Sobre la historia del presente - Razón Pública
Inicio TemasPolítica y Gobierno Sobre la historia del presente

Sobre la historia del presente

Escrito por Medófilo Medina

Medofilo medina

Me pregunto: ¿tenemos los historiadores alguna respuesta convincente para quienes se inquieran por los mecanismos emocionales que han permitido que grandes sectores de la población colombiana asuman el pragmatismo amoral de la fórmula el fin justifica los medios o la divisa del todo vale?

Medófilo Medina

Estamos en la iniciación del decimocuarto congreso de Historia[1]. En nombre de la Asociación Colombiana de Historiadores, presento mi saludo de bienvenida a las autoridades que nos acompañan, a los historiadores (as) a los investigadores mayores y a los jóvenes que están en proceso de formación, a las personas que sin ser del mundo de la disciplina han arribado a esta entrañable ciudad histórica empujados por su curiosidad e interés intelectual.

Catorce es ya  un número alto para la reiteración de un evento científico que convoca a un alto número de personas. Cifra y concurso que brindan motivos de satisfacción a quienes cultivamos de manera profesional la historia, pero que también nos exige y compromete. En plan apenas de enunciación, aludo a circunstancias y temas que enmarcan esta asamblea. ¿Estamos los colombianos cerrando el conflicto interno al cabo de de más de cuatro decenios?  El anhelo nos inclina a hablar de la etapa del posconflicto en el que ya se siente respirando  buena parte de la opinión nacional. Sin embargo el análisis frío le recordará a cualquier historiador que si bien  una guerra regular termina en una fecha dada de un año y un mes igualmente dados,  las guerras irregulares no se sabe cuándo terminan. Un enfoque realista sugeriría que el actual es un momento en que tendría mucho sentido la búsqueda  de negociaciones. Que es el tiempo en que las palabras serenas reemplacen el lenguaje exasperado de las conminaciones y condenas. Los triunfos militares con frecuencia encandilan y embriagan, las derrotas sufridas humillan y enceguecen.  La sociedad civil pude sumergirse en un torrente plebiscitario pero podría también encontrar inspiración para la acción política en un campo más fecundo: en el ejercicio de la reflexión. Por razones profesionales los  historiadores estamos entrenados en el distanciamiento, y en la hora actual podemos poner sobre la mesa nuestra propia palabra.

A juzgar por el título de algunas mesas, la denominación de talleres y la presentación de Software (?)en el presente congreso la memoria colectiva es un tema que va a ocupar un amplio espacio. Ello es así, porque está dolorosamente inscrito en la actualidad nacional. También en el mundo está de moda. De los análisis sobre la anámnesis  de  los crímenes de las dictaduras en Argentina, Chile, Uruguay, de aquellos procesos de verdad y reparación, hemos aprendido gracias a la investigación minuciosa que sobre ellos se ha realizado y por supuesto a la incorporación en ese movimiento de muy grandes sectores de la población. Pero también tenemos que asimilar que en esas experiencias encontramos para Colombia  sólo respuestas parcialmente aplicables. Allí se  hizo memoria de etapas ya cerradas, históricamente acotadas. Aquí tenemos la obligación de hacer memoria sobre una sangrienta saga  que aún no se cancela. Cuando hablamos de los lugares de la memoria no aludimos únicamente a la dimensión simbólica; tenemos que abordar los referentes materiales en la reconstrucción de la memoria de millones de personas. Se acerca a 4 millones de gente humilde el número de los desplazados. Digo humilde con plena conciencia filológica. Humilde procede de humus, suelo nutricio que alimenta raíces, tierra. Tierras  que les fueron arrebatadas a grandes conjuntos de población rural. Esos hombres y mujeres no se transforman en plantas adventicias, antes languidecerán del todo. Ha sido un gran sociólogo e historiador de nuestro tiempo,  Norbert Elias, quien ha recordado que los seres humanos no podemos sustraernos al hecho ineluctable de la muerte, pero que no es inevitable que los hombres dejen de matarse. Lo primero es del orden natural, lo segundo pertenece a la Historia.  A ese horizonte miramos al tiempo con angustia y esperanza.

Me pregunto: ¿tenemos los historiadores alguna respuesta convincente para quienes se inquieran por los mecanismos emocionales que han permitido que grandes sectores de la población colombiana asuman el pragmatismo amoral de la fórmula el fin justifica los medios o la divisa del todo vale? La investigación de los procesos sociogenéticos debería  habilitarnos para ofrecer respuestas calificadas.    

Por razones de tiempo y de lugar debo mencionar el Bicentenario de la Independencia. Tenemos sobre el tema un panel con participación internacional. El Día de la Independencia es fiesta cívica nacional en nuestros países más, no olvidemos que el proceso de la Independencia tuvo una dimensión continental. Bolivar y Santander iniciaron su impresionante travesía de los Andes en los llanos de Arauca y Casanare para llegar al glorioso puente. San Martín acometió en Mendoza la misma desconcertante hazaña para arribar a Santiago. Sumergidas en las corrientes de la globalización, las grandes regiones del mundo buscan hoy ocupar su lugar en la cambiante recomposición del mundo. América Latina está rezagada en ese empeño para el cual nos asisten tanto las  diferencias que alimentarían la complementariedad como las identidades que fortalecen la cooperación.

La Gran Colombia no fue una utopía. Existió objetivamente como estructura estatal multirregional al menos hasta el momento cuando la Independencia fue un hecho consumado. El Ejército que enfrentó a Barreiro en Boyacá en 1819 tenía 2.800 hombres pero en 1821 contaba con 23.000 efectivos. Tres años después el ejército grancolombiano  movilizaba a 30.000 personas. Sin la Gran Colombia ¿qué instancia  hubiera garantizado la existencia de un fuerza armada de tales magnitudes? Busquemos en esas realidades pasadas inspiración para la superación de los conflictos y dificultades presentes. Sea la ocasión par subrayar la participación numerosa y calificada de historiadores (as) de América Latina en este Congreso. Quizá sea el momento para emprender con decisión el cultivo de la investigación transversal y comparada en el subcontinente.

Estimadas amigas y amigos: que nuestras deliberaciones sean fecundas y la estadía en esta ciudad de todas las personas que han concurrido al Congreso resulte grata e intelectualmente enriquecedora.

 

Nota de pie de página


[1] Palabras en la instalación del XIV Congreso Colombiano de Historia. Tunja, 12 de agosto de 2008.

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies