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Y del huevito salió un gallito

Escrito por Medófilo Medina

medofilo medina¿Qué significan los tres millones largos de votos por Antanas Mockus? Significan una apuesta por el Estado de Derecho. Para no perder ese impulso, el país debería mirar más allá de la coyuntura. Por supuesto los Verdes deberían haberlo hecho en primer lugar.

Medófilo Medina *

En el mes de mayo de 1946 las masas liberales y los dirigentes del partido respiraban en una atmósfera de pesimismo. El cinco de ese mes habían sido derrotados en forma contundente por sus adversarios conservadores, que eran minoría. El presidente electo, el empresario de "cabellos plateados", Mariano Ospina Pérez, sonreía sin parar. También reía Laureano Gómez, solamente que en él la risa no le relajaba el rostro sino que le ponía espasmódicos destellos siniestros. El partido minoritario había triunfado en virtud de la división liberal. El candidato liberal mayoritario, el brillante Gabriel Turbay, no pudo sobreponerse a la derrota. En medio de su amargura abandonó el país y murió pronto, consumido por la pena moral, en el cuarto de un hotel en París. El candidato minoritario Jorge Eliécer Gaitán, en cambio, se creció en la derrota y entró sin solución de continuidad en una prodigiosa actividad política. Evoco estas imágenes para subrayar la importancia que tiene el ejercicio de una política practicada con ganas y la posibilidad que ofrece de superar las derrotas. La experiencia de la campaña electoral de Obama en los Estados Unidos es un fenómeno digno de estudio. En un momento dado, en las primarias, Hillary Clinton invocó el "voto útil" para desestimar con seguridad las posibilidades de Obama. Este se dirigió persuasivamente a sus potenciales electores y permeó la sensibilidad de la población joven. En no poca medida logró la victoria mediante las redes sociales en Internet. A los jóvenes les habló de la Esperanza. Pero al lado de las grandes palabras presentó los puntos de su programa mediante los ejemplos de personas concretas.

¿Es tan sorprendente la sorpresa?

El factor más novedoso de la campaña electoral que culminó el 30 de mayo en su primera fase, lo constituyó la candidatura de Antanas Mockus. La sorpresa que dio antes de los comicios es similar a la que produjo Juan Manuel Santos el día de las elecciones. Pero, cabe la pregunta: ¿había razón para tanta sorpresa?

Como origen de las expectativas debe citarse en primer término el incompetente desempeño de las firmas encuestadoras, que hasta una semana antes daban por sentado que habría un empate técnico entre Santos y Mockus. En materia electoral los votos corrigen las encuestas, pero las mediciones de favorabilidad de los gobernantes ¿contra qué se contrastan?

El segundo factor de distorsión lo constituyó la lectura de la actividad de las redes sociales de Internet en el mercado proselitista. Para dar una idea de la ubicación de los candidatos con mayor presencia en dichas redes muestro las cifras correspondientes al 31 de mayo. En Facebook, Mockus tenía 715.041 "seguidores", Santos 200.733 y Petro 162.802. En Twitter, en el mismo orden los "fans" fueron 52.966, 8.411 y 10.731. La ventaja de Mockus fue notable. Pero… ¿hasta dónde el Internet conquista el voto de los abstencionistas? La franja que hace uso del Internet con fines políticos es restringida y guarda un alto grado de correlación con el nivel cultural de la población. El mayor número de cibernautas politizados proviene de los estudiantes. Es dudoso que en las grades concentraciones urbanas populares se acuda de manera significativa al Internet con fines políticos.

De la coyuntura al mediano plazo

Si se trasciende del nivel estrechamente coyuntural y se orienta el análisis de lo ocurrido el 30 de mayo a partir de una perspectiva de mediano plazo, tampoco se encontrarán motivos que justifiquen el alto nivel de esperanza puesto en los resultados que obtendría el candidato verde. Colombia ha vivido una mutación política que muestra tendencias consistentes hacia el autoritarismo y las fórmulas de derecha. Lo anterior en un país donde, después de la Independencia, la historia no ha registrado ni una revolución social, ni populismo ni golpe militar nacionalista de izquierda o fascista. El menú ha sido el de una invariable combinación de momentos de paz con períodos de violencia endémica, unos y otros animados por la cadencia perenne de comicios acompañados de perdurables patologías electorales.

En 1998 el duelo Serpa-Pastrana se resolvió en segunda vuelta a favor de la Gran Alianza para el Cambio presidida por el segundo. Serpa encabezaba al partido liberal, que se había orientado desde 1997 en la Convención ideológica de Rionegro por una política favorable a un modelo social demócrata y por un programa de modernización y de renovación ética del partido. Tuvo significación evidente en la victoria de Pastrana en segunda vuelta la bendición que su candidatura había recibido desde las montañas de Colombia El Partido Liberal persistiría en la senda reformista y democrática hasta el Segundo Congreso, en 2002, cuando el ex presidente César Gaviria le torció el cuello al proyecto renovador.

Más allá de la izquierda-derecha

Una segunda derrota de Serpa en el 2002, ahora a manos de Uribe Vélez, consolidó el desplazamiento de las mayorías del país hacia la derecha. El presidente llegó al poder con credenciales conocidas: ponente de la Ley 100; patrocinador, desde la Gobernación de Antioquia, de las Convivir… no se trataba de un improvisado outsider. Conquistó a los electores con un programa profuso pero sobre todo con un discurso belicista que exaltaba los sentimientos de odio y de revancha. Después de un período de conversaciones tramposas (trampas que venían en las cartas que cada una de las partes llevaba a la mesa), las conversaciones del Caguán y las esperanzas que amplios sectores de la opinión nacional habían puesto en ellas le abrieron paso al "síndrome del Caguán", que le dio oxígeno al régimen político de la Seguridad Democrática. En su ejercicio, el gobierno creó sus propios factores de afianzamiento, como los que representan los golpes, algunos espectaculares, propinados a las FARC, las redes y recursos clientelistas, el discurso nacionalista a costa de la convivencia normal con los vecinos y de la violación al Derecho Internacional. Por supuesto, en esa parafernalia de mecanismos tiene su lugar el uso criminal de las instituciones del Estado para apremiar a otros organismos del Estado y para asediar y perseguir a los opositores, a los defensores de Derechos Humanos, a los dirigentes de los movimientos sociales, y a los desplazados que aspiran a la devolución de las tierras arrebatadas por paras, narcos, ganaderos y cultivadores de palma.

Al mismo tiempo, desde el último decenio del siglo XX ha avanzado hacia la dirección política de la sociedad y del Estado un nuevo personal político, cuya plataforma de lanzamiento la han puesto las economías subterráneas, desde el narcotráfico hasta el comercio de las esmeraldas. Que un conjunto numeroso de senadores y representantes estén hoy en prisión no cortará la tendencia de la narcopolítica como ancha avenida de recambio de la clase dirigente. ¡Cómo olvidar que nuevos partidos, como el PIN, reciben su bautismo en aguas lustrales que fluyen en las cárceles! Es tan integral el buen suceso del autoritarismo y del neoliberalismo en el país, que el Partido Verde, que apoya al candidato alternativo, tiene una dirección de derecha y programas en lo económico y social que reflejan esa inequívoca orientación. Esta última afirmación no se origina en el desconocimiento de las novedades y los elementos positivos que representa la candidatura de Mockus. La compleja situación política actual de Colombia no se presta a ser reflejada del todo en la contraposición derecha-izquierda. Las tendencias descritas no agotan el cuadro de los cambios políticos. En el país ha avanzado una contrarrevolución cultural que ha alterado las pautas de la cultura política de los colombianos y ha prolongado sus líneas no democráticas. En sus fundamentos ha hecho compatibles la promoción de valores legítimos con el culto a los valores de muerte.

Los votos de Mockus

Los 3'120.716 votos de Mockus representan una apuesta por el Estado de Derecho, un respaldo a la Independencia de la Rama de la Justicia frente a la intromisión brutal del Ejecutivo, un rechazo a la corrupción y al robo de los dineros públicos, un memorando urgente y vehemente frente al presidente Uribe y a quien quiere sucederlo de que la Constitución vigente es la de 1991, una condena a las conductas mafiosas alimentadas y ejecutadas desde el poder. Pero no fueron únicamente los votos por Antanas los que expresaron ese lugar común. La misma disposición política, ética y emocional se reprodujo en la mayoría de los sufragios por Petro, Vargas Lleras y Rafael Pardo. Se trata de un importante arco de fuerzas políticas.

Con fundamento en lo anterior, no resultaba descabellado esperar que Mockus hubiera buscado un cambio estratégico de su campaña con miras a la segunda vuelta. El verde hubiera podido dar paso a la conformación de un abanico multicolor que representara una gran alianza de fuerzas políticas convenida sobre principios éticos y valores culturales, en caso de que no hubiera sido posible un acuerdo de políticas económicas y sociales. Si bien, el programa de izquierda va más allá, al Polo no le resulta indiferente con qué métodos ejerza el poder un gobierno, si con la legalidad demo-burguesa o con pautas ilegales y mecanismos mafiosos. Por ahora los verdes cerraron esa puerta invocando la inconveniencia de un posible "desdibujamiento" por marchar con otras formaciones políticas, como si la política no constituyera el arte de pensar y de actuar con los otros. Peñalosa habla de una alianza con los ciudadanos, como si los partidos estuviesen conformados por extraterrestres y no por ciudadanos. Pero, si por ciudadano se entendiera sólo a las personas individualmente tomadas, sería impropio hablar de alianza, porque se trataría de la labor proselitista que, por supuesto, adelanta cualquiera que tiene pretensiones de acceder al Poder.

Mockus habla para los abstencionistas. No resta sino augurarle suerte en tal empeño. Pero ¿sabe él que hay en esa caja negra que es la abstención? En Colombia es un fenómeno histórico. Salvo las votaciones por el Plebiscito, en diciembre de 1957, el promedio histórico de la abstención se ha mantenido por encima del 50%. Totalizando las cifras de las siete elecciones presidenciales (contando las dos vueltas) que han tenido lugar entre 1994 y 2010, el promedio de abstención es del 52.80%. Ya habrá tiempo de preguntarse por las condiciones de la democracia colombiana que opera sobre la base de la participación política de menos de la mitad de la población.

La utilidad del debate

¿Qué sentido tiene el tipo de anotaciones formuladas en este artículo para que no sean el ejercicio estéril de llorar sobre la leche derramada? Si he buscado encuadrar mis comentarios sobre el proceso electoral que transcurre en el telón de fondo del mediano plazo, es porque creo que, mirando desde la coyuntura el paisaje histórico, se valora mejor la magnitud del reto que hoy se plantea en Colombia, de oponerse a un régimen político, a un estilo, a unas formas de comunicación, a una ética y a una estética del Poder fortalecidas por la música militar y los tambores de la guerra. En los comicios de mayo se vieron muy diversos elementos, que permiten pensar que existen posibilidades de ganar espacio para la reorientación razonable de la vida colectiva.

 

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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