodamente instalado en una muelle cuasi-oposición. Algunos lo llaman el Lula colombiano, pero no se ve ni el partido ni el sindicalismo poderoso que acompañaron al dirigente brasileño. No, no es el Lula colombiano, es nuestro astuto Angelino, bugueño, de pandebono y camándula, que se está saliendo con la suya.
  • Armando Benedetti o la derecha secular e ilustrada.
  • Petro, Fajardo… sobre los cuales ha corrido suficiente tinta en los últimos días.

Que haya nuevos liderazgos es positivo, pero resulta menos alentadora la ambigüedad que rodea a las fórmulas personalistas.

Ventanas abiertas a horizontes nuevos

Desde el punto de vista de la paz, la apertura del sistema político y la mejor representación de intereses sociales, del pasado debate electoral se desprenden señales que pueden considerarse positivas:

  • El triunfo de Petro es una de ellas. En el curso de la campaña no se apeló –al menos de manera obsesiva– al pasado guerrillero del candidato para descalificarlo. Conocidos los resultados, fueron los medios internacionales quienes destacaron su origen político insurgente, pero no con fines de macartismo, sino para subrayar una disposición saludable del electorado colombiano. La elección del antiguo dirigente del M-19 puede contribuir a ablandar la insistencia de la insurgencia, no ciertamente infundada, en el sentido de que en Colombia ha sido imposible la plena reincorporación política en un papel dirigente para un antiguo combatiente. En su discurso de victoria, Petro dedicó a la paz una parte importante y elocuente.
  • Es relevante que la mayoría del electorado bogotano de diversos estratos le apueste a la continuidad y a la profundización de la política social, que jugará un papel estratégico para derrotar la apatía política de los estratos más bajos y contribuirá a desechar cierto dogma, según el cual la gente sumida en las carencias cotidianas de todo orden no tiene posibilidades de pensar en la política más allá de los halagos clientelistas.
  • Hay otras señales positivas surgidas de los votos, como los obtenidos por Alan Jara, exsecuestrado de las FARC y hoy gobernador electo del Meta, quien ha manifestado sin rodeos su apoyo a una salida política negociada del conflicto interno.
  • Sorprende gratamente el triunfo de Marcelo Torres para la alcaldía de Magangué, en las entrañas del tenebroso imperio de la Gata.
  • Impacta positivamente el triunfo del voto en blanco para la alcaldía de Bello.

Las malas señales

Durante la campaña electoral se hizo sentir el peso de la parapolítica, que sigue determinando los procesos electorales en diversas regiones. No es un asunto menor que 12 gobernadores y más de 30 alcaldes electos estén incluidos en el mapa de riesgo electoral elaborado por la Corporación Nuevo Arco Iris y el Ministerio del Interior, como se observa en el cuadro siguiente:

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Cuadro de elaboración propia con base en la información de Arcoiris Tampoco es despreciable que en ese listado estén involucrados casi todos los partidos, incluyendo a “Grupos Significativos y Otros Partidos”, a excepción única del PDA y el Partido Verde.

En la campaña y en los comicios mismos se hicieron evidentes las viejas patologías que han aquejado históricamente los procesos electorales colombianos: el trasteo de votantes, la compra de votos, la intimidación de los electores.

En un país que lleva dos siglos organizando elecciones, ya resulta inadmisible que sigan presentándose esas anomalías que distorsionan en materia grave el ejercicio del sufragio que es la puerta de entrada al sistema político.

Es preciso reconocer que en los pasados comicios aumentó en cerca de 2 millones y medio el total de votantes, en comparación con los comicios de 2007. La participación llegó al 56,33 por ciento, pero la abstención todavía alcanzó algo más del 43 por ciento del potencial electoral.

Un paso importante será la adopción del voto electrónico y biométrico que buscará superar la distancia entre un sistema muy avanzado de identificación y unos procedimientos tecnológicos completamente obsoletos para consignar el sufragio.

Si la introducción del voto electrónico está prevista para el 2014, se impone una veeduría ciudadana para iniciar lo antes posible el proceso de preparación y socialización. Dejó mucho que desear el ensayo muy limitado del voto electrónico y biométrico, localizado en circunscripciones de alto riesgo.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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