El bicentenario: más allá de las efemérides y el accidente histórico - Razón Pública
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El bicentenario: más allá de las efemérides y el accidente histórico

Escrito por Medófilo Medina

Medófilo Medina Después de 200 años de la independencia de España, seguimos dependiendo de la lógica histórica de quienes fueron nuestros conquistadores. Una celebración donde los invitados paradójicamente deciden que fiesta organizar.

Medófilo Medina *

Historia y actualidad

El sentido de una conmemoración lo establece la dialéctica que circula entre el acontecimiento histórico y el mundo de las preocupaciones que atraviesan a la unidad social que hace el ejercicio de anamnesis. Esa relación está mediada por los procesos de la memoria colectiva así como por las elaboraciones historiográficas.  

En América Latina se conmemora, de manera común, el día 12 de octubre, a propósito del arribo de los europeos a América, "el contacto español" con el nuevo mundo como lo llaman algunos espíritus sensibles. Sin embargo, sintomáticamente no existe una celebración civil  de los latinoamericanos (as) a propósito de la Independencia, no obstante que el proceso histórico fue una hazaña mancomunada de pueblos y regiones.

En concordancia con la contabilidad decimal de las efemérides civiles algunos aniversarios aportan nuevos elementos para el contenido de tales fiestas. Tiene interés aludir a las imágenes que se promovieron en algunos de ellos y a la manera como se escenificaron en ciertos  países (México, Venezuela y Colombia). Han sido  aniversarios emblemáticos: como los correspondientes al Centenario y Sesquicentenario,  de la Independencia.

México. Un momento culminante de la celebración del centenario de la Independencia se describe en los siguientes términos: "La mañana del 15 de septiembre, un día antes del Centenario de la Independencia (y el cumpleaños ochenta del presidente Díaz), los representantes de casi todo el orbe, entre ellos el marqués de Polavieja, embajador de España, acompañaron al presidente a presenciar, desde el balcón central del Palacio Nacional, un curioso desfile histórico. Con un centenar de actores improvisados se escenificó el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés. Los tambores y clarines anunciaban la llegada de Cortés, quien se acercaba montado en su caballo. Iba seguido por sus capitanes españoles, sus aliados tlaxcaltecas y su intérprete, la Malinche. "El grupo de Moctezuma -decían las crónicas-  era aún más brillante: despertaba en la imaginación el recuerdo de aquella corte de los emperadores mexicanos, soberbia por las riquezas naturales empleadas en sus ornatos y por la fiereza  de sus guerreros, indias, señores, y tras ellos, llevaban en suntuosas andas al emperador Moctezuma."[1]

Resultaba comprensible la elección del objeto del montaje teatral. En efecto hubiera resultado embarazoso para los asesores en performances de Don Porfirio Díaz montar una representación extraída de la caída de Tenochtitlan en agosto de 1521

En México las élites políticas han invertido esfuerzos por poblar la memoria oficial de símbolos del pasado precolombino. Han tenido más dificultades para ofrecer un trato digno a los indígenas que en calidad de tales han sobrevivido. A esto último se refiere Krautze en comentarios sobre episodios de la coyuntura  del centenario. Por aquel tiempo la población total del país era de aproximadamente 15.159.000 habitantes, de los cuales un 1.960.306 eran indígenas, constituidos como grupos étnicos. Cuando el secretario de Estado de los Estados Unidos, Elliuth Root, visitó México, por aquellas fechas el gobierno de Porfirio Díaz repartió gratuitamente 5.000 pantalones entre los indios de la ciudad. Se trataba de que el vestuario indígena no hiriera la sensibilidad "civilizada" del ilustre huésped.

