La inminencia del racionamiento - Razón Pública
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La inminencia del racionamiento

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El racionamiento de energía y de gas dependerá de las condiciones hidrológicas que se esperan con el fenómeno del Niño, que, según los pronósticos de los principales centros meteorológicos, “será severo y prolongado”, de la disponibilidad de combustibles para la generación térmica y de la rapidez con que se adopten medidas de contingencia.

Un riesgo energético real

El riesgo de un racionamiento simultáneo de energía eléctrica y de gas natural en Colombia es real, no es alarmismo y quienes lo hemos venido advirtiendo no somos catastrofistas, como se nos ha endilgado por parte de los escépticos, especialmente desde el gobierno nacional. 

Su materialización dependerá de las condiciones hidrológicas críticas que se esperan con el Súper Niño, el cual, según los pronósticos de los principales centros meteorológicos, “será severo y prolongado”, de la disponibilidad de combustibles para la generación térmica y de la rapidez con que se adopten medidas de contingencia. 

Y de contera, nos sorprende en medio de la crisis energética, inducida por lo demás por parte del mismo Gobierno, la más pavorosa en los últimos treinta años, lo que torna al Sistema interconectado nacional (SIN) más vulnerable, amén de su baja resiliencia frente al cambio climático por depender en el 58% de toda la capacidad instalada de generación de la generación hídrica.

Demanda creciente y oferta insuficiente

El cuadro actual es patético: la demanda de energía crece a un ritmo endiablado del 5,75%, y alcanza una demanda máxima histórica de 261,86 GWHD con tendencia a seguir creciendo debido al aumento del consumo atribuido a las altas temperaturas y a la creciente movilidad eléctrica, al punto de que la demanda supera en este momento en 1971 GWH/año la oferta de energía firme (OEF), así, el SIN opera como un relojito suizo. 

Es más, según XM, que es la empresa que opera el SIN y administra el mercado mayorista, actualmente, en horas pico, cuando la demanda de energía es mayor, la capacidad instalada sólo está en condiciones de cubrir hasta el 90% de la demanda, es decir, se presenta un descalce del 10%.

Alertas operativas del sistema eléctrico

Ello explica, entre otras cosas, que, al corte del 3 de julio, XM reportó 36 restricciones energéticas por estado de emergencia y 48 por estado de alerta. 

Es más, entre abril y julio se impartieron por parte de X M 165 instrucciones de desconexiones, las que se denominan Esquema de deslastre automático de carga (EDAC) por baja frecuencia, que no es nada distinto de la desconexión de circuitos debido a sobrecargas ya sea en las líneas de transmisión nacional y regional, en las subestaciones eléctricas y/o en las líneas de distribución. 

Con este procedimiento se busca proteger la estabilidad del SIN y evitar un corte masivo del suministro eléctrico. 

La región Caribe, el punto más crítico

El caso más crítico es el de la región Caribe, en la que desde 2023 se viene presentando un agotamiento de las redes de transmisión que transportan la energía desde el interior del país y en consecuencia se registra lo que se denomina demanda no atendida, que es una expresión eufemística, pero que en la práctica es un racionamiento en la prestación del servicio, el cual se enmascara y disimula con el pretexto de los continuos anuncios de supuestos mantenimientos de redes. Recientemente, Transelca, que opera la red del Sistema de Transmisión Regional (STR), dio cuenta de que el 80% de la demanda no atendida en todo el país se concentra en la región Caribe. 

De hecho, en un comunicado reciente de XM se informó que 5,69 GWH “podrán no ser atendidos debido a la saturación del STR y la debilidad en la configuración de la red, que hoy dificultan una operación segura”. A ello se viene a añadir la crisis que afronta el SIN por cuenta de la abultada deuda que tiene contraída la empresa Air-e, que les presta el servicio de energía a los departamentos de Atlántico, Magdalena y La Guajira, la cual lleva intervenida por parte de la Superintendencia de Servicios Públicos desde hace un año y medio y hoy no está mejor que cuando estuvo peor. 

En efecto, de los $4 billones que adeuda, $1,5 billones corresponden a la energía que le despachan las térmicas, lo que las pone en calzas prietas, afecta su flujo de caja para la compra del gas que requieren para operar y amenaza con un efecto dominó que puede comprometer la prestación del servicio. 

Es de advertir que el caso Air-e es sólo la punta del iceberg, porque el riesgo de un apagón financiero, como lo han denominado la Contraloría General y la Procuraduría, está en ciernes desde hace rato. 

El riesgo financiero del sistema

Ya fue el propio ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, quien le hizo el requerimiento al superintendente de Servicios Públicos para que inyectara los recursos requeridos a Air-e, ya que “por la falta de certeza sobre el pago de la energía que dichas plantas generan para atender la demanda, los generadores térmicos no están en condiciones de asumir compromisos financieros para la compra de gas”. 

