Jaime Acosta, autor en Razón Pública
Foto: Secretaría de Desarrollo Económico

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Para el avance de la economía nacional es necesario empezar el camino de la reindustrialización de Colombia. ¿Por qué no hemos logrado avanzar en este tema?

Jaime Acosta Puertas*

Crisis multisistémica 

La economía colombiana ha empeorado en medio de un contexto internacional sin estabilidad política y económica. Se trata de una crisis producida por factores externos e internos.  

Los primeros: deuda externa desbordada, comercio internacional ralentizado, crecimiento medio y bajo de las economías, amenazas geopolíticas de distinto tipo, precarios mandatarios en las potencias occidentales, poca importancia de ciertos organismos internacionales, y mucha importancia de la banca internacional de desarrollo y financiación. 

Los préstamos de corto plazo para solventar la crisis del Coronavirus no tienen coherencia. Pareciera que su propósito fuese sobreendeudar a los países en desarrollo para luego apoderarse de su economía y activos, incluidos los que no se ven –como los provenientes de la explotación de carbón sobre los que la Corte Constitucional reconoció beneficios tributarios a multinacionales que se empezarán a ir en 2034 y dejarán daños ambientales para 2090–. 

La precariedad de las políticas económicas de los últimos treinta años ha conducido a una economía frágil, desindustrializada, extractivista, con baja productividad y una descomunal corrupción en expansión entre políticos, entidades públicas y empresarios.

Lo mismo ocurrió con las zonas francas, cuando se consagraron incentivos tributarios para todo tipo de empresas y no únicamente para las exportadoras. Por estas dos decisiones se redujo a la mitad los ingresos esperados con la Reforma Tributaria de 2022. Al hacerle daño al gobierno progresista, le hicieron daño a la nación. 

Los segundos: la precariedad de las políticas económicas de los últimos treinta años ha conducido a una economía frágil, desindustrializada, extractivista, con baja productividad y una descomunal corrupción en expansión entre políticos, entidades públicas y empresarios, son también factores que han aportado a una deuda externa  que pasó del 33,2% al 57,1% del PIB entre 2012 y 2024, y que se estima –en un escenario muy optimista–, que puede superar el 80% en 2050, según Jorge Iván González en su artículo La crisis sin precedentes de la deuda pública en la Revista Sur. 

Según él, hay cuatro razones que explican este elevado endeudamiento: los créditos de corto plazo contratados por el expresidente Iván Duque, la financiación del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, el congelamiento de las tarifas de servicios públicos por la pandemia –los cuales el Estado debe compensar–, y los faltantes de las concesiones de los peajes por culpa del Coronavirus. Estos son acumulados que el gobierno del presidente Petro ha recogido y suman 52 billones de pesos. 

Los anteriores son comportamientos recientes, algunos ocultos, otros politizados, pero todos en deterioro. Tan preocupantes como los de la deuda, son los asociados a la estructura de producción nacional y su transformación para un crecimiento más alto y menos vulnerable.  

Entonces las soluciones son más complejas, porque una elevada deuda pública con compromisos de corto plazo, le resta recursos a la reindustrialización y a la inversión social. Además, como no se ha generado un ambiente político para un acuerdo nacional por la soberanía y un desarrollo productivo sostenible e innovador, la discusión sobre el modelo de Estado, sociedad y del lugar de Colombia en el mundo se ha centrado en lugares comunes de corto plazo, y una pugnacidad sin sentido ni contenidos positivos. 

La apertura neoliberal desindustrializó a Colombia y abatió la soberanía alimentaria. La balanza comercial de productos agrícolas es cercana a cero: por un peso que se exporta, un peso que se importa. El caso de la industria es dramático porque más del 92% de las importaciones son productos industriales, mientras que todas las exportaciones distintas a los minero- energéticos no superan el 45% del total exportado. Es decir, Colombia tiene un déficit comercial industrial sostenido del 50%, lo cual determina un déficit de productividad, innovación, investigación, recursos humanos, emprendimientos innovadores y disruptivos, y de brechas interregionales inaceptables. 

Quienes piden bajar aranceles de insumos y bienes de capital para la industria están aceptando el fracaso de las políticas de competitividad y transformación productiva de los últimos treinta y dos años. Esta medida tiene pocos efectos, pues la tecnología por sí sola no aumenta la productividad, diversifica la producción o aumenta las exportaciones. Por el contrario, son el conocimiento, la inteligencia y la creatividad asociadas al aprendizaje, la producción y el desarrollo tecnológico lo que hace posible un desarrollo sostenible e innovador. 

Foto: Presidencia de la República - El presidente Petro anunció en la convención anual de Asobancaria que pronto estará listo un paquete de medidas económicas, para presentarlo al Congreso de la República.

¿Del extractivismo fósil al extractivismo verde? 

Se podría resumir así la evolución del PIB sectorial en Colombia desde hace cincuenta años: la industria pierde 50% de participación en el PIB, pero aumenta más de 60% la participación de la producción minera.  

Entre 2005 y 2022, la participación de la minería en la industria manufacturera pasó del 28.3% al 37.6%. Si se resta la participación de la minería, la industria manufacturera disminuyó su participación en el PIB del 9,3% entre 2006 y 2015 al 7% entre 2016 y 2022, cuando en 1990 superaba el 20%. 

Así, la desindustrialización es un proceso negativo sostenido que explica por qué no sucedieron los desarrollos asociados a la producción minera, razón por la cual las cadenas de valor en los eslabones de mayor contenido tecnológico no existen en las actividades extractivas, sobre todo con el carbón. 

Este panorama remata con el menor aporte esperado de las exportaciones en el PIB estimadas, respecto a economías emergentes y avanzadas, un 70% menos, teniendo en cuenta el tamaño de la economía y de la población de Colombia. 

Después del extractivismo fósil –que no dejó crecer bien y menos desarrollar a Colombia–, está el riesgo de caer en un extractivismo verde, en el cual el país pone el recurso al servicio de las energías alternativas, el mercado y la mano de obra de menor calificación, mientras las multinacionales entregan tecnología sin transferencia ni aprendizaje para la nación. Es decir, no habría aporte a la reindustrialización nacional. Hay que ponerle atención a la manera en que se incorporan las energías alternativas al sistema productivo y de innovación, porque un extractivismo verde no sería el camino correcto. 

El extractivismo fósil ha dejado muchos problemas y se puede repetir la historia si la política de reindustrialización, junto a la de energías alternativas, ciencia y tecnología, educación y desarrollo regional, no hacen una tarea coordinada y sustentada en generar capacidades nacionales, en cuyo contexto se puede atraer inversión extranjera y establecer acuerdos internacionales en investigación y desarrollo. 

No es inteligente comparar a Colombia con Brasil y México 

Quienes afirman que la inversión privada ha caído por falta de libertades a las empresas, aludiendo que en Brasil y México los gobiernos son de izquierda, pero dejan trabajar a los empresarios, están diciendo una barbaridad. 

México, por el TLC con Estados Unidos, desde mediados de los años 1980, se ha convertido en una potente plataforma de industrias de maquila de alta tecnología. Por eso es la economía número 12 del mundo. 

Por su parte, Brasil es una potencia emergente del grupo de los BRICS y es la sexta economía más grande del planeta, con sectores primarios en los que es el primer productor del mundo, así como en actividades de alta tecnología en las cuales compite a escala mundial. La industria aeroespacial es una de ellas. Además, su inversión en investigación y desarrollo está por encima del 1,2%del PIB, mientras que Colombia jamás ha superado el 0,30%, y en México es el doble. 

Un proceso de reactivación para Colombia debe incluir ajustes estructurales en lo tributario y en la aprobación de reformas sociales para poner a Colombia en una senda de equidad, modernización, oportunidades, transparencia, estabilidad y cierre de brechas interterritoriales.

Reactivación sin reindustrialización no es reactivación 

El gobierno nacional lleva dos meses preparando un paquete de medidas económicas para reactivar la producción. El presidente Petro anunció en la convención anual de Asobancaria que pronto estará listo para presentarlo al Congreso de la República. 

Sin embargo, un proceso de reactivación para Colombia debe incluir ajustes estructurales en lo tributario y en la aprobación de reformas sociales para poner a Colombia en una senda de equidad, modernización, oportunidades, transparencia, estabilidad y cierre de brechas interterritoriales. Como dice Laura Quintana, “el capitalismo produce todo el tiempo sufrimiento social”, y en Colombia aún más por la combinación entre rezago productivo, inequidad, ilegalidad, violencia y corrupción. 

La reactivación debe darse en el marco de la política nacional de reindustrialización. El presidente debe hablar de reindustrialización, de misiones intersectoriales, de impactos regionales, y enriquecer su discurso sobre el desarrollo en la economía de la innovación. Esto también lo debe hacer el nuevo ministro de Industria, Comercio y Turismo, junto a la ministra de Ciencias, y ambos con cada uno de los ministros y ministras de las apuestas estratégicas de la política nacional de reindustrialización. 

El presidente expresa que uno de los objetivos del paquete económico que enviará al Congreso es impulsar sectores estratégicos. La política de reindustrialización los tiene claramente definidos: agricultura con agroindustria, industrias de salud, energías alternativas, sistemas de movilidad, y defensa y vida asociada a la industria aeronáutica y naval. A las que se puede sumar el turismo, como estrategia complementaria. 

Sin embargo, parece que la política de reindustrialización hubiera sido elaborada en otro planeta, porque no se constata una apropiación en el gobierno, en los gremios, en las empresas, en la academia, en los políticos y en las cortes. 

Van dos años del gobierno progresista y la reindustrialización no arranca. El peligro está en adoptar el mismo talante de paliativos de otros momentos de inflexión de la economía. La situación externa e interna muestra la necesidad de cambiar los esquemas mentales de pensar el desarrollo hacia una nueva sociedad producto de algo desconocido: el calentamiento global en el contexto de un nuevo orden geopolítico en construcción o en destrucción. 

La pugnacidad de Colombia en el espacio político está alejada de la compleja realidad interna y externa. Son tiempos para sumergirse en la reciente filosofía, y en debates progresistas luego de dos siglos de un radical conservatismo. 

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: X: DNP

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Foto: X: DNP

Además de delegar tareas y transferir dinero a las regiones, necesitamos replantear la relación entre niveles de gobierno para que las regiones – y por lo tanto el país—puedan despegar hacia el desarrollo sostenible impulsado por la innovación desde los territorios y desde la nación.

Jaime Acosta Puertas*

Una visión alternativa de Colombia

El borrador en discusión al que accedí de  la Misión de Descentralización convocada por el gobierno nacional tiene un acierto y un pendiente: el acierto es proponer un norte claro para el proceso de descentralización hacia un país menos desequilibrado y espacialmente mejor comprendido y organizado; el pendiente es no señalar cómo sería la transición hacia la autonomía regional, que implicaría cambios en  lo nacional y en lo territorial, cambios que a su vez tendrían que plasmarse en una ambiciosa reforma de la Constitución.  

Pero ya se dispone de una mirada distinta y en consonancia con un gobierno progresista que reconoce la evidente complejidad y heterogeneidad de los territorios y de su gente. Colombia es un Estado centralista que pretende perpetuar la dominación de algunas culturas, dotado de abundantes recursos naturales en territorios diversos, sin entender que ya nada será igual para las élites políticas, económicas y tecnocráticas de los pasados dos siglos. 

La Misión de Descentralización obedece a dos lógicas: la sectorial y la territorial.  Aunque las transferencias van del Gobierno Nacional a los territorios, las transferencias no se asignan con un enfoque descentralista ni de cierre de brechas, equidad entre territorios, inclusión de las poblaciones con los más bajos niveles de bienestar, ni atendiendo las urgencias del calentamiento global, ni protegiendo la riqueza ambiental, ni proyectando el potencial de las culturas para aprovechar factores propios de un desarrollo endógeno sostenible desde la economía de la innovación y comprensivo de una actuación abierta en la globalización.

No se trata de atender únicamente al desarrollo sostenible de los distintos países, sino de los distintos territorios dentro de los países con menor desarrollo, así como de las zonas fronterizas como en el caso complejo de la Amazonia. Es decir, son las naciones y los territorios los que pueden salvar la selva amazónica.

El desarrollo sostenible innovador implica ir más allá de la descentralización y una manera diferente de pensar y actuar de los actores para concebir nuevos paradigmas. Por eso es válido considerar este desarrollo endógeno como una variante heterodoxa de la economía de la innovación capaz de superar la dependencia de fuentes externas de conocimiento y de bienes y servicios de alta complejidad tecnológica. Con la descentralización esto no es posible, pero con las autonomías regionales sí, porque se sumarían recursos de la nación, de los territorios, de las empresas, y de centros de investigación y educación.

Puede Leer: Mazzucato y la política nacional de reindustrialización

La salud como ejemplo

En Colombia se debate la reforma a la salud. En el texto inicial, que se cayó en el Senado, había un artículo que impulsaba el desarrollo de una industria de salud y la investigación científica y tecnológica en el marco de las políticas nacionales de reindustrialización y de educación.

El desarrollo sostenible innovador implica ir más allá de la descentralización y una manera diferente de pensar y actuar de los actores para concebir nuevos paradigmas. Por eso es válido considerar este desarrollo endógeno como una variante heterodoxa de la economía de la innovación capaz de superar la dependencia de fuentes externas de conocimiento y de bienes y servicios de alta complejidad tecnológica.

