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Colombia: al gobierno se le acaba la luna de miel

Escrito por Medófilo Medina
Medófilo Medina

medofilo medinaUn análisis punzante e informado sobre cómo y por qué las fuerzas de derecha se están moviendo en contra del gobierno Santos, sobre sus cuatro tesis más polémicas, sobre dónde no están ni el Polo ni los Verdes y sobre las nuevas luchas del movimiento social. Este es el nuevo escenario de Colombia.

Medófilo Medina *

Críticas en medio del alivio general

0087En diciembre de 2010, transcurridos cinco meses del gobierno de Juan Manuel Santos, comenzó a aumentar la frecuencia y a elevarse el tono de las críticas contra la nueva administración.

Esas críticas no se originan tanto en la oposición que en principio deberían representar el Polo Democrático Alternativo o el partido de los verdes. Se han levantado sobre todo en el campo de quienes apoyaron al candidato de la Seguridad Democrática: en efecto, el nuevo gobierno sorprendió a sus partidarios y también a sus adversarios con decisiones e iniciativas que contrastan con algunas de las principales políticas de los dos gobiernos de Álvaro Uribe.

Lo anterior ha puesto un toque surrealista al cuadro político. Parecía predominar una feliz disposición hacia el gobierno Santos, que se inició sin ademanes pendencieros y con arrestos de frescura. Y sin embargo es cada vez más clara la sensación de que la luna de miel se acabó.

Pero… ¿con quiénes se acabó? En la encuesta Gallup adelantada del 15 al 21 de febrero, Santos mantiene el 72 por ciento de favorabilidad que tenía dos meses atrás, y el apoyo a su gestión alcanza el 77 por ciento. El aire pro-santista que todavía se respira y que no pudieron disolver los aguaceros bíblicos de la ola invernal, obedece en gran parte al sentimiento general de respiro por la distensión que logró el nuevo gobierno. Es posible que incluso las masas uribistas hayan descansado con el regreso a la serenidad en la política; quizás para muchas personas resultaba fatigante vivir en un perenne domingo de ramos, en medio del frenesí de las palmas y la vociferación extenuante de los !hosanna, hosanna! al mesías.  

La ultraderecha en acción

La ofensiva contra el gobierno se fragua en otros escenarios y es promovida por fuerzas políticas y económicas organizadas:

  • Entre las primeras se destaca el uribismo clase A o "pura sangre", que se anida en el partido de la U.
  • A éste se suman los dirigentes conservadores, cuyo partido disfrutó de generosas tajadas burocráticas que hoy le son disputadas, al menos en parte, por otros sectores de la Unidad Nacional.
  • En sintonía con los anteriores y obedeciendo a su propia fuerza interior actúan -es decir, amenazan y gritan- las unidades del primer anillo mediático del "señor del twitter" y sus incondicionales en los medios de comunicación.
  • Y ya en el centro de los Siete Sellos está el Cordero, o la Estrella, si se quiere evocar el libro del Apocalipsis: Álvaro Uribe Vélez. Con el paso de los días, y a medida que aumenta su sensación de debilidad, han venido aumentando sus niveles de agresividad.

En el campo económico están el poder financiero y los 19 sectores que conforman el Consejo Gremial Nacional, que han tratado de concertar una posición unánime frente a la gestión oficial. Antes de reunirse con el Presidente el 22 de febrero, los voceros de los principales gremios desplegaron una campaña de ablandamiento, para ver si encontraban un Santos condescendiente como el que habían oído el 18 de febrero en el foro presidido por "… el querido presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar" (el vocativo es de Santos).

Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI, había declarado que los paros son problemas de orden público[1]; se daba así la atribución de sacar el derecho de huelga de la Constitución Nacional. Por su parte el presidente de la SAC, Rafael Mejía, lamentaba la pérdida del principio de autoridad[2]. En nombre de los empresarios, Villegas clama por "el restablecimiento de las reglas del juego" es decir, de las reglas prevalecientes bajo el gobierno anterior: las políticas oficiales al servicio del capital y la obsecuencia frente a los poderosos. Quizás añora el momento cuando Luis Carlos Sarmiento dice que es preciso adoptar la conmoción interior para conjurar el paro de los jueces y a los tres días el presidente Uribe la decreta[3].