Y ello, en momentos en los que, en presencia del súper Niño, se precisa contar con la máxima generación del parque térmico para respaldar el SIN, dado que los generadores hídricos están dejando de generar energía para elevar el nivel agregado de los embalses hasta el 80% hacia el mes de agosto, como se lo requirió XM (¡!).

Factores de vulnerabilidad eléctrica

En el caso de la energía eléctrica, confluyen además varios factores de riesgo: la disminución de los aportes hídricos a los embalses durante períodos secos, que trae consigo el fenómeno de El Niño. 

El retraso en la entrada en operación de nuevos proyectos de generación y transmisión, la indisponibilidad de algunas plantas térmicas por falta de gas o por restricciones en el suministro de combustibles líquidos. 

A ello se suma el mantenimiento programado de las dos principales hidroeléctricas del país, Chivor y Guavio: la primera, con una capacidad instalada de 500 MW, entre el 16 de octubre de este año y el 26 de junio del año entrante; y la segunda, de 1.260 MW, entre septiembre y diciembre de este año. Y no se dispone de ninguna otra fuente de generación de energía para reemplazar la que ellas dejarán de despachar porque el SIN no cuenta con margen de maniobra alguno!

La escasez de gas natural

En cuanto al gas natural, la situación es igualmente delicada: la producción nacional ha venido disminuyendo debido al agotamiento natural de los campos maduros y a su declinación. Después de superar 1.000 millones de pies cúbicos diarios, ahora está por debajo de 700 millones de pies cúbicos, lo que representa una disminución del 15% con respecto al año anterior. 

Ello explica que el porcentaje de gas importado desde diciembre de 2024 hasta esta fecha se ha incrementado del 20% al 33% (¡!) y se estima que para el año entrante este porcentaje se elevará hasta el 40%, por lo menos. Huelga decir que el mayor uso de plantas térmicas durante el Niño incrementa significativamente la demanda de gas para la generación eléctrica, lo que compite con la demanda residencial e industrial.

Retrasos en la planeación y la regulación

Lo más grave es que el Gobierno ha negado desde 2023 la existencia de la escasez y del déficit de gas. Esa situación había sido advertida desde 2021 por la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) en un estudio técnico elaborado para la adopción del Plan de abastecimiento de gas natural 2023-2038. 

Como consecuencia de ese negacionismo, la toma de decisiones por parte del Ministerio de Minas y Energía y de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) se dilató durante casi tres años. 

Esa demora impidió emitir oportunamente las señales de política pública y la regulación necesarias para la instalación de nuevas plantas de regasificación. También retrasó la expansión de la capacidad de importación de gas y la contratación correspondiente por parte de las empresas comercializadoras.

Un estrés energético dual sin precedentes

La única regasificadora con la que se cuenta (la SPEC, en Barú, Cartagena) está operando al límite de su capacidad (465 MMPCD), convirtiéndose este en un cuello de botella para los proyectos de nuevas plantas regasificadoras. 

El más avanzado es el de Ecopetrol en el Pacífico, que sólo entrará a operar al final de este año, y su capacidad es muy limitada, de sólo sesenta MMPCD. Estamos, entonces, ante un estrés energético dual sin precedentes y ante el riesgo inminente de un racionamiento simultáneo de energía y gas natural. 

Según cálculos recientes, una sola hora de racionamiento le costaría a la economía del país entre $175.000 millones y $204.000 millones, y si el racionamiento se prolonga, podría restar entre 1,5% y 1,7% del PIB. Y lo que es peor, el sector informal de la economía, que supera el 58%, llevaría la peor parte por su alto grado de vulnerabilidad y sus mayores dificultades para mitigar los cortes. 

Bien dijo el Nobel de economía Joseph Stiglitz: “Quienes sufren más en una crisis son quienes no jugaron ningún rol en crearla”. ¡Ello no es justo!

Le recomendamos: Balance del gasto público en el gobierno Petro: altos recursos, baja ejecución

Acerca del autor

Amylkar Acosta
amylkaracosta@razonpublica.org.co |  + posts

* Economista de profesión. Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Ex presidente del Congreso de la República y ex ministro de Minas y Energía. Docente e investigador de las universidades Externado, Los Andes y del Rosario. 45 obras publicadas y columnista de los principales diarios del país.

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Amylkar Acosta

* Economista de profesión. Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Ex presidente del Congreso de la República y ex ministro de Minas y Energía. Docente e investigador de las universidades Externado, Los Andes y del Rosario. 45 obras publicadas y columnista de los principales diarios del país.

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