Pero el artículo desapareció en el nuevo texto concertado entre el presidente, el ministro de Salud y las EPS. No creo que fuera un error involuntario, parece más una presión por parte de las farmacéuticas y de importadores de otras tecnologías del sector. Es decir, si Colombia llega a vivir otra pandemia, volverán los problemas de abastecimiento de vacunas y de otros medicamentos, insumos y equipos de uso médico, porque se desperdiciaron los resultados de la Cienciatón que impulsó el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuando Mabel Torres fue ministra, y porque la autonomía productiva y tecnológica ya no hacen parte de la reforma.

Si en el nivel nacional se originan estas fallas del mercado y del Estado, los impactos se sentirán en los territorios porque las capacidades de algunos de ellos para desarrollar alta tecnología e investigación de frontera quedarán neutralizadas por malas decisiones de las autoridades nacionales.

De Colombia a Brasil

Mientras que el gobierno colombiano y las EPS quitaban el componente productivo y de investigación en la reforma de la salud, en Brasil, el presidente Lula inauguraba en Minas Gerais la fábrica de insulina de BIOMM, empresa nacional. “Es una expresión del sueño de soberanía en el área de salud. Un país soberano precisa de una industria nacional fuerte”, dijo Lula. 

Al día siguiente Lula también asistió a la entrega de un avión de última generación fabricado por Embraer para la aerolínea brasilera Azul. Brasil es un país federado, es decir, tiene un modelo de autonomía territorial en el cual convergen nación y territorio en distintos frentes estratégicos.

Mientras tanto, en Colombia, General Motors anunciaba el cierre de su planta en Bogotá, ya lo había hecho Mazda y seguramente lo hará Renault. Con esto se afectan las empresas de autopartes que habían logrado un alto nivel de desarrollo. Este no parece un tema de la política de descentralización, pero si lo es porque afecta condiciones de un desarrollo endógeno sostenible, nacional y territorial, pues se pierden capacidades para aumentar la productividad, asignar mejor los recursos transferidos por la nación y los propios de los territorios. Así se afecta el camino a la autonomía de las regiones, pues no se pueden perder industrias avanzadas y que estas no sean reemplazadas por otras igual o más avanzadas del sistema de movilidad.


Lo regional se decide en lo nacional  

Al sacar de la reforma a la salud el desarrollo de capacidades productivas y de investigación se ven afectadas tanto la política de salud como la política nacional de reindustrialización, porque una de sus cuatro apuestas estratégicas son las industrias de salud. 

Esta inexplicable decisión hace daño a las políticas de ciencia, tecnología, innovación y educación. Los errores de política conllevan un efecto de derrumbe para la economía, el conocimiento, los ingresos de la nación, el empleo calificado y otras variables, como la calidad, autosuficiencia y eficiencia de las políticas sectoriales y la interrelación entre ellas.

Las políticas nacionales están diseñadas para gobernar desde el centro y no para cogobernar con los territorios. Por eso tienen grandes dificultades para bajar a los territorios, y es imposible subir a la Nación desde los espacios subnacionales, porque la descentralización, por definición, es una camisa de fuerza centralista, de la cual no es fácil liberarse.

El presidente y su ministro de salud negociaron los CAPS, pero entregaron la soberanía nacional. Un mal negocio. Y aún no sabemos en qué terminarán las deudas de las EPS, porque el mal manejo de algunos recursos públicos, también inciden en la calidad de los servicios y restan recursos para investigación. Perder soberanía productiva y tecnológica, y perder recursos públicos es como perder al profesor al cirujano y el quirófano.

El “conejo” de la Nación a las regiones

La Constitución de 1991 dispuso que las transferencias para las regiones irían aumentando hasta alcanzar el 46,5% de los   ingresos corrientes de la nación (ICN); pero durante las dos primeras décadas del siglo XXI se hicieron ajustes al modelo de estimación de las transferencias, y se redujo su monto al 30% de los ICN (incluso en años recientes, se llegó a un 21%).

El recorte y la inestabilidad de las transferencias deterioran la cobertura y calidad de la educación y los servicios de salud pública, el agua potable y el saneamiento básico. Asimismo, llegaron escasos recursos a municipios ribereños y del litoral Pacífico. En este contexto, si habláramos de crear un nuevo departamento, sería el de las comunidades afrodescendientes de Cauca, Nariño y Valle, porque Chocó ya sobrevive a males más ajenos que propios, pero con un enorme potencial multisistémico. El ascenso de personajes, mujeres y hombres, en la vida pública nacional es una muestra de ello.

El modelo de descentralización que propone la Misión mantiene como mínimo de transferencias el 31, 5% de los ICN en el año 2032. Esta cifra resulta de valorar las metas de cerrar brechas intra e interterritoriales, aumentar la asociatividad territorial y proteger el medio ambiente, tanto en los municipios de prevalencia ambiental y de vocación primaria, como en todos los demás municipios porque la sostenibilidad ambiental debe cobijar todo el territorio.

La descentralización ha sido manejada con un marco y contenidos aceptables, pero no suficientes. Por supuesto, los políticos son los culpables, y el modelo propuesto por la Misión, de ser acogido, le dará oxígeno a la descentralización en sus distintos componentes, aunque no se lograrán propósitos superiores, por las siguientes razones: 

  • El Estado se encuentra dividido en políticas sectoriales nacionales fragmentadas y en agencias estatales donde la descentralización es considerada simplemente como una más entre varias políticas. Existe la creencia errónea de que añadiendo más normas a la descentralización, se mejorarán la representatividad, coordinación, eficiencia y transparencia. Pero esto no es así debido a que el modelo de desarrollo nacional, con sus profundos desarreglos institucionales, se encuentra desarticulado.  
  • Las políticas nacionales están diseñadas para gobernar desde el centro y no para cogobernar con los territorios. Por eso tienen grandes dificultades para bajar a los territorios, y es imposible subir a la Nación desde los espacios subnacionales, porque la descentralización, por definición, es una camisa de fuerza centralista, de la cual no es fácil liberarse. Es lo mismo que el constituyente primario, que delegó su representación en la democracia representativa y ahora no tiene quien vea por él.

A la Misión de Descentralización hay que reconocerle su impecable contenido técnico y la intención que subyace a los cinco objetivos que son el camino a la autonomía territorial. Sugiero que a esta Misión se la encargue de elaborar un texto sobre Colombia un estado de autonomías regionales, y verán como cambia la visión sobre el futuro de esta nación.

Lea en Razón Pública:  Regiones autonómicas: una propuesta alternativa

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Prosperidad Social

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El enfoque novedoso de Mariana Mazzucato para el desarrollo de Colombia y las condiciones para llevarlo a la práctica.

Jaime Acosta Puertas*

Treinta años perdidos

Colombia se alejó completamente de la economía de la innovación de Schumpeter y sus sucesores. Por eso mismo se aparta de la visión innovadora y elegante de Mariana Mazzucato, quien propone fortalecer el Estado y sus relaciones con el empresariado, sobre todo con aquel dispuesto a crear, innovar y desarrollar nuevas actividades y conocimientos para transformar la producción.

La ortodoxia neoliberal se esconde detrás del argumento mentiroso del posible retorno a la estatización, algo que no está para nada en la idea de Mazzucato y demás pensadores del nuevo desarrollo en la Era Tecnológica en ciernes, a la cual Colombia está llegando tarde porque el neoliberalismo colombiano no inspira ningún movimiento de vanguardia.

Temas como la producción de alta tecnología, el desarrollo de la ciencia, una educación de alta calidad que desarrolle la creatividad y el conocimiento para la reindustrialización, así como impulsar las autonomías territoriales vía cambio constitucional, no estuvo en la agenda de los gobiernos, empresarios, incluso, de la misma educación y de los políticos nacionales y regionales en los últimos treinta años.

El modelo neoliberal colombiano fue pensado para los negocios de los más millonarios de aquí y de allá, para entregar la soberanía al desarrollo y mantener sin oportunidades de pleno bienestar a la mayoría de la población que no le quedó camino distinto que la informalidad y la ilegalidad.

Intentar armar una misión con las cuatro apuestas sectoriales, más una misión de desarrollo regional, sería una locura. Colombia no está preparada para ello, si asumimos la polarización política donde la oposición es defensora del fracasado neoliberalismo, y la PNR se enmarca en un esquema progresista en la concepción de las políticas.

Colombia tiene un sistema productivo y de innovación rezagado, una política macroeconómica prudente para contentar a las autoridades mundiales del capital financiero global, pero restrictiva porque más le preocupa controlar a ultranza el déficit fiscal y amparar hasta la obsesión la regla fiscal que disponer durante un tiempo de más recursos para la inversión en desarrollo.

El modelo de crecimiento del mercado, incluso, diría que ha sido cruel por su saga de violencia asociada a su premodernidad, tanto que se puede hablar de treinta años de violencia neoliberal.

Le recomendamos: Por fin avanza la política de reindustrialización

Las barreras al desarrollo

Colombia cuenta con islas de desarrollo (públicas y privadas) que le permiten pisar una baldosa en el suelo del desarrollo: grupos de investigación y empresas innovadoras que hacen investigación avanzada y algunas áreas del conocimiento para conversar con la vanguardia de su actividad. Y, aunque son pocos, alimentan la esperanza de nuevos arreglos institucionales duraderos para un Estado innovador y emprendedor y una economía en sintonía con ese propósito.

Las relaciones positivas Estado–Empresas no pueden ser posibles si el primero lo único que hace es regular facilidades para aprobar contratos para que los segundos hagan lo que quieran con los recursos públicos.

Tampoco puede fluir esa relación en un propósito superior si las empresas financian una inmensa red de gremios que solo piensan en mantener aceitadas las aduanas para las importaciones y no para impulsar nuevas y avanzadas exportaciones.

Entonces, ese vínculo entre el Estado y las Empresas que fluye en los países avanzados y en las regiones innovadoras, no es posible en Colombia, porque el Estado neoliberal no fue pensado para emprender e innovar y, en consecuencia, tampoco el empresariado es innovador.

En ese contexto, es difícil la construcción de relaciones virtuosas y de sistemas que interrelacionen la cooperación intersectorial sostenida entre actores, por lo cual los clusters son un sofisma porteriano, pues no están dados los factores más importantes en su construcción: el aprendizaje para el cambio estructural de la especialización y el cambio tecnológico.

Con un modelo de crecimiento vacío, en crisis, racial y territorialmente acotado, que agotó todos los recursos inteligentes posibles, se hace más necesaria la construcción de acuerdos institucionales duraderos que conduzcan a la formación de un sistema institucional armónico y equilibrado para desarrollar la nación y no solo para beneficio de poderosos intereses particulares.

Además, se cree que el pesado y gigantesco sistema de organismos que son las instituciones que le permite a Colombia funcionar como Estado ascendente a pesar de tantos y graves problemas.

Eso no es cierto, de lo contrario no estaría viviendo el enorme desarreglo institucional derivado de un adefesio de normas que bloquean la elección de una decente y competente fiscal general.

Ese problema está asociado al modelo de crecimiento donde la corrupción es un sector ilegal que crece y continúa creciendo ante la escasa movilidad social del sistema productivo basado en recursos naturales con poca agregación de valor, baja productividad, abandono territorial, y escasa diversificación de las exportaciones.

La corrupción ha doblegado valores y atentado contra arreglos institucionales indispensables para un desarrollo fluido y tranquilo de la economía, de los poderes y de la nación.

Las misiones de Mazzucato

Las cuatro revoluciones tecnológicas (agrícola, industrial, informática y 4.0) están entrelazadas. En la medida que van surgiendo nuevas disrupciones tecnológicas se van formando sistemas productivos y de innovación cada vez más grandes y complejos, integrados a través de sendas políticas sectoriales – intersectoriales.

En la medida en que la complejidad y la interacción aumenta, más se integran. En consecuencia, los sectores incorporan nuevos desarrollos, por lo cual se convierten en densas y bastas estructuras productivas y de innovación donde convergen productores, educadores, investigadores, inversores y tecnócratas para impulsar grandes misiones intersectoriales para un cambio transformacional, como lo llama Mazzucato, entre Estado–Empresas–Sociedad.

Dadas las nuevas condiciones para el cambio productivo y tecnológico a través de la política nacional de reindustrialización (PNR), Mazzucato concibe que las misiones no deben ser en sectores específicos sino en acciones más de tipo horizontal en las cuales caben todas las actividades.

La economista argumenta que las apuestas sectoriales no operan en la complejidad del actual cambio productivo y tecnológico, en el cual todos los actores del sistema económico y de innovación deben vincularse y trabajar de manera armónica. Más o menos el mundo perfecto de países organizados con visiones y propósitos de muy largo alcance.

Con diferencias teóricas y conceptuales respecto a la ortodoxia neoliberal de la competitividad, las misiones de Mazzucato podrían aproximarse a las políticas de competitividad de Colombia de los últimos treinta años, que poco o nada lograron, porque su principio era el mismo: no escoger sectores y los incentivos, programas y estrategias serían iguales para todos.