Los temas polémicos

Los temas sobre los cuales avanza el discurso oposicionista de la extrema derecha son sobre todo la inseguridad ciudadana, la devolución de tierras a las víctimas, una serie de medidas o anuncios económicos y la eventual salida negociada del conflicto. En lo que sigue resumo las tesis de la derecha y examino hasta dónde sus críticas están de veras fundadas en los hechos.

La inseguridad ciudadana

Bajo los gobiernos de Uribe los dirigentes de los "poderes fácticos" y grandes franjas de la opinión pública adoptaron la idea -con ingenuidad unos, con malicia no pocos- de que los avances militares contra la insurgencia o contra "la amenaza terrorista" creaban condiciones de seguridad general y arrinconaban a la delincuencia en su conjunto. No quisieron ver que de la aplicación de la Ley de Justicia y Paz se desprendían frescas las nuevas organizaciones criminales, ni que la misma descomposición de la guerra engendraba otras formas de delincuencia. Como Hugo Acero mostró en la anterior edición de Razón Pública, las tasas de criminalidad han venido ciertamente en aumento; pero el aumento se dio desde los últimos años del gobierno Uribe y no se pueden atribuir como una novedad a la administración Santos. Están inscritas en el conjunto de la Seguridad Democrática en sus negociaciones con las AUC y en el manejo de la desmovilización, según comprueba María Victoria Duque en esta misma edición de la revista.

La devolución de tierras 

El ataque al proyecto de ley de víctimas que presentó el nuevo gobierno no se hace de manera directa, sino invocando la "inseguridad jurídica" que ella implicaría para los empresarios agrícolas y ganaderos. Los exaltados voceros de la derecha simplemente no tienen en cuenta que se trata de defender la propiedad privada, de devolver la tierra a quienes fueron despojados mediante las masacres y el terror.

La iniciativa gubernamental no es un proyecto de reforma agraria. Se busca devolver un promedio anual de 500.000 hectáreas, o sea que al cabo de cuatro años, y si las cosas marcharan "aceleradamente", habrían vuelto a manos de sus legítimos dueños dos millones de hectáreas. El economista Luis Jorge Garay considera que hasta comienzos de 2009 les habían sido arrebatadas a las victimas 5,5 millones de hectáreas[4], o sea que la Ley objeto del ataque ni siquiera llegaría a restituir la mitad de lo usurpado.

La derecha colombiana tiene muy larga experiencia en bloquear cualquier intento de romper la concentración de la propiedad sobre la tierra. En estos tiempos de Bicentenario, podría presentar toda una secuencia histórica.

Pero acá me limitaré a recordar cómo, en los comienzos del Frente Nacional, Lleras Restrepo propuso una reforma agraria, a la cual Álvaro Gómez y el Partido Conservador se opusieron con vehemencia y bajo el célebre lema de suprimir "las repúblicas independientes". En 1961 se aprobó en el papel la Ley 135, de reforma agraria, pero el proceso nació con alas rotas. El "Presidente de la Paz" Guillermo León Valencia (1962-1966) puso el palo entre las ruedas de la Ley y no hubo entonces paz ni redistribución de las tierras. Eso sí, entre 1964 y 1965 se abrió un capítulo nuevo de la violencia en Colombia; Gómez Hurtado reclamó su triunfo: ¡había evitado que Sumapaz, el oriente del Tolima, y Chaparral al sur, se sumaran a Bielorrusia o a Moldavia como "repúblicas hermanas" bajo soberanía soviética! Pero volviendo al presente, notaré que las acciones del gobierno Santos en los Montes de María o la reactivación de la Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra que había sido suspendida por Uribe mediante un decreto de 2003 han provocado las protestas de ganaderos y palmicultores[5].