En Venezuela el  siguiente comentario de un periódico de provincia es expresivo del clima que se busca fomentar en el público para  la fiesta del Centenario. Se anuncia para el martes 1 Centenario 9 de abril de 1910 la "resonancia que  comenzaron a soplar sobre la Patria los aires dulces de la libertad y a brillar en el azul de nuestro cielo la estrella inmaculada del derecho. Una centuria que cambiamos nuestra humilde condición de súbditos oprimidos por la de ciudadanos libres en goce de nuestros legítimos fueros personales". Esa retórica, como suele acontecer con el discurso patriótico, se generaba en un ámbito propio distante del proceso histórico por el que había atravesado Venezuela desde 1830 y  tenía poco que ver con la realidad política prevaleciente en el país en  1910. A esta se alude sin asomo de ironía en el otro párrafo de la misma comunicación en el que se exalta el papel del general Juan Vicente Gómez y su arduo trabajo para hacer de la fecha algo memorable: "Y como un poderoso elemento impulsivo hacia ese fin, tiene el Estado al frente de la primera Magistratura un ciudadano que le da brillo y que ha sido incansable en su misión. Para que esta fecha revista los caracteres de una verdadera apoteosis como ella de suyo lo reclama"[2]

En Colombia el centenario se sobrecargó de la fuerte afirmación nacional de cara a la imagen aciaga que todavía proyectaban, de un lado la última guerra civil, llamada de los Mil Días, que apenas había culminado pocos años antes, y de otra la pérdida de la integridad nacional en virtud de la intervención norteamericana en Panamá en noviembre de 1903. Los dos acontecimientos se unieron como lacerante herida en la memoria de los colombianos. El centenario se esperaba como la parusía del Estado- Nación.

Se miraba al pasado para tomar inspiración de la Independencia que permitiera finalmente emprender la tarea de la construcción nacional por tanto tiempo aplazada. La exposición de artes e industria que se realizó tanto en Bogotá como en Medellín abrían la ventana del progreso material que vendría. La dirección de los simulacros teatrales de escenificación de la Batalla de Boyacá se le encomendó a los oficiales de la Misión Chilena que habían sido traídos por el Gobierno colombiano para la fundación y dirección de la Escuela Militar. Era una manera de legitimar al naciente Ejército Nacional.   

En estas celebraciones se le dio cabida a un registro latinoamericano: un encuentro de delegados estudiantiles de los países grancolombianos: Venezuela, Colombia, Ecuador.

En el centenario tanto en los países aludidos como en la mayoría de los países latinoamericanos se hizo evidente un fuerte componente hispanista.

El Sesquicentenario: en el decenio de 1960. Las notas que vienen a continuación sólo se refieren a Colombia. En términos historiográficos, la discusión sobre la Independencia en el sesquicentenario de la misma, incorporó ciertos tonos nihilistas, tanto desde la derecha como desde la izquierda. Arturo Abella, periodista conservador  remata su libro El Florero de Llorente con la idea de que la independencia habría sido prematura. En ciento cincuenta años escribió en el epílogo de su libro "…no se ha consolidado la paz que rompió sin quererlo el llamado Florero de Llorente"[3]

Desde la perspectiva conservadora la conmemoración del sesquicentenario se asoció a la afirmación de Latinoamérica cómo parte de la "civilización occidental y cristiana" vinculada a un hispanismo remozado con los ingredientes que suministraba la confrontación ideológica-emocional de la Guerra Fría. "Reafirmamos, dijo el presidente Carlos Lleras Restrepo en su discurso en el Puente de Boyacá el 7 de agosto de 1969, aquí donde se rompió definitivamente la subordinación colonial cuanto debemos a la nación española y necesitamos conservar ilesos los valores que ella nos lego"[4] La Revolución Cubana aún muy joven removía fantasmas a los cuales se quería conjurar también desde la Historia.

Puesta la mirada también en la gesta cubana la izquierda tendió a asumir un relativismo metodológico y político frente  a la significación histórica de la Independencia. La expresión: la segunda independencia que a partir de entonces se hizo frecuente  en el discurso histórico de la izquierda, expresa tal disposición.

1. El Bicentenario de la independencia

A juzgar por el esquema organizativo, el bicentenario está predominantemente planteado como efemérides nacional en el sentido tradicional de la expresión. Aunque en noviembre de 2007 en la XVII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno se estableció la directriz para la creación de una Comisión Regional del Bicentenario, no se ha avanzado en la organización del Bicentenario en una lógica latinoamericana.  En algunos sectores de la opinión pública suscita polémica que sea justamente España el país que aparece induciendo el Bicentenario como celebración supranacional. En las páginas que vienen se quiere demostrar que no es preciso acudir a la invención  de una tradición para asumir la Independencia como un hecho continental. Más aún si se atiende a los  procesos  de Globalización que en la actualidad se desenvuelven a escala planetaria resulta muy coherente y oportuna una lectura nueva de la Independencia Hispanoamericana.