Eso fracasó, por las razones fundamentales de la irracionalidad con la cual se estructuró la apertura de la economía: desindustrialización, entrega de la soberanía nacional a la dependencia tecnológica, especialización en recursos naturales primarios, precariedad en los acuerdos Estado–Empresas–Universidad–Sociedad, y Estado pasivo a merced de los grandes del mercado.

Hoy en Colombia no habría interés para repetir un enfoque parecido de política, así las bases teóricas y conceptuales sean distintas.

La política nacional de reindustrialización

El documento Conpes 4129 de diciembre de 2023, con el cual se aprobó la PNR, alude a cinco grandes apuestas estratégicas para cuatro grandes sectores tres de los cuales son intensivos en alta tecnología: salud, energías, defensa y vida; y uno que incorpora progreso tecnológico avanzado como la agricultura.

También incluye una quinta apuesta estratégica referida al desarrollo regional como espacios desde los cuales deben emerger con fuerza productiva e innovadora las cuatro grandes apuestas estratégicas.

Si Colombia fracasó con políticas productivas que daban condiciones iguales para todos los sectores, debe ahora avanzar a una política donde cada una de las cinco grandes apuestas se impulse como una misión de la reindustrialización.

Intentar armar una misión con las cuatro apuestas sectoriales, más una misión de desarrollo regional, sería una locura. Colombia no está preparada para ello, si asumimos la polarización política donde la oposición es defensora del fracasado neoliberalismo, y la PNR se enmarca en un esquema progresista en la concepción de las políticas.

La polarización en la política también ocurre con la PNR donde los gremios son defensores compulsivos del neoliberalismo en crisis, y el gobierno con una visión que busca conducir la producción por la senda de la revolución tecnológica y de los cambios en la frontera de la matriz productiva mundial: inteligencia artificial, tecnologías y producción sostenible, sectores para la reconversión, y sectores emergentes.

La intención convocante del discurso de Mazzucato debe recorrer un camino de largo plazo para el aprendizaje del cambio estructural y tecnológico. Consistente con la PNR, Colombia requiere crear cuatro grandes misiones (agricultura, salud, energía, defensa y vida) de pronto una quinta referida al sistema de movilidad por tierra, mar y ríos.

En lo territorial, una misión para el Pacífico, centrada en desarrollar condiciones en todo el corredor del Chocó biogeográfico entre Nariño, Cauca, Valle y Chocó; y otra misión para la región de las energías alternativas: Santander, Cesar y La Guajira.

Para desarrollar capacidades en las zonas de menor desarrollo, es conveniente fortalecer las universidades continentales, porque en algunas de ellas se constatan elefantes blancos, caso de la universidad de Nariño, una institución que avanza de manera muy importante en lo académico y en investigación, pero cuya infraestructura se detuvo y muestra preocupantes esqueletos de concreto.

El fortalecimiento de las universidades públicas es determinante porque tienen que descentralizarse para llegar a nuevos territorios en los cuales la producción también debe sumarse a la reindustrialización.

Para las misiones de salud, energía, defensa y vida, y movilidad, están los territorios más avanzados en los cuales Colombia ha construido las mayores capacidades productivas, institucionales y de recursos humanos. Por tanto, se trata de plantearles nuevos desafíos compartidos y fortaleciendo capacidades y participación en proyectos internacionales de frontera.

La misión de agricultura para la seguridad alimentaria se mueve en entornos muy diferentes con condiciones desiguales y propias de su actividad en cada región de la geografía nacional. El fortalecimiento de la educación superior y la creación de laboratorios de investigación en los territorios olvidados según empieza a mostrar el gobierno, hará de la bioeconomía y de la bioenergía nuevas y promisorias especializaciones desde la periferia.

Cada misión sectorial necesariamente es intersectorial. Seguramente habrá actividades productivas y de investigación transversales a todas o algunas de las misiones. En estas condiciones, de manera gradual y sostenida, se desarrollará, diversificará, se superará la heterogeneidad del sistema productivo—otro legado negativo del neoliberalismo—y se integrará la producción nacional al 2034 y más allá.

En la articulación intersectorial es obligatorio que las misiones de investigación del Minciencias estén articuladas con las misiones de la PNR. Y que gran parte de los recursos de las regalías para investigación converjan en las misiones de la reindustrialización para que también converja la investigación y la educación de calidad y pertinencia en las regiones.

La coordinación: el gran problema

Luego de tanto ruido en torno a la comunicación del presidente de la república con su gabinete, de los enemigos agazapados al interior del gobierno porque son nóminas que vienen de la oposición, de las diferencias con el enorme sistema del lobby gremial neoliberal el cual nada dice de la PNR porque sus principales afiliados son los importadores, son problemas cuya superación debe venir de varios actores.

Foto: Ministerio de Hacienda - La viceministra de Hacienda, María Fernanda Valdés, quien lideró el documento que conllevó a la PNR, podría trabajar con Mariana Mazzucato con el objetivo de llevar a cabo la política de reindustrialización.

El fortalecimiento de las universidades públicas es determinante porque tienen que descentralizarse para llegar a nuevos territorios en los cuales la producción también debe sumarse a la reindustrialización.

En primer lugar, del presidente de la república; en segundo lugar, del ministro Umaña; en tercer lugar, de los ministros de las cuatro misiones estratégicas (agricultura, salud, energía y defensa) más el ministerio de Hacienda; y en cuarto lugar, del DNP para las misiones regionales.

Vendría bien que se creara una consejería presidencial para la reindustrialización que podría dirigir la viceministra de Hacienda, María Fernanda Valdés, que fue viceministra de industria y quien lideró el documento marco que derivó en la PNR. Ella podría trabajar con la señora Mazzucato, y el presidente tendría una interlocutora cercana a su despacho.

Es igualmente necesario que todos los ministros y ministras de las apuestas estratégicas estén sintonizadas con la idea de construir las misiones. No puede haber ministro que tenga una manera distinta de entender la PNR, porque será un obstáculo, alejará a los otros ministros y ministras, y la articulación que busca el presidente será imposible, aumentando las tensiones y dañando la gobernabilidad.

En ese sentido, los ministerios de medio ambiente, trabajo y de transporte también son clave en la conversación y acción de la PNR.

Finalmente, hay que entender que la PNR es el sustento de las reformas sociales. Es la gran aliada, porque señala el futuro de la economía que son el futuro de los cambios sociales que traen las reformas. Las reformas con el caos neoliberal no son posibles, y la reindustrialización neoliberal no existe.

Puede Leer: La nueva Política Nacional de Reindustrialización

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Facebook: Alcaldía de Pasto

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En una región donde impera el olvido estatal tiene lugar un carnaval de fama internacional. ¿Por qué el Carnaval de Negros y Blancos es un ejemplo de arte, cultura y desarrollo?

Jaime Acosta Puertas*

Una cultura por el cambio

He participado una decena de veces en el Carnaval de Negros y Blancos. Por eso tengo una visión de sus transformaciones; una perspectiva de lo que representa para la economía de Pasto, su transformación urbana y como forma de expresión política y cultural de cambio.

Los carnavales van unidos a la vida de quienes nacieron en el país del sur de Colombia. Por eso es fácil recordar cómo hace sesenta años se jugaba el cinco de enero, día de los negros, con cosméticos importados; y el seis de enero, día de los blancos, con polvos (talcos de marca), y se adornaba el juego con serpentinas de papel de todos los colores.

En esta celebración la ciudad converge en la senda del carnaval, el lugar donde ocurren los grandes desfiles y donde se congregan los ciudadanos del sur, centro y norte de la ciudad.

Allí el 31 de diciembre desfilan los años viejos, el dos de enero el Carnavalito de los niños que años más tarde harán el Carnaval de los adultos, el tres de enero los espectaculares Colectivos Coreográficos del Canto a la Tierra, el cuatro de enero la familia Castañeda (que intenta permanecer pero que ya no puede más), y el seis de enero el Desfile Magno del Carnaval que cierra con las monumentales carrozas.

Sin embargo, todo empieza el 28 de diciembre con la fiesta del Arco Iris en el Asfalto, cuando la gente con tiza en mano se arrodilla sobre el pavimento de uno de los barrios tradicionales de la ciudad (El Colorado) para dibujar y pintar, desde niños que a duras penas se sostienen en pie por su corta edad, hasta personas mayores. Todos son los artistas en el asfalto.

El Carnaval es centro de la vida artística y cultural de la ciudad y de los municipios del corredor andino del departamento de Nariño.

No obstante, aún falta explorar su articulación con las fiestas del Pacífico. Si eso llega a ocurrir, los carnavales de Blancos y Negros y la Fiesta del Fuego en Tumaco se jugarán en todos los rincones del país del sur, como ocurre en Brasil. No se trata de que el Carnaval de Pasto sea el Carnaval del Pacífico. Serían dos carnavales de dos culturas, con un núcleo principal: el carnaval de la ciudad sorpresa.

El Carnaval ha cumplido cien años (nació en 1927) como los Cien Años de Soledad de Colombia, el país del norte, y los doscientos años de soledad del país del sur.

La fiesta de Blancos y Negros vivirá otros cien años, porque las transformaciones que ha tenido son enormes y continuas. Se ha consolidado y ha evolucionado más que el conjunto del departamento en otros campos.

El Carnaval viaja por encima de la dirigencia de su territorio, porque la fuerza de su gente, artesanos, artistas y gestores culturales así lo ha querido: volar sin límites para vivir en el país del sur, el país de todos los verdes de Aurelio Arturo, de Los Ejércitos de Evelio José Rosero, y de Faustino Arias, compositor de Noches de Bocagrande, letra inspirada en una isla cerca a Tumaco.

Un patrimonio de la humanidad

Corpocarnaval es un ente público encargado de acompañar y orientar la preparación y desarrollo del Carnaval. Desde el 2009, el Carnaval es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, al igual que el Carnaval de Barranquilla.

La soledad del sur está contribuyendo al conflicto interno en Ecuador. Sin embargo, el Carnaval es la muestra de lo que significa un proceso de desarrollo endógeno desde la cultura, la fiesta colectiva y la creatividad.

Especialmente asombran dos eventos: los colectivos coreográficos del Canto a la Tierra, grupos de aproximadamente doscientas personas; y la evolución de las carrozas del seis de enero por su tamaño, cantidad y arte popular. La fuerza y creatividad de estos dos componentes principales seguramente son los que llevaron a la Unesco a darle la más alta distinción internacional.

La música motiva y le da fuerza e identidad al Carnaval. Si bien en los comienzos los instrumentos de viento y de cuerda eran la base, ahora los tambores con sus innovaciones propias son los que marcan el ritmo de los desfiles.

La fiesta comienza con el primer golpe de los tambores. Así ocurre en el día de los colectivos, en el día de las carrozas, y en el Carnavalito de los niños, tal cual los tambores que inician las marchas en la protesta social, en los desfiles militares, o en las batucadas que son percusión.

La fiesta del carnaval no es algo que se produce como caído del cielo, ni su evolución positiva sucede de manera permanente. Son procesos que tienen sus altos y sus bajos porque el aprendizaje y la creatividad son un proceso con caídas y con disrupciones culturales y creativas.

A comienzo de este siglo, hace 24 años, año 2000, el Carnaval sufría una inflexión. Bajo el liderazgo de Leonardo Sansón Guerrero, quien estuvo hasta 2008, el Carnaval volvió a levantar vuelo. Para ello, se desarrolló un estudio que identificó las condiciones en las que estaba la ciudad ante el carnaval. De ahí emergieron decisiones para algunas acciones estructurales:

  • Se establecieron parámetros de calidad (efecto que perdura);
  • Se adelantó un proyecto taller en el cual se construyeron las bases conceptuales y operativas y se determinaron las condiciones para cohesionar y consolidar la perdurabilidad del carnaval;
  • Muchos de los hijos, amigos o parientes actores de los artesanos del carnaval, sobre todo de las carrozas, se vincularon a la Facultad de Artes de la Universidad de Nariño.

En este contexto de reflexión y de cualificación nació Corpocarnaval. A mediados de la primera década de este siglo, se incorporaron los colectivos del Canto a la Tierra, y se definió que el tres de enero sería su día en la gran fiesta.

Foto: Turismo Pasto - El Carnaval no debe sujetarse a los errores del urbanismo, por ejemplo, la ubicación de La Plaza del Carnaval en un entorno deteriorado.

Lea en Razón Pública: Casi nunca es tarde para la cultura

El Carnaval del país del sur

Con el reconocimiento de la Unesco, los carnavales deben cumplir unos requisitos de identidad y calidad, que además de sostenerse, deben alimentar un mejoramiento continuo.

Por eso, al participar en el carnaval del año 2020, la fiesta del Arco Iris en el Asfalto, la evolución de los Años Viejos, el día del Canto a la Tierra, y el día del Desfile Magno noté un enorme salto cualitativo.

Nada igual puede emerger en Colombia, el país del norte, ni en los países de más al sur. Porque los Carnavales son un grito de libertad. Un grito de rebeldía de las comunidades afrodescendientes por lo cual existe el día de los negros en el carnaval.

Sin embargo, en la realidad no es aún un día de los negros porque la integración entre el territorio andino y el Pacífico aún no sucede. La Fiesta del Fuego en Tumaco, que debería tener un espacio en el día de los negros, todavía no lo tiene, aunque hace unos quince años emergió el Palenque Lúdico.

