La economía en el primer año de Santos: un balance de prueba - Razón Pública
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La economía en el primer año de Santos: un balance de prueba

Escrito por Amylkar Acosta
Amylkar Acosta

Amylkar AcostaUn año exacto ha pasado. En el Activo del gobierno: sentido común, grado de inversión, inversión extranjera, crecimiento económico, recuperación de la agricultura. En el lado del Pasivo: revaluación del peso, déficit fiscal y comercial, vulnerabilidad ante una posible recaída de la economía global, tasas de interés muy altas y riesgo de autocomplacencia.

Amylkar D. Acosta M*

Boom minero y doble déficit

Tras los embates de la recesión global de 2008, el presidente Santos recibió una economía en franca recuperación, gracias en mucho al auge internacional de materias primas. Su creciente demanda y el alza consiguiente de los precios estimularon una mayor afluencia de capitales hacia el sector minero–energético, que en Colombia representan ya más del 80 por ciento de la Inversión Extranjera Directa (IED).

Al mismo tiempo sin embargo, el gobierno heredó el aislamiento producido por una política exterior pendenciera, que dio


0155 al traste con la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y acabó en el cierre virtual de los mercados de Venezuela y Ecuador, el segundo y tercer mercado para las exportaciones colombianas, en su mayor parte manufacturas intensivas en mano de obra. La revaluación del peso respecto del dólar agravó la situación para las exportaciones no tradicionales.

Con una buena dosis de sentido común, el presidente Santos se propuso recomponer las relaciones comerciales con los países vecinos, y aquí la situación ha mejorado un tanto.

Pero para completar el cuadro, el gobierno entrante encontró unas finanzas públicas desbarajustadas por la incontinencia en el gasto, el abuso de las vigencias futuras y la proliferación de gabelas tributarias que perforaron la base impositiva.

La administración Santos, entonces, arrancó con el fardo de los déficits gemelos a cuestas –el comercial y el fiscal– lo cual le ha restado capacidad de maniobra.

Con semejantes lastres, no le será fácil alcanzar sus metas de crecimiento sostenido del PIB por encima del 6 por ciento y reducción del desempleo a un solo dígito.

Colombia se gradúa

El ministro Echeverry considera que “se están alineando los astros”, puesto que Colombia “está viviendo el mejor escenario económico posible: costos de mano de obra al mismo nivel de China, TLC con Estados Unidos sin trabas, interés de los inversionistas internacionales, recaudo alto de impuestos, crecimiento del PIB superior a lo esperado, inexistencia de obstáculos en materia financiera, buen flujo de caja, perspectivas de crecimiento para este año, que están entre 5 y 6 por ciento” [1].

Tanto optimismo estuvo antecedido por el otorgamiento del grado de inversión a la deuda soberana de Colombia por parte de la calificadora de riesgo Fitch, la cual vino a sumarse a las de Standard & Poor´s y Moody´s Investors Service. Fitch cumplió su palabra, pues antes había advertido que “sin regalías ni regla fiscal, no daría el grado de inversión” [2] -y el gobierno logró hacer que el Congreso le aprobara las dos iniciativas.  

Tuerto en medio de los ciegos

Y sin embargo, como admite el propio director de Fitch, “la deuda del gobierno colombiano, que llega al 42 por ciento del PIB, está en niveles más altos que los de otros países con la misma calificación” [3].

Por otra parte el déficit corriente de la balanza de pagos persiste, y la economía se ha vuelto más vulnerable a los ciclos mundiales, dada la gran volatilidad de los precios de las materias primas.

Los productos estrella de Colombia en otras épocas fueron el añil, luego el tabaco o el café. Ahora son el petróleo, el carbón, el ferroníquel, el oro y el café, sin que en los últimos cuarenta años se haya introducido ningún producto distinto de las flores… y de la cocaína.

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En estas circunstancias, la mejoría en el grado de inversión no responde a cambios sustanciales en el frente económico y fiscal. Como sostiene la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, “obedece más a la ´complacencia fiscal internacional´ que a la solidez ofensiva de Colombia en… los frentes fiscal, laboral y de infraestructura”. La “complacencia” resulta de que “en el mundo desarrollado la relación deuda pública/PIB se perfila hacia más del 100 por ciento, mientras que aquí hemos logrado contenerla en el 43 por ciento” [4].

Es el caso específico de Grecia, cuya relación deuda/PIB es 143 por ciento, o de Italia con 119 por ciento, para no mencionar a Estados Unidos, que superó el umbral del 100 por ciento y acaba de perder su calificación por Standard & Poor´s.

Crecimiento disparejo

Es evidente que la economía colombiana viene mejorando: el crecimiento del PIB en el primer trimestre fue de 5,1 por ciento, por encima de lo proyectado y superior al del mismo período del año anterior, que fue del 4,4 por ciento.

Las proyecciones son igualmente optimistas: ANIF estima que crecimiento este año será de 5 por ciento, la Junta Directiva del Banco de la República anticipa una expansión de entre 4,5 y 6,5 por ciento, el Fondo Monetario Internacional espera un 5 por ciento en 2011, y el gobierno mantiene su meta de 6 por ciento para el 2014 [5].

Lástima que este crecimiento no se refleje en una mayor caída del desempleo y de la informalidad. Seguimos con la tasa de desocupación más alta de la región, 10,9 por ciento para junio, y la meta del gobierno es reducirla a un todavía excesivo 8,9 por ciento.

Como era de esperarse, el sector de mayor crecimiento fue el minero-energético, con el 9,4 por ciento; y sin embargo al desglosar las cifras se constata que la minería creció apenas en 3 por ciento, mientras la actividad petrolera se expandió en 13,9 por ciento.

La agricultura fue la gran sorpresa, pues en medio del invierno creció en 7,8 por ciento. Esto parece haber sido nada más que un “rebote” del muy mal desempeño del trimestre anterior, de suerte que la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) considera que para el año completo la tasa será de apenas un modesto 3,5 por ciento.

Lo más preocupante es el pobre desempeño del sector industrial, que sólo creció un 2 por ciento frente al 7,4 del mismo período de 2010.

En contraste con la industria nacional, el comercio creció 6,7 por ciento, al tiempo que las exportaciones netas aumentaron 11,5 por ciento y las importaciones siguieron disparadas a un ritmo del 21,4 por ciento.

Severa revaluación

El aumento de las importaciones –y la disminución de las exportaciones manufactureras- se deben esencialmente a la revaluación de nuestra moneda.

En febrero de 2003 el dólar llegó a su tope de $2.968.88 y empezó su descolgada. En lo que va corrido del año la revaluación ha sido del orden del 10 por ciento, y como anota Dinero, “los industriales colombianos siguen perdiendo competitividad frente a los de otros países… al final del ciclo el empleo termina resintiéndose pues los empresarios deben reducir sus producciones y eliminar puestos de trabajo” [6].

Por lo demás, como advierte Mauricio Cabrera “es evidente que el origen del exceso de dólares que tiene la tasa de cambio por debajo de 1.800 pesos son los ingresos de capital privado de corto plazo” [7]. Y Juan Fernando Echavarría descarta que el boom en la inversión extranjera sea la causa de la revaluación: “la magnitud de los dividendos enviados al exterior es mayor que el flujo de la inversión extranjera. En el 2010, las utilidades de las empresas extranjeras alcanzaron el valor de 9.989 millones de dólares, superior en un 48 por ciento a la inversión neta. Adicionalmente, un 40 por ciento de ésta se encuentra representada por la reinversión de utilidades, reduciendo así la demanda por dólares” [8].

Mordiéndose la cola

Para frenar los brotes de inflación, el gobierno y el Banco de la República han optado por elevar las tasas de interés, hasta un 4,5 por ciento en la actualidad. Dice el ministro Echeverry que con esto se busca“sacarle el pie al acelerador de la economía” [9], pero la medida puede resultar contraproducente, pues, como anota Dinero, “el aumento en las tasas eleva los rendimientos en pesos, lo que al final incentiva la llegada de capitales especulativos del exterior. Así, la apreciación del peso termina recibiendo otro tanque de oxígeno. Entraña un riesgo mayor de revaluación que no alcanza a contrarrestar el Banco de la República con sus tímidas medidas de intervención” [10].

En ello coincido con Cabrera, cuando sostiene que “aquí es donde el perro se muerde la cola, porque con mayores tasas domésticas se hace más atractivo endeudarse en el exterior, lo que implica mayor entrada de dólares al país; entonces, el Banco emite pesos para comprar el exceso de dólares, y el aumento del dinero permite que los bancos tengan más pesos para prestar” [11].

Peligro de autocomplacencia

Ello es tanto más riesgoso en medio de la crisis de la deuda europea y estadounidense. El ministro de Hacienda con toda razón ha empezado a preocuparse por los amagos de una nueva recesión global, sobre todo luego de la caída de las bolsas del mundo.

La economía de Estados Unidos sigue tastabillando y sus importaciones de países como China e India podrían reducirse bastante, lo cual a su vez haría caer la demanda mundial de materias y precipitar la tan temida recesión de doble caída que algunos analistas habían presagiado.

Y si la economía china llega a estornudar, a la economía colombiana le daría gripa. Lo propio hay que decir respecto de Estados Unidos, ahora en calzas prietas, como sabemos todos Colombia entonces debe prepararse para esas eventualidades, y las autoridades económicas se deben vacunar contra la influenza de la autocomplacencia.

* Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas 

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