Dos imágenes cartográficas permiten hacer más claro el planteamiento: el mapa del mundo de MARTIN WALDSEEMÜLLER en el que aparece por primera vez América en la cartografía y la primera imagen de la tierra tomada Por el Apollo desde la órbita de la luna en 1968

Con respecto a la globalización se  destacan tres aspectos que están en estrecha relación  con el orden de argumentación que aquí se desarrolla:

  • Contracción del campo de acción de los Estado-Nación.
  • Resignificación del nivel regional de las interacciones humanas tanto en relación con espacios supranacionales, como al respecto de ámbitos internacionales.
  • Los anteriores movimientos conducen a cambios importantes en los referentes de las identidades colectivas y por tanto a transformaciones de las identidades mismas.

En el proceso de globalización se reconfiguran las llamadas por las ciniencias sociales , desde el siglo XIX, áreas del mundo.

El despliegue de la globalización coincidió en la fase inicial con el colapso de la división del mundo que se había diseñado desde las conferencias de Yalta y Teherán aún antes de que concluyera la Segunda Guerra Mundial.

Desde finales del siglo XX se ha venido produciendo una recomposición de la distribución geopolítica.  Con diferentes ritmos se proyectan las diversas zonas del mundo, la Unión Europea representa  el recorrido más prolongado al paso que China a ritmos sorprendentes conquista nuevos campos de influencia planetaria. Con diverso alcance experimentan similares procesos la India y algunos países del mundo árabe. La acción rápida y eficiente de Rusia contra Georgia a propósito de Ossetia del Sur muestra que los rusos no han renunciado a sus pretensiones hegemónicas en sus antiguas zonas de influencia. Frente a esas realidades América Latina muestra un rezago en pensarse a sí misma y en articular su proyección hacia ese mundo cambiante. La conmemoración del bicentenario de la independencia ofrece una oportunidad para pensar América Latina desde una perspectiva histórica y cultural que no se reclame como una especie de  "nacionalismo" continental sino que se promueva desde la región como una reconfiguración soberana que salga al encuentro de las tendencias globales.

La iniciativa por un ámbito supranacional e intercontinental del Bicentenario de conmemoración del bicentenario de la independencia ha tenido en el último tiempo en España al país propulsor. Esa posición es claramente funcional a la política de interese comerciales, financieros y de inversión que alienta con respecto a Latinoamérica.  

La posición  española frente a la conmemoración del bicentenario o  la "perspectiva iberoamericana de las independencias" tiene su correspondiente fórmula académica. En este plano se llama la atención desde España sobre los siguientes aspectos:

  • Adscripción de la independencia hispanoamericana en el movimiento político y cultural atlántico.
  • Inserción de la Independencia hispanoamericana  en la matriz de análisis sobre la confrontación entre el viejo régimen y las tendencias a la modernidad
  • La hegemonía cultural del liberalismo, plasmada en las demandas de interpretaciones nuevas sobre los modelos del pensamiento constitucional.
  • Es importante la discusión sobre la Constitución de Cádiz, en particular, y el lugar del Constitucionalismo en el proceso de la Independencia. Pero el estudio del proceso constitucional adquiere contornos propios en Hispanoamérica. En este sentido es conveniente dirigir la vista hacia las reservas de dirigentes de la independencia y de núcleos intelectuales hacia las constituciones liberales como la gran promesa para la organización de los nuevos países. El caso más notable es el del pensamiento heterodoxo de Bolívar sobre la Constitución, heterodoxo en relación con los modelos liberales. Aun cuando no se concuerde con el modelo constitucional que en diversas variantes presentó El Liberador, los historiadores deben darle toda la importancia a la identificación de los evidentes desencuentros entre los modelos normativos y el mundo de duras realidades para la construcción estatal en latitudes con bajísimo potencial demográfico con familias y personas dispersas en vastos espacios.