El Palenque Lúdico tenía como objetivo que la gente se desplazara desde cuatro comunas a la Plaza del Carnaval bajo un determinado trabajo comunitario, con el fin, entre otros, de rescatar el gesto delicado de “una pintica por favor” que caracterizó por muchos años el juego del cinco de enero, el día de los negros.

Con el actual gobernador sería posible renovar el vigor de la fiesta del cinco a través de una presencia más fuerte del Pacífico en el Carnaval.

El sur es un territorio mal conectado con el resto de Colombia: sus aeropuertos tienen limitaciones, la carretera de Popayán a Pasto transcurre por los bordes de un precipicio de una falla geológica interminable. Lo mismo ocurre con la vía Pasto-Mocoa, que avanza metro a metro que se convierten en años y en décadas que parecen siglos. El desarrollo para la integración portuaria por el Océano Pacífico, es precaria. La integración física con Ecuador tiene una magnífica doble calzada de Pasto a Guayaquil (pero no de Pasto a Popayán) pasando por Quito, que es aprovechada para el comercio legal e ilegal pero no para otras dinámicas de desarrollo.

La invasión del narcotráfico al Ecuador ocurre por la movilidad del narcotráfico y sobre todo por la porosidad de la frontera con el Ecuador teniendo en cuenta que en Nariño y Putumayo está la mayor concentración de producción de hoja de coca del mundo.  La soledad del sur está contribuyendo al conflicto interno en Ecuador. Sin embargo, el Carnaval es la muestra de cómo se desata y construye un proceso de desarrollo endógeno desde la cultura, la fiesta colectiva y la creatividad, cuando otros factores del cambio productivo y tecnológico son incipientes o ausentes.

Economía, urbanismo y cultura

Durante todo el año una sociedad se prepara para la fiesta del año siguiente. Son cientos de artesanos, decenas de directores, de artistas, de creativos, de diseñadores y confeccionistas.

en la realidad no es aún un día de los negros porque la integración entre el territorio andino y el Pacífico aún no sucede. La Fiesta del Fuego en Tumaco, que debería tener un espacio en el día de los negros, todavía no lo tiene

Son más de tres mil los miembros de los colectivos coreográficos, son miles los vendedores ambulantes que venden carioca, camisetas, sombreros, gorras, ponchos, gafas, tapabocas, cerveza, los polvos con los que juega la gente y que dejan blancas las calles de la ciudad desde el tres de enero.

Los hoteles se llenan. Los vuelos llegan repletos de turistas y de nacidos en la tierra que vienen a jugar sus carnavales. Los grupos musicales locales y de otros lugares se preparan para los conciertos del Carnaval y los talleres de confección del vestuario trabajan para todos los desfiles.

Existe una economía popular en torno a la cultura, que es una fuente de nuevos emprendimientos y de organización de la producción y la comercialización. Las industrias culturales y creativas, cuando se adelante la reindustrialización desde las regiones, deben incorporar actividades cuya ventaja competitiva y creciente productividad esté determinada por la innovación, la creatividad y la fiesta colectiva.

El parque taller de los artesanos del Carnaval es un proyecto necesario y urgente porque se crearían condiciones para construir una potente aglomeración de actividades en torno al arte y la cultura de los carnavales de Blancos y Negros. Sería un referente urbano único para el arte y la cultura. En esta línea, el museo del carnaval debe ser otro reto de la ciudad. La actual infraestructura es insuficiente. Parque Taller y Nuevo Museo del Carnaval sería un colosal proyecto que debe tener financiación nacional, internacional y local, pública y privada.

Finalmente, el Carnaval no debe sujetarse a los errores del urbanismo. La Plaza del Carnaval está en el centro de un entorno deteriorado y hay calles por las cuales las carrozas a duras penas caben. Se debe pensar un urbanismo que obedezca al  Carnaval y no que el Carnaval se adapte a un urbanismo que no es bueno para la ciudad, solo para los constructores. Por ejemplo, si quienes pensaron la calle 27 hubieran pensado en la senda del Carnaval, otro hubiera sido su diseño.

En el Carnaval del 2024 no hubo un muerto, y no es la primera vez que ocurre, porque la gente entiende que son días de fiesta, de libertad y de revolución pacífica basada en la cultura y la alegría.

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Gobernación Boyacá

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Cuando parecía que el gobierno había olvidado su promesa de reindustrialización, se publica un nuevo documento al respecto. ¿De qué se trata este avance para el futuro de Colombia?

Jaime Acosta Puertas*

El fundamento económico de las reformas

Después de que en febrero de 2023 el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo publicara un documento marco, el gobierno Petro por fin decidió respaldar la reindustrialización mediante una política que deberá ser aprobada por el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes).

El gobierno se ha tomado un año y medio para diseñar esta política, sin contar cuánto se demorará en aprobarla: es el tiempo justo para un instrumento cuya vigencia es de diez años, pero es demasiado si tenemos en cuenta otros factores.

Desde hace diez meses, empezaron a presentar las reformas sociales (salud, laboral, pensiones, educación); estas dependen del sistema productivo, que propiciará las condiciones necesarias para alcanzar estas reformas:

  • nuevas condiciones para aumentar la formalidad laboral;
  • nuevos trabajos calificados con los que los empleados puedan pensionarse;
  • nuevas condiciones laborales que diversifiquen y sofistiquen la producción;
  • nuevos sectores intensivos en conocimiento requieren una educación que responda en calidad y cantidad a los nuevos desafíos de la nación;
  • un nuevo sistema de salud preventivo, que derivará en una sociedad más sana y presta a vincularse en mejores condiciones a la producción y a llegar a su edad de jubilación.

La identidad nacional de la reindustrialización

Es bueno que la política tenga carácter nacional, lo cual no es una contradicción en un mundo global: la globalización es la suma de naciones con identidad. Cada una, de acuerdo con sus condiciones, gana espacio en la producción y el comercio internacional.

Pero este rasgo apenas se ve en el título del documento; después, solo alude a la política de reindustrialización. A Colombia le ha costado mostrarse como una nación autónoma e interdependiente, rasgo que se ha profundizado con el neoliberalismo, que considera que las posturas nacionales son chovinismos obsoletos.

Esta política es accesible para personas en cualquier campo del conocimiento porque se trata de una política pensada para el desarrollo nacional, no solo para tecnócratas neoliberales.

Por eso, la ANDI es ahora un supermercado de importadores y no un gremio de industriales innovadores. Si la identidad nacional hubiera desaparecido con la globalización, no existirían las marcas país, ni las empresas pondrían en sus productos “hecho en Alemania, Brasil o Corea”, sino “hecho en el mundo”.

Puede leer: Diversificar la economía colombiana

Para superar la ortodoxia neoliberal

La reindustrialización supera la ortodoxia neoliberal de las últimas tres décadas, que envió a Colombia por el camino equivocado del crecimiento sin perspectiva de desarrollo, razón por la cual las economías ilegales y la corrupción son las más competitivas y productivas.

La estructura productiva creada antes de 1991, prácticamente, ha desaparecido. No ha habido estrategia para cerrar unas actividades; conservar otras mediante la innovación, e impulsar nuevas industrias para nuevos espacios de emprendimiento, inversión e innovación.

Lo grave de esta situación —conocida por quienes han dirigido la producción y formulado políticas relacionadas— es que se han desaprovechado las potencialidades de Colombia para convertirse en una nación desarrollada y sostenible durante el siglo XXI.

La economía de la innovación

Teórica y conceptualmente, la política es impecable: orienta y propone a la nación un nuevo tipo de desarrollo productivo como el de los países desarrollados y las economías emergentes de los últimos setenta años.

Esta política es accesible para personas en cualquier campo del conocimiento porque se trata de una política pensada para el desarrollo nacional, no solo para tecnócratas neoliberales.

Un diagnóstico del subdesarrollo

La política reconoce los rezagos multidimensionales de Colombia: la actual decadencia de la economía colombiana depende más de razones propias que de factores internacionales. Ha sido una decadencia estructural de largo plazo, que se perpetúa en políticas que obstaculizan un crecimiento alto, sostenido y sostenible.

Colombia se convirtió en una “megatienda” de importadores, con uno que otro vestigio de producción industrial nacional, y algo más en agricultura, porque todo quedó en manos de una minería sin valor agregado nacional.

Las ciudades y poblaciones menores de Colombia son puro comercio formal o informal. No se constata que haya una economía diversificada, sofisticada y exportadora, con productores nacionales innovadores en actividades de alto valor agregado.

Hay poblaciones sin ninguna microindustria; otras, con pocas industrias, que caben en un pequeño parque industrial, y grandes ciudades en cuyas áreas metropolitanas se alojan las escasas grandes industrias —entre ellas, las pocas que hacen investigación y desarrollo, y que algo exportan—.

Pero no hay ninguna gran empresa importante que adelante sustitución de importaciones con inversión extranjera o nacional y cuyo objetivo sea exportar.

Todos los países que se han desarrollado sustituyeron importaciones: una de las estrategias para crear industrias y sistemas empresariales modernos, avanzados e innovadores, con emprendimientos disruptivos y sostenibles.

Con esta política, Colombia diseña las bases de una nueva economía sostenible, de una nueva sociedad igualmente sostenible y en paz; así, se reconstruirían instituciones hoy desbaratadas por la mala política, la ilegalidad, el clientelismo, el atraso y la corrupción.

Lo más importante: las apuestas productivas estratégicas

Colombia no seleccionó sus sectores estratégicos, como lo han hecho, siguen haciendo y lo harán las economías avanzadas y emergentes. Esta fue la peor equivocación de las políticas de competitividad y de transformación productiva de los últimos treinta años.

No hay un solo país desarrollado que no haya escogido dónde centrar sus especializaciones, como símbolo de identidad productiva y como estrategia para mejorar su innovación y exportaciones. Cuando se concentran las capacidades y los recursos, se irrigan al resto de la economía y la sociedad.

El daño que le hicieron a la economía, a la sociedad y al Estado con esa decisión de ser buenos en todo y no ser buenos en nada es culpable de las altas tasas de desempleo, del mediocre crecimiento y la baja productividad, de la espantosa inequidad, de la creciente ilegalidad, de la imparable informalidad y de la guerra en su versión neoliberal.

Parece una decisión menor para quien no sabe sobre las nuevas teorías del desarrollo y de economía de la innovación; sin embargo, es la principal decisión de política industrial. Si no hay selección de apuestas estratégicas, las políticas serán generales, y los instrumentos no diferenciarán entre producir café y desarrollar una industria aeroespacial: gran estupidez.

¿Por qué Colombia cometió semejante equivocación teórica, conceptual y de política? Hay cuatro posibles explicaciones:

  • negoció con Estados Unidos entregar la economía a cambio de financiación para que la guerra interna le saliera barata a la dirigencia de Colombia;
  • siguió ciegamente las ideas de David Ricardo de hace doscientos años de que las economías deben especializarse según sus ventajas comparativas y renunciar a las ventajas competitivas en nuevas actividades o sectores;
  • simplemente, entregó la soberanía productiva y del derecho al desarrollo a la hegemonía de turno, mediante los tratados de libre comercio (TLC);
  • una combinación de las anteriores.

Las políticas de competitividad y de transformación productiva han sido textos sin imaginación, sin grandes objetivos y sin metas ambiciosas.

Nada de los malos resultados de Colombia en el contexto de la economía global tiene que ver con decisiones del gobierno progresista. La deuda exterior no se puede pagar si no es con grandes restricciones al gasto y la inversión, y la regla fiscal es una irracional camisa de fuerza cuando el país necesita grandes recursos para reindustrializar la economía, entre el Estado y las empresas. Los retornos, y con creces, vendrán después.

También hay que reestructurar la educación desde el prekínder hasta los doctorados. Así se fortalecería la investigación y se podría avanzar a un desarrollo regional autonómico, porque la descentralización ya no sirve, así como no sirve el neoliberalismo.

Las fortalezas propias de Colombia

Dicho lo anterior, la Política Nacional de Reindustrialización es un texto inspirador y esperanzador. Está en la ruta cierta de un desarrollo que debe ser único, como es único el camino al desarrollo de cualquier nación del planeta, por eso existen los estudios de casos.

reindustrialización
Foto: Unidad Solidaria - Una de las apuestas de la Política Nacional de Reindustrialización es la paz y la reforma agraria con el objetivo de una autosuficiencia alimentaria.

Colombia se convirtió en una “megatienda” de importadores, con uno que otro vestigio de producción industrial nacional, y algo más en agricultura, porque todo quedó en manos de una minería sin valor agregado nacional.

Las apuestas estratégicas son de grandes sectores y, ante todo, de enormes conjuntos de múltiples actividades productivas. Más allá de la agricultura, las otras tres apuestas parecen de otro planeta o de otra nación, porque de ellas recién se conversa. Además, tienen la virtud de que recuperan sectores o actividades que Colombia ya había desarrollado antes de la apertura neoliberal, y que clamaban por una reindustrialización en una economía abierta.

No fueron escuchados y la desindustrialización se vino sin compasión, por eso hoy se propone la reindustrialización.

