Las relaciones internacionales de Colombia en 2013: ¿cambio de imagen? - Razón Pública

Las relaciones internacionales de Colombia en 2013: ¿cambio de imagen?

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El gobierno insistió en el empeño de proyectar a Colombia como un país emergente y exitoso. Hubo cambios importantes y algunos aciertos, pero también hubo errores. Persisten prácticas nocivas, como el clientelismo diplomático.

Socorro Ramírez*

Estados Unidos y Colombia: socios y aliados

En el plano internacional, Colombia se presentó como un jugador emergente y exitoso.

El primero en reconocerlo fue Estados Unidos, que reivindica su aporte a la proyección de Colombia, es el primer destino hemisférico de sus recursos en seguridad y con quien exporta la experticia en combate a la criminalidad.

Esto fue reiterado por el secretario de Estado y por el vicepresidente de Estados Unidos en sus visitas a Bogotá. El tema también se puso de presente en el viaje de Santos a Washington, cuando consiguió respaldo a las negociaciones con las guerrillas y Obama aludió al creciente liderazgo de Colombia y a sus progresos que “muestran un camino para otras naciones que han tenido dificultades para moverse hacia el siglo XXI”.

Reactivación de las relaciones con Ecuador

En donde más se manifiesta el cambio internacional del país es en sus relaciones con Ecuador. El presidente Correa reconoció que la buena relación binacional generó acuerdos para el retiro de las dos demandas contra Colombia: la entablada ante la Corte de la Haya por las fumigaciones en la frontera, y la presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la muerte de un ecuatoriano en el bombardeo a las FARC.

El canciller vecino presentó en detalle el acuerdo sobre las fumigaciones y el contralor informó que "Colombia generó un fondo para desarrollo y reparación dentro de la zona afectada en la frontera  y dentro de eso incluyó una cantidad que ya ha sido entregada y que, a su vez, el Ecuador tiene que entregarla a la familia Aisalla, que estuvo satisfecha con el acuerdo”. Por su parte, el gobierno colombiano clasificó los acuerdos como confidenciales y dijo que los 15 millones de dólares no eran una indemnización pues "el glifosato no produce ningún daño". Tal vez el gobierno de Santos quería evitar que los colombianos afectados por las fumigaciones pidieran el mismo reconocimiento de responsabilidad.

En el plano internacional, Colombia se presentó como un jugador emergente y exitoso. 

Con el aumento de la cooperación binacional en seguridad las fuerzas militares y policiales han mostrado varios resultados: han podido contestar ataques de grupos irregulares; han ubicado a presuntos guerrilleros; han combatido la minería ilegal y han detectado más de cuarenta pasos fronterizos informales, 28 de los cuales están en proceso de legalización y otros de neutralización.

En la cita del 25 de noviembre los presidentes y el gabinete binacional mostraron los resultados de su cooperación. De los 165 proyectos reactivados ya entregaron la ampliación del puente de Rumichaca; la interconexión eléctrica y de los oleoductos; el Centro Binacional de Atención en Frontera de San Miguel; el convenio de seguridad social; el plan binacional de desarrollo fronterizo y los mecanismos de vecindad funcionando.


Encuentro del Presidente Juan Manuel Santos y el
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en
Puerto Ayacucho.
Foto:  Presidencia de la República de Colombia

Colombia-Venezuela: calma después de la tormenta

Las relaciones colombo-venezolanas se replantearon con la llegada de Santos a la presidencia y han continuado en buenos términos, aunque con sobresaltos.

El presidente Santos se acercó a Maduro cuando este asumió como vicepresidente y luego reconoció su estrecho triunfo presidencial. Posteriormente hubo una tormenta generada por el encuentro de Santos con Henrique Capriles en mayo de 2013, Maduro lo acusó de traición y de conocer planes para asesinarlo diseñados desde Colombia. La irritación aumentó cuando Santos anunció que su gobierno se disponía a solicitar el ingreso a la OTAN, lo que revivió la imagen de que Colombia iba en contravía de las tendencias autonómicas regionales. Ante la reacción de Venezuela el ministro de Defensa aclaró que solo se trataba de recibir apoyo ocasional por parte de la OTAN.