Los elementos anteriores y la consideración de las  condiciones específicas que creó la invasión napoleónica de la península en 1808 son inseparables de una representación de conjunto sobre el  proceso de independencia de las colonias hispanoamericanas. Pero hace falta la distinción entre la aceptación de la necesidad de incorporación del  contexto europeo en el análisis de la independencia hispanoamericana, y la idea según la cual esta habría sido una especie de emanación espontánea de las ocurrencias en España y Europa.  En ningún caso si de investigación coherente se trata se puede desconocer  el contexto europeo, pero al tiempo es preciso tener en cuenta que los objetos de investigación no se desprenden automáticamente de su contexto. En todo caso no sería conducente asimilar la Independencia hispanoamericana a la condición de fenómeno apenas epigonal de la "revoluciones atlánticas"

Cabe formular la siguiente pregunta: ¿La elaboración de explicaciones sobre la dimensión continental de la Independencia es un caso de invención de una tradición? No. Lo que aquí se sostiene es que si bien los tiempos actuales inducen a dirigir la atención a este aspecto del pasado, es en el proceso mismo en el que se hizo evidente la articulación continental de la Independencia hispanoamericana como lo señalan, entre otros los siguientes aspectos:

  • El discurso americano en el pensamiento de los precursores: Francisco de Miranda, Juan Pablo Viscardo y Guzmán, Antonio Nariño, Eugenio Espejo. Mariano Moreno.
  • La simultaneidad para los distintos dominios del imperio español de los procesos que avanzaron entre 1809 y 1825.
  • El carácter mancomunado y multirregional del proceso de la Independencia.

3. Ejércitos Continentales

La conformación de las grandes formaciones militares  de la Independencia: Los ejércitos de Bolívar y San Martín.

Los procesos de Independencia que se iniciaron desde 1809, Salvo el que tuvo por escenario a la Nueva España dieron lugar a conformación de conjuntos que no correspondieron a las divisiones administrativas coloniales pero que tampoco coincidieron con los Estados-nación que se conformarían a partir del movimiento de la Independencia. Esos grandes conjuntos de lucha fueron: 1. Nueva España  2. América Central con la Audiencia de Guatemala como epicentro 3. La Capitanía General de Venezuela, El Virreinato de la Nueva Granada, Quito; 4. El Río de la Plata, Chile, el Perú y el Alto Perú. La composición de los grandes bloques de la guerra cambió su composición regional en relación con los movimientos de los  ejércitos de  Bolívar y el de San Martín que nacieron con fuerza expansiva.

El estudio de estas dos grandes formaciones militares libertadoras lleva a temas de enorme interés desde su configuración geosocial,  pasando por la estrategia militar hasta el rol político que el pensamiento de Bolívar y San Martín le otorgaban a un ejército profesional en la organización de los Estados en Hispanoamérica. 

El ejército triunfador en Boyacá nace de la confluencia de las fuerzas que vienen con Bolívar desde Angostura con las de Santander en los llanos de Arauca y Casanare. Muy pronto para los dirigentes más advertidos de la Independencia se hizo claro que si querían triunfar contra las fuerzas realistas en la conquista de la Libertad no podían mantener la lucha en los cauces estrechos en los que habían sido considerados inicialmente por los núcleos criollos. Cuando a finales de 1812 el triunvirato que gobernaba en Buenos Aires acepta la propuesta de San Martín para crear un cuerpo militar debidamente organizado concurren jóvenes provenientes de las destacadas familias porteñas y de otras provincias del Río de la Plata. Se trata del Regimiento de Granaderos a Caballo. Pronto San Martín pidió autorización al Triunvirato para traer para este cuerpo a trescientos jóvenes de misiones.  Efectivamente pronto se incorporarían esos indígenas Guaraní al embrión del ejército Sanmartiniano. En el camino histórico cuya trayectoria proyecta desde Buenos Aires en 1812 hasta la enigmática entrevista de Guayaquil en 1822, el ejército de San Martín acentuará su composición multiétnica, plurirregional e internacional. Similar proceso había vivido el ejército libertador del norte.

