Colombia sin el pan y sin el queso en el comercio con Estados Unidos - Razón Pública
Amylkar Acosta

Colombia sin el pan y sin el queso en el comercio con Estados Unidos

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Amylkar AcostaLos exportadores están en el peor de los mundos debido a una combinación de errores de cálculo, de arrogancia colombiana y de sucesivas complicaciones en el congreso de Estados Unidos. ¿David contra Goliat?  Por ahora, el David colombiano lleva todas las de perder.

Amylkar D. Acosta M.*

“No podemos resolver los problemas de
la misma manera que los creamos”
Albert Einstein

ATPA, ATPDEA y TLC: errores de cálculo

Una vez más Colombia enfrenta el grave predicamento en sus relaciones comerciales con Estados Unidos de quedarse sin la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado en 2006 y al mismo tiempo sin la extensión de los beneficios arancelarios que se derivan de la ratificación de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA, por sus siglas en inglés) promulgada en agosto de 2002.

Estos beneficios vienen extendiéndose desde diciembre de 1991, cuando se aprobó por parte del Congreso de los Estados Unidos una primera versión: la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA, por sus siglas en inglés). Su vigencia inicial se prolongó por diez años, luego se renovaría cada cinco años; pero últimamente sus prórrogas fueron cada vez tan breves como angustiosas, por el embeleco del TLC.

Al entonces ministro de Comercio, Industria y Comercio Luis Guillermo Plata se le metió en la cabeza que “extender las preferencias arancelarias por más de un año es inconveniente, porque eso puede convertirse en un sustituto del tratado bilateral”[1].

El sector privado lo secundó en esta errada estrategia y a través de uno de sus más caracterizados voceros, Javier Diaz -Presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (ANALDEX)- manifestó el temor que abrigaba de que la ampliación por más tiempo de las preferencias “llegue a quitarle la urgencia y la prioridad que tiene el TLC”[2].

Ellos se dieron por satisfechos y consideraron como un gran logro que la última prórroga fuera por sólo seis semanas – es decir, hasta el pasado 13 de febrero. Todo para después estar haciendo fuerza y saltando matones, como está pasando ahora, debido a las trabas que han impedido que el congreso estadounidense extienda una vez más dichas preferencias.

Ni Obama ha podido

Pero al parecer no se escarmienta: Javier Díaz aseguró recientemente que “sobre la mesa hay una propuesta de extender el ATPDEA hasta julio porque se quiere presionar una aprobación del acuerdo comercial, debido a que en el segundo semestre hay de nuevo elecciones y se puede enredar, y este tema desaparece de la agenda”[3]. O sea que aún en este escenario “optimista”, el stress de los exportadores volvería a producirse en julio.

Lo cierto es que al no haberse tramitado oportunamente la prórroga del ATPDEA, desde el pasado 13 de febrero se perdieron sus beneficios. Todas las exportaciones, sin excepción, están pagando aranceles para ingresar al mercado de Estados Unidos. Dado que el congreso americano entró en receso por dos semanas desde el jueves 17, dicha situación se prolongará por lo menos por un mes.

Así como en su momento la Ley de Ajuste de Subsidios y Servicios, más conocida como la Trade Adjustment Assistance (TAA, por sus siglas en inglés) malogró el trámite de ratificación del TLC por parte del Congreso de Estados Unidos[4], ahora se ha convertido en la manzana de la discordia entre demócratas y republicanos impidiendo la aprobación de la extensión de los beneficios del ATPDEA que los demócratas han atado a la suerte del TAA, al incluirlo en el mismo proyecto.

Se trata de una norma que busca proteger a los trabajadores norteamericanos que queden supuestamente cesantes como consecuencia de la entrada en vigor de los TLC. Los republicanos aducen que no se pueden dar más ayudas porque se aprobó un seguro de desempleo. Su argumento es que no pueden existir dobles beneficios y los demócratas no ceden y exigen que el TAA y el ATPDEA se aprueben en forma simultánea. En este pulso entre demócratas y republicanos, Colombia está atrapada entre dos fuegos sin saber qué hacer.

De nada ha valido la exhortación de Obama al Congreso para renovar el ATPDEA “lo más pronto posible”[5], ni la intervención del Embajador y Representenate Comercial de Estados Unidos adscrito a la Casa Blanca, Ron Kirk, instándolo “a extender estos tres programas (entre los cuales está el ATPDEA) lo más pronto posible y hacerlo más sustancialmente que por unos pocos meses”[6].

Y fue aún más lejos, al condolerse de la suerte del país considerado por Obama como su aliado estratégico  pues, según él, “agricultores y trabajadores en Colombia perderán acceso al mercado estadounidense justo cuando se están recuperando de severas inundaciones”[7]. Remató diciendo: “estoy decepcionado”[8].

Reacción tardía y mamadera de gallo

La reacción por parte del gobierno colombiano ha sido un tanto errática y contradictoria, pues el nuevo Ministro de Comercio, Industria y Turismo Sergio Diaz-Granados afirmó en forma sibilina que “no quiero mandar el mensaje equivocado al congreso de Estados Unidos de que Colombia puede sobrevivir sin el ATPDEA, aunque es claro que podemos sobrevivir”[9]. No, pero sí. Y ello, después de admitir que “no hemos dimensionado la magnitud del problema”[10] planteado para enfrentar con éxito este “bache sin ATPDEA”[11].