La política económica

Otras decisiones del gobierno Santos han dañado el humor de banqueros y empresarios. Las menciono apenas para no extender este artículo:

  • Control a la evasión del pago del impuesto del 4 por mil por parte de los bancos (en virtud de esa medida se duplicaron los recaudos)
  • Reducción del arancel sobre algunos tipos de importaciones; -Desmonte de la deducción del 30% por la reinversión en activos fijos en las empresas mineras.
  • Revisión de los subsidios a los floricultores por parte del Ministerio de Agricultura;
  • Aumento del reajuste decretado en el salario mínimo, del 3,4 al 4,0 por ciento;
  • Freno a las Cooperativas de Trabajo Asociado, donde se rompía el vínculo entre el empresario y el trabajador, tan claramente afirmado por la Constitución y el Código Sustantivo del Trabajo.

Otros anuncios de política económica han dado pie al descontento de los empresarios. Por ejemplo la posibilidad de eliminar las exenciones tributarias que abaratan el capital y que presuntamente promovieron la "confianza inversionista" bajo gobierno Uribe; se estima que el Estado deja de percibir entre 4 y 6 billones de pesos por este concepto. O la sugerencia del ministro de Hacienda en el sentido de que la baja bancarización se debe al costo excesivo de los servicios es decir, a la ineficiencia del sector financiero colombiano.

Es importante notar que ninguna de las medidas o anuncios anteriores implica un cambio de fondo en el modelo económico, como algunos sostienen o quisieran creer. Pero sí implican una distancia considerable entre las políticas económicas de Uribe y las de Santos; implican poner límites al tipo de "capitalismo salvaje" que promovió el gobierno anterior para provecho de los empresarios "clásicos" o por una nueva camada de inversionistas. Como escribió Engels hace ya mucho tiempo, llega un momento cuando los burgueses no quieren"explotar a base de pequeñas raterías" sino que prefieren la estabilidad de una legislación establecida[6].

Aunque el gobierno Santos gusta de invocar ciertos principios políticos y éticos (reléase el discurso del señor presidente en los Cien Días de El Tiempo[7]), sus medidas en materia económica no se inspiran tanto en el agobio moral como en el déficit fiscal que heredó y que se agrava ante la magnitud del desastre invernal. Hay que buscar nuevos ingresos donde están, y no parece que el cinturón de los pobres y de las clases medias pueda apretarse más.

¿La paz negociada? 

El tema de una solución política del conflicto interno, donde Santos se ha permitido algunos mohines, produce los espasmos previsibles en el frente naciente de la ultraderecha. Por tanto tiempo ha gravitado la insurgencia sobre el sistema político en Colombia, que un horizonte donde no existan las guerrillas sería una especie de "salto al vacío" para muchos de quienes han gobernado al país. ¡Tantas cosas se han justificado o se han cubierto bajo la necesidad de combatirlas!

"¡Caguaneros!", le espetan hoy los uribistas a quienes mantienen la idea de la solución política. Tal insulto se le escuchó decir, en declaraciones radiales, al "ex comandante" Olivo Saldaña, ese héroe de la paz creado en 2006 mediante el soborno y la impostura en el bochornoso capítulo de la supuesta entrega de 70 guerrilleros de las FARC.

Santos: entre la audacia y la vacilación

La concertación de la ultraderecha se encuentra con un gobierno que va de la audacia a la vacilación. Por ejemplo:

  • Las palabras del ministro de Hacienda a propósito de las exenciones tributarias o del costo de los servicios financieros despiertan protestas de los empresarios pero hasta hoy no ha existido voluntad de convertir los deseos en decisiones.
  • En su discurso de posesión, el presidente Santos dijo que "las llaves de un proceso de negociación no están perdidas"[8], pero en el foro de los conservadores en Villa de Leiva volvió a la metáfora para decir que la puerta está cerrada y las llaves estarían muy refundidas. Santos le coquetea a la idea de algún día ser llamado "el presidente de la paz", pero arriba recordé lo que pasó con un antecesor suyo que quiso ser recordado bajo el mismo apelativo.
  • El ex ministro Rudolf Hommes se refería con razón a la dispersión oficial en materia de política social y señalaba la dirección de unos necesarios correctivos en ese campo[9].
  • No menos, como Gustavo Wilches y Camilo Cárdenas, han mostrado en Razón Pública, la respuesta del gobierno al desafío de los daños invernales deja mucho que desear; y las dudas se agrandan ante la decisión de acudir a las fórmulas y personas que dirigieron con ineptitud y falta de transparencia la reconstrucción de Armenia y el Eje Cafetero.