En el texto para el Conpes, la reindustrialización considera el calentamiento global, lo cual le da identidad y proyección más allá del año 2033, y valida el discurso internacional del presidente Petro porque la inversión en tecnologías limpias y fósiles era igual en 2016, pero en 2023 por 1,7 dólares invertidos en tecnologías limpias, se invirtió 1 dólar en energías fósiles según la agencia nacional de energía de los Estados Unidos.

El núcleo de la política

Los contenidos de las apuestas estratégicas de la Política Nacional de Reindustrialización para el Conpes son bastante ilustrativos de la complejidad y ambición de los desafíos.

  • Agricultura: Reforma agraria y paz en el campo para la autosuficiencia alimentaria.
  • Salud: Reforma del sistema para crear una industria de salud con muchos recursos públicos derivados de las EPS. Estas no invirtieron un peso en investigación y desarrollo; en su integración vertical, jamás pensaron en una industria potente para garantizar el abastecimiento, reducir la dependencia, y abatir los altos precios.
  • Energía: Cambiar la matriz energética desarrollando industrias e investigación en nuevas energías. Ecopetrol, las generadoras de energía y las empresas deben tener una función estratégica de financiación, investigación y producción. Los minerales estratégicos también forman parte de esta apuesta.
  • Defensa y vida: Respaldar la emergente industria aeroespacial, de mar y de los ríos en torno a la vida y la soberanía nacional, para un mar territorial tan grande como el territorio continental.

Las nuevas tecnologías digitales inteligentes serán transversales; tienen la oportunidad de desarrollarse y convertirse en otro sector clave, de igual manera la electrónica que fue la industria de alta tecnología perjudicada con la desindustrialización. Sin embargo, tres de las cuatro apuestas estratégicas son intensivas en esta tecnología.

La reindustrialización comienza con debilidades en los campos del software y del hardware, que son la base, junto a los nuevos materiales, del cambio productivo y tecnológico mundial. Ocurre lo mismo con la débil política nacional de emprendimiento, que no mejora porque las políticas de competitividad y de transformación productiva no eran buenas para motivar la inmersión en industrias y empresas innovadoras de gran suceso.

Dos temas sugiero para el documento Conpes: la Agencia Colombiana de Industrias de la Reindustrialización y los Centros Regionales de Innovación y Emprendimiento para las regiones de menor desarrollo.

Lea en Razón Pública: La resistencia a la reindustrialización para el desarrollo

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Alcaldía de Cali

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Es poco lo que este gobierno ha avanzado en adoptar la política de reindustrialización. El empresariado tampoco muestra gran interés. ¿Por qué es tan importante esta política?

Jaime Acosta Puertas*

Colombia, atascada en la dependencia

El principal obstáculo de Colombia para un crecimiento alto, sostenido, pacífico, equitativo y sostenible es la dependencia productiva, científica y tecnológica. Un obstáculo que ha creado un aparato productivo que fabrica unos pocos bienes que dependen de los conocimientos de los países desarrollados. Es así como partes, insumos, capitales y servicios asociados son elementos vedados para nuestro país, al que poco a poco se le ha impuesto la dependencia.

Una nación que no fomente industrias avanzadas, no podrá lograr su desarrollo económico, social, político, intelectual y cultural. De este modo, la economía que atente contra estos sectores productivos está destinada al fracaso. En muchas ocasiones, el rezago se justifica en equivocadas teorías que propician políticas erróneas, cuya vigencia, al igual que los mandatarios que las impulsan, son efímeras.

Pasar del subdesarrollo al desarrollo es como pasar de la mula al avión supersónico. Por supuesto, el salto no es automático. Para conseguir este objetivo debemos pasar por industrias intermedias como la producción de bicicletas, motos, automóviles, de ahí a aviones pequeños, aviones más grandes y demás herramientas necesarias para conquistar el espacio.

En Colombia la gente se transporta en burros y caballos, y también en motos, automóviles, buses, aviones y helicópteros. Lamentablemente, las patentes y la tecnología no nos pertenecen.

Sorprendentemente algo similar sucede con la industria del café, producto que nos representa: además de producir pocos insumos, fabricamos herramientas que parecen piezas de un museo del siglo XIX y los aparatos usados para preparar su consumo son importados.

el gobierno y los gremios no tienen quién la diseñe porque se han convertido en representantes de los importadores de tecnología, y para la producción nacional solo hablan de competitividad y poco o nada hacen por la productividad.

Colombia no puede financiar un proceso sostenido de avance productivo, tecnológico, cultural y social porque la producción de bienes tecnológicos es de ensamble; la tecnología de servicios es importada; y la investigación, el desarrollo y la innovación se llevan a cabo en otros lugares.

Puede leer: La política nacional de reindustrialización ¿misión imposible?

Gaviria y los Chicago Boys

La dependencia se reafirmó hace 32 años cuando César Gaviria importó las ideas de la Escuela de Chicago, conocida como los Chicago Boys. Estos postulados nacieron hace 50 años, pero cayeron en el olvido con la crisis económica de 2008.

Sin embargo, en los últimos 15 años, la economía colombiana naufragó bajo las ambiciones desmesuradas del mercado y la crítica al Estado. Por esta razón, intelectuales como Mariana Mazzucato han dicho que la ideología de los Chicago Boys es una propuesta económica estúpida.

Por otro lado, el mercado es incapaz de liderar la reindustrialización y el Estado, a través del gobierno, no ha mostrado capacidad para diseñar, concertar y ejecutar la política nacional de reindustrialización (PNR). Además, el gobierno y los gremios no tienen quién la diseñe porque se han convertido en representantes de los importadores de tecnología, y para la producción nacional solo hablan de competitividad y poco o nada hacen por la productividad.

Eso a su vez ha hecho que economistas como Rodrik, Stiglitz, Ostrom, Raworth, Kelton, Penrose, Pérez, Eliasson, Haldar, Nelson, Agion, Antolin, Bunel, Reinert, Grenenwal, o los estudios de la FES, no tengan eco en Colombia.

El daño al desarrollo nacional ha sido enorme. Por ejemplo, en 2023 no se reunió el Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES). En consecuencia, se perdieron dos años para empezar a impulsar la reindustrialización.

Un documento engavetado y olvidado

Mientras no exista una nueva propuesta, el documento sobre la política de reindustrialización, que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo tiene engavetado, es el único texto para discutir si el Estado tiene la competencia para intervenir y si el empresario quiere invertir en innovaciones transformadoras.

Las siguientes preguntas serán fundamentales: ¿cuál es el empresariado colombiano necesario para la reindustrialización? y ¿debe el Estado buscar el apoyo de multinacionales que deseen hacer investigación y desarrollo en Colombia?

Ahora bien, la reindustrialización es un asunto que presenta una enorme complejidad. Por este motivo, cuando la propuesta llegó a los ministerios no supieron que hacer. Ni siquiera el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo sabía cómo ejecutar la política que había escrito, a excepción de la ahora viceministra de Hacienda, María Fernanda Valdés.

Por consideraciones que no vienen al caso, en Ocampo se fue apagando el entusiasmo por la reindustrialización. Somos pocos los analistas que aún hablamos del tema. No basta con expresar que la educación y la ciencia deben tener un papel predominante en las empresas, los investigadores y en el sector productivo. Es urgente una revolución en los contenidos y en los recursos humanos.

Mariana Mazzucato dice que “la aplicación de un pensamiento complejo, sistémico, orientado por misiones no solo requiere capacidad de adaptación, sino innovaciones institucionales que creen nuevos mercados y reconfiguren los existentes, en lo cual es indispensable la participación ciudadana. Se trata de reinventar el capitalismo, haciendo todo de forma diferente, estructurando las organizaciones públicas y dejando que las organizaciones sean instadas a trabajar en conjunto”.

Pero en Colombia “las misiones intersectoriales” se limitan a que cada sector piense en lo suyo: por eso no arrancan la política nacional de reindustrialización, y su relación con la política de ciencia, tecnología e innovación.

Desafíos de la reindustrialización

La complejidad de la política de reindustrialización pasa por la educación, las políticas, los políticos, los arreglos institucionales entre tecnócratas innovadores, investigadores y empresarios. Pero ante todo pasa por la ciudadanía que en Colombia está ausente porque tenemos una democracia desequilibrada y excluyente.

El documento de Política Nacional de Reindustrialización (PNR) propone cuatro apuestas o misiones productivas estratégicas y una adicional para fomentar el desarrollo de las regiones que impulsarán las misiones intersectoriales: agricultura, salud, energía, defensa y vida. Su propósito es configurar un sistema nacional de complejos productivos del conocimiento y la innovación. El apoyo de Bancoldex, el Banco Agrario, de los bancos privados con líneas de crédito para la reindustrialización, el Ministerio de Hacienda y los programas de investigación y de formación de recursos humanos será trascendental.

El subcapitalismo colombiano debe asumir los siguientes cuatro desafíos para pasar a un capitalismo productivo, equitativo y sostenible que establezca relaciones de interdependencia en las redes globales de producción, comercio e innovación.

  1. Agricultura: una reforma agraria para garantizar la autosuficiencia alimentaria y la paz.
  2. Salud: crear una industria con muchos recursos públicos, gracias a la reestructuración y control de los recursos públicos que manejan a su antojo las EPS, sin que el Estado pueda ejercer ningún control. Estas nunca invirtieron en investigación y desarrollo, ni en crear una potente industria de salud que atendiera los problemas de abastecimiento y superar la dependencia absoluta.
  3. Energía: cambiar la matriz energética con investigaciones en la producción de nuevas energías. Ecopetrol y las empresas generadoras de energía tendrán un papel clave en la financiación, investigación y producción. De igual forma, el sistema de movilidad debe hacer parte del cambio productivo y del cambio tecnológico.
  4. Defensa y vida: impulsar la emergente industria aeroespacial y el cuidado del mar y los ríos para garantizarles una vida, un transporte y un aprovechamiento sano, seguro y sostenible a los colombianos.

Para que Colombia se desarrolle debe trabajar con los sectores productivos y las empresas que quieran adelantar innovaciones disruptivas. Los países del primer mundo son sociedades donde la producción de conocimiento, la creatividad, la innovación y el emprendimiento están fuertemente arraigados. Por lo tanto, las innovaciones tecnológicas surgen a más velocidad y cantidad que en países como Colombia.

Foto: Minciencias - Un asunto inexplicable es que en Colombia no exista una industria asociada al café, por ejemplo la tecnología necesaria para la preparación para el consumo es importada.

No basta con expresar que la educación y la ciencia deben tener un papel predominante en las empresas, los investigadores y en el sector productivo. Es urgente una revolución en los contenidos y en los recursos humanos.

En los países de vanguardia, el Estado se encarga de marcar la senda de los nuevos desarrollos porque las empresas no quieren asumir los mayores riesgos. Sin embargo, este razonamiento es equivocado porque si los Estados, la política, la economía y la sociedad deben entregarle todo al mercado ¿no deberían ser el mercado el que arriesgue y haga las más grandes inversiones en innovación? Y si el estado también invierte en innovación no debería recibir beneficios económicos que luego podría reinvertir en nuevos desarrollos.

En pocas palabras, se trata de un asunto de equidad, coherencia y responsabilidad con la sociedad y el Estado. Por ejemplo, véase los 88 billones que anualmente el Estado le entrega sin ningún tipo de control a las Empresas Prestadoras de Salud (EPS),

Algunos de los postulados de Mazzucato no aplican para el caso colombiano porque la mentalidad empresarial es distinta. También, en nuestro país, la producción estatal es marginal en materia de invención y emprendimiento. De este modo, la selección de los cuatro ejes de la política nacional de reindustrialización es correcta. Sobre todo, porque son los puntos que pueden desarrollarse antes de 2050.

En Colombia, todavía hay que llevar de la mano al empresario para mostrarle otros universos porque la educación, la ciencia y los sectores productivos estratégicos (agricultura, salud, energía, defensa, agua y ministerios de Hacienda y Ambiente) deben asumir los retos del desarrollo, la paz y cambio político definitivo.

El cambio de mentalidad, las ideas sobre el desarrollo y un proyecto político para la transformación de la nación requiere de una revolución en la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación. También será muy importante superar la descentralización para fortalecer las autonomías territoriales.

Lea en Razón Pública: El conocimiento en Colombia: paradójicamente es muy desconocido

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Observatorio de Desarrollo Económico Bogotá

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La reindustrialización es la respuesta seria a los grandes problemas nacionales, pero en Colombia desmontamos la industria y las acciones del actual gobierno han sido pocas. ¿Cuáles son las acciones necesarias?

Jaime Acosta Puertas*

Política industrial y destrucción neoliberal

El presidente Petro ha hablado de reindustrialización desde la campaña presidencial.

Entre sus ministros, Ocampo era el más interesado. Los ministros sectoriales relacionados con la producción y la innovación se han limitado a comunicarla más como un decir que como el principal proyecto nacional de desarrollo de los siguientes treinta años.

La reindustrialización es la única acción estatal que puede garantizar un crecimiento alto y sostenido de la economía, una productividad en alza, una mayor inversión y calidad en investigación, educación, salud, una balanza comercial positiva en valor y contenido, y un desarrollo endógeno de los territorios.

Con la reindustrialización las variables macroeconómicas arrojarían cifras mucho mejores. La clase política legislaría y gobernaría con otras ideas y propósitos, pero tendría que ser otra clase política: más inteligente, preparada, transparente, más comprometida y responsable, y menos mentirosa con sus electores.