El 7 de agosto de 1819 el ejército de Bolívar obtiene la primera gran victoria estratégica en el Puente de Boyacá en el corazón de la Nueva Granada.  ¿Cómo era ese ejército y con cuántos efectivos contaba? El comandante realista, coronel Barreiro, quien sería derrotado  en aquella batalla, en carta al Virrey Sámano del 19 de junio de 1819, describe, a partir de informes de sus espías, la  composición del ejército de Bolívar y Santander con  las siguientes características:

  • 400 desertores y vecinos de las montañas
  • 600 indios "miserables"
  • 250 negros
  • 600 llaneros
  • 200 ingleses "delicados"
  • Total 2.050[5]

Clement Thibaud ofrece la cifra  de 2.800 patriotas y 2.200 realistas para el puente de Boyacá. En verdad las cifras de Barreiro daban cuenta en términos muy precisos del número de hombres del enemigo. En efecto luego del descenso de los Andes El Libertador incorporó de manera acelerada nueva población a sus filas. La carta del jefe realista corresponde a la situación de mes y medio antes de Boyacá.[6]

Para 1821, el ejército granadino-venezolano contaba con 23.000 efectivos. Para 1824, se contabilizaban 30.000 hombres en el ejército grancolombiano. Las cifras anteriores muestran el esfuerzo colosal, organizativo, logístico, financiero que debió demandar el crear y sostener un cuerpo armado de esa magnitud. Ello implica cambiar la mirada apenas condescendiente, que al menos en el discurso público.

Se ofrece sobre la llamada a posteriori La Gran Colombia. Esa fórmula estatal fue la que permitió que la guerra contra España culminara en la Independencia absoluta de las colonias y en el colapso del imperio español.

La línea maestra de las transformaciones que se produjeron en las sociedades de la América Española como consecuencia de la Independencia se puede seguir si se atiende a la incorporación de la gente en la lucha por la libertad de lo cual sirve de referencia fundamental la conformación de los ejércitos libertadores. En la concepción de Bolívar sobre un ejército profesional se advierte al tiempo una dimensión sociohistórica tan peculiar como ambiciosa. En un pasaje archiconocido esto brilla con fuerza empírica y retórica. Se trata de la carta a Santander pocos días antes de la Batalla de Carabobo

Bolívar: "el pueblo está en el ejército" (13 de junio de 1821).

"Esos señores piensan que la voluntad del pueblo es la opinión de ellos, sin saber que en Colombia el pueblo esta en el ejército, porque realmente esta y porque ha conquistado este pueblo de mano de los tiranos … Piensan esos caballeros que Colombia esta compuesta de lanudos, arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona. No han echado su miradas sobre los caribes del Orinoco, sobre los pastores del Apure, sobre los marineros de Maracaibo, sobre los bogas del Magdalena, sobre los bandidos de Patía, sobre los indómitos pastusos, sobre los guajibos de Casanare y sobre todas las hordas salvajes de África y América que como gamos, recorren las soledades de Colombia"[7]

De fraguas como esa salieron las nuevas sociedades que rompieron al menos la línea vertical de las jerarquías asentadas sobre el pigmento, que resquebrajaron de manera irreversible el esquema de los estamentos, castas, culturas gremios y cofradías. Sin duda en parecidos términos hubiera pudo hablar San Martín para referirse a círculos de las aristocracias porteña o limeña.

Aquí sólo se ha esbozado la orientación continental de la lucha por la Independencia en América que se profundizaría después de la coyuntura inicial de 1809-1813. Al tiempo la lucha de liberalismo español siguió la dirección inversa y colapsó en 1814 con la restauración del absolutismo.

 

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Notas de pie de página 


[1] Krauze Enrique, La presencia del pasado,  Tusquets Editores,  México,  2005, pp. 169.

[2] El Luchador. Diario de la Tarde. Ciudad Bolívar (Venezuela).        Año IV, Nº 1.385. Lunes 18 de abril de 1810.

[3] Arturo Abella, El Florero de Llorente, Bogotá, Antares, 1960

[4] El Tiempo, Bogotá, 8 de agosto de 1969

[5] De Barreyro a Sámano. Paipa, julio 19 de 1819,  La Batalla de Boyacá -7 de agosto de 1819- a través de los archivos españoles. Recopilación documental transcrita y anotada por Juan Friede, Banco de la República, Bogotá, 1969, pág. 83-87.

[6]. Thibaud, Clement. República en armas. los ejércitos bolivarianos en la guerra de independencia en Colombia y Venezuela. Bogotá: Planeta, Instituto Francés de Estudios Andinos, 2000,  pág. 425, 453.

[7] Carta al General Francisco de Paula Santander, San Carlos, 13 de junio de 1821, Simón Bolivar fundamental, Germán Carrera Damas (compilador), Monte Avila Editores, Caracas, 1993,  t. I, pág.192.

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