Los amarillos y los verdes ¿qué se hicieron? 

Entre las fuerzas políticas organizadas, las que en Colombia deberían jugar como corriente alternativa simplemente nos ofrecen dos espectáculos deplorables:

  • Lo que queda del Polo se debate entre las ortodoxias arcaicas del Partido Comunista y el MOIR de una parte, y de otra parte la astucia y las experiencias mercantiles de la casa Moreno Rojas. Petro arrastra con el pesado fardo de un narcisismo político que lo inmoviliza.
  • Y de su lado los verdes no parecen capaces de acopiar fuerzas para recuperarse del gran fiasco antanista en la segunda vuelta de las pasadas elecciones.

La alternativa que se mueve

Para renovar las esperanzas habría que mirar a lo que podría llamarse la oposición social. Los movimientos sociales llegan muy poco a la televisión, a la radio o a la prensa, porque en los medios prima el interés de los propietarios sobre la responsabilidad social o la simple curiosidad de los periodistas. Y sin embargo allí están:

  • Las organizaciones de desplazados que cada día luchan por volver a las tierras arrebatadas a las familias de campesinos y colonos.
  • Las Comunidades Campesinas que se constituyen o se reconstituyen en distintas regiones del país en medio de peligros y dificultades.
  • Las mujeres perseguidas por sus intentos de fundar sindicatos en la industria de las flores, que han acudido a alternativas como crear casas de asistencia y orientación para las trabajadoras.
  • También florecen iniciativas del movimiento comunal, que por años ha sido el movimiento social más numeroso de Colombia y que en octubre de 2010 celebró su congreso nacional en Popayán.
  • El movimiento indígena sigue siendo un actor destacado de las luchas sociales, pese al peso relativamente modesto de los indígenas en términos demográficos.
  • Algunas organizaciones sindicales han resistido tanto a la persecución como a la burocratización "internacionalista" de buena parte de sus directivas nacionales.
  • Los ambientalistas por supuesto se mueven, no pocas veces con eficacia, contra las empresas depredadoras atraídas por "la confianza inversionista".
  • También está la contribución de los LGTB a construir un país más plural y más diverso.

En ese mundo de la protesta social se agita un potencial que puede imponerle rumbos a la política, que podría contener a la ultraderecha y podría profundizar los cambios que hasta ahora se han insinuado. En algunos de esos movimientos están y actúan – justo es reconocerlo- gentes que votan por el Polo o por los verdes y que de momento se sienten ajenos a las movidas de sus formaciones políticas. El movimiento social quizá pueda encontrarse con las reservas democráticas que alientan en los diversos espacios del espectro político.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Notas de pie de página


[1] W Radio, segmento de la mañana del 21 de febrero de 2011.

[2] El Tiempo, 22 de febrero de 2011.

[3] ¡Qué sacudida!" Semana.com. 11 de octubre de 2008.

(http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=116542

[4] Semana, 16 de marzo de 2009.

[5] Semana, 21 de febrero de 2011.

[6] La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, 1845, edición en Internet, pp. 22 y 23. En:

http://www.scribd.com/doc/20969206/Engels-F-La-situacion-de-la-clase-obrera-en-Inglaterra-1845-faltan-imagenes

[7] El presidente Juan Manuel Santos en el centenario de 'EL TIEMPO'. Bogotá, 12 de febrero de 2011. Ver archivo anexo. 

[8] ¡Le llegó la hora a Colombia! Bogotá, 7 de agosto de 2010.

En: http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2010/Agosto/Paginas/20100807_15.aspx

[9] Política social. Rudolf Hommes. El Tiempo. 25 de febrero.

En: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/rudolfhommes/poltica-social_8920740-4

 

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