Por su parte, Gabriel Silva -Embajador de Colombia en Washington- aseguró que “para nosotros no hay Plan B ni segunda opción”[12]; es decir, que Colombia se está jugando con el ATPDEA el todo por el todo.

Ante el hecho cumplido de que Colombia se ha quedado sin el pan y sin el queso, sin TLC y sin ATPDEA -y no se sabe todavía por cuánto tiempo más-  al Ministro Diaz-Granados le tocó salir a “ver cómo instrumentamos un Plan B, para ver si se reedita el tema de los reintegros de los aranceles pagados”[13]. 

Traducido a lenguaje comprensible: que el congreso de Estados Unidos apruebe la extensión del ATPDEA con retroactividad al 13 de febrero, de modo que se reintegraría a los exportadores colombianos lo que hayan cancelado por concepto de aranceles durante dicho intervalo.

Esta perspectiva no entusiasma mucho a los exportadores, toda vez que el Gobierno de Estados Unidos le giraría dicho valor a los importadores estadounidenses y son éstos quienes deberán reembolsarlos a aquéllos. Y no es para menos, pues ya en el pasado y en idénticas circunstancias les han puesto conejo y los importadores norteamericanos se han quedado con dicho reintegro a expensas de los colombianos. 

En el mejor de los casos, el reintegro de los aranceles demora en darse, como lo recuerda el presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas. Según él “ya eso nos pasó hace unos años, el trámite para devolver esos aranceles cuando vuelvan a poner el ATPDEA en vigor se demoran fácilmente siete u ocho meses. Uno cree que los trámites se demoran aquí en la DIAN. No, allá también”[14].

Cabe recordar que en 2002 Estados Unidos dejó a Colombia siete meses sin ATPDEA, con todas sus consecuencias; la historia podría repetirse si el gobierno nacional no cambia de estrategia y hace valer la corresponsabilidad que le cabe al gobierno de Estados Unidos en la lucha en contra de las drogas ilícitas, que fue la razón de ser de las preferencias arancelarias a favor de cinco de los países andinos (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia).

Ante el riesgo de que los exportadores puedan ser perjudicados por la demora de Estados Unidos en extender los beneficios del ATPDEA, han planteado medidas tales como ésta: que “en vez de pagar, planteamos que los exportadores tengan una póliza de cumplimiento por semanas o meses por el monto de los aranceles, es decir, que no tengan que sacar la plata ahora. Si transcurre determinado plazo, y no hay retroactividad, se hace efectiva la garantía, que asumiría el empresario”[15].

A su vez el gobierno nacional, a través de Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, ha contemplado la posibilidad de autorizar créditos blandos por parte del Banco de Comercio Exterior (BANCOLDEX), con el fin de proporcionar liquidez a los exportadores para cumplir con el pago de los aranceles causados, los cuales serían pagados posteriormente con el reintegro de los mismos. Una especie de salvavidas para los exportadores.

Ante la salida poco diplomática del embajador Silva, manifestando su disgusto y dando a entender que a Colombia ya se le está agotando la paciencia por tanta mamadera de gallo, primero con la ratificación del TLC y ahora con la prórroga del ATDEA, Javier Díaz llama la atención sobre el hecho incontrovertible de que “si uno no quiere perder el mercado, tiene que acceder a pagar los impuestos. Yo no cambio un mercado como Estados Unidos de la noche a la mañana; hay que seguir en la campaña de diversificación, independientemente de lo que pase con el ATPDEA o el TLC”[16].

En este caso, como en la paradoja de Huidobro, los árboles no han dejado ver el bosque a los responsables de la política de comercio exterior de Colombia. ¿Hasta cuándo?

*Ex presidente del Congreso de la República

Notas de pie de página


[1] Portafolio. 12 de febrero de 2008.

[2] Idem.

[3] Dinero. 15 de febrero de 2011.

[4] Acosta M.,Amylkar D.: “El TLC: otro falso positivo.” 15 de diciembre de 2008.

[5] El Nuevo Siglo. 15 de febrero de 2011.

[6] Idem.

[7]Portafolio. 15 de febrero de 2011.

[8] Idem.

[9] El Tiempo. 14 de febrero de 2011.

[10] El Espectador. 14 de febrero de 2011.

[11] Idem.

[12] Idem.

[13] El Tiempo. 14 de febrero de 2011.

[14] Colprensa. 14 de febrero de 2011.

[15] Dinero. Javier Díaz, Presidente de ANALDEX. 15 de febrero de 2011.

[16] Ibidem

Acerca del autor

Amylkar Acosta
amylkaracosta@razonpublica.org.co | + posts

* Economista de profesión. Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Ex presidente del Congreso de la República y ex ministro de Minas y Energía. Docente e investigador de las universidades Externado, Los Andes y del Rosario. 45 obras publicadas y columnista de los principales diarios del país.

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Amylkar Acosta

* Economista de profesión. Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Ex presidente del Congreso de la República y ex ministro de Minas y Energía. Docente e investigador de las universidades Externado, Los Andes y del Rosario. 45 obras publicadas y columnista de los principales diarios del país.

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