La tormenta pasó y se calmaron las aguas. Hubo una reunión de Maduro y Santos en Puerto Ayacucho dos meses después y esta fue seguida de mesas de trabajo ministeriales y de las fuerzas de seguridad. La situación fue superada en interés de las partes: Maduro necesitaba importar alimentos para paliar el desabastecimiento interno, y Colombia requería aumentar las exportaciones para paliar la crisis agraria. Pronto revivieron las negociaciones para la venta a Venezuela de alimentos colombianos por 600 millones de dólares.

En esa perspectiva se reinició la negociación para liberalizar el transporte de carga, construir el puente -Tienditas (Táchira) y Villa Silvania (Norte de Santander), y conectar los oleoductos en zonas de frontera. También concretaron una acción contra la minería ilegal, la instalación de aduanas en El Amparo y en Arauca, y establecieron un plan de inteligencia contra el hurto de celulares, carros y el contrabando de combustibles, ganado y alimentos.

Ambos lados de la frontera siguen viviendo del diferencial cambiario y de los problemas de la economía venezolana como la fuga y especulación con divisas de remesas, el cupo en dólares de las tarjetas de crédito y el contrabando. No obstante, los acuerdos bilaterales se ven rebasados por la grave problemática.


El Presidente de la República de Ecuador, Rafael
Correa en su visita oficial a Colombia.
Foto: Presidencia de la República del Ecuador

El problema con Nicaragua: demandas y desprestigio

Al gobierno le fue mal en el manejo de la situación generada por el fallo de la Corte de la Haya. Recibió el proceso en su fase final y sin una política consensuada -en particular con los isleños- pero no se preparó para enfrentar el veredicto.

Con su posición ambigua sobre la sentencia -asumida como un despojo de su territorio- el gobierno Santos alimentó el desconcierto y la reacción en contra de la Corte y de Nicaragua. Centró sus esfuerzos en anunciar recursos para las islas, contratar abogados y declarar inaplicable el fallo para contener la exigencia de desconocerlo encabezada por el expresidente Álvaro Uribe.

Tampoco impulsó una política para construir la negociación bilateral, asumir la condición caribeña colombiana y las obligaciones y oportunidades que le genera al país el hecho de contar con el 65 por ciento del mar en el Caribe occidental. Se limitó a formar un grupo de afectados con la petición de plataforma extendida presentada por Nicaragua, pero el intento se diluyó rápidamente.

No se avanzó en negociar con Nicaragua ni siquiera sobre los derechos históricos de los raizales, la reserva de la biosfera y la unidad del archipiélago sino que ahora hay que hacerle frente a dos nuevas demandas ante la CIJ, por la plataforma continental extendida y por el cumplimiento del fallo. Mientras tanto, Nicaragua promovió la inclusión de las grandes potencias para lograr el reconocimiento del mapa trazado por la Haya: China con el proyecto de construcción de un canal, Rusia con las armas y aviones, y Estados Unidos con la lucha antidroga.

Iniciativas y una decisión cuestionable

Las relaciones colombo-venezolanas se replantearon con la llegada de Santos a la presidencia y han continuado en buenos términos, aunque con sobresaltos.

El mejor indicador regional de cambio de imagen de Colombia lo constituyó su activa participación en UNASUR y en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En 2013 el gobierno impulsó la reingeniería de la Comunidad Andina, logró que un cartagenero asumiera la secretaría general de la Asociación de Estados del Caribe y  ejerció la presidencia rotativa de la Alianza del Pacífico.

De igual forma, Colombia propuso en la Cumbre Río+20 la construcción de una agenda bajo la denominación de Objetivos de Desarrollo Sostenible y ha insistido en precisar unos pocos ejes con metas concretas y con una escogencia flexible para fijar los compromisos de todos los países, incluyendo a los desarrollados. En esa labor obtuvo reconocimiento, de igual forma contó con el apoyo general a las negociaciones con las guerrillas.

Contrasta con estas iniciativas el intento del gobierno de sustraer al país de la vigilancia de la ONU y la OEA con la idea de que perturba su nueva imagen. El Comité de Derechos Humanos de la ONU le dio la peor calificación por incumplir las recomendaciones para enfrentar la impunidad en el caso de los “falsos positivos”.

Con la idea de que Colombia está preparada para asumir las tareas de la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, el Gobierno decidió cancelarla a partir del 7 de agosto de 2014. Fue una decisión muy discutida y más de 900 ONG se pronunciaron a favor de su permanencia para ayudar a implementar la ley de víctimas y alertar sobre medidas oficiales o iniciativas legislativas regresivas.