Su prioridad no sería el capitalismo clientelista que financia a políticos y partidos en beneficio de rentistas y especuladores, tampoco contratos pensados desde la corrupción, y desaparecería la figura del empresariado insaciable, sino el impulso de la productividad, de la innovación y del comercio mundial.

Con la reindustrialización, los indicadores sociales serían otros: menos pobreza, informalidad, ilegalidad y analfabetismo funcional, mejor salud, y abatimiento significativo de la violencia originada y alimentada por factores asociados con la captura de rentas públicas, con la idea de negocios y del poder de actividades primarias extensivas (agricultura, ganadería y minería).

Todo lo anterior basados en la vieja y equivocada idea del poder que da tener tierras ociosas y con actividades de baja productividad, dado que la innovación y el desarrollo de sistemas productivos avanzados no son su prioridad. Incluso, los industriales, con pocas excepciones, son empresarios rezagados.

La mayoría de los empresarios siguen aceptando una equivocada ideología conservadora. No es un empresariado liberal progresista en la diversificación, en el esfuerzo positivo de innovar, del compromiso con la equidad, y de las responsabilidades tributarias, porque son parte del círculo vicioso de la captura de dineros y activos públicos a través de la corrupción que han creado con el sistema político, en cuyo devenir han cooptado al sistema de justicia.

La captura de recursos públicos, la toma del Estado con políticas y visiones equivocadas de una economía del mercado, han convertido a Colombia en una economía de maquila, de comerciantes y de extractores de materias primas, tanto que la ANDI de los industriales es ahora un club de empresarios.

En este contexto la competitividad se volvió una obsesión, con la falacia de que la economía podría crecer rápidamente porque Colombia sería más competitiva si reducía los salarios y pagaba menos impuestos para una mayor rentabilidad.

Todo fue mentira, porque la competitividad dependía de entregar la industria a los productores más eficientes —las multinacionales— o sea que Colombia debía quedarse con lo que la mano de Dios le dejó: los recursos naturales como principal ventaja competitiva.

De esta manera, los acuerdos institucionales están determinados por una economía liviana en su estructura y aspiraciones de transformación, con arreglos ligeros y equivocados desde cuando empezó el nefasto dominio neoliberal.

Los ministros sectoriales relacionados con la producción y la innovación se han limitado a comunicarla más como un decir que como el principal proyecto nacional de desarrollo de los siguientes treinta años.

La naciente industrialización murió en 1991. Se había logrado una industrialización no perfeccionada por culpa de un proteccionismo a ultranza que se quedó en el tiempo, porque no entendió que la economía global estaba en movimiento con la expansión casi que ilimitada del comercio mundial, sobre todo de alta tecnología y de otras tecnologías avanzadas relacionadas con energía, química, materiales y sistemas de movilidad por tierra, mar y aire.

Ahí murió la incipiente industria de bienes de capital, de insumos y de industrias de consumo más sofisticadas, por lo cual Colombia no adelantó un proceso de reindustrialización ni de cambio tecnológico endógeno. Lo dicho y más, obligaba un esfuerzo de transformación con efectos positivos en los sectores primarios, industriales y de servicios, y en el conjunto de los agregados económicos, sociales y ambientales.

Foto: Alcaldía de Manizales - Con una política de reindustrialización los indicadores sociales mejorarían, entre ellos la disminución de la informalidad.

Lea en Razón Pública: Colombia estancada y sin reformas

La reindustrialización atascada

El Ministerio de Comercio Industria y Turismo (MCIT), encargado de diseñar e implementar la política de reindustrialización, no ha logrado construir una visión poderosa como mandato principal del cambio productivo y tecnológico que  supere la dependencia del sector minero energético, la dependencia tecnológica en actividades de alta tecnología y en actividades industriales relacionadas con insumos y bienes de capital de nueva generación.

Colombia no tiene una economía del conocimiento, de la innovación y de los emprendimientos disruptivos. El ministerio se ha dedicado más al comercio internacional que a la política de reindustrialización. El ministro Umaña es un experto en comercio internacional y, en ese contexto, promotor de las exportaciones.

Sin embargo, para afectar cambios en el comercio internacional desde las necesidades y perspectivas de cambio de una estructura productiva, se necesita una política de reindustrialización que modifique positivamente la vieja especialización productiva y abra caminos a especializaciones en la frontera del comercio y de la producción mundial, revisando lo firmado por Colombia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y  la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), porque determinaron los enfoques y alcances de las negociaciones de los TLC.

Los días en que la OMC mandaba la parada acabaron en 2001, cuando no se logró cerrar la Ronda Doha. La OMC tuvo apenas seis años de “gloria”, durante los cuales los países que aplicaron su doctrina quedaron por fuera de la competencia.

La OMC fue reemplazada en importancia por la OMPI, debido al papel primordial del cambio tecnológico que está en la base de las industrias de punta- que a su vez hoy aportan más del 35% de la producción mundial—.  En este contexto el mercado de patentes de alta tecnología equivale a casi el 20% del PIB mundial — al paso que   en Colombia no alcanza ni el 5% del PIB nacional—.

Estas cifras confirman la importancia de los proyectos estratégicos de los países, empresas, agencias y centros de investigación en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i). Colombia también quedó por fuera del mercado mundial del conocimiento y de la innovación para la producción. Los países desarrollados y los emergentes inteligentes invierten más del 2,5% y del 1% del PIB, respectivamente, en I+D+i. Colombia nunca ha superado el 0,3%.

La falacia con la cual se doblegó a Colombia es que la alta tecnología y las patentes asociadas son de quienes tienen más capacidades. Bajo estas circunstancias, los escasos recursos deberían ser invertidos en políticas sociales, infraestructura y en otras políticas económicas, pero no en investigación y en inversiones del estado con privados en nuevos proyectos y emprendimientos innovadores

La economía colombiana está condenada a no tener una producción en la frontera de la inteligencia, pese a ser una nación estratégica por sus recursos naturales y ambientales —en un momento cuando son prioritarios los cambios ante el calentamiento global—.

La gran misión

El presidente acierta en sus discursos cuando dice que aún no ve en marcha la reindustrialización. La política de reindustrialización estuvo en manos de uno de los viceministerios, hasta cuando María Fernanda Valdés fue viceministra de industria. Desde entonces, poco se sabe.

La página del Ministerio lo pone en evidencia: no es un asunto de fotos y unas cuantas imágenes de Power Point, tal como hoy se muestra la reindustrialización. Parece más una variante de las fracasadas políticas de competitividad y de transformación productiva.

Parte del primer año del gobierno de Petro fue en vano en temas de industrialización, pero se alcanzaron a elaborar bases como el texto de la política, el cual se supondría que serviría de marco para un CONPES. Sin embargo, ni el documento marco evolucionó, ni el CONPES se llevó a cabo.

La llegada de Mariana Mazzucato a Colombia sirvió para la foto y nada más. Una política de semejante importancia no podía quedar en las manos de un solo viceministerio. Esta política necesita un gran despliegue y del liderazgo presidencial y ministerial. Los viceministros son marginales, puesto que el protagonismo y las acciones interministeriales están en manos de ministros y ministras, celosos de las acciones de las personas a su cargo.

Colombia también quedó por fuera del mercado mundial del conocimiento y de la innovación para la producción. Los países desarrollados y los emergentes inteligentes invierten más del 2,5% y del 1% del PIB, respectivamente, en I+D+i. Colombia nunca ha superado el 0,3%.

El trabajo intersectorial e interministerial hace posible la reindustrialización. El nivel viceministerial debe tener grados de libertad para hacer el trabajo técnico entre viceministerios de los cuatro sectores estratégicos de la política de reindustrialización: agricultura, salud, energía y defensa, más los ministerios de ciencia tecnología, educación y hacienda. Esas cuatro apuestas clave deben adelantarse como cuatro grandes misiones. En cada misión debe estar el ministerio de industria, el ministerio sectorial y de ciencia tecnología e innovación, respaldados por los de educación y hacienda, y con empresarios innovadores. Todos reunidos en torno al Consejo Nacional de Reindustrialización que debe reemplazar al de Competitividad.

El presidente debe dar prioridad y asumir el liderazgo de la política, dar órdenes claras acordadas con ministros y ministras y sus respectivas agencias y el DNP para incluir y movilizar las regiones, además de ordenar el Conpes. En esas reuniones deben estar los viceministros y viceministras, directores de agencias y una muestra selectiva de empresarios innovadores, con práctica en actividades de I+D+i, para impulsar la política y sus apuestas estratégicas.

Los gremios no tienen interés ni capacidad para pensar en una economía distinta. Muy pocas universidades están en capacidad de entender y apoyar el cambio intelectual requerido para el salto tecnológico de la reindustrialización a causa de la absorción de las ideas neoliberales.

La política de reindustrialización debe ser profunda y delimitada en sus alcances, dado que quedan apenas tres años de gobierno.

Con la adopción de las visiones neoliberales es imposible la reindustrialización. Además, en cuatro de los cinco ministerios principales se han presentado cambios, lo cual significa que la reindustrialización fue relegada por la negociación política, cuando era el marco de desarrollo perfecto desde el cual inscribir las reformas sociales.

Puede leer: La gran misión del gobierno Petro: la reindustrialización

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Facebook: MinTrabajo

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Tan importante como la reforma laboral que acaba de caerse es la Política Nacional de Reindustrialización. ¿Qué se necesita para generar empleo y aumentar la productividad y la equidad en Colombia?

Jaime Acosta Puertas*

La caída de la reforma

La reforma laboral empezó a temblar desde que la ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, dijo que no era para crear empleo.

Un propósito que tampoco está en la mira de las empresas, los políticos y la mayoría de los analistas. Ellos se concentran en la cantidad de empleos que se pueden perder, pero no observan aquellos que se pueden crear si la reforma se plantea junto con la Política Nacional de Reindustrialización (PNR).

Las políticas laborales reflejan el avance o retroceso del sistema productivo según el modelo de crecimiento adoptado. En el caso de Colombia, la economía ha estado marcada por un modelo de mercado para capturar rentas y no para desarrollar la economía y a la nación.

Hace sesenta años emergieron en el mundo nuevas olas de producción, de innovación y de comercio internacional que han pasado por encima de Colombia. Desde 1991 los gobiernos entregaron la producción a las importaciones, sobre todo desde la firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC). De esta manera se destruyeron más de millón y medio de empleos, más del doble de los estimados si la nueva reforma laboral se aprueba.

Las reformas laborales sirven cuando la productividad va en caída libre, no se crean nuevas fuentes de empleo de más calidad ni se brinda estabilidad laboral. Colombia necesita un sistema productivo diversificado, sofisticado y de alta tecnología, que es el que permite impulsar exportaciones, crear empleo, irrigar equidad y crecimiento económico a altas tasas.

En el caso de Colombia, la economía ha estado marcada por un modelo de mercado para capturar rentas y no para desarrollar la economía y a la nación.

Para eso se necesita combinar la PNR y un nuevo marco laboral, porque el actual —que defienden los empresarios— no sirve para adelantar un proceso de reindustrialización que eleve la productividad y las capacidades de innovación para impulsar exportaciones intensivas en conocimiento y alta tecnología.

Lea en Razón Pública: Una mirada nueva a la reforma laboral

Foto: Invima El Plan Nacional de Reindustrialización tiene varias apuestas, entre ellas la producción de medicamentos.

Política Nacional de Reindustrialización y reforma laboral

Colombia dispone del marco de la PNR cuyos números no se conocen, esperando un Conpes que no llega. Solo se conocen objetivos y metas de programas que vienen de gobiernos anteriores, como las Fábricas de Productividad, Colombia Compra Eficiente, entre otros.

El marco de la PNR tiene un largo proceso de construcción. El documento elaborado en los primeros once meses del gobierno de Gustavo Petro es un inteligente y exquisito marco conceptual basado en las corrientes de la economía de la innovación.

Es un quiebre al pensamiento de las políticas de competitividad y de productividad del neoliberalismo de los últimos treinta años. Por eso los gremios no quieren esta política. No dicen nada y no hacen nada para impulsarla, mucho menos para relacionarla con las reformas sociales, empezando por la reforma laboral.

¿En qué beneficia la PNR?

La PNR tiene objetivos claros para cerrar las brechas de productividad, fortalecer los enlaces productivos entre producción, comercio y servicios, diversificar y sofisticar la oferta interna y externa a través de nuevos bienes y servicios, profundizar la integración productiva entre países de América Latina e incluye la economía del cuidado que también hace parte de la reforma laboral.

Además, la PNR tiene apuestas productivas estratégicas que requiere de un nuevo marco laboral de derechos y oportunidades para mejores y nuevos empleos duraderos.

  1. Una transición energética justa que incluya un sistema de movilidad sostenible, así como estimular industrias de componentes y bienes de capital y el aprovechamiento de minerales estratégicos.
  2. Una agroindustria y soberanía alimentaria de la mano de la bioeconomía y de la producción y desarrollo de tecnología para una agricultura digital y de restauración ecológica.
  3. Para las industrias del sector salud: producción de activos, medicamentos, moléculas, vacunas, dispositivos, parte de equipos como base de una futura industria de equipos. Esta apuesta está vinculada a la reforma de salud, y es tan importante como la de seguridad alimentaria.
  4. Defensa y vida: una industria naval de uso civil y militar para un país con dos mares, cinco puertos y grandes ríos.

Desarrollar estas apuestas necesita de instrumentos de intervención para la reindustrialización y así crear empleo con nuevos y plenos derechos laborales. Se debe recurrir a nuevas fuentes de capital y financiación para que inviertan en las apuestas estratégicas recién referidas.

Por último, como complemento, está la formación de recursos humanos en habilidades y nuevas destrezas asociadas a las áreas de ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas, determinantes en el desarrollo y producción de las apuestas de la PNR.

El esfuerzo de capital y de recursos humanos es la base para el desarrollo tecnológico que impulsa la reindustrialización.

Si sucede un cambio estructural y tecnológico en el país se revertirá el ciclo descendente del ingreso de estudiantes a la educación superior, que viene en caída desde el 2016.

La falta de ingreso se debe a la privatización adversa a la educación pública, al elevado precio de las matrículas, la mala calidad de la educación, la falta de oportunidades en el mercado laboral y a los focos de corrupción en universidades públicas y privadas para ingresar al pregrado y a las especializaciones, especialmente en medicina.

Si se combinan objetivos de largo plazo con apuestas estratégicas intensivas en conocimiento e innovación, el mundo laboral de Colombia sufrirá un cambio rotundo e irreversible,  que implica un nuevo espacio laboral como el que propone la reforma. Se preservarán ciertas especializaciones asociadas a recursos primarios, viejas industrias que aún se sostienen y, sobre todo, por el surgimiento o fortalecimiento de nuevas actividades y sectores promisorios.

Este nuevo espacio productivo necesita una nueva política laboral comprensiva de los cambios de producción, innovación y conocimiento. Así emergerán nuevos empleos, empresas y oportunidades. Aunque requerirán nuevas condiciones laborales, pensionales, de salud, y educación para un sociedad más justa, equilibrada y progresiva.

Todos equivocados

El gobierno tiene la PNR que justifica y ampara las reformas sociales. La estabilidad laboral solo la ofrece una economía en transformación permanente con un capital humano más calificado, innovador y éticamente correcto.

Una reforma laboral como la que quiere el gobierno es difícil por el atraso y la dependencia tecnológica de la producción nacional, en materia de insumos, componentes y bienes de capital. La reindustrialización necesita y a la vez propicia condiciones para otro marco laboral y pensional, e incluso para elevar los aportes al régimen contributivo en salud. Por eso la reindustrialización incide positivamente en todas las políticas sociales, económicas y de relaciones internacionales.

Los gremios deben entender que están defendiendo un régimen laboral absurdo, inequitativo, atrasado e insostenible, que iguala el rezagado sistema productivo del país.

Los argumentos de los gremios son de enorme debilidad técnica, sin visión de nación y sin visión de la economía que debe ser. Quieren que la economía de los últimos treinta años sea la economía de los siguientes treinta, lo cual es imposible por factores internos y externos. Sin embargo, tienen el poder de convencer a congresistas y grandes medios.

Asimismo, los centros de estudio y de investigación no muestran una capacidad de análisis, construcción y comprensión de la economía de la innovación que sustituya la economía neoliberal, sus contenidos y programas de estudio y de investigación.

No obstante, el gobierno tampoco aprovecha la PNR para justificar y mostrar los nuevos caminos de desarrollo nacional, en cuyo contexto van las políticas sociales. El presidente y el ministro de Comercio Industria y Turismo no han sido capaces de articular con los Ministerios de Hacienda, Trabajo, Energía, Agricultura, Transporte, Salud, Ciencia y Tecnología, y Educación los pilares de la reindustrialización que dan el marco a las reformas sociales, económicas, y a la estrategia de paz.

Si sucede un cambio estructural y tecnológico en el país se revertirá el ciclo descendente del ingreso de estudiantes a la educación superior, que viene en caída desde el 2016.

Los gremios empresariales están en el negocio del atrasado modelo económico. La reindustrialización no hace parte de sus esquemas mentales porque se deben a la economía de 1991 y no a la de 2031, 2051 o 2071. Por eso las reformas les parecen salidas de la realidad.

El recurso de las universidades debe servir para repensar modelos teóricos, revisar los paradigmas de investigación sobre el desarrollo y la ética, y aportar un marco de pensamiento para las reformas.

Lo mejor que tiene el gobierno es el grupo de expertos, nacionales e internacionales, que pensaron la PNR. Ese grupo debe convocarse de inmediato y entregar en los meses inmediatos cómo sería la economía y la sociedad colombiana reindustrializada.

Por ejemplo, el discurso internacional del presidente Petro sobre la transición energética y el calentamiento global está inmerso en la PNR. Es un discurso coherente, tanto para las reformas económicas y sociales que requiere el país, como para situar a Colombia como una nueva voz en el mundo.

Si es necesario hay que llamar a la gente a la calle para lograr el respaldo que las reformas necesitan. Este llamado se hará si los políticos y empresarios no retiran el control con el cual pretenden obligar al gobierno a aceptar sus mandatos y conducir a Colombia a mayores desequilibrios.

Le recomendamos: La reforma laboral: pasado como futuro

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Alcaldía de Bogotá

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La Política Nacional de Reindustrialización (PNR) es una de las apuestas clave dentro del Plan Nacional de Desarrollo porque rompe con las políticas de industrialización tradicionales.

Jaime Acosta Puertas*

Una política esperanzadora

Para quienes hemos trabajado durante décadas en las políticas de desarrollo en Colombia, disponer de un texto marco en progreso como el de la Política Nacional de Reindustrialización (PNR) es esperanzador en el corto y en el largo plazo.

Una política como esta del presidente Petro y de un equipo de ministros y viceministros con experiencia en el tema, así como de expertos nacionales y extranjeros y académicos internacionales, debió reemplazar a la política de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) en 1991 y no la que dejaba al mercado con el control de la economía y una idea de competitividad llena de sofismas. Dicha política entregó la soberanía productiva y la capacidad de innovación de Colombia.

Una política como la que está perfeccionando el gobierno en el marco del Plan Nacional de Desarrollo (PND) es el tipo de políticas industriales que aplican los países avanzados y emergentes.  Si Colombia hubiese puesto en marcha una política como esta hace treinta años, los agregados macro y micro serían mucho mejores. Entre estos están el tamaño del PIB, la velocidad de crecimiento, la productividad, la tributación o la inversión en educación, ciencia y tecnología.

Además, hubiese incentivado nuevas exportaciones, más y mejor inversión social, la preservación de los recursos naturales y el fin de una guerra que no acaba. La desindustrialización ha sido funcional a la violencia, la ilegalidad, la baja productividad y la corrupción.

La Ley 100 no habría desencadenado un sistema de EPS sin control, la flexibilidad laboral hubiera sido otra y las pensiones no serían para una minoría, porque al alterarse el modelo productivo y la productividad los acuerdos de las instituciones serían distintos. En consecuencia, las reformas sociales del gobierno son coherentes con la PNR. En ese sentido, la reindustrialización necesita de nuevas políticas de salud, de trabajo y de pensiones.

El enfoque de la PNR es correcto, pues atiende a los sectores que jalonarán la reindustrialización para el mercado interno y las nuevas exportaciones. Además, no dejarán de lado a las MiPymes que se beneficiarán de la vanguardia productiva con nuevas oportunidades de diversificación, sofisticación y emprendimiento mediante la cooperación y articulación entre pequeños, medianos y grandes productores.

Por otra parte, Colombia requiere una política nacional de desarrollo regional para que los territorios tengan la autonomía para alimentar sus propios procesos de desarrollo endógeno producto de la PNR. La descentralización fue necesaria. Ahora, obstaculiza un desarrollo regional equilibrado y no contribuye a superar la abrumadora heterogeneidad productiva que afectan la coordinación, la integración productiva y la productividad.

Cuando surge una PNR como la que está en camino, las propuestas individuales y colectivas se transforman porque el proyecto nacional cobra una importancia inusitada que va más allá de la ambición y el enriquecimiento personal.

Foto: MinAgricultura - Una de las apuestas sectoriales de las misiones de la Política Nacional de Reindustrialización es la agricultura agroindustrial para la soberanía alimentaria.

Lea en Razón Pública: La reindustrialización: una meta central del Plan de Desarrollo

Propósitos de la PNR

El documento de la PNR dice lo siguiente:

El objetivo principal de la Política de reindustrialización […] es transitar de una economía extractivista a una economía del conocimiento, productiva y sostenible. Las acciones que se proponen en esta política se observan en la matriz de instrumentos y en las medidas de intervención general, requieren de un trabajo sistemático y responsable con todas las carteras ministeriales, los departamentos administrativos y demás entidades del estado”.

Las propuestas del PNR apuntan a:

  • superar rezagos en productividad con nuevas tecnologías,
  • crear empleo de calidad,
  • cerrar brechas laborales,
  • crear espacios de trabajo y emprendimiento para que más colombianos puedan pensionarse e
  • incluir nuevos sectores como la economía del cuidado.

Asimismo, se quiere mejorar los encadenamientos productivos, tanto en los territorios como a escala nacional, en especial en aquellos sectores estratégicos que llevarán a cabo una transformación productiva de largo alcance y que propiciarán el desarrollo de aquellos territorios con más capacidades productivas y de investigación. Estos territorios serán ejemplo para que los menos avanzados aprendan y construyan capacidades productivas y tecnológicas más sofisticadas y particulares.

El enfoque de la PNR es correcto, pues atiende a los sectores que jalonarán la reindustrialización para el mercado interno y las nuevas exportaciones. Además, no dejarán de lado a las MiPymes que se beneficiarán de la vanguardia productiva con nuevas oportunidades de diversificación, sofisticación y emprendimiento mediante la cooperación y articulación entre pequeños, medianos y grandes productores.

La economía popular y comunitaria que recoge a la mayoría de la población con baja productividad y bajos ingresos es el tercer segmento de la PNR. Este necesita una intervención estatal que reconozca el importante aporte económico y social de sus actividades así como la necesidad de mejorar su productividad.

En consecuencia, la política de reindustrialización estimulará y empujará a todos los que intervienen en los circuitos de producción, innovación y emprendimiento en los distintos territorios.

La PNR tiene un capítulo para la integración entre países de la región asociados con la producción, el medio ambiente, la ciencia y la tecnología, y sugeriría incluir la educación para retomar el vacío que dejó la desaparición del Convenio Andrés Bello (CAB). La reinvención de la Unasur debe tener como capítulo principal estos temas.

Las misiones de la reindustrialización: apuestas estratégicas

El núcleo principal de la PNR son las apuestas estratégicas en cinco grandes sectores productivos sustentados en la investigación, la innovación, el emprendimiento y el desarrollo de territorios, así como sus tejidos empresariales.

En la línea de pensamiento de la economista Mariana Mazzucato, se deben crear al menos cinco grandes misiones que vinculen producción, ciencia y tecnología, educación y cambio climático con sus respectivos instrumentos e instituciones. Por esto, las cinco apuestas o misiones estratégicas deben articular la producción de las empresas y la política nacional de ciencia, tecnología e innovación con sus centros de investigación, como lo muestra la siguiente gráfica.

La inteligencia de las apuestas estratégicas radica en su modernidad pues se diferencian mucho de las apuestas sectoriales de hace 60 o 50 años, los años de las industrias pesadas como la química o la de acero.

En 2023, las industrias digitales, las integraciones intersectoriales o las innovaciones fertilizadas son la nueva vanguardia. Las misiones de la PNR corrigen errores de concepción y alcance de las políticas de competitividad de los últimos treinta años. Estas misiones las conforman cuatro apuestas sectoriales y una transversal:

  1. Transición energética, que incluye industrias de las energías alternativas e industrias de un sistema de movilidad sostenible. También considera nuevos minerales.
  2. Agricultura agroindustria para la soberanía alimentaria.
  3. Industrias de salud para reducir la dependencia en medicamentos, vacunas, dispositivos y equipos médicos. Las EPS no invierten un peso en investigación y desarrollo.
  4. Defensa y vida, con miras en avanzar hacia una industria aeroespacial, naval, y otras actividades inteligentes a partir de la experiencia y conocimientos del sector de defensa.
  5. Territorios y tejido empresarial.

Esta selección de misiones secto-intersectoriales es amplia por lo tanto flexible. De ese modo, se blinda de la ortodoxia que sostiene que no se deben hacer apuestas, otro error de las políticas neoliberales aplicadas en Colombia. Todas las naciones desarrolladas y emergentes han realizado apuestas clave.

Crear una agencia de industrias e innovación

Los congresistas le quitaron al presidente la facultad de crear la Agencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación adscrita al Ministerio de CTI sin conocer aún la versión final de la PNR que transita en el Congreso de la República dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Una de las metas clave para dicha agencia era la investigación para las apuestas estratégicas de la reindustrialización.

El Estado juega un papel estratégico porque no toda la inversión en investigación la hacen los privados ya que sus niveles de riesgo siempre son mesurados. Por eso, el Estado está presente en las grandes innovaciones científicas y tecnológicas como agente innovador y emprendedor y no solo como un pasivo regulador.