¿En el exclusivo club?

El gobierno ha insistido en mostrar el cambio de imagen que ha tenido el país a  nivel internacional. En su momento el presidente señaló que Colombia era “el primer país que la OCDE decide invitar desde 2007 y que menos tiempo ha tomado en entrar a la organización”.

Para su ingreso a la OCDE Colombia adhirió, entre otros, al gobierno corporativo de las compañías del sector público; a la transparencia e intercambio de información con propósitos fiscales; a la Convención contra la Corrupción; a políticas de internet y a directrices sobre minería responsable. La evaluación de la economía colombiana por parte de la OCDE, aunque subraya su buen momento, advierte que avanza muy rápidamente en lo minero-energético y a buen paso en servicios, pero está estancada o en retroceso en industria y agricultura, lo que aumenta el desfase entre riqueza y deterioro ambiental, empleo informal y aguda desigualdad.

Santos realizó visitas oficiales al Vaticano, Inglaterra y Bélgica. Y recibió del presidente de la Comisión Europea el reconocimiento de la creciente importancia de las relaciones de Colombia con la Unión Europea y su condición de socio económico y aliado  en escenarios multilaterales y en temas de seguridad.

Relaciones con el Medio Oriente, África y Asia

Otro elemento del cambio de imagen internacional de Colombia ha sido su proyección como mediador y su apertura.

Otro elemento del cambio de imagen internacional de Colombia ha sido su proyección como mediador y su apertura.

Colombia ha ofrecido mediar en el conflicto entre palestinos e israelíes. En 2013 intentó interceder para aproximar a las partes para que retornaran a la negociación y Santos visitó al presidente de la Autoridad Palestina tras haberse reunido con el presidente y el primer ministro israelíes. Como el más estrecho aliado de Israel en Sudamérica, Colombia firmó con ese país acuerdos de cooperación aérea y de innovación tecnológica así como un TLC.

El acercamiento a África comenzó con la instalación de delegaciones diplomáticas y visitas oficiales. En Argelia se está tramitando la apertura de la embajada y la canciller se entrevistó con los presidentes de los distintos órganos y suscribió acuerdos bilaterales. En Marruecos se reabrió la embajada colombiana junto con la chilena y se abrirá una oficina comercial de la Alianza del Pacífico. Allí la canciller también convocó a los embajadores o encargados de negocios de Colombia en África y el mundo árabe para coordinar las misiones en esas regiones.

Las relaciones con Asia se centraron en el comercio y las inversiones: se firmó el TLC con Corea del Sur; se iniciaron negociaciones con Japón; está en estudio la apertura con China que ha aumentado sus inversiones en Colombia; se firmó un acuerdo con Singapur para atraer capitales al país y promover las inversiones colombianas en esa nación. También ha crecido el número de empresas de la India que se establecen en Colombia.

Por su parte, la comisión con Rusia se enfocó en ofrecer a Colombia como plataforma exportadora para atraer sus inversiones. Pero hasta hoy siguen siendo mayores los impactos negativos que el aprovechamiento tanto de los TLC (por la desindustrialización, la falta de infraestructura y el sesgo exportador minero energético) como de las inversiones a las que se les ofrecen exenciones de impuestos, pocos controles ambientales o sociales y no transfieren tecnología.

Los retos

Hay logros diplomáticos en la reducción de visas a los colombianos y en la apertura de embajadas y consulados en lugares estratégicos. En cambio, sigue siendo precaria la meritocracia como criterio de vinculación al servicio exterior: predominan los negocios privados, el relevo de cúpulas militares y el clientelismo, que condujeron a la renuncia obligada de varios embajadores: Carlos Urrutia en Estados Unidos, Freddy Padilla en Viena y Rafael Amador en Rusia.

Cambiar la imagen internacional no es cuestión de iniciativas coyunturales y mediáticas. Una positiva inserción global tiene que estar respaldada con estrategias de cambio interno.

 

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga click en este enlace.

 

Acerca del autor

Socorro Ramírez
socorro@razonpublica.org.co | + posts

* Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política; magíster en relaciones internacionales; magíster en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos; licenciada en historia. Profesora emérita y jubilada de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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Socorro Ramírez

* Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política; magíster en relaciones internacionales; magíster en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos; licenciada en historia. Profesora emérita y jubilada de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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