Por eso, cabe insistir en que se debe crear una agencia colombiana de industrias de la innovación (ACIINN) para articular los desarrollos tecnológicos de las empresas de los sectores clave con las capacidades de centros de investigación especializados en áreas del conocimiento correspondientes.

Eliminar esta agencia sería una falla conceptual y de política ya que estaría dedicada a las actuales misiones del PNR. Articulará Estado, empresas y centros de investigación y colaborará con la cofinanciación de los proyectos de investigación: será una instancia de gestión entre el Estado, las empresas y la ciencia y la tecnología.

El Estado juega un papel estratégico porque no toda la inversión en investigación la hacen los privados ya que sus niveles de riesgo siempre son mesurados. Por eso, el Estado está presente en las grandes innovaciones científicas y tecnológicas como agente innovador y emprendedor y no solo como un pasivo regulador.

El desarrollo productivo y la innovación son una tarea constante. Los sectores que hoy son estratégicos mañana ya no lo serán. Sin embargo, sobre ellos emergerán las nuevas especializaciones y las innovaciones disruptivas. El Estado siempre acompaña o lidera esas innovaciones. No lo hace sólo el mercado. Esa es otra mentira del neoliberalismo colombiano, falacia antiprogresista que aplazó durante 30 años el principio de una senda de progreso, bienestar, desarrollo y paz.

Los instrumentos y las instituciones de la PNR

La matriz está compuesta por una familia de 21 instrumentos, con más de un centenar de acciones. Están perfectamente delineados y definidos sus contenidos y tranquiliza constatar que toda la concepción de la PNR se sustenta en sólidos instrumentos, detalladamente identificados y ubicados, que bajo el amparo articulador de varios ministerios y de otras agencias del estado muestran el carácter sistémico de las misiones y del conjunto de la política.

Sin embargo, la idea de los corredores regionales no es suficiente. Se necesita crear una misión especial de los territorios del sur marítimo (del Chocó a Nariño), andino (Cauca y Nariño) y amazónico (Putumayo y Amazonas) porque los problemas de fondo son monumentales y están creciendo, sobre todo en Nariño, pero sus potencialidades con enormes, y para ello se deben crear los CRIIE (centros regionales de industria, innovación y emprendimiento) que complemente las inversiones en infraestructura, comunicaciones digitales, educación, salud y cultura. Finalmente, sugiero al gobierno no demorar la presentación de la versión final de esta política.

Puede leer: El Plan Nacional de Desarrollo y su apuesta por la reindustrialización

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Foto: Fiesta Suba

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Por qué el sistema de salud que tenemos necesita una reforma, y en qué consiste realmente el proyecto que presentó este gobierno.

Jaime Acosta Puertas*

¿Cómo funciona el sistema de salud actual?

La salud se ha convertido en un negocio gracias a la Ley 100. Durante los días del Instituto de los Seguros Sociales (ISS), los líderes económicos se dieron cuenta que con los recursos públicos habría una fuente inagotable de enriquecimiento. Durante los años 80, la salud representaba el 3 % del PIB y apenas afiliaba al 30 % de la población. En 2023 representa el 7 % del PIB y el 95 % de los colombianos están afiliados al sistema.

El centro de discusión y de preocupación de los opositores a la reforma es la defensa de las Empresas Prestadoras de Salud (EPS). La Ley 100 estableció un modelo de negocio basado en las UPC (unidades por capitación), que logró una cobertura universal del 95 %, pero apenas proporciona atención al 70 %. El destino del margen del 25 % de estos recursos es desconocido.

Los fondos públicos se trasladaron a las EPS a través de la Administradora de los Recursos del Sistema de Salud (ADRES) sin control, debido a la falta de infraestructura de información para monitorear su uso en 30 años. La captura incontrolable de recursos públicos por parte de privados es culpa de presidentes, ministros, superintendentes, políticos, Cortes, organismos de control y otros, por acción u omisión.

La transformación de la ADRES es el gran enemigo de la intermediación financiera de las EPS privadas, que pierden espacio con el mejoramiento de la administradora pública. Es posible que algunas EPS desaparezcan y otras se adapten a las nuevas funciones que la ley establezca, aunque surge la incógnita de si perderán interés al ver limitado su acceso a recursos financieros sin supervisión.

El negocio principal de sistema, porcentaje más porcentaje menos, funciona así: una IPS envía una factura de mil millones a la EPS. Meses despues, la EPS llama a la IPS para anunciar que van a pagar 500 millones, y que en los próximos tres meses le pagarán los otros 250 millones, pero piden un descuento equivalente al 25% restante. Esto significa que del sistema se evaporan varios billones de pesos al año, que provienen del presupuesto nacional para el sector de la salud a través de las EPS.

El proceso de acumulación incluye los copagos, otro invento de las EPS con proveedores de medicamentos y sobre lo cual nunca han dicho nada los ministros y superintendentes de salud a pesar de que están prohibidos estos cobros.

Ha sido un manejo poco transparente que ha derivado en el cierre de muchas EPS sin pagar deudas. Como resultado, las IPS (hospitales, clínicas, consultorios y laboratorios) deben hallar formas para mantenerse y hacer sostenible su operación.

Este modelo fue diseñado para perpetuarse, pero no podía durar para siempre. Ahora, ha llegado el momento de reformarlo.

Puede leer: Las condiciones del personal de salud no mejorarán con la reforma propuesta

La reforma: primero la gente

Las disposiciones generales del sistema de salud dan prioridad a la intervención del Estado en su definición. Durante los últimos treinta años, las políticas se han centrado en el mercado, sin que hubiera derivado en un proyecto nacional de desarrollo sostenible, avanzado, duradero y equitativo. Esta nueva dirección hacia una mayor intervención del Estado en la salud, era un cambio que debía suceder, porque el modelo se estaba neutralizando así mismo por la corrupción y su renuencia a privilegiar la salud preventiva y previsiva de calidad para todos.

La reforma de salud no implica una vuelta a las ideas de estatización de hace cuarenta años, como lo afirman algunos opositores extremistas. Se trata de una concepción equilibrada que da prioridad a la salud preventiva, con una combinación de sujetos públicos, privados y mixtos bajo la supervisión del nivel nacional y de los territorios en cuanto al monitoreo y orientación del sistema.

Esta visión se originó en la Ley 1751 de 2015, y no es una iniciativa del gobierno Petro, sino que fue una apuesta del gobierno liberal de Santos. Así, las Comisiones Intersectoriales de los Determinantes centrales y territorial son las autoridades del sistema para satisfacer las necesidades de una sociedad que exige que la salud sea clave del bienestar, la equidad y el progreso.

La reforma mejorará y controlará los recursos financieros del sistema a través de la ADRES, que se encargará de administrar los dineros del sistema. Aunque mantendrá su nombre y parte de su capital humano, será necesarios más personal calificado, tecnología avanzada y una sólida infraestructura de información para garantizar una gestión eficiente y transparente de los recursos.

La transformación de la ADRES es el gran enemigo de la intermediación financiera de las EPS privadas, que pierden espacio con el mejoramiento de la administradora pública. Es posible que algunas EPS desaparezcan y otras se adapten a las nuevas funciones que la ley establezca, aunque surge la incógnita de si perderán interés al ver limitado su acceso a recursos financieros sin supervisión.

Sin embargo, la Nueva EPS continuará por tratarse de una institución público-privada, y será la que soporte el mayor peso de un modelo mixto permanente o temporal.

El éxito en la operación del nuevo sistema de atención primaria depende en gran medida de las Instituciones de Salud del Estado (ISE), de las Redes Integradas e Integrales de Servicios de Salud (RIISS), y de los Centros de Atención Primaria Integral Resolutiva en Salud (CAPIRS). Son lo más importante de la reforma.

Hoy en día, los centros de salud de primer e incluso del segundo nivel carecen de equipamiento y personal adecuado, lo que lleva a que la atención se traslade a las IPS (hospitales y clínicas) de mediana y alta complejidad. Por esto, en algunas unidades de urgencias, la situación parece similar a la de un centro masivo de atención ante una epidemia o una catástrofe.

La concepción de los CAPIRS para la Atención Primaria es un avance significativo de la reforma en el manejo de pacientes, gracias al sistema único de información integral en salud (SPUIIS). Este sistema permitirá que las historias clínicas estén disponibles en línea, lo que garantizará que en caso de que el paciente sea atendido en un centro de mayor complejidad, su historial médico estará disponible.

Esto representa un avance sin precedentes en la eficiencia, seguridad y confianza en el servicio de atención médica, con el paciente como el propósito principal. Este salto cualitativo se expresa a través de la creación de los CAPIRS y su integración en las RIISS, que conformarán grupos multidisciplinarios con funciones que actualmente no existen debido a un sistema fraccionado e inmenso sin nexos de información.

La atención primaria es crucial para mejorar la calidad de los servicios de salud. Si se logra una buena estructura, planificación y resolución del sistema, puede lograr una transición tranquila en los servicios de baja complejidad, tanto ambulatorios como hospitalarios especializados, así como en los servicios de mediana y alta complejidad, fomentando el apoyo entre redes y programas de prevención.

Las EPS no operan como un sistema integrado, sino como organizaciones individuales sin comunicación entre ellas. Esto hace que cuando un paciente es enviado a otra IPS por su EPS, tenga que llevar consigo una carpeta con sus historias clínicas (referencias y contrarreferencias), lo que consume una parte importante del tiempo de la consulta médica en transcribir la información.

La reforma implica un modelo que exigirá un aumento en la cantidad y calidad del personal de salud, incluyendo enfermeras, jefes, médicos generales, especialistas y super-especialistas, quienes tendrán mayor estabilidad laboral. La eficiencia del sistema significará una mejora en la atención, que permitirá que el personal asuma sus responsabilidades de manera más efectiva y presté un servicio de mayor calidad.

Lo anterior también implicará la creación de nuevos retos para el sistema educativo, permitiendo la formación de más y mejores técnicos, profesionales y científicos.

Colombia tiene el menor número de enfermeras y médicos por mil habitantes entre los países de la OCDE, por eso es importante erradicar núcleos de corrupción en las universidades mediante los cuales se venden cupos para pregrado y posgrado, lo que crea barreras de acceso perversas para la educación, limitando la cantidad y calidad de los profesionales para el sistema.

Adicionalmente, la reforma asumirá desafíos científicos, tecnológicos y productivos, como una plataforma tecnológica avanzada de última generación, con inteligencia artificial para la red de servicios en tiempo real. También se crearán nuevas líneas de investigación, se fabricarán vacunas, medicamentos, dispositivos y equipos médicos. Al respecto, las EPS no invierten un peso en investigación y desarrollo, siendo las dueñas del sistema.

Preocupaciones a resolver

La Nueva EPS asumirá los pacientes de las EPS que pronto desaparecerán. Sin embargo, es esencial planificar la transición gradual hasta la adopción plena del sistema de Atención Primaria y Preventivo, otras redes y otros instrumentos. Se debe mostrar el cambio a lo largo de la década y estimar la velocidad del proceso con la información disponible.

Gaviria impuso el neoliberalismo en cuatro años, y el sistema de la ley 100 tardó diez años en perfeccionar su imperfección. La planeación de recursos humanos debe considerar la velocidad de implementación de la reforma incluyendo cantidad, calidad y áreas de conocimiento.

En los territorios será necesario establecer gradualmente los mecanismos de supervisión, atención, control y seguimiento, tal vez más sencillos e inteligentes, posiblemente más pequeños.

Foto: Hospital Universitario departamental de Nariño - El modelo de salud propuesto en la reforma requiere más y mejor personal de salud, por lo cual, representa un reto para el sistema de educación.

Hoy en día, los centros de salud de primer e incluso del segundo nivel carecen de equipamiento y personal adecuado, lo que lleva a que la atención se traslade a las IPS (hospitales y clínicas) de mediana y alta complejidad. Por esto, en algunas unidades de urgencias, la situación parece similar a la de un centro masivo de atención ante una epidemia o una catástrofe.

La regla fiscal no puede ser la camisa de fuerza que limite esta reforma y otras. La reforma a la salud es una reforma para el desarrollo de la nación. Por lo tanto, es una prioridad por encima de cualquier consideración fiscal o del FMI. Sobre los desarrollos estratégicos de una nación, no hay imperativos macroeconómicos superiores. En este tema están equivocados los ministros de Agricultura, Hacienda, Educación y el director del DNP.

En el texto de la reforma todavía no se han articulado las políticas de ciencia y tecnología de la salud con la política de reindustrialización, porque la reforma pretende impulsar nuevas actividades productivas innovadoras.

En este contexto, es necesario armonizar la reforma con otros ministerios, para fomentar la inversión en industrias de salud de alta complejidad y garantizar los recursos humanos necesarios para el nuevo sistema.

En resumen, los aspectos positivos del sistema actual han quedado eclipsados por sus fallas. Por lo tanto, construir sobre lo ya construido resulta difícil, ya que las EPS han hecho un gran daño al gestionar inadecuadamente nuestros recursos. Hay que insistir en una auditoria forense sobre el manejo financiero del sistema.

Lea en Razón Pública: El Plan Nacional de Desarrollo y su apuesta por la reindustrialización

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Jaime Acosta

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Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

ISSN 2